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La teoría del “campo social” como instrumento de interpretación

De acuerdo con esta teoría, lo social se expresa tanto en sentido objetivo (estructuras sociales externas e independientes de la conciencia y de la voluntad de los agentes individuales o grupales), como en sentido vivido (esquemas de percepción, de pensamiento, de acción que constituyen socialmente nuestras prácticas y subjetividad). Los conceptos de campo y habitus permiten captar estos dos modos de existencia de lo social, y su relación dialéctica hace posible mediante una perspectiva estructuralista-constructivista que busca superar las oposiciones entre objetivismo y subjetivismo , comprender y explicar las prácticas sociales que realizan los agentes; de modo que el análisis de las estructuras mentales figura como inseparable del análisis de las condiciones sociales en que aquéllas tienen lugar.

Para Bourdieu, un campo es una región de la esfera social que históricamente se ha constituido como un espacio de juego estructurado por un sistema de posiciones sociales de dominación, sumisión u homologación, ocupadas por los agentes que participan en el propio campo y que se definen las unas en relación con las otras. Las propiedades de dichas posiciones dependen del lugar ocupado dentro del mismo y no de las características de quienes las ocupan45; tal lugar está determinado por el tipo, volumen y legitimidad del conjunto de bienes o capital específico que allí está en juego. Para Bourdieu el capital se caracteriza como el conjunto de bienes –no sólo económicos, sino de cualquier tipo– que los agentes inmersos en el campo consideren como dignos de ser apreciados y buscados, bienes que son susceptibles de producción, distribución, acumulación, inversión, consumo y pérdida (cfr. Bourdieu y Wacquant: 1995; 64, Bourdieu: 2000b; 112- 119 y Bourdieu: 1987; 11-15).

Los cuatro tipos básicos de capital son:

a) El económico relacionado con la propiedad o posesión de bienes materiales;

b) El cultural entendido como todo bien que media las relaciones intersubjetivas de los agentes con base en su cultura de adscripción; este capital se presenta en tres formas distintas: incorporado, objetivado e institucionalizado; el primero

45 Lo expuesto no quiere decir que los individuos sean inexistentes socialmente, sino que …existen como agentes –y no como individuos biológicos, actores, o sujetos– que se constituyen como tales y actúan en el campo siempre que poseen las propiedades necesarias para ser efectivos, para producir efectos, en ese campo (García Inda: 2000; 15).

hace alusión al conocimiento asimilado; el segundo, a la posesión de bienes materiales y objetos culturales y el tercero, a la adquisición de títulos o certificados otorgados principalmente por instituciones escolares (Bourdieu:

1987; 15-18).

c) El social que consiste en el conjunto de relaciones sociales que un agente puede movilizar para obtener beneficios económicos o de reconocimiento, y d) El simbólico que puede describirse como la manera en que se perciben y

aprecian los otros capitales, es decir, que se relaciona con el prestigio, la legitimidad, la autoridad y el reconocimiento como principios de distinción que se ponen en juego frente a los otros agentes del campo y que se suman a la posición que se ocupa dentro del mismo por el manejo del capital específico que ahí se disputa.

Las diversas formas de capital no son patrimonio estático de los sujetos, sino que pueden ser transformadas de unas a otras: dinero en prestigio; relaciones sociales en dinero; títulos académicos en prestigio y relaciones sociales, etc., siendo todas ellas utilizadas por los agentes para mantener y hacer valer sus posiciones dentro del campo y transmitirlas a sucesivas generaciones.

Los integrantes del campo se encuentran en lucha permanente para conservar o transformar –según tengan posiciones de dominio o de subordinación–, la estructura de distribución del capital o capitales propios del campo, por lo que

establecen relaciones de alianza o de confrontación para mejorar posiciones, obtener mayores beneficios, imponer como legítimo aquello que los define como grupo y excluir a los otros sujetos o grupos que no participan de su postura; esta lucha propicia que se produzcan constantes definiciones y redefiniciones de las relaciones de fuerza establecidas entre los agentes comprometidos en el juego derivadas estas últimas, de la mayor o menor posesión de estos capitales. En otras palabras, la posición que se ocupe dentro del campo implica el éxito o ganancia que obtengan, así como las relaciones objetivas que mantienen con las demás posiciones presentes, orientando además las estrategias46 de los agentes comprometidos en el campo, quienes están dotados de las disposiciones o habitus que implican el conocimiento de las leyes inmanentes al juego y la valoración del bien específico que es objeto de la lucha en ese campo.

El habitus se refiere a una subjetividad socializada: Hablar de habitus es plantear que lo individual, e incluso lo personal, lo subjetivo es social, a saber, colectivo (Bourdieu y Wacquant: 1995; 87); se le caracteriza como un sistema de disposiciones y prácticas duraderas para percibir, sentir y hacer que posibilitan la elección de objetos y la evaluación de soluciones en un contexto social dado, pero no significa que sea inmutable ni necesariamente mecanismo reproductor de las condiciones sociales, pues está continuamente enfrentado a cambios en el campo que lo afectan y pueden cambiarlo. El habitus genera prácticas diferentes según lo

46 La noción de estrategia en Bourdieu se concibe como líneas objetivas orientadoras de las prácticas y no supone necesariamente una explicitación consciente o racional de los mecanismos por parte del agente social (cfr. Gutiérrez: 1997).

que acontezca en el campo; estos cambios no son repentinos y se pueden enfrentar a resistencias, pues la mayoría de las personas tienden a buscar experiencias semejantes a aquéllas que moldearon sus habitus y, por tanto, a vivir experiencias y prácticas que refuerzan sus disposiciones (ibid.; 108-109).

El habitus es un aprendizaje práctico que no siempre es consciente ni intencional, sino que se adquiere a través de la incorporación de prácticas, visiones y valores generados por las estructuras sociales objetivas en las que se desenvuelven los sujetos en el curso de su vida, es decir, que está estructurado por los valores, los intereses, la normatividad de los campos a los que se pertenece y la posición que se ocupa al interior de los mismos, pero a la vez es estructurante pues produce al mismo tiempo prácticas particulares de sus agentes para percibir, valorar y actuar en una posición o situación, dependiendo del espacio social en el que crecieron y de las diferentes formas de asimilar, dar sentido y valor a los hechos.

Las condiciones sociales –entendidas como relaciones objetivas que hacen posible al habitus, pero que a su vez el habitus las hace posibles–, se materializan en los campos sociales, ahí donde los agentes ocupan una posición adjudicada de acuerdo con su habitus, su capital incorporado y su trayectoria social. En este sentido, el agente que pretende incorporarse a un campo deberá aceptar el objeto y las reglas del juego, haciendo suyas las creencias y los valores que se disputan, pues para que el campo funcione se requiere que los agentes que participan en él

tengan la adhesión al juego (illusio) y el interés por participar en el mismo. En palabras de Bourdieu: ...los diferentes campos se aseguran agentes dotados de habitus necesarios para su buen funcionamiento…, quienes además reconocen los limites que no se deben transgredir a riesgo de ser excluidos del campo; cabe señalar que las luchas internas no destruyen el juego, sino las jerarquías y distribuciones de capital, o sea que cambian los ocupantes y se transforman las posiciones, pero el campo permanece mientras haya jugadores interesados en participar en él. (Bourdieu y Wacquant: 1995; 115)

El espacio social se divide en tantos campos y subcampos como capitales se oferten en su interior y haya agentes dispuestos a arriesgar por ellos, de ahí que se pueda hablar de “campo económico”, “campo político”, “campo religioso”,

“campo cultural”, etc.; estos son producto de un proceso histórico de diferenciación respecto a los demás campos que se constituyen de acuerdo con sus tipos particulares de legitimidad y de poder, bajo un proceso que da a cada campo una autonomía y una dependencia relativas con respecto a los otros campos sociales, determinando en alguna medida, el valor de sus productos específicos. De igual modo, los límites de cada campo se definen y redefinen históricamente y sólo pueden ser conocidos mediante la investigación empírica; dichos límites se distinguen por sus efectos, es decir, un agente forma parte de un campo en la medida en que es afectado y que a su vez, produce efectos en el mismo. Esta definición del límite de campo nos permite orientar nuestras estrategias de investigación y conocer el espacio social dentro del cual se encuentra ubicado el

objeto de estudio; así se identifican las grandes líneas de fuerza del espacio cuya coacción se ejerce sobre el punto considerado, evitando el riesgo de buscar en el fragmento estudiado mecanismos o principios que, en realidad, se hallan fuera de él (Bourdieu y Wacquant: 1995; 173).

Todos los campos comparten las leyes generales de funcionamiento que hemos señalado y a la vez, cada uno de ellos tiene propiedades específicas que le son propias, por lo que si pretendemos entender las prácticas sociales de los investigadores y de los formadores para la investigación jurídica es necesario establecer una relación entre las condiciones presentes y pasadas que han influido en ellas, ya que en tal relación se encuentra el principio de toda práctica.

Para Bourdieu, las prácticas:

...no se pueden deducir de las condiciones presentes que pueden parecer haberlas suscitado ni de las condiciones pasadas que han producido el habitus, principio duradero de su producción. Sólo es posible explicarlas, pues, si se relacionan las condiciones sociales en las que se ha constituido el habitus que las ha engendrado, y las condiciones sociales en las cuales se manifiestan; es decir, si se relacionan (...) estos dos estados de lo social, relación que el habitus efectúa ocultándola en y por la práctica (1991; 97-98).