CAPITULO IV En el corazón de La Merced: diez cuentos para analizar la identidad de jóvenes migrantes
6. La sagrada mano
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en el plano real también ocurren cosas totalmente desconcertantes. Como lo que me ocurrió hace poco, al principio sentí miedo, es más estoy segura que de haberle contado a mis papás lo que me pasó, pensarán que estaba enloqueciendo.
Así que decidí guardar en secreto lo que descubrí, y escribirlo aquí en mi diario, para que si por alguna causa dejara de presenciar esos eventos maravillosos, al menos conservara los relatos escritos de mi puño y letra.
Todo comenzó la mañana del 16 de octubre cuando salí más temprano que de costumbre hacia la secundaria, eran aproximadamente las seis y media, pero la mañana estaba oscura y hacía mucho aire. Recuerdo que las palmeras que están cerca de mi casa se tambaleaban muy fuerte y tuve una extraña sensación que recorrió mi cuerpo entero, así que me tallé los brazos para que se me quitaran los escalofríos que me provocó aquel ambiente sombrío, luego tuve una especie de mal presentimiento.
Por un momento pensé en regresar a mi casa y no asistir a la secundaria ese día, de cualquier manera, mis padres no tendrían por qué enterarse porque se van al puesto muy temprano y no los veo hasta la salida de la secundaria. Al final no regresé a casa, mientras lo meditaba, di unos pasos hacia atrás, en ese momento me pareció ver que la puerta de la casa abandonada de la esquina tenía un aspecto muy distinto.
Normalmente es una puerta construida con maderas viejas y carcomidas por la humedad. Pero en ese momento la vi enorme e imponente, construida de madera fina, algo así como cedro trabajado pulcramente; alrededor tenía una hilera de formas circulares de hierro que la decoraban, pero hubo un detalle que llamó aún más mi atención, a simple vista parecía una aldaba, uno de esos mecanismos de hierro que muchas casas antiguas tienen para que con ellos se toque la puerta. Pero me llevé una
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gran sorpresa cuando fijé mi vista y me di cuenta que era demasiado real para ser una pieza de hierro. Vi una mano femenina que estaba sobre lo que parecía un adorno de romero fresco; en cada dedo tenía un anillo de gemas, solo distinguí el del dedo anular que era un rombo rojo y el del dedo meñique, que era un diamante igualmente extraordinario, quizás los demás eran circonios o cuarzos pulidos, no lo sé, pero brillaban de una manera única. No podía creer lo que estaba frente a mí, la mano no era como alguna otra que yo hubiera visto antes, era muy delgada, de piel lisa y blanca, sus uñas parecían demasiado transparentes, yo diría que era la mano de una reina o de una virgen quizás. Pensé que tal vez era la mano de la Virgen de la Merced o alguna otra diosa, no podía dejar de admirar su belleza, ni la finura de sus joyas. Después de unos instantes parpadeé rápidamente y luego me tallé los ojos para cerciorarme de que lo que estaba viendo era real y los abrí rápido dirigiendo mi marcha hacia esa puerta, pero nuevamente era la vieja puerta de esa casa abandonada, igual de descuidada y carcomida por los años y la humedad. Pensé que todo era un juego que me había hecho mi mente por dormir poco, o a lo mejor yo quería ver eso y sólo imaginé que estaba ahí.
Una vez en la escuela le conté a mi prima lo que había sucedido, me dijo que exactamente en ese lugar ella vivió una experiencia parecida, aunque ella no vio esa puerta de fortaleza, ni la mano sagrada, en lugar de eso vio un espléndido jardín lleno de flores desconocidas y tan extraordinarias que la dejaron impactada por su rareza y singular aroma, pero al aproximarse a él, de pronto todo volvió a ser normal. Al escucharla no supe que pensar, aunque sus palabras me dieron consuelo, ¡al menos me aseguré de que no estaba loca! A partir de ese día pasaba lentamente frente a la
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casa, cruzaba los dedos para atraer la suerte y que aquella vieja perta volviera a transformarse frente a mis ojos.
Sin embargo, pasó algún tiempo y yo no pude ver nada más, siempre intentaba averiguar qué había pasado en ese sitio antes de mí llegada, aunque no lo logré, prefería imaginar que en una de esas: había encontrado una puerta dimensional o un agujero de gusano de esos de los que hablan tanto los científicos. Tal vez podría visitar lugares que se encontraran lejísimos o transportarme a otra época. ¡Me moría de emoción!
Así transcurrieron varias semanas y yo comenzaba a perder las esperanzas de volver a mirar semejante belleza, pero una noche cuando regresaba a casa después de trabajar algunas horas en el puesto de mis papás, escuché una voz suave, una voz de mujer, no pude entender lo que me decía, hablaba en otra lengua, aunque me pareció conocer un par de las palabras que mencionó, pero no sabía qué significado tenían.
Todo transcurrió en segundos y nuevamente desapareció. Así que al día siguiente les pregunté a un grupo de compañeros que están en un club de educación bilingüe en la secu, que, si podrían ayudarme con un enigma y a pesar de no haberles dicho gran cosa de lo que se trataba, ellos aceptaron.
Fue así como después de eso todos los días mis amigos pasaban a mi casa para irnos juntos a la secu y esperar a que algo extraordinario nos ocurriera estando juntos, transcurrieron varios días y no fue así. Hasta que una mañana cuando estábamos a punto de perder las esperanzas, la escuchamos. Aquella mujer de voz angelical parecía no tener problema con que mis amigos también supieran de ella, con que yo hubiera
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llevado a ocho personas más, para que presenciaran su belleza y escucharan su canto.
Fue entonces que comenzó a hablar, pero esta vez parecía más un canto que un conjunto de palabras simples. Era una voz celeste, yo quedé fascinada al escucharla y lo mejor es que esa vez sí tendría testigos. Me mataba de emoción saber que pronto podría comprender su canto y lo que me quería decir.
Felipe es uno de mis amigos y compañero en la escuela, tiene 16 años, en su pueblo ya había cursado dos años de secundaria, pero llegando aquí lo hicieron repetir los cursos, hace tan sólo tres años que llegó a la Ciudad de México y vino a trabajar en el Barrio de la Merced en el área de papelerías, así que al igual que yo saliendo de la secu se pasa al trabajo, apenas tiene tiempo de dormir y hacer la tarea. A él le cambiaría la vida el curso recién instaurado de educación bilingüe porque él hablaba en Tzotzil-Otomí y sólo entendía un poco de español, pero cuando entró a la secundaria su panorama comenzó a abrirse y aprendió pronto el español, ahora hasta las frases más chilangas las maneja de maravilla, el grupo de educación bilingüe en la secundaria cambio su trayectoria escolar y después de poco empezó a sobresalir. Toño es un caso similar, aunque el viene de una comunidad purépecha, aunque lleva varias décadas radicando en la ciudad, él y su familia continúan hablando en su idioma y realizando sus tradiciones. Además de hablar en purépecha, comprende otros idiomas ya que sus tíos y abuelos se los han enseñado. Ellos fueron quienes más comprendieron el mensaje oculto en el canto de aquella bella mujer que nos permitió verla, o mejor dicho escucharla e imaginar su gran belleza, y al admirar su hermosa mano que por alguna extraña razón estaba incrustada en la puerta.
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Esa mañana, después de presenciar tan bello suceso, estuvimos muy distraídos durante las clases, pero en los últimos cincuenta minutos, que es cuando tenemos el taller de educación bilingüe, nos acercamos al profesor y le preguntamos algunas palabras que recordábamos, ya que después de escuchar aquel mágico canto se quedaron incrustadas en nuestra memoria. Uniendo lo que cada quien recordaba supimos que lo que esa mujer nos había venido a mostrar: dijo que debíamos estar unidos y valorar el lugar tan privilegiado que tenemos para vivir y la compañía de nuestras familias y amigos, se refería al Barrio, pero más que al Barrio al planeta. Pero eso no era todo lo que aquella mujer con voz celeste tenía que decirnos. También nos reveló un gran secreto, y nos encargó compartirlo con todo aquel que se cruzara en nuestro camino. No podíamos entender por qué nos había elegido de entre tantos habitantes. Una vez que logramos armar el rompecabezas de palabras en lenguas indígenas quedamos boquiabiertos y muy contentos por ser los emisarios para dar a conocer tal secreto. Sabemos que ahora tenemos una enorme obligación con la humanidad, porque sin su guía nunca nos hubiésemos poseído tal conocimiento…
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