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Representaciones heráldicas a lo largo de las páginas del privilegio

1 Dríuilegio de villazgo de ?4na (1505@@)

B. Representaciones heráldicas a lo largo de las páginas del privilegio

VIt

La condecoración está formada por un collar, de oro, con los eslabones que recuerdan dos "B"

enfrentadas (de Borgoña), entrelazadas por pedernales centelleantes. Al cabo del collar pende el toisón, que es la piel de un carnero con su cabeza, patas y cola, atado por su mitad. El toisón es el vellón o vellocino de oro de la mitología clásica griega; aquel que logró rescatar el héroe tesalio, Teseo, en la legendaria expedición de los Argonantas.

En el escudo que vemos en este privilegio de Ayna el collar del Toisón está representado con gran minuciosidad y es curioso el detalle del vellón que en realidad está tratado como si se tratara de un auténtico carnero.

Corona Real abierta (17)

En este escudo que estudiamos del privilegio, la corona que aparece es, en realidad, más produc- to de la fantasía del miniaturista que de los modelos habituales creados por los heraldistas. Aquí, la corona está formada por un anillo de oro engastado de rubíes y perlas y adornado por cuatro florones

—visibles tres— en forma de flor de lis, e interpolados por otros motivos menores con bolitas.

Teóricamente la corona real abierta española presentaría ocho florones interpolados de perlas, pero a veces su diseño —como en este caso— varía en función del artista que ejecuta la obra.

Desde fines de la Edad Media se utilizó este tipo de corona para timbrar escudos reales en España, generalizandose desde época de los Reyes Católicos . Después empezará a usarse la corona real cerra- da, primero con cuatro diademas y después con ocho.

Pese a esta épica leyenda, las barras rojas sobre fondo amarillo no aparecen, históricamente, hasta épocas muy posteriores, e incluso no siempre fueron cuatro los palos de gules, ya que varían con res- pecto al espacio donde se desarrollan. Parece que ya en el siglo XI aparecen en las tumbas de los Condes de Barcelona, Ramón Berenguer II (t1058)y Ermessindis de Carcasona (t1058), en la Catedral de Gerona, según indica Martín de Riquer. Es probable, no obstante, que la alternancia de colores rojos y amarillos, a franjas, proceda de las bulas y gonfalones pontificios, llegando esta influencia a través de las relaciones de los condes de Barcelona con la Santa Sede.

El escudo ya definido en campo de oro con cuatro palos de gules, en principio exclusivamente catalán, pasó inmediatamente a Aragón y después a los territorios conquistados a los musulmanes por Jaime 1: Valencia y Baleares, así como a otros dominios mediterráneos de la Corona Catalano-arago- nesa, desde el siglo XIV.

El escudo que aquí aparece en este privilegio ofrece una forma en losange, más decorativa que con otra finalidad y se timbra con corona real abierta.

Lám. 7. Granada (hoja 5 r.).

Granada. (Lám. 7)

Este blasón que son las armas del Reino de Granada, es compañero del escudo que acabamos de comentar en la parte alta de la hoja, y tiene idéntica forma en losange.

El carácter parlante del escudo de Granada es evidente y su origen es enteramente cristiano ya que con anterioridad a la conquista por los Reyes Católicos en 1492, el reino Nazarí utilizó, al modo occi- dental, una banda cargada con una inscripción coránica.

En época de Enrique IV la granada cerrada, se utilizó como emblema constante de objeto anhe- lado de conquista. Después de 1492 los Reyes Católicos incorporan la granada rajada, del natural con su tallo, a las armas reales, frecuentemente, en entado de punta permaneciendo hoy todavía en el escu- do de España en idéntica posición.

1Am. 8. Cuartelado de vanos dominios (hoja 5 r.).

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Cuartelado de varios dominios (Castilla, León, Borgoña, Austria y Nápoles). (Láin. 8)

Especialmente curioso es este escudo que ofrece un cuartelado complejo y no habitual, ya que probablemente el miniaturista-iluminador de este privilegio de Ayna lo realizó siguiendo su propio cri- terio, pues por el momento no conocemos blasón alguno con esta partición. Así, el escudo se nos pre- senta del siguiente modo: cuartelado; el primero y cuarto, contracuartelado de Castilla y León; el segun- do, de Borgoña moderno y el tercero, semicortado y partido de Austria, Borgoña antiguo y Nápoles. De todas estas particiones nos referiremos, con más detalle, en las dos armas de Borgoña.

El ducado de Borgoña fue heredado por Carlos 1 de su padre Felipe el Hermoso y de aquel pasa- ría a formar parte de los dominios de la Corona Española; hay que recordar que el ducado de Borgoña fue, sin duda, uno de los estados más importantes de toda la Baja Edad Media y alcanza en el siglo XV, bajo los gobiernos de Felipe el Bueno (1419-1467) y de Carlos el Temerario (1467-1477) una enorme importancia, enfrentándose este último a la política de Luis XI de Francia, a cuya corona pasó gran parte de dicho territorio. No obstante, María de Borgoña, heredera de estas tierras y de los Países Bajos (Flandes, Brabante, Artois, Luxemburgo y otros) y casada con el emperador Maximiliano de Habsburgo, logró mantener estos dominios frente a las ambiciones francesas. Las armas borgoñonas ofrecen dos variantes; las llamadas antiguas, que se suelen identificar con el Ducado de Artois, y las modernas. Las primeras, son de azur, bandadas de oro y bordura de gules, aunque en la miniatura que aquí vemos la bordura aparece de plata. El escudo de Borgoña moderno es de azur, sembrado de flores de lis, de oro; bordura, cantonada de plata y gules.

En la hoja 8 y. aparecen tres escudos, dos pequeños en zona superior y otro más complejo situa- do en la parte baja. Los dos de arriba corresponden, respectivamente, a Nápoles-Brabante y a Navarra, mientras que el de la zona inferior, de mayor tamaño, trae la partición usada por los Reyes Católicos.

L4m. 9. Nápoles y Brabante.

Nápoles y Brabante. (Lám. 9)

Al menos, de curiosa, hemos de calificar esta partición ya que se incluye en un escudo partido;

de una parte, las armas del Reino de Nápoles y de oa, la del ducado de Brabante; estas segundas la veremos individualmente más adelante ya que aquí nos centraremos solo en las de Nápoles.

El escudo usado por Nápoles está formado por dos armas de distinta procedencia ya que, en rea- lidad es un partido de Jerusalén y Hungría.

El Reino de Nápoles se incorporó a la Corona Catalano-Aragonesa en época de Alfonso V el Magnánimo, en cuya ciudad entró en 1443 estableciendo una corte de carácter humanista. A la muerte del monarca, en 1458, el trono napolitano pasó a su hijo bastardo Don Fernando. Años después, Fernando el Católico, anexionó definitivamente aquel reino, después de largas luchas con los reyes de Francia, Carlos VIII y Luis XII.

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La armería napolitana traía, originariamente, una partición en tres: Jerusalén, Anjou y Hungría, que a principios del siglo XVI, con el Rey Católico, se reducen a dos: Jerusalén y Hungría.

El título de Rey de Jerusalén quedó vinculado al de Nápoles, tras la pérdida de los Santos Lugares en las cruzadas, y de ahí pasó a la Corona Española con Fernando el Católico, con un carácter más honorífico que de dominio efectivo. Las armas de Jerusalén son de plata con una cruz potenzada de oro, acompañada de cuatro crucetas de lo mismo. No obstante esta peculiaridad heráldica de presentar metal sobre metal (oro sobre plata), se ha suplido muchas veces al esmaltar la cruz de gules, e incluso suelen eliminarse las cuatro crucetas. En cuanto a la segunda partición, del burelado de Hungría, proviene del rey Carlos III de Nápoles que también lo fue de Hungría (1385-1386), e incluso con anterioridad hubo otras vinculaciones de los Anjou-Nápoles con los húngaros.

Láin. JO. Navarra.

Navarra. (Láin. 10)

El Reino de Navarra trae de gules, una cadena de oro puesta en cruz, aspa y orla, cargada el cen- tro de una esmeralda de sinople; si bien es cierto que este último elemento, las más de las veces se ha eliminado. Aquí, en el escudo que aparece ornamentando el privilegio se nos presenta en un campo azu- lado y con una ligera bordura, además de presentarse coronado con corona real abierta.

Las cadenas propias del escudo navarro, proceden según la tradición más extendida, de las que el rey Sancho VII el Fuerte arrebató a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), aunque el origen de este elemento heráldico bien puede proceder de otra figura, el carbunco o escarbunclo, pie- dra preciosa de virtudes extraordinarias y caballerescas. No obstante, parece que las cadenas navarras se generalizan en aquel reino a partir del siglo XIV, en época de Carlos II, el Malo (1349-1387). En el siglo XVI, en 1512, Fernando el Católico incorporó el reino de Navarra a su corona, aunque estas armas no hacen su aparición en los grandes escudos hasta época de Carlos V. para prácticamente quedar fuera de las grandes armerías reales hasta el siglo XIX, todo por el celo de las Cortes de Navarra de mante- ner su independencia; aunque también hemos de advertir que en los escudos reales de los siglos XVI al XVIII que encontramos en numerosas localidades navarras sí se incluyen las cadenas entre las parti- ciones de otros dominios del rey.

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Ldm. 11. Partición del escudo de los Reyes Católicos.

Partición del escudo de los Reyes Católicos. (Lám. 11)

Al producirse el matrimonio de Isabel 1 de Castilla con Fernando de Aragón se sentaron las bases de la unidad dinástica y de los territorios hispánicos y ello tiene su reflejo, también, en las armas rea- les; así, a partir de 1475 quedaron definitivamente organizados los escudos de los monarcas con un cuartelado en el que en el primero y cuarto se sitúan las armas castellano-leonesas y es el segundo y ter- cero, las de la Corona de Aragón (Cataluña-Aragón y Sicilia). A partir de 1492 se sumaría la granada en punta de aquel reino. A este blasón se añadirían otros elementos externos tales como el águila de San Juan, las flechas y el yugo, emblemas personales de los reyes y el mote, "Tanto monta, monta tanto".

En el escudo que aparece en el documento se recogen, exclusivamente, los cuarteles de Castilla y León y los de la corona de Aragón, sin más elementos heráldicos externos. Así, vemos un cuartelado, primero y cuarto contracuartelado de Castilla y León; y segundo y tercero, partido de Aragón-Cataluña y Sicilia. El hecho de aparecer repetidas las particiones (Castilla-Aragón-Aragón-Castilla), puede pro- ceder del escudo, iniciado en el siglo XIII con Fernando III (Castilla-León-León-Castilla) pero más bien debe tener relación con la empresa ideada para los Reyes por Elio Antonio de Nebrija, "Tanto monta, monta tanto " , ya que lo que se pretende es buscar un plano de igualdad entre ambos territorios, entre los propios de Isabel y los de Fernando.

En las particiones que aparecen en el escudo que nos ocupa hay algunas irregularidades como, por ejemplo, el número de palos de la corona catalano-aragonesa, que deben ser cuatro, o en el esmal- te de León. En el blasón que estudiamos nos referiremos a las armas de Castilla y León, —ya lo hemos hecho con anterioridad a las de Cataluña-Aragón—, y más adelante estudiaremos las de Sicilia.

El escudo de Castilla y León, cuartelado, primero y cuarto de Castilla, y segundo y tercero de León, se crea con esta forma en el siglo XIII con Fernando III, al producirse la unión definitiva de ambos territorios; su éxito será inmediato y su difusión en diversas armerías, muy generalizada; por otra parte, como ya hemos indicado antes, esa repetición puede aludir a la igualdad de importancia de ambos territorios.

El castillo, como símbolo de Castilla, tiene su origen en Alfonso VIII, y así aparece, bellísimo, sobre el sarcófago de este monarca en el Monasterio de la Huelgas (Burgos). Desde el primer momen- to el castillo se presenta almenado, con tres torres y mazonado, quedando poco después definidos los esmaltes: campo de gules y castillo de oro; parece que en una referencia galante hacia Leonor de Plantagenet, esposa de Alfonso VIII, que usó de gules con tres leopardos de oro. A lo largo del tiempo el castillo adquirirá distintos aspectos, desde formas claramente góticas, en los siglos XIII al XV, a sim- plificaciones más clásicas en el XVI, modalidad que es la que vemos en el documento y que es la que ha pervivido hasta nuestros días.

En cuanto al león, como símbolo parlante de aquel reino, sabemos que fue utilizado ya por Alfonso VII (1126-1157), bien representando al animal por completo o tan solo la cabeza, después se generalizará como rampante. Desde el punto de vista de su corrección heráldica, el león, en campo de plata, ha de ser de púrpura, uñado y linguado de gules y coronado de oro, aunque no siempre se han usado estos esmaltes. Anómalamente en el escudo que aquí estudiamos se le representa amarillo, es decir, de oro.

En la última página del privilegio propiamente dicho (hoja 10 r.), aparecen toda una serie de ele- mentos de especial importancia que estudiamos también pormenorizadamente, cinco de ellos son escu- dos y por otra parte encontramos un emblema de larga vigencia en la heráldica hispana, las columnas de Hércules.

Lám. 12. Brabante.

Brabante. (Lám. 12)

Aunque incorrectamente representado, consideramos que este es el escudo de Brabante. Aquí se nos presenta un león rampante pintado de negro y con una ligera bordura roja. Las correctas armas de Brabante son de sable con un león coronado de oro, linguado y armado de gules.

Los territorios de la Baja Lorena, a principios del siglo XIII, se denominaron y constituyeron el Ducado de Brabante que en el siglo XV pasaron a Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, vinculandose así ambos territorios, que pasaron por herencia familiar a Felipe el Hermoso, padre de Carlos V y de éste a los Austrias españoles.

El reino de Bélgica, al constituirse como estado independiente en el siglo XIX, adoptó como armas nacionales propias, las de Brabante y hoy es el escudo de aquel país, con la leyenda, "L' unión fait la force".

1Am. 13. Austria.

Austria. (Lám. 13)

El título de Archiduque de Austria se vincula a la monarquía hispana desde que Carlos V hereda de su padre, Felipe el Hermoso, toda una serie de dignidades y territorios, no hemos de olvidar que Felipe era Duque de Borgoña, por su madre María, pero también Archiduque de Austria, por su padre el emperador Maximiliano, y los soberanos españoles serán así considerados príncipes (= archiduques) austríacos, incluyendo las armas de aquel territorio en las propias.

El correcto blasón de Austria es de gules con una faja de plata y así se mantiene, incluso en la actualidad el escudo y bandera de aquel estado europeo.

El origen legendario de este emblema viene dado por un hecho heroico que cuenta que el Duque de Austria, Leopoldo II, al finalizar un combate contra los enemigos de la cristiandad, se presentó cubierto de sangre en todas sus vestiduras, originariamente blancas, mas al desceñirse la faja solo que- daba en su color primitivo la zona que ésta tapaba.

En el miniatura que incluye el privilegio y también en el escudo general, al final del documento, aparecen los colores cambiados, franja roja en fondo blanco.

Ldm. 14. Flandes y Tirol.

Flandes y Tirol. (Lám. 14)

En el lateral izquierdo de la hoja 10 r. aparece, sobre una de las columnas de Hércules, un escu- do partido de Flandes y Tirol. Dos territorios de procedencia distinta pero que unidos bajo la misma per - sona con Felipe el Hermoso, se incorporarán en brochante, sobre el cuartelado austro-borgoñón; así seguirán en las armas reales españolas hasta el advenimiento de los Borbones que cambian de posición y también de condición política.

El condado de Flandes quedó incorporado a la Casa de Borgoña por el matrimonio de la conde- sa Margarita con Felipe, Duque de Borgoña, sentandose durante el siglo XV las bases de la prosperi- dad de todos estos amplios territorios en los Países Bajos. La herencia territorial pasaría después a Carlos V y a los Austrias españoles.

Las armas correctas de Flandes son de oro, un león rampante de sable uñado y linguado de gules.

En la partición que vemos en la miniatura que ilustra el privilegio viene, aparentemente, de plata y el león de gules.

En el siniestra del referido escudo vemos el águila de Tirol, aunque aquí sobre fondo amarillo (oro). El condado de Tirol, patrimonial de los Habsburgo, pasó a Felipe el Hermoso, por su padre el emperador Maximiliano y de aquel a Carlos y a los reyes de España, si bien no ejercieron un dominio efectivo sobre el territorio.

La adecuada armería de Tirol trae de plata un águila de gules, membrada, picada y coronada de oro, cargada al pecho con un creciente trebolado. Con frecuencia este último detalle, dado el tamaño, suele eliminarse en muchas representaciones armeras.

Lám. 15. Cataluña-Aragón y Sicilia.

Cataluña-Aragón y Sicilia. (Lám. 15)

En el lateral derecho y sobre otra la columna de Hércules aparece el escudo partido y coronado de Cataluña-Aragón y Sicilia. Con respecto a la primera partición, Cataluña-Aragón, vemos los tradi- cionales palos de gules, a los que ya nos hemos referido (Vid. supra) mientras que ahora dedicaremos nuestra atención a las armas del reino de Sicilia.

En el año 1283, Pedro III el Grande de Aragón, II de Cataluña, fue reconocido como rey de Sicilia, como consecuencia de su matrimonio con la reina Constanza de Hohenstaufen. De este modo se mezclaban, por primera vez, los palos catalano-aragoneses con las águilas de los Hohenstaufen y así lo vemos en las monedas de la época acuñadas en Palermo. A la muerte del rey Pedro, Jaime usó de un cuartelado, el modo castellano (Cataluña-Aragón, águila; águila, Cataluña-Aragón), todo ello según señala Martín de Riquer en su Heráldica Castellana. En 1296, al renunciar Jaime al reino de Sicilia, para ocupar el trono de los territorios españoles, su heredero en aquello isla, Federico, siguió usando una partición en aspa; de este modo quedaba consagrado el escudo real de Sicilia como cuartelado en sotuer: el primero y cuarto, de oro, con cuatro palos de gules y el segundo y tercero, de plata, con un águila de sable, coronada de oro y membrada de gules. Estas armas las usaron los reyes privativos de Sicilia que después incorporarían Martín 1 el Humano, rey de Aragón y con posterioridad Fernando el Católico, quedando así plenamente asumidas por sus sucesores como reyes de España.

Lárn. 16. Granada.

Granada. (1Am. 16)

En la zona inferior de la mismo hoja 10 r. y en una orla enmarcado por bichas, propias del gru- tesco de gusto renacentista, volvemos a ver la granada de su reino; motivo heráldico al que ya nos hemos referido con anterioridad (lám. 7).

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Lám. 17. Columnas de Hércules.

Columnas de Hércules. (Lám. 17)

Carlos 1 usó como emblema personal las dos columnas de Hércules con la leyenda "Plus Ultra", en una clara alusión identificativa de Carlos con el héroe de la antigüedad; en una época, el siglo XVI, de exaltación de los valores del mundo clásico. Según la tradición greco-romana, Hércules tras viajar por el Norte de África y vencer numerosas dificultades colocó una columna en una parte del estrecho de Gibraltar y la otra en la Península Ibérica, señalandolas con la inscripción "Non plus ultra" (No más allá).

A continuación entró en España y fundó numerosas ciudades, desempeñando así un papel civili- zador. En época de Carlos 1, tras el descubrimiento de América, comenzó la colonización del nuevo con- tinente, fundandose también numerosas ciudades y extendiendo la cristiandad al otro lado del océano.

Así Carlos adquiere un sentido semejante al que desempeñó, legendariamente, el héroe de la antigüe- dad, identificandose, incluso, con el mismo Hércules, al que los humanistas consideraron primer rey de la Península y, por tanto, patrono pagano de la monarquía hispana. Por otra parte, frente a aquella leyenda de "Non plus ultra" se anteponía, una nueva y contraria, "Plus ultra ", "más allá", de tal modo que el mundo había traspasado sus viejas fronteras y se abría otro nuevo tras la Mar Océana. De este modo las columnas de Hércules pronto quedaron identificadas con el nuevo mundo y en las primeras monedas acuñadas en Indias (Santo Domingo y México) muestran ya este emblema, que de forma inin- terrumpida seguirán hasta el siglo XIX. Las columnas también acompañarán al escudo de España, incluso hoy en un sentido de vinculación hacía los países de la América Hispana.

La representación de las columnas que encontramos en este privilegio de Ayna las vemos sepa- radas y sobre unos cueros a modo de escudos; no ofrecen ningún orden definido, más por el aparente veteado de los fustes quieren indicarnos el ser de mármol rojo, y ofrecen un buen complemento decora- tivo a toda la ornamentación heráldica que hemos visto a lo largo de todas las páginas del documento.

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