Breviario sobre la categoría sustancia en Aristóteles
3. Sobre la sustancia primera y la segunda
Aristóteles dedica Categorías 5 al estudio de la sustancia y distingue entre primera y segunda. La primera es aquella que no está en otro sujeto, ni se predica de otro sujeto, por ejemplo, este hombre o este caballo (2 a 10-15).
Acto seguido, afirma que las sustancias segundas son las especies15 a las que pertenecen las sustancias primeras, tanto las especies, como sus géneros […]
a saber, el hombre y, también, el animal (2 a 15-20).
Según Categorías 5, la sustancia primera se refiere a los singulares y la sustancia segunda a los universales; de ahí que la sustancia segunda sí se pueda predicar de la primera; v. g., este hombre es hombre, o, si se prefie-
13 Liddell & Scott, A Greek-English Lexicon, p. 1285.
14 Grosso modo, mediante la categoría materia, nuestro autor explica lo móvil de la sustancia sensible; y con la categoría forma su correspondencia con el concepto conocido que puede o no corresponderse con la sustancia sensible.
15 El término griego es eídos.
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re, Juan es hombre. En este caso, la superioridad de la sustancia primera consiste en que existe, a diferencia de la segunda que, como universal, es el resultado del conocimiento de la primera. Por ello, no es de extrañar que Aristóteles afirme: “De no existir las entidades primeras sería imposible que existiera lo demás” (2 b 5). Como se ha mencionado, para Aristóte- les se deben estudiar las determinaciones que tienen que ver con las co- sas existentes, de ahí que las sustancias segundas son importantes, pues con ellas expresamos lógicamente qué son las sustancias primeras que sí existen. Sin embargo, Aristóteles es consciente de que en cierto sentido podemos conocer primero las cosas según su concepto, y luego, según su realidad sensible:
Y de otro modo se dice anterior lo anterior por el conocimiento, conside- rado también como anterior absolutamente. Pero, entre estos anteriores, son distintos los que lo son según el concepto y los que lo son según la sensación. Pues, según el concepto, son anteriores los universales, y, según la sensación, los singulares. Además, según el concepto, el accidente es an- terior al todo; por ejemplo, lo músico es anterior al hombre músico. Pues el concepto no será todo sin la parte; sin embargo, no cabe que exista lo músico si no existe algún músico (Met., Δ, 11, 1018b31-35).16
16 Aunque no ahondo con propiedad la tensión existente entre Categorías 5 y Metafísica, al hablar de la sustancia primera y segunda, queda claro, por lo anteriormente citado, que mi comprensión sostiene que no hay contradicción, ni incompatibilidad entre ambos textos.
Antes bien, a mi juicio en Metafísica se reitera y se ahonda qué se ha de comprender por sustancia primera y qué por sustancia segunda. Esta postura es bien tratada por Wedin, quien afirma: “This book offers a compatibilist account of the relation between the Categories and Metaphysics Z. The basic idea is a simple one […] a staple of incompatibilism, assumes that Aristotle meant the theories to occupy the same explanatory space. This seems to me to be false. The theory of the Categories and so, in effect, it presupposes the essential truth of the early theory” (Wedin, Aristotle’s Theory of Substance, p. 3). Como he mencionado, a mi juicio en Metafísica Z el estagirita ratifica y ahonda lo presentado en Categorías al abordar la sustancia. Cosa extraña me parece la afirmación de N. Hartmann: “lo que Aristóteles llama
‘categorías’, tiene poco que ver con el verdadero problema de las categorías. Son ‘modos de afirmación’, formas fundamentales de la afirmación del ser […]. Considerada en rigor, la sustancia no es en esta concepción de ninguna manera afirmación de ser, sino aquello ‘desde donde’ son hechas todas las afirmaciones del ser. Por otra parte, ontológicamente es justo que el único elemento fundamental y autónomo en cuanto al modo de ser de toda la numeración.
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A mi entender, lo relevante de la distinción entre las sustancias primeras y segundas no está en conocer qué son las cosas, y tampoco en subrayar el lugar común según el cual no hay nada en el intelecto que no haya pasado por los sentidos, sino en hacer una distinción entre lo existente conocido, o sea, la sustancia primera en correspondencia o relación con la segunda; y lo que es meramente conocido, es decir, aquello que es conocido como un qué, pero que no por ello existe. Así por ejemplo, para el estagirita, Dios, para ser auténticamente objeto de estudio metafísico, no sólo debe ser compren- dido como un qué, sino que el objetivo de la Metafísica es poder determi- nar si Dios existe o no (cf. Met., A, 2, 982 b 25- 983 a 23).
La importancia del ejemplo anterior es fundamental, pues implica que Aristóteles rechaza la mera determinación conceptual para acceder a Dios, no obstante sea manifiesto que Dios, de existir, no es captado por los senti- dos como algo evidente. En consecuencia, Aristóteles se propone determi- nar si Dios existe o no a partir de las características de la sustancia sensible que existe, es decir, desde las sustancias primeras cognoscibles por los sen- tidos17 (si es que Dios es, entonces sería una sustancia primera diferente de las móviles; y para conocer su existencia, dado que ésta no se conoce vía fenoménica o sensible, primero se le tendría que pensar a modo de sustan- cia segunda, para, posteriormente, poder determinar si es que existe o no, es decir, si en verdad Dios es sustancia primera, ser existente —y no mero concepto o determinación lógica).
En consecuencia, para alcanzar la máxima pretensión metafísica, parece ser indispensable para Aristóteles concebir categorías adecuadas para ex- plicar no sólo el qué de la sustancia, sino el cómo del movimiento de la sus- tancia sensible, para poder determinar si hay o no una sustancia perfecta que exista. En sus propias palabras: “Tenemos, pues, que considerar cuáles
Y justo tal elemento no encaja bien en la tabla” (Hartmann, Aristóteles y el problema del concepto, p. 57). A mi juicio Hartmann tiene el prejuicio de que las categorías no aportan nada, en términos de estudio filosófico, sobre la sustancia; inclusive, me atrevería a decir, acaba comprendiendo el texto de Categorías sobre la sustancia más a partir de los accidentes que de la definición misma de ésta (cf. Categorías, 5).
17 Según el estagirita la sustancia corruptible, es decir aquella cuya forma está sostenida en una materia sensible, es admitido por todos. En el libro Λ afirma: “Hay tres clases de substancia. Una es la sensible, que se divide en eterna y corruptible. Ésta es admitida por todos, por ejemplo, las plantas y los animales” (Met., Λ, 1, 1069 a 30-31).
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de estas opiniones son acertadas o erróneas, y cuáles son las substancias, y si hay algunas además de las sensibles o no las hay, y cómo son éstas, y si hay alguna substancia separada, y por qué y cómo, o no hay ninguna, fuera de las sensibles. Pero antes debemos exponer sumariamente qué es la Substancia” (Met., Z, 2, 1028 a 28-33). Y éste parece ser el itinerario que Aristóteles realiza en lo que algunos han denominado como la ousiología, que son los libros Z, H, y Θ de Metafísica.