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LOS RELIEVES DE IGNACIO PINAZO MARTÍNEZ EN EL COLEGIO NOTARIAL DE ALBACETE

Por Luis Guillermo GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ

y Godofredo GIMÉNEZ ESPARCIA Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”

Hace diez o doce años, hacia el año 2007, tuvimos la oportunidad de visitar con ojos críticos y de arte el Colegio Notarial de Albacete, situado en la céntrica calle Marqués de Molins de nuestra ciudad.

Ciertamente, hasta entonces, nunca habíamos pasado del vestíbulo o alguna de sus oficinas. No obstante, ahora con la amabilidad que hizo gala su oficial mayor, pudimos contemplar diversas dependencias y ad- mirar, no solo su magnífica arquitectura, obra de Julio Carrilero Prat (1891-1974) que tanto contribuyó en la primera mitad del siglo XX a la monumentalización de Albacete, sino también conocer diversas obras de arte mueble (pintura, escultura y piezas decorativas) que alberga el edificio y que, afortunadamente, ha conservado la Institución. Ciertamente, en nuestra ciudad no estamos acostumbrados a una tan perfecta colección artística y tan desconocida como la que aquí se guarda.

De entre todas aquellas obras artísticas –y era realmente por lo que visitamos la Institución- nos sorprendió gratísimamente el salón de actos, adornado con cinco grandes relieves firmados por el escultor valenciano, Ignacio Pinazo Martínez (1883-1970). Sabíamos de la existencia de dichas obras, pero la rea- lidad superaba las suposiciones, por lo que pronto nos planteamos una publicación conjunta sobre dichas obras, e incluso la fotógrafa Consuelo López realizó un buen reportaje gráfico para nosotros y que hoy aquí incluimos.

Cuando concluimos nuestra visita y salíamos por Marqués de Molins, comentando especialmente la altísima calidad de los relieves de Pinazo que acabábamos de contemplar, coincidimos en la calle con Carmina Useros, con su elegante figura a la que acompañamos a la esquina de su casa en la calle del Tinte.

Le comentamos la visita y nos dijo que en alguna ocasión ella también había estado en el salón de Actos de aquel colegio Notarial, e incluso hablamos de las relaciones formales de aquel espacio con el salón de Actos del Instituto de Enseñanza Media. Así transcurrió la conversación con nuestra amiga común, siempre tan inclinada a las diversas cuestiones culturales y artísticas en todos los ámbitos.

Hoy, cuando se plantea desde el IEA, la publicación de un libro-homenaje a la memoria de Carmina Useros, nos pareció oportuno recordar aquel detalle que hubiera pasado inadvertido y de este modo reme- morar su figura, así como poner en valor mediante un trabajo pendiente unas piezas artísticas de primer orden.

Meses después de aquella visita, en 2008, uno de nosotros – Godofredo- publicaba un artículo en la revista Cultural Albacete(nº12-13), dedicado al monumento a Saturnino López en el parque de Abelardo Sánchez, obra de Ignacio Pinazo (páginas 52-54) en donde se aludía a estos nobles relieves del salón de actos

“con temas alusivos a la función notarial”, así como otras referencias a otras obras en Albacete, unas con- servadas y otras no. Asimismo, en 2013 en la exposición Fides, que comisarió –Luis Guillermo- se incluyó la alegoría de la fe pública que guarda también el Colegio Notarial. Una obra de I. Pinazo, en bronce, que en realidad es el modelo de 120 cm. de alto para la gran estatua que, esculpida en piedra, corona la fachada del edificio. Un detalle curioso es que no hace demasiados años, la cabeza de la estatua se desprendió, pre- cipitándose a la calle, deteriorándose en parte, aunque después se ha hecho una reproducción de la misma para reemplazar a la fraturada, mientras que la original se expone actualmente en el vestíbulo del Colegio.

De ella se señalaba que “ofrece un elegante y elevado canon de proporción con una vestimenta… que parece movida por el viento, cuyos pliegues en vertical acentúan el carácter ligeramente ascendente de la escultura, de tal modo que la obra lejos de ofrecer un carácter estático se llena de cierto dinamismo…” (Lám. 1). Asimismo, se añadía, que para el mencionado Colegio Notarial se realizaron “cinco magníficos relieves de gran tamaño, que representan actos jurídicos del Derecho Romano, todos en el salón de actos”.

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Lám. 1. Ignacio Pinazo Martínez. La Fe pública. (1925). Bronce patinado con detalles dorados.

Fundición: G. Benechi. Barcelona. Colegio Notarial de Albacete.

Por otra parte, ya en 2014, en el programa “Albacete por dentro” organizado por el IEA, se incluyó el Colegio Notarial en donde, de nuevo, nos referimos no solo al edificio, sino también a los relieves que adornan el referido salón de actos a los que se calificaban como obras realizadas por Pinazo en una línea racionalista y casi cubista, propia de la época -finales de los años veinte- con “formas severas inspiradas en la escultura griega del periodo severo”. En aquella visita, como en otras, participó, precisamente, Carmina Useros.

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Lám. 1. Ignacio Pinazo Martínez. La Fe pública. (1925). Bronce patinado con detalles dorados. Fundición: G. Benechi.

Barcelona. Colegio Notarial de Albacete.

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141 Con anterioridad a estas referencias debemos mencionar un artículo de J. Luis Melendreras Gimeno (2003) en el Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, nº 91 (páginas 217-245) referido a “Dos esculto- res valencianos del siglo XX: José Ortells e Ignacio Pinazo”, donde se menciona la obra escultórica para el Colegio Notarial de Albacete en 1925 quien, a su vez remite a la revista La Esfera de 12 de diciembre de 1925 (nº 623) cuando se inauguró el imponente edificio. Aquí se dan unos títulos a los relieves que quizá debemos matizar (La Vida, La Oratoria, La Ofrenda a los Dioses Familiares, La Confarreatur y El Liberto).

Adentrándonos en lo que es el objetivo de nuestra atención, debemos partir del propio edificio cuyo proyecto, según Elia Gutiérrez es de 1923 de los arquitectos Julio Carrilero y Manuel Muñoz. No obstante, el proyecto difiere sensiblemente de lo ejecutado, aunque con detalles comunes en fachada. Parece ser que fue, exclusivamente, el propio Julio Carrilero, quien variaría la construcción con una noble edificación que se acerca al proyecto del Instituto de Enseñanza Media que por esos años también se proyectaba. Debamos recordar que se conserva una maqueta de fachada tal y como es, que ya fue mostrada en las exposiciones

“Albacete, 600 años” (1982) (nº 116) y en “Albacete en su historia” (1991) (nº 210). El solemne edificio del Colegio Notarial de Albacete tenía un ámbito jurisdiccional en aquel momento en las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Murcia. Hoy lo tiene en las provincias de Castilla-La Mancha, habiéndose segregado Murcia (Lám. 2). LIBRO HOMENAJE ACARMINA USEROS CORTÉS

Lám. 2. Colegio Notarial. Arquitecto: Julio Carrilero Prat (1924-25). Albacete.

Lám. 2. Colegio Notarial. Arquitecto:

Julio Carrilero Prat (1924-25).

Albacete.

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En 1925, según la prensa de la época quedaba totalmente concluida aquella soberbia construcción, incluida la obra escultórica. En la revista anual dedicada a la Feria de Albacete de 1927 se incluía un artí- culo dedicado a este importante edificio con diversos detalles.

Traspasado el acceso al edificio, con la magnífica puerta de hierro forjado, obra de José Tejados (1871-1953) y superadas unas escalinatas que acentúan la solemnidad de la fábrica se pasa a un gran vestí- bulo, en cuyo frente se sitúa la entrada al salón de actos. Éste es de planta rectangular con testero cóncavo y luz cenital con gran vidriera. En realidad hay tres tramos separados por pilastras, aparentemente toscanas que sostienen un entablamento con friso a base de triglifos decorativos y una volada cornisa. En la zona de la cabecera las pilastras dan paso a columnas pareadas del mismo orden, enfatizándose una presidencia hoy con la imagen policromada de San Juan evangelista, obra del murciano José Planes (1893-1974), (En fotografías antiguas aquí hubo un escudo de la monarquía) y quizá la propia estatua broncínea de la Fe.

A ambos lados hay una doble fila de escaños para asiento de los concurrentes. En la zona superior de los intercolumnios, o mejor interpilastras, se ubican los relieves a los que nos referimos, todo en yeso, tres a la izquierda y dos a la derecha ya que en el centro de este lado se sitúa un ventanal con vidriera de escudo borbónico, según un peculiar modelo que nunca fue oficial. (Lám. 3).

Lám. 3. Colegio Notarial. Salón de actos. Vista general (1925). Albacete.

Así, a la derecha encontramos un primer tema: La Manumisión o la libertad a la esclava en este caso.

Aquí se representa el acto tipificado en el Derecho Romano, en que un hombre barbado y togado toca con una varita a la esclava desnuda, arrodillada y sometida en presencia de dos figuras, masculina y femenina a la derecha. A la izquierda una mujer alada con una antorcha extiende sus brazos como símbolo de la libertad (Lám. 4).

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En 1925, según la prensa de la época quedaba totalmente concluida aquella soberbia construcción, incluida la obra escultórica. En la revista anual dedicada a la Feria de Albacete de 1927 se incluía un artículo dedicado a este importante edificio con diversos detalles.

Traspasado el acceso al edificio, con la magnífica puerta de hierro forjado, obra de José Tejados (1871-1953) y superadas unas escalinatas que acentúan la solemnidad de la fábrica se pasa a un gran vestíbulo, en cuyo frente se sitúa la entrada al salón de actos.

Éste es de planta rectangular con testero cóncavo y luz cenital con gran vidriera. En realidad hay tres tramos separados por pilastras, aparentemente toscanas que sostienen un entablamento con friso a base de triglifos decorativos y una volada cornisa. En la zona de la cabecera las pilastras dan paso a columnas pareadas del mismo orden, enfatizándose una presidencia hoy con la imagen policromada de San Juan evangelista, obra del murciano José Planes (1893-1974), (En fotografías antiguas aquí hubo un escudo de la monarquía) y quizá la propia estatua broncínea de la Fe. A ambos lados hay una doble fila de escaños para asiento de los concurrentes. En la zona superior de los intercolumnios, o mejor interpilastras, se ubican los relieves a los que nos referimos, todo en yeso, tres a la izquierda y dos a la derecha ya que en el centro de este lado se sitúa un ventanal con vidriera de escudo borbónico, según un peculiar modelo que nunca fue oficial. (Lám. 3).

Lám. 3. Colegio Notarial. Salón de actos. Vista general (1925). Albacete.

Así, a la derecha encontramos un primer tema: La Manumisión o la libertad a la esclava en este caso. Aquí se representa el acto tipificado en el Derecho Romano, en que un hombre barbado y togado toca con una varita a la esclava desnuda, arrodillada y sometida en presencia de dos figuras, masculina y femenina a la derecha. A la izquierda una mujer alada con una antorcha extiende sus brazos como símbolo de la libertad (Lám.

4).

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143 Lám. 4. Ignacio Pinazo. La Manumisión. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El siguiente relieve, en el lateral derecho, lo denominamos La Guerra y la Paz. Aquí dos guerreros a la griega luchan enfrentados, el uno desnudo con casco, escudo con una deidad y espada se contrapone a un hoplita, armado de lanza y escudo con bucranio, en correcta composición. A la izquierda aparece la diosa Atenea, sedente, como diosa de la guerra justa y también de la paz, contempla distante el combate.

Entre los guerreros y la diosa, una mujer en fuerte escorzo, aparece sentada en el suelo con un cuerno de la abundancia, como una consecuencia de la paz tras la guerra. Llama aquí especialmente la atención la actitud de esta figura en compleja posición y el bello desnudo del guerrero a la derecha (Lám. 5).

Lám. 5. Ignacio Pinazo. La Guerra y la Paz. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

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Lám. 4. Ignacio Pinazo. La Manumisión. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El siguiente relieve, en el lateral derecho, lo denominamos La Guerra y la Paz.

Aquí dos guerreros a la griega luchan enfrentados, el uno desnudo con casco, escudo con una deidad y espada se contrapone a un hoplita, armado de lanza y escudo con bucranio, en correcta composición. A la izquierda aparece la diosa Atenea, sedente, como diosa de la guerra justa y también de la paz, contempla distante el combate. Entre los guerreros y la diosa, una mujer en fuerte escorzo, aparece sentada en el suelo con un cuerno de la abundancia, como una consecuencia de la paz tras la guerra. Llama aquí especialmente la atención la actitud de esta figura en compleja posición y el bello desnudo del guerrero a la derecha (Lám. 5).

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Lám. 5. Ignacio Pinazo. La Guerra y la Paz. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

Pasando al lateral izquierdo, el primer asunto representado es quizá el más complejo. En su momento se identificó con la oratoria, y así lo recoge Melendreras (op.cit.), nosotros añadimos al significado del mismo El Valor de la Palabra. Aquí un personaje masculino en pie alza su mano derecha en actitud declamatoria, envuelto en su paludamentum y acompañado de un jovencito con el doble aulós en el sentido de dar melodía a la palabra. El resto de la composición lo ocupan tres figuras femeninas: una medio de espaldas sería el exordio, el principio del discurso; al centro, medio arrodillada y desnuda ofrece los fundamentos del discurso y por último , en pie y con cuidada anatomía, medio desnuda, sería la conclusión del discurso, como un triunfo de la verdad (Lám. 6).

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Pasando al lateral izquierdo, el primer asunto representado es quizá el más complejo. En su momento se identificó con la oratoria, y así lo recoge Melendreras (op.cit.), nosotros añadimos al significado del mis- mo El Valor de la Palabra. Aquí un personaje masculino en pie alza su mano derecha en actitud declama- toria, envuelto en su paludamentum y acompañado de un jovencito con el doble aulós en el sentido de dar melodía a la palabra. El resto de la composición lo ocupan tres figuras femeninas: una medio de espaldas sería el exordio, el principio del discurso; al centro, medio arrodillada y desnuda ofrece los fundamentos del discurso y por último , en pie y con cuidada anatomía, medio desnuda, sería la conclusión del discurso, como un triunfo de la verdad (Lám. 6).

Lám. 6. Ignacio Pinazo. El valor de la Palabra. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El siguiente relieve, en el tramo central, es una Ofrenda Fúnebre, en realidad es una referencia al testamento. Aquí cuatro personajes caminan pausadamente con un platillo o pátera en su mano izquierda en actitud de ofrenda, mientras con la derecha parece bendecir la ofrenda. En la zona inferior y recortadas aparecen sendas mujeres. La de la derecha, parece llorar, tapándose el rostro a la vez que ofrece una lucer- na apagada o lámpara de aceite, mientras que al lado contrario otra extiende una gran guirnalda de flores y frutos por el suelo. Hay aquí un remoto recuerdo a la procesión de las panateneas, en el fragmento del Louvre. Es, evidentemente, un acto fúnebre de simbolismo tras la muerte (Lám. 7).

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Lám. 6. Ignacio Pinazo. El valor de la Palabra. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El siguiente relieve, en el tramo central, es una Ofrenda Fúnebre, en realidad es una referencia al testamento. Aquí cuatro personajes caminan pausadamente con un platillo o pátera en su mano izquierda en actitud de ofrenda, mientras con la derecha parece bendecir la ofrenda. En la zona inferior y recortadas aparecen sendas mujeres. La de la derecha, parece llorar, tapándose el rostro a la vez que ofrece una lucerna apagada o lámpara de aceite, mientras que al lado contrario otra extiende una gran guirnalda de flores y frutos por el suelo. Hay aquí un remoto recuerdo a la procesión de las panateneas, en el fragmento del Louvre. Es, evidentemente, un acto fúnebre de simbolismo tras la muerte (Lám. 7).

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145 Lám. 7. Ignacio Pinazo. Ofrenda Fúnebre. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El último de los relieves nos presenta el tema de Los Desponsorios. A la izquierda de la composición un joven recibe de su desposada la torta de farro que ha sido portada por otra doncella arrodillada en un platillo, mientras un anciano sacerdote eleva sus manos en actitud de bendición hacia los contrayentes y en el extremo opuesto una mujer despliega el velo nupcial, cuyos vestidos adquieren una movilidad que recuerdan los paños mojados fidiacos (Lám. 8).

Lám. 8. Ignacio Pinazo. Los Desposorios. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

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Lám. 7. Ignacio Pinazo. Ofrenda Fúnebre. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El último de los relieves nos presenta el tema de Los Desponsorios. A la izquierda de la composición un joven recibe de su desposada la torta de farro que ha sido portada por otra doncella arrodillada en un platillo, mientras un anciano sacerdote eleva sus manos en actitud de bendición hacia los contrayentes y en el extremo opuesto una mujer despliega el velo nupcial, cuyos vestidos adquieren una movilidad que recuerdan los paños mojados fidiacos (Lám. 8).

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Lám. 8. Ignacio Pinazo. Los Desposorios. (1925). Colegio Notarial. Albacete.

El conjunto de los cinco bajorrelieves de unos 250 cm. de largo, por poco más de 100 de alto, ofrece un elegantísimo conjunto, sin igual en Albacete, realizados en yeso con un carácter bastante plano y blanco mate que se acentúan por el azul intenso del fondo que directamente recuerdan las soluciones decorativas de las porcelanas de Wedgwood, generalizadas en Inglaterra a fines del siglo XVIII y después con el Neoclasicismo. La anatomía de las figuras están sabiamente modeladas, mientras que los paños caen en amplias y plegadas formas geométricas de suavísimos volúmenes, todo ello fuertemente contrastado con el fondo picado y homogéneamente azul. Los perfiles y los cuerpos -verdaderamente perfectos en anatomía y perspectiva- conectan perfectamente con el estilo escultórico griego de época severa de la primera mitad del siglo V. Son figuras en donde no están lejos las formas de los relieves de los llamados tronos Ludovisi o de Boston, así como las estatuas del templo de Zeus en Olimpia, con alguna conexión en lo fidiaco. Las cabezas, tanto femeninas como masculinas, siempre impregnadas de fuerte clasicismo helénico, a veces se acercan, lógicamente a las modalidades propias del modernismo y “art nouveau”. Asimismo, los pliegues de ciertas telas e incluso los abruptos cortes de los paños nos conectan con lo propio del llamado “art decò”, de la Europa de entreguerras; en una clara referencia al estilo del momento, ya que debemos señalar que estos relieves se realizaron probablemente en 1925, cuando ya el edificio del Colegio Notarial estaba construido en lo esencial. Hay en todos unas formas clásicas que conectan, también con la escultura heroica de la época mussoliniana fascista italiana que triunfa ya en los años treinta del siglo XX. Pensemos en la estatuaria del Estadio de los Mármoles (1927-32) del arquitecto Enrico Del Debbio.

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El conjunto de los cinco bajorrelieves de unos 250 cm. de largo, por poco más de 100 de alto, ofrece un elegantísimo conjunto, sin igual en Albacete, realizados en yeso con un carácter bastante plano y blanco mate que se acentúan por el azul intenso del fondo que directamente recuerdan las soluciones decorati- vas de las porcelanas de Wedgwood, generalizadas en Inglaterra a fines del siglo XVIII y después con el Neoclasicismo. La anatomía de las figuras están sabiamente modeladas, mientras que los paños caen en amplias y plegadas formas geométricas de suavísimos volúmenes, todo ello fuertemente contrastado con el fondo picado y homogéneamente azul. Los perfiles y los cuerpos -verdaderamente perfectos en anatomía y perspectiva- conectan perfectamente con el estilo escultórico griego de época severa de la primera mitad del siglo V. Son figuras en donde no están lejos las formas de los relieves de los llamados tronos Ludovisi o de Boston, así como las estatuas del templo de Zeus en Olimpia, con alguna conexión en lo fidiaco. Las cabezas, tanto femeninas como masculinas, siempre impregnadas de fuerte clasicismo helénico, a veces se acercan, lógicamente a las modalidades propias del modernismo y “art nouveau”. Asimismo, los pliegues de ciertas telas e incluso los abruptos cortes de los paños nos conectan con lo propio del llamado “art decò”, de la Europa de entreguerras; en una clara referencia al estilo del momento, ya que debemos señalar que estos relieves se realizaron probablemente en 1925, cuando ya el edificio del Colegio Notarial estaba cons- truido en lo esencial. Hay en todos unas formas clásicas que conectan, también con la escultura heroica de la época mussoliniana fascista italiana que triunfa ya en los años treinta del siglo XX. Pensemos en la estatuaria del Estadio de los Mármoles (1927-32) del arquitecto Enrico Del Debbio.

Las composiciones generales de los relieves están sabiamente estudiadas: así, en cada panel hay di- versos ritmos, bien verticales o curvos siempre en función de los temas. Por ejemplo en la “Guerra y la Paz” contrasta el dinamismo de los guerreros con la quietud de la diosa Atenea o el estatismo de la figura inferior, lograda por una geometría muy severa. Por ejemplo, en la “Manumisión” los tres personajes de la derecha fuertemente verticales, dan paso al movimiento de la libertad y la curvatura del desnudo de la esclava manumitida.

Todos y cada uno de estos relieves aparecen firmados en el ángulo inferior derecho: “I PINAZO M”, excepto en el de la “Manumisión” que lo está en el izquierdo; letras que están enmarcadas en un pequeño rectángulo y que, lógicamente responde al nombre del autor: Ignacio Pinazo Martínez, que indudablemen- te se debió sentir orgulloso de la obra realizada.

En cuanto al sentido general del conjunto, evidentemente responden los cincos relieves al marco al que están dedicados: el papel jurídico del notariado:

La Manumisión, un acto legal ajustado a una norma del propio derecho romano.

La Guerra y la Paz, un acuerdo de trascendencia entre partes que propicia la prosperidad.

El Valor de la Palabra en el foro, siempre ajustada a derecho que tiene fuerza y ley.

La Ofrenda Fúnebre, seria y solemne, que se relaciona con el papel que desempeña el testamento.

Los Desposorios, un acuerdo estrictamente civil que desde la antigüedad tiene tal trascendencia que pronto adquiere un sentido religioso, sacralizando la unión conyugal y con unas capitulaciones que pueden alcanzar fuerza de ley.

Estos cinco elementos o temas son asuntos que podemos denominar actos jurídicos documentados, que es la labor propia del notariado, al dar fe pública de los mismos. Estas circunstancias nos llevan tam- bién a buscar quién pudo ser el ideólogo de estos temas que tanto pudo ser el autor de los relieves, como algún erudito notario que bien pudo ser, muy probablemente, el propulsor de esta obra y decano en aquel momento del Colegio Notarial, Juan Martínez-Ortiz, del que en la Guía-Programa de la Feria de Albacete de 1927, a propósito de este edificio se dice de él que es “excelente abogado a quien se distingue y admira entre los buenos, tiene la carrera de Filosofía y Letras, hecha con notoria brillantez y que le da –universaliza- da a todos los sectores del pensamiento- la sólida cultura excepcional que de siempre le admiramos…”. En la aludida revista de Feria se mencionan algunos gastos de la obra del Colegio, entre ellos la “decoración con pinturas, estatuas, vidrieras, relieves, etc…” por valor de 70.000 pesetas; En cuya cantidad se incluían los relativos a los relieves que estudiamos de Ignacio Pinazo.

Estudiados los relieves y su significado nuestra atención ahora, se debe centrar en la figura del artista:

Ignacio Pinazo Martínez. Un escultor que vino al mundo en Valencia en 1883, el día 30 de abril, hijo del prestigioso pintor, coetáneo de Joaquín Sorolla, Ignacio Pinazo Camarlench y hermano también del pin- tor José, pocos años mayor que nuestro escultor. Su formación artística comienza en el taller de su propio

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