II.2 El logos y el telos de Veracruz
II.2.2 El telos antropológico de Alonso
Aunque SC82 fue publicado por primera vez en 1556, Alonso ya había
et Verbum erat apud Deum et Deus erat Verbum” (Nova Vulgata Vatican, s/f). En el portal de la Santa Sede, la traducción al castellano de El libro del pueblo de Dios es la traducción argentina: “Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe” (Vatican, s/f).
82SC fue la obra que más cambios conllevó de la primera edición – mexicana– en 1556, a la
dictado varios cursos de filosofía y teología en diversos seminarios agustinos y había conocido muy de cerca a los purépechas en Tiripetío, a los naturales de Acámbaro y después a los de Atotonilco.
El año de 1492 cerró la puerta a la estrecha relación de ocho siglos con dos comunidades que, aunque tenían en común el monoteísmo, no compartían la fe cristiana. La expulsión definitiva de judíos y musulmanes había sido justificada por la preservación de la cristiandad en la unidad territorial de los reinos de Castilla y Aragón que, de hecho y de derecho, ya se habían unido a través del matrimonio de Isabel y Fernando. Ambos ignoraban que ese mismo año se encontrarían con una ignota cultura y millones de seres humanos cuya fe y costumbres eran diversas, e incluso algunas contrarias a la cristiandad y a las enseñanzas de Jesucristo. El mismo año, 1492, cerrando una puerta, abrieron otra.
Alonso de la Veracruz asume los cuestionamientos que los indios, esas personas concretas, le formulan: no teóricamente, sino en la práctica de la vida diaria. Se enfrentó también a la asimilación de las nuevas indicaciones del Concilio sobre el matrimonio, a raíz de la petición de divorcio del soberano inglés con la hermana menor de la madre de Carlos I de España. Era necesario integrar la fe y la razón, la teología y la filosofía, además de las novedades del Concilio y las prácticas de los indios. Sin olvidar que había sido formado en el escolasticismo salmantino tomista de Vitoria y Soto, pero también por nominalistas lógicos, entre ellos, su padrino Juan Martínez Silíceo.
Esta obra es crucial porque reúne todos conocimientos y su fe apuntando al telos que lo había llevado a renunciar a su futuro para llevar la Buena Nueva a los indios. No solo que conocieran el Evangelio, sino ayudarlos a poder vivirlo resolviendo cuestiones de la vida ordinaria, partiendo de la realidad en la que habían vivido por siglos.
última –Alcalá– en 1572. El motivo fue que entre la primera y la última edición se clausuró el Concilio de Trento –1545 a 1563–. En él se abordó el tema del matrimonio, derivado del polémico divorcio fraguado por Enrique VIII en detrimento de Catalina de Aragón en 1533.
SC es una obra de derecho matrimonial y familiar que Alonso fue puliendo con el paso de los años. La última edición que modificó Veracruz fue publicada en 1572 e incluye las adecuaciones al espíritu del Concilio (Barp, 2009, p. 8). Ahí se advierte la forma como Alonso asimila las precisiones doctrinales sobre el matrimonio, que perdurarían los siguientes 400
Resulta en exceso contrastante que, mientras Veracruz buscaba la inculturación de los indios en la práctica cristiana, por el Océano Atlántico surcaban barcos repletos de personas de piel negra para ser vendidos al mejor postor. A los comerciantes y a los compradores no les importaban esas vidas humanas traficadas como objetos. Mucho menos hacerlos partícipes del Evangelio ni preocuparse por dar respuesta a su forma de vivir el matrimonio. Para Alonso, hombre y mujer, indio y español eran logos, porque eran imago Dei: imago Logos. Para los traficantes de esclavos, solo mercancías; los aborígenes, eran considerados unos salvajes que debían ser exterminados o, al menos, encerrados en reservaciones.
En SC, dice que el matrimonio fue instituido por Dios “de uno solo para una sola” (Barp, 2009, p. 55). Que el consentimiento “no puede existir en los irracionales”, porque “es algo como la sentencia final del intelecto y la voluntad” (p. 77) formulando la racionalidad –el logos– de los indios, como un axioma.
La concepción de la mujer veracruciana es, quizás, lo que se encuentra más alejado del aristotelismo y del tomismo; este último, influenciado por la interpretación islámica del Corpus de la traducción de Moerbeke y su errada noción de mujer. Saranyana afirma que: “En una cultura del vigor físico y la violencia, dominantes en la Grecia y Roma clásicas, es obvio que la mujer tenía las de perder. Forzosamente debía generalizarse la idea de que la mujer es un “macho frustrado”. El cristianismo la valoró mejor. Sin embargo, cuando los medievales recuperaron la cultura clásica […] especialmente con la tercera entrada de Aristóteles (desde 1220 aproximadamente), se volvieron fuertemente misóginos” (2018, pp. 284). Saranyana advierte que Alberto Magno fue el difusor de la idea aristotélica de que la mujer es un orbatus masculus o
“varón frustrado” en sus Quaestiones super animalibus en el que comenta De gen. Afirma que sus “conocidos juicios misóginos, pasaron casi literalmente a Tomás de Aquino” tesis que se encuentran tanto en De veritate como en la Summa theologiae (2018, pp. 283).
Para Veracruz el hombre y la mujer son imago Dei: “Lo mismo acerca del desear a las mujeres (en el caso de un varón) o del desear a los varones (en el caso de una mujer)” (Barp, 2013, p. 263).
Ambrosio Velasco asegura, con razón, que es un error afirmar que
el multiculturalismo es una novedad filosófica, sino una aportación de Vitoria, Soto y Veracruz en el s. XVI. De la misma forma podemos afirmar con seguridad, que Alonso se adelanta cuatro siglos a una antropología inclusiva e igualitaria entre hombre y mujer.
Alonso busca que los indios, imago Dei, encuentren al Logos encarnado a través del logos que es palabra y que es razón; pues sus interlocutores no son los Maestros de la cisneriana o de Salamanca, sino los que formarían en la fe cristiana a los indios.
Alonso va descubriendo en su trato con los indios y sus estudiantes, que la verdad es un encuentro y se hace carne para la salvación. Subraya que “el juicio de los confesores es un juicio para la salvación y no para la condenación”83 (Barp, 2013, p. 265).
DDIIB es una obra ius internacionalista: el reconocimiento del
“otro”. Es “su” política, no una relectio de la de Aristóteles. Speculum Coniugiorum va más allá de la justificación del “otro”. Buscaba la forma de hacer partícipes a los indios –imago Dei–, del fenómeno de la Encarnación: Dios se hizo carne por amor, para salvar a todos los hombres y mujeres. Ellos, los indios, tenían el derecho a ser partícipes del plan salvífico; muchos a través del matrimonio. Aunque parte de una verdad revelada, Veracruz lo argumenta desde la filosofía en De anima.
Al poner en contacto la realidad vital de los indios con la tradición escolástica y el humanismo, se fecundaron mutuamente dando lugar a una “conjunción entre dos culturas” (Saranyana, 2004, pp. 17 y 20).
Logrando una articulación armónica de la fe con la razón en la vida ordinaria de cada persona.
Cabe hacer la observación de que el fundamento filosófico del telos antropológico, Veracruz lo despliega en De anima al defender la igualdad entre varón y mujer en la especulación sobre el alma intelectiva.