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IV. HABITAR LOS ESPACIOS COMUNITARIOS

2. El festejo de San Miguel Arcángel en el contexto de Tijuana

3.1 Tijuana, de terrae incognitae a terrae cognita

John Wright (1974) refiere a la terra incognita como el canto de las sirenas que atraía a los hombres a regiones desconocidas, como las tierras de la imaginación, de lo desconocido, de lo aventurado. Antes de migrar, Tijuana se configuraba como una terra incognita para estos sujetos, conocida a partir de los relatos de sus amigos y familiares que ya habían llegado a la ciudad y regresaban o mandaban fotos con cartas describiéndola. Y si bien las razones –por lo menos las principales- que motivaron la movilidad en estos migueleños no fueron el ánimo de aventurarse a conocer lo desconocido, sino, principalmente las precarias condiciones económicas, y la falta de recursos que les ofrecía su contexto para afrontarlas, o buscar la reunión del núcleo familiar que se había dispersado hacia el norte del país con la migración

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paulatina de sus miembros; estos migueleños relataron haber imaginado la ciudad antes de llegar a ella, haber depositado en su proyecto migratorio sueños y expectativas, que luego en la experiencia en la ciudad se fueron transformando.

Wright plantea que lo desconocido estimula la imaginación para “conjurar imágenes mentales que deben buscarse dentro de ella y, cuanto más se halla, más sugiere la imaginación que siga buscando” (1974:170) detonando así la curiosidad por explorar lo imaginado y desconocido. Partiendo de lo conocido en sus propias trayectorias y espacios cotidianos, los sujetos conformaron una imagen de la ciudad. Quienes ya habían conocido antes otras metrópolis, como la Ciudad de México, la imaginaron urbana y poblada. Mientras que para otros, la cantidad de luces que iluminaban la ciudad al momento de su llegada fueron en sí mismas, motivo de asombro.

La imagen construida antes de llegar a la ciudad se nutría de los relatos y descripciones que hacían de ella quienes iban y volvían al pueblo. La idea de la prosperidad económica que prometía la ciudad para quienes llegaban en busca de trabajo, traía consigo la idea de un espacio estéticamente agradable, desde sus referentes conocidos. En los siguientes testimonios de Jovita y Carmela Miguel, se evidencia la construcción de una imagen idealizada de la ciudad antes de migrar. A partir de los relatos de su hermana mayor, que ya vivía en la ciudad, y con quien se comunicaba por medio telefónico, Jovita había proyectado en su imaginación la ciudad sobre un terreno plano, con una cuadratura urbana definida y organizada, y zonas verdes abundantes:

Me imaginaba muy bonito todo, hablaba por teléfono con mi hermana que ya estaba aquí y me imaginaba que ella estaba en un lugar bonito, todo como si fuera un valle, todo plano, sin cerros.

Y como allá en el pueblo son muchos cerros, allá no hay calles trazadas, bueno, no había en aquel tiempo, son caminitos y, yo me imaginaba aquí con calles trazadas bien, todo un llano, un valle sin montañas, igual me imaginaba los cerros a la orillas con muchos árboles. Y cual, si cuando voy llegando aquí me doy cuenta que no hay árboles, ni esta todo plano (Miguel, Jovita, entrevista, 2015)

Carmela por su parte tomaba como referentes para imaginar la ciudad las postales que llevaban sus hermanos cada que visitaban el pueblo. Menciona que para ella las oportunidades económicas que implicaba la ciudad, y la forma cómo percibía el cambio en quienes iban a la ciudad y regresaban al pueblo, fueron los motivos que despertaron su imaginación y

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curiosidad por conocer la ciudad, en términos de Wright (1974), para Carmela los relatos y enunciados estéticos de sus familiares que vivían en la ciudad fueron “los cantos de sirena”

que, entre otros motivos de mayor prioridad, motivaron su movilidad

Pues en sí quienes me hablaban de Tijuana eran mis hermanos mayores que eran los que ya estaba trabajando aquí, y llegaban al pueblo bien vestiditos, iban cada año cuando estaban solteros, a ver a mi mamá y a nosotras, y yo bien emocionada porque nos llevaban ropa nueva, zapatos. Yo me imaginaba este lugar muy bonito, decía que quería ir a Tijuana y conocerla. Me llevaban fotos del parque y de los lugares a donde salían a divertirse, o nos llevaban postales. Me acuerdo de un hermano que nos mandó una postal y hasta con flechas nos puso donde estaba el parque Morelos, y la colonia donde rentaba y por esa foto fue que yo vi donde vivían, y se me hizo muy bonito, dijo “wow, vive en un lugar muy bonito” porque en postal se ve hermoso. Y por ese medio pues yo conocía de Tijuana, entonces mi curiosidad era conocer Tijuana porque todos mis hermanos estaban acá y pues que yo sabía que aquí se ganaba mucho dinero porque ellos llegaban vestidos bien, con dinero, y decía “ay! Yo quiero ir a Tijuana!” (Miguel, Carmela, entrevista, 2015)

Al llegar a la ciudad, diferentes interlocutores mencionaron haber tenido una percepción negativa de ésta. Las grandes diferencias con respecto a los paisajes que conforman su espacios cercanos y conocidos, como San Miguel el Grande y otros pueblos o ciudades del sur del país donde habían estado anteriormente. Dentro de los rasgos que valoraban de manera negativa de esta primera imagen de la ciudad, fueronç su geografía física accidentada, los cerros, las calles sin pavimentar y las colonias o asentamientos en proceso de surgimiento. Los materiales, como las llantas utilizadas para las construcciones también se mencionan como disruptivas, así como el desierto mismo y el polvo que cubría el paisaje.

A mi se me hizo muy feo, llegué a la central camionera y me decían “ya llegamos a Tijuana” y esta colonia no existía, vivía desesperada, estaba todo vacío no había casa, era pura tierra y el canal era puro polvo, no más existía esa tienda de abajo. Había un árbol ahí donde se hacían los jóvenes. No había nada de casa, solo unas casas separadas, para este lado solo la casa de la tía Luisa y nada más. Yo trabajaba en casa y me quedaba a dormir allá y venía cada ocho días, los domingo venía a ver a Jaime [su hermano] y me iba. Pero se me hacia muy feo el lugar, eso fue en el 88 que se empezó a poblar. Esta calle apenas hace cuatro años la pavimentaron. (Aparicio, Alejandrina, entrevista, 2015)

El testimonio de Carmela Miguel resalta además la diferencia percibida en cuanto al espacio en su dimensión física, significativamente reducido, y las construcciones de las viviendas sobre los cerros:

Cuando vine, en la noche y pues las puras luces se ve muy bonito, cuando íbamos entrando en la ciudad yo decía que era un lugar muy bonito, pero ya al otro día que me desperté y salí a

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observar Tijuana lo que más me impresionó, fueron los cerros, las casas en los cerros y las llantas, porque en mi vida yo había visto eso, allá es plano y hay mucho terreno. Tienes un espacio gigante para estar y fue un cambio drástico. Yo tenía miedo, pensaba que se iban a derrumbar las casas, lo bueno es que mi hermano, yo llegué con él, con Crescencio, y viví ahí tres años con él y mi hermano Lenin (…) Los cerros y ver las casitas en los cerros y las llantas.

Ahorita ya se ve un poquito mejor, pero hace quince años que eran casitas de madera y las llantas en los cerros era horrible. (Miguel, Carmela, entrevista, 2015)

No obstante los proyectos migratorios de los sujetos, a su llegada a la ciudad, constituían –de forma escueta- en la consecución de un ingreso económico estable durante un tiempo, que les permitiera a futuro regresar al lugar de origen, esto implicaba o bien, instalarse en la ciudad y conseguir un empleo allí, o cruzar hacia los Estados Unidos con el mismo propósito. El proyecto de cruzar la frontera y radicarse en Estados Unidos, de las tres familias con quienes trabajé, en las que los y las jefas de familia tenían este propósito, solo uno logró trabajar durante un tiempo en este país y regresó a Tijuana para estar con su familia17, en los otros dos casos, el proyecto no se cumplió y decidieron quedarse en la ciudad.