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TERCERA ÉPOCA

(1887-1890)

I

RIZAL llegó á Manila el 5 de Agosto de 1897, á las nueve de la noche, á bordo del JTaiphong, procedente de Saigón (144). Llegó á su patria en circunstancias favorables para é l , porque eran liberales bien probados los altos funcionarios públicos que más influían en el ánimo del Jefe supremo de la colonia, y liberal el Gobierno que á la sazón regía en España. (Presidente, Sagasta; ministro de Ultramar, D. Víctor Balaguer.) Los funcionarios aludidos eran: secretario del Gobierno general, D . José Sáinz de Baranda, distinguido ingeniero de montes, nacido (de padres peninsulares) en el país, de escaso tem- peramento político, aunque propenso á una razonable tolerancia; go- bernador de Manila, D . José Centeno y García, antiguo ingeniero jefe de minas en el Archipiélago, hombre de ciencia de mucbo lusiye, republicano pasivo y masón fervoroso (grado 33), nada afecto.á las corporaciones religiosas; director general de Administración civil, D. Benigno Quiroga y López-Ballestefos, del Cuerpo de ingenieros de montes, íntimo de Moret, liberal calificado, lleno de juventud y de arrestos: por los cargos que desempeñaban estos tres señores, ejer- cían un influjo decisivo en el ánimo del gobernador y capitán gene- ral, D . Emilio Terrero y Perinat, de espíritu dúctil, sin criterio pro- pio, que entró en Manila (llevando de secretario á D . Felipe Canga- Argüelles) hecho un carlistón disimulado, y salió convertido en punto menos que un liberal á lo Riego.— «Los desaciertos del triunvirato Sáinz-Centeño-Quiroga (dicen los jesuítas) favorecieron en gran, ma- nera los manejos á que se entregaba RIZAL con la actividad que cons- tituía el fondo de su carácter» (145),

(144) Según el Sr. Epifânio de los Santos, en carta á mí dirigida, fechada en San Isidro (Nueva Ecija) á 21 de Septiembre de 1905.

(145) Rizal y su obra, ya citado; capitulo v m .

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Pero apenas llegado, RIZAL recibió numorusns anónimos y aun avisos verbales de amigos suyos, previniéndole; sus parientes tam- bién le previnieron. No so explicaban unos y oiros que el autor de]

Noli me tángm-e pudiese vivir «impuiieniente» en Filipinas: enten- dían que el audaz escritor tagalo corría riesgo <]o que una mano mer- cenaria le asestase un golpe... Y ya fuese porque líiZAl, comunicase sus recelos á las autoridades, ya porque éstas, motn pvoprin, ijuisie- ran evitarlo, ello es que casi todo el tiempo que KTZAL permaneció en su país tuvo con frecuencia à latere al teniente de la gunrdin. civil D. José Taviel de Andrade. (Por cierto que amboa simpatizaron mu- cho, y se hicieron amicísimos.) En Manila paró poro; su corazón le impulsaba á Calamha, su pueblo, y los demás comarcanos, y en olios estuvo cusí todo el tiempo que duró su paso por la región tagala.

Una mañana, hallándose en Manila, fué á visitar á los padres jesuítas. «Se presentó el joven en el Ateneo Municipal á visitar al rector del mismo, lid o. Padre ítamón (14(i), y á su antiguo maestro Edo. P. Faura, quienes, conociendo más y mejor que por las noticias de Blumentritt (147), por los escritos del mismo IÍLZAL, la mudanza de éste y los grandes estragos que en su alma había hecho la impie- dad, trataron de reducirle al buen camino.

«Pero en vano; porque el desdichado, con obstinada frialdad, que dejó helados á sus amadísimos maestros, les manifestó, no sin gran- des aunque afectadas protestas de españolismo, que ora inútil tocia discusión en materia religiosa, porque él había perdido ya el inesti- mable tesoro de la fe.

»Y entonces fué cuando recibió aquella seca repulsa del bonda- doso Padre Paura, quien le dijo que, si en tal estado se hallaban las creencias de su espíritu, no pusiera más los pies en el Ateneo Muni- cipal, porque los Padres rompían toda comunicación cun él, y le acon- sejaba que se alejara para siempre de Filipinas, pues temo, añadió, que usted ha de venir d parar en u n cadalso- Mas ( ambión resultó es- téril este supremo esfuerzo; y aquel corazón rebelde y obstinado per- maneció yerto y endurecido por la soberbia, que, como en sus últi- mos momentos ha reconocido sin cesar, fué la causa de su perdición.

»Y salió del Ateneo para no volver ya más á entrar en aquel ben- dito recinto, donde tan apacibles y risueños transcurrieron los pri- (146) El que fué director de la Academia de Cioncias filosófmo-natu- rales de que KIZAD habla sido secretario. — Véanse las pags. 51-03.

(147) Blumentritt sostenía correspondencia ciontítica con algunos je- suítas, entre ellos el célebre meteorólogo i1. Federico .Fanra ; era sincera- mente católico, y debió de lamentarse de que un tan cariñoso amigo suyo como RIZAL hubiera experimentado la mudanza á que se alude.

VIDA T ESCRITOS DEL DR. RIZAL 14T- meros días de su niñez, cuyo dulce recuerdo debió evocar la mente de RIZAL cuando, antes de trasponer por vez postrera aquellos santos umbrales, volvió á ver aquella piadosa imagen del Sagrado Corazón, obra de sus infiintilos manos, y que el Hermano portero le mostró, mientras el joven lo decía:—¡Otros tiempos, hermano, otros tiem- pos que pasaron : porque ya no creo en esas cosas!» (148).

Los días que permaneció en Calamba los aprovechó sin tregua: la semilla de su predicación de. entonces, germinaba aún, con gran pu- janza, en 1891; do tai suerte, que se hizo preciso que lag autoridades tomasen las rigurosas medidas que más adelante apuntaremos. De aquella predicación hnllanios una síntesis en uno de los pasajes de la extensa carta de Manila publicada en La Epoca del 27 de Diciembre del año consignado ('149). H é aquí lo más esencial; va â renglón se- guido del esbozo del estarlo politico en que se hallaba el país, como consecuencia del inllujo de Quiroga y de Centeno;

«En tales circunstancias llegó á Filipinas, procedente de Alema- nia, el calambeño JOSÉ KIZAL, quien reunió do seguida á lo más gra- nado de su pueblo, y entre aquellas sencillas gentes divulgó con. per- tinaz insistencia ideas rabiosamente opuestas á los españoles, á las autoridades 3' en particular á los religiosos, á ciencia y paciencia de los que debieron impedir tules predicaciones. RTZAL ha inspirado en- tre sus paisanos odio á la religión católica, y sus más adeptos han aban- donado toda práctica religiosa, cumpliendo en esto fielmente con lo que enseña en su novela Koli me tángerc, antipatía profunda á los religio- sos, desprestigiándolos y diciendo de ellos que son los explotadores del indio de Calamba, y otra porción de cosas por el estilo, depresi- vas, no ya para los dominicos, sino también para todas las demás co- munidades, y nada digamos de cómo pinta á la raza española.

. . . » ¡ C u á n t a s responsabilidades tiene sobre sí ese germanófilo, pues con sus toorías ha venido á producir mil disgustos á muchos de sus paisanos! En Calamba no se habla sino de los triunfos de UIZAL, de sus promesas, de la acogida que le dispensan los sabios (?) de Europa; de sus viajes por Alemania; de su poder y grandes influen- cias ( ! ) en esa nación; de que se va á traer una escuadra alema- na^!! ); de que él les ha de dar á sus paisanos la propiedad de la ha- cienda de Calamba: de que allí se ha de constituir un gran Estado, una ítepública modelo... En fin, mil paparruchas que tienen total- mente perturbadas á aquellas gentes de un modo tal, que es ridículo y absurdo, pero exactísimo, que en Calamba á los que siguen á RlZAE.

(148) Rizal y su obra, citado; capitulo v m .

(149) Carta anónima, fechada en Manila á 17 de Noviembre de 1891";

inspirada, evidentemente, por algún fraile dominico.

Í42 W. E. liKTANA

se les. apoda el partido de Alemania, y á ios line son leales á los pa- dres dominicos se les llama el partido de los frailr.s.

»Esta actitud de los oalambeños la aprueban, aplauden y alientan los que en Manila, Bulacán, Batangas, Parapanga, etc., son corres- pondientes de esa Asociación llamada Híspano-"Filipina que en Ma- drid existe; de suerte que Calamba viene á ser e! pmdo da metralla de la integridad española-filipina.»

Hay notables exageraciones en lo que, movidos por la imparciali- dad, temos copiado. Dos cosas no sonde creer: la primera, que RIZAL predicase contra España; lo haría, sí, contra sus gobiernos, leyes y malas costumbres administrativas, lo cual no es lo mismo; como no es lo mismo ser separatista que censor de un régimen. En cuanto á la segunda, que es la que toca á ideas anexionistas á Alemania, tam- poco podemos darle crédito: pública es la opinión de RIZAL (expuesta en L a Solidaridad bajo el epígrafe «Filipinas dentro de cien años») de que ni á Alemania le convenía poseer las Filipinas, n i á los filipi- nos les convenía otra cosa, de no ser españoles, que la INDEPENDEN- CIA. Atora bien: lo que no debe negarse es lo que pudiéramos llamar eficacia de la imaginación popular: quienquiera que la conozca, ten- drá que reconocer que, adulterados los conceptos que IIIZAL emitiese, y extremados además* no faltarían gentes que creyesen inuclio de lo que se enumera en los párrafos transcritos. La labor esencial de RIZAL en Oalamba fué muy otra, y él mismo la describe en uno de sus tra- bajos periodísticos, en estos términos (150):

«El que escribe estas líneas se puso una vez á la cabeza do un movimiento antifraile, suscitado por una pregunta del (jobierno. La contestación, si tenía que ser verdadera, iba á lastimar intereses frai- lunos. Los frailes quisieron que se contestase según su gusto y sus conveniencias, y no con arreglo á la verdad; pero considerando que esto era faltar á ella y al deber de un buen súbdito, el autor escribió la contestación con arreglo á un informe detallado, la tradujo al ta- galo, y la leyó delante de todos, y delante de los mismos emisarios de los'.frailes, para que transmitieran el contenido á sus amos, ó lo con- tradijesen si se faltaba á la verdad. N i uno solo protestó, y todos vo- luntariamente lo firmaron, y lo firmaron los mismos fraileros, no pu- diendo negar la evidencia. Y eso que el autor les recordaba que fir- mando se atraían encima todos los rencores del poderoso.

- »¿Qué pasó? E l escrito se presentó, pasó por todos los trámites legales y... ¡se encarpetó ! Los frailes quisieron vengarse, y el pueblo (150) L a verdad para todos; artículo publicado en La Solidaridad, número 8; Barcelona, 31 de Mayo de 1889. - RIZAL en dicha fecha debía de hallarse en Londres: á España no vino hasta Agosto de 1890.

VIDA X ESCRITOS DEL DR. RIZAL 143

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