Chascomús 1820-1840
2. Trayectorias, prácticas y perfiles vinculados al comercio entre 1822 y 1840
A partir del seguimiento de algunos derroteros descriptos por pobladores de Chascomús vinculados a la práctica del comercio, pudimos apreciar, a lo largo del capítulo Nº 1, cómo esos diferentes perfiles podían ser analizados de manera conjunta a partir de concebirlos como casos de “comerciantes rurales”, de “empresarios agrarios”, o bien de pequeños y medianos productores cuyas labores también incluían la posesión de un establecimiento comercial. Una estructura similar de organización del análisis seguiremos en este apartado.
Por otra parte, la necesidad de ordenar la información exige implementar esta demarcación temporal (entre 1822 y 1840) que contempla casi veinte años durante los cuales consideramos que las fuentes correspondientes al cobro de patentes de pulperías brindan un panorama que posibilita aproximarse a la identificación de aquellos pobladores que desarrollaron actividades comerciales en el partido. Con el objetivo de establecer en qué forma se combinó la práctica comercial con las distintas actividades
415 Mayo y Latrubesse Terratenientes, soldados, Ob Cit.; Mayo, Carlos (dir.) Pulperos y pulperías, Ob.
Cit. Mayo, Carlos (editor) Vivir en la Frontera, Ob. Cit.
416 Ver, en particular, Correa, Carolina y Wibaux, Matías; “Sabores de la pampa. Dieta y hábitos de consumo en la frontera bonaerense”, en Mayo, Carlos (editor) Vivir en la frontera, Ob. Cit., pp. 71-86.
económicas que emprendieron, analizaremos casos de empresarios rurales y de pequeños y medianos productores que invirtieron fondos en el comercio. Describiremos las diferentes prácticas que desplegaron en la actividad comercial: si otorgaron préstamos, si utilizaron la venta al fiado, la vinculación con la producción, etc.
También, en el caso de los primeros y cuando contamos con información que lo permite, realizamos una aproximación a los márgenes de ganancia obtenidos (en sintonía con lo realizado para el caso de Luisa Martínez en el capítulo Nº 1). Análisis similar se emprende a partir de los perfiles de “comerciantes” que pudimos identificar, centrándonos en sus capitales, las diferentes formas en que desarrollaron su actividad y los vínculos que establecieron con otros sujetos en el despliegue de la misma.
A diferencia de lo realizado en el primer capítulo, la posibilidad de aproximarnos a los capitales que los pobladores de Chascomús poseían hacia 1839 -cercano al final del período abordado- hará que en los primeros apartados presentados a continuación enfoquemos la mirada sobre la combinación de actividades y las formas de ejercer el comercio (prácticas), dejando para los últimos apartados el análisis pormenorizado de la diversificación de capitales, lo cual se combinará con el estudio del volumen de los giros y su comparación con lo ocurrido en 1814.
2.a) Especializarse en el comercio: prácticas y vínculos de “comerciantes” en el partido de Chascomús
Durante los años veinte, José Casas poseía establecimientos comerciales en dos puntos de la provincia, tres en Chascomús y una tienda en la ciudad de Buenos Aires.417 Oriundo de Cataluña, soltero y residente en la capital, Casas montó durante aquellos años tres negocios en el pueblo de Chascomús, que la precariedad -o directamente inexistencia- del cobro de las imposiciones fiscales al comercio en la campaña entre 1825 y 1829 no lograron registrar. Los mismos estaban administrados por su dependiente, Juan Rovira, quien estaba a cargo de la “dirección, manejo y administración” de sus negocios en el poblado y a quien legó, en su testamento, la suma de dos mil pesos moneda corriente por sus “buenos servicios”. Al mismo tiempo, mantenía una tienda en la capital, cuyos bienes fueron valuados en marzo de 1830 por
417 AGN, Sucesión Nº 4859.
una suma cercana a los seis mil pesos moneda corriente, aunque la misma fue vendida por su albacea, tiempo después, por un valor cercano a los $ 7.630 (moneda corriente)
“...declaro que mis vienes consisten en una Casa sita en la Guardia de Chascomús en esta Provincia, en donde tengo establecido una tienda con efectos, un almacén de abastos, y una pulpería todo surtido de mi peculio, así como una tienda de géneros sita en la calle de la Plata en esta ciudad (...) en seis mil pesos moneda corriente (...) en un sitio o terreno en la Plaza del pueblo de Morón...”418
Fallecido en el año de 1830, el inventario de sus pertenencias permite observar que Casas tenía una para nada despreciable cantidad de dinero invertida en sus negocios comerciales: sobre un total de unos 50 mil pesos moneda corriente, los bienes de su tienda y almacén en Chascomús poseían un valor de $ 20.970, además de encontrarse en el mismo unos $ 1.150 en efectivo que el albacea, Pedro Castells, declaró perder en el transcurso de los trámites y tasaciones. De una importante capacidad económica, expresada en sus posesiones, capital y empleo de dependientes, también en este caso el fiado se presentó como un mecanismo importante para este “pulpero” del sur de la campaña y “tendero” de la ciudad: sus cuentas consignaban unos 3 mil pesos corrientes en ventas de este tipo a diferentes clientes. Asimismo, entre sus haberes se contaban dos créditos, uno “cobrable” por $ 424 y uno cobrado a Benito Villegas de $ 97. En el siguiente cuadro se exponen los montos correspondientes a las pertenencias de Casas hacia principios de la década de 1830:
Cuadro Nº 12. “Bienes de José Casas”419
Bienes inventariados de José Casas - 1830
Detalle Valor Efectos de Tienda de Buenos Aires $ 7.637
Dinero efectivo $ 6.000
Efectos Tienda y Almacén Chascomús $ 20.970
Terreno $ 200
Albañilería, herrería y carpintería casa Chascomús $ 10.420 Dinero efectivo (en Chascomús) extraviado $ 1.150 Crédito "cobrable" $ 424 Préstamo abonado por Villegas $ 97 Ventas a fiado a diferentes clientes $ 3.144
Total $ 50.042
418 Ídem, folio Nº 2.
419 Elaboración propia. Fuente: AGN, Sucesión Nº 4859.
Un caso similar al de Casas es el de Santiago Lagosta, maestro de postas y dueño de una pulpería en Chascomús. A mediados de diciembre de 1828, Lagosta recibía y
“obsequiaba” en su casa a Salvador Figueroa, un viajante proveniente de Bahía Blanca que había llegado hasta allí a solicitarle pasaporte a fin de continuar su marcha hasta la ciudad de Buenos Aires. La hospitalidad del anfitrión se conjugó con la buena predisposición al convite y conversación que exhibió Figueroa, para que el maestro de postas le confiara a éste unas diligencias que debía enviar a Buenos Aires. Don Santiago hizo entrega entonces de un paquete con destino a un comerciante de Buenos Aires, Don José María Casal, a lo cual sumó cuatro onzas de oro que debían ser entregadas en mano al antedicho. Así convenidos, y prometiendo Figueroa dar cuenta por escrito a Lagosta una vez efectuada la entrega, partió éste rumbo a la capital de la provincia.
Luego de unos días sin novedad sobre el asunto, la preocupación de Lagosta llevó a que mantuviera un intercambio postal con Don José María, quien le comunicó mediante la misma vía estar sin novedades al respecto. Ante esto, el 2 de enero de 1829 Don Vicente emprendió viaje hacia Buenos Aires, llegando a la ciudad al día siguiente. Si bien puede parecer, a primera instancia, que Figueroa se había apropiado de la encomienda enviada junto al metálico, al llegar a lo de Casal, Don Santiago se encontró con un escenario algo diferente:
“...el 3 llegué acá y el Sor Casal me enseñó una carta de Figueroa con la qe le mandó las cuatro onzas, y no el paquete, dandole en ella pr la falta de la entrega del paquete mas escusas, qe él solo podia figurarse qe pueden pasar por ciertas.”420
Para Lagosta la entrega de las onzas de oro no compensaba la falta del paquete confiado a Figueroa y cuya entrega éste había incumplido anteponiendo, según el maestro de postas, sólo excusas. Ello motivó el inicio de los autos en donde se tomó declaración a los involucrados para determinar el destino y contenido de la encomienda.
Al parecer, Figueroa viajaba en compañía de dos personas más, un portugués al que había conocido en el camino y Francisco Acosta, un “ordenanza” (soldado) que lo acompañaba desde su salida de Bahía Blanca. Al recibir el encargo de Don Santiago Lagosta, los viajeros se dispusieron a seguir camino, no sin antes guardar los efectos que debían entregar en Buenos Aires. Así lo señalaba el propio Acosta unos días después de los sucesos
420 AHPBA, 34-4-87-33, folio 2v.
“...ser cierto haber venido acompañando a D. Salbador Figueroa desde el punto de la Bahía Blanca, que quando estubieron en Chascomús en casa del S. Lagosta vio recibir a D. Salvador 4 onsas de oro, y dos cartas una grande y otra chica, la qe le entrego al exponente pª qe las embolviera con las demás, menos las 4 onsas qe se las echo al bolsillo, que desps. qe habian pasado el rio de Samborombón, echo de menos el pañuelo del atado de las Cartas, con motivo de buscar yesquero para sacar fuego, y qe avisandole inmediatamente a D. Salvador, contesto este que queria qe hiciese si se habían perdido, que si no eran más que cartas...”421
El problema es que si bien, como Figueroa le había señalado a Acosta “no eran más que cartas”, el contenido de las mismas no sólo consistía en “vales” a entregar a Casal sino que tenían un mayor valor que las onzas entregadas (que a la cotización de diciembre de 1828 eran unos $m/c 232). Los mismos, además, constituyen un indicio de los vínculos establecidos por un comerciante de la ciudad con otro del sur de la campaña, como lo era Santiago Lagosta. Éste había pagado licencias de patente de pulpería en los años 1823 y 1824: en el primero por una pulpería, una pulpería volante y una tienda, en tanto que en el segundo lo hizo sólo por su tienda y pulpería. En 1830, un año después del litigio, también abonó derechos por una Tienda y una pulpería en el pueblo, lo mismo que en 1832. Seguramente la continuidad de sus actividades al frente de sus negocios mercantiles se vieron parcialmente representadas en los registros fiscales de la década, los cuales como vimos si bien permiten una aproximación a la magnitud del comercio desarrollado en el partido, diversas particularidades influyeron sobre su representatividad en la segunda mitad de la década (en especial en los años de 1828 y 1829, en los que se registraron menos de diez comerciantes en cada uno -y profundizaremos en ello en el capítulo Nº 4).
Las cartas que Lagosta había remitido a su par de Buenos Aires consistían, como dijimos, en una serie de vales y letras por la cantidad de $ 1.482 y dejan apreciar con mayor detalle el vínculo establecido entre los dos comerciantes, en donde el asentado en la campaña giraba al de la capital. Pero también evidencian la relación del primero con un importante productor del sur bonaerense como lo era Ricardo Newton.
421 AHPBA, 34-4-87-33, Folio 3v. El “yesquero” era una bolsa de cuero donde se llevaba la yesca (un material seco que se usaba para prender fuego, en general un trapo, cardo u hongos). Ver Diccionario Real Academia Española.
Cuadro Nº 13 “Montos en vales girados por Newton”422
Detalle Valor unitario Total 7 vales $ 100 $ 700
5 vales $ 50 $ 250 2 vales $ 20 $ 40 16 vales $ 10 $ 160
6 vales $ 5 $ 30 2 vales $ 1 $ 2 Letra girada por R. Newton $ 300 $ 300
Total $ 1.482
La presencia de una letra de cambio girada por Ricardo Newton expresa algunos vínculos más que se establecían entre los comerciantes de ciudad y campaña y los productores “...$300 valor de una letra girada pr Dn Ricardo Newton a mi favor y contra Dn Jorge Gibson, y qe endosé a favor de Don Juan Bautista Ruiz en 18 del mismo mes y año pºpº...”.423 Las letras de cambio eran una forma de crédito de las casas comerciales británicas asentadas en Buenos Aires, que se había generalizado gracias al impulso que desde el gobierno se había dado a su uso. En este caso particular, el crédito que Newton poseía en la casa comercial Gibson, de la cual había sido dependiente,424 le había permitido la compra de efectos en la tienda de Lagosta, el cual finalmente endosó la letra a un tercero (ello podría deberse a tener que solventar una deuda con Ruiz o éste quizás se encargara de realizar compras de efectos para Don Santiago).
Lagosta actuó también como firmante en recibos de productores que no sabían leer ni escribir, como en el caso de Santiago Rojas, quien había vendido en febrero de 1823 a través del Capitán de Milicias Don Silverio Vidal, diez y siete caballos de su marca al Estado a cambio de $68, a razón de cuatro pesos por cada animal. Allí aparece la firma de Don Felipe Lagosta, “Arruego de Don Santiagº Roxas”425 lo cual expresa uno de los vínculos que, como comerciante del pueblo, establecía con los productores locales:
422 Elaboración propia. Fuente: AHPBA 34-4-87-33.
423 AHPBA, 34-4-87-33, folio 1v.
424 Ricardo Newton había arribado a Buenos Aires en 1819 y al llegar se desempeñó como dependiente de la Casa comercial Gibson & Cía., siendo luego el administrador de la estancia que esta firma compró en Chascomús. Ver Luzian, Juan Richard Black Newton. Un cabañero de Chascomús, Chascomús, Editorial del Lago, 1953.
425 “He recibido de Don Silverio Vidal sesenta y ocho pesos impte de diez y siete caballos qe le he vendido de las marcas del margen. Chascomús y Febº 18-823. Arruego de Don Santº Roxas- Felipe Lagosta”. AGN, Sala X Gobierno-Hacienda 44-4-6. Recibo Nº 4.
lazos de confianza que le permitían, por ejemplo, actuar como prestamista o bien
“fidelizar” clientes.426
Sus tareas como prestamista quedaron plasmadas en su reclamo por “cobro de pesos” efectuado contra el albañil Noé Bivers en 1825. Don Santiago había prestado a Noé unos “seiscientos treinta pesos, seis reales y un quartillo” según una “obligación”
que tenía firmada por éste. El reclamo, efectuado en mayo de aquel año, fue reconocido por Bivers, quien sin embargo se excusó del atraso en el pago de dicho pagaré por la imposibilidad de trabajar durante la semana completa debido a un problema en una de sus manos. En su solicitud, Lagosta dejaba entrever los términos que ambos habían pactado para la devolución del dinero que le había entregado al albañil:
“Bivers ganaba diez reales por día por estar trabajando en casa de Ramos, donde sele daba además todo lo necesario pª su familia: qe no obstante de esto en el día qualqr maestro albañil ganaba dos a tres pesos diarios de modo que Bivers a devido darle cumplim.to con arreglo a la contrata por la qe se obligó a qe siempre q su ganancia exsediese de veinte y cinco pesos daría además dos pesos al menos cada mes de cada diez pesos...”427
Finalmente, el caso se resolvió a favor del prestamista, pues el Juez de primera instancia dispuso que:
“...después de varias contestacs qe tubieron entre ambos relativas al asunto resolvió D. qe mediante a qe Bivers gana diez reales por día sin embargo de la excepción puesta de no trabajar completa las semanas, pase a Lagosta nuebe pesos cada mes sin perjuicio de lo atrasado sin dar lugar a nueba reclamación de Lagosta pues en tal caso el Juzg. tomaría las providencias condusentes...”428
Este litigio deja al descubierto la forma en que Lagosta prestaba dinero, cómo le era devuelto y el perfil de quien tomaba el préstamo. En este caso, un maestro albañil quien recibía un jornal por su trabajo junto a algunos víveres que le permitían solventar la existencia de su familia. Es decir que es muy probable que este tipo de habitantes fueran los que tomaran sus créditos, así como quienes compraban en sus establecimientos comerciales. La presencia, hacia fines de los años treinta, de vales de valores notablemente reducidos -como los que expresa el cuadro, desde un peso hasta cien- confirma la venta de efectos al por menor en su tienda o pulpería a distintos habitantes del partido. No es una posibilidad menor que dichas ventas fueran realizadas a
426 Prácticas que, para el caso de Entre Ríos, han sido identificadas y descritas por Djenderedjian, Julio
“Estrategias de captación”, Ob. Cit.
427 AGN, Tribunal Civil, Legajo L Nº 8, Felipe Lagosta contra Noé Bivers sobre pesos. Folio 1.
428 Ídem.
diferentes jornaleros que recibían estos vales como forma de pago, en lo que podría haber constituido una forma de reducción de costos laborales por parte de sus empleadores, dado el contexto inflacionario de aquellos años. Junto a este tipo de transacciones, también vendía mercancías a productores como Newton, quien seguramente las utilizaba no sólo para su consumo sino también para solventar la mano de obra empleada en sus estancias. Resta señalar, finalmente, que todo lo girado por Lagosta a Casal en Buenos Aires -los “vales”, la letra y las onzas de oro- era seguramente para abastecerse de mercancías para sus establecimientos en la campaña.
Así, los valores enviados se habrían utilizado bien para el pago de efectos que obtenía del comercio de Casal emplazado en la Capital, o bien a crédito del mismo.
El caso de Mariano Artalejo se presenta también como el de un poblador con un perfil marcadamente orientado al comercio. Don Mariano era, como muchos de los identificados como “comerciantes” en el partido, de origen español. Nacido a fines del siglo XVIII, había sido oficial de los ejércitos españoles y había sido tomado prisionero en Chile.429 En algún momento de los años veinte se asentó en la campaña sur y una vez allí abonó patentes en los años 1823, 1824 y 1832 en Chascomús, en donde residía y se desempeñaba al frente de una pulpería, negociando entre otros efectos, cueros de bagual.430 Pero en 1830 también fue registrado con una pulpería en Monsalvo, al sur del Río Salado. Por esos años se mudó al pueblo de Azul, en donde la contribución directa de 1839 lo consignaba como “comerciante” con un capital que rondaba los $ 6.500 (moneda corriente). Don Mariano es el típico caso de español que, asentado en algún punto de la campaña sur -por entonces la zona más dinámica- había montado una pulpería que le permitía “ganar la vida”, mudándose al pueblo de Azul seguramente en pos de las facilidades que el gobierno provincial había establecido allí para convertirse en propietario -quizás su presencia en 1830 expresara un primer intento de traslado infructuoso hacia Monsalvo-.431
En los casos presentados, el concepto de “comerciantes” se presenta como pertinente para identificar sus trayectorias, dada su marcada especialización en esta actividad. En este sentido, su análisis permitió observar las formas en que se desempeñaron estos sujetos en Chascomús durante los años ´20 y ´30, comprendido su comportamiento en el
429 AGN, Sala X 26-6-5.
430 “Resiví del Sº Capitán Bidal/la cantidad de quatro rs por un cuero de Bagual. Chascomús a 2 de marzo de 1823. Mariano Artalejo” AGN, Sala X Gobierno-Hacienda 44-4-6. Recibo Nº 53.
431 Lanteri, Sol “Una verdadera ‘isla en el nuevo sur’: Las donaciones condicionadas en el arroyo Azul durante el rosismo” en Revista electrónica Mundo agrario [online], 2007, Vol. 7, n.14 [citado 2012-02- 20].
contexto de la campaña sur bonaerense. Teniendo en cuenta su ámbito de residencia, los vínculos que algunos de ellos presentaron con productores a quienes abastecían de artículos (y dado que de esta forma articulaban el comercio al dinamismo que la expansión ganadera estaba generando en la economía rural) algunos casos como el de Lagosta o Artalejo bien puede caracterizárselos como comerciantes “rurales”. En sintonía con los itinerarios observados en el apartado sobre “diversificación territorial”, hemos observado aquí también el despliegue de la actividad comercial no sólo en distintos puntos de la campaña sino también la combinación de la presencia en el ámbito rural y en la ciudad de Buenos Aires, como era el caso de Casas.
Por otra parte, y en relación a lo estudiado para años anteriores, la continuidad de la práctica del fiado confirma la importancia de esta forma de transacción en el medio rural, así como la utilización de diversas formas de pago que incluían las letras de cambio y los “vales” (los cuales, suponemos, podrían haber conformado un mecanismo de reducción de costos laborales en un período inflacionario como el analizado aquí). La utilización de este mecanismo de venta se presentó en casos de comerciantes con un fuerte respaldo en capital y bienes, que seguramente les permitía afrontar con mayor solvencia la entrega de mercancías así como ofrecer préstamos -como Lagosta a Bivers, o las ventas a fiado de Casas-. Algunas de estas prácticas -la utilización del fiado, la diversificación, los vínculos con casas comerciales de la ciudad- se hicieron presentes también en los casos considerados como “empresarios rurales”, como veremos a continuación.
2.b) Trayectorias y prácticas comerciales de empresarios rurales en Chascomús
Durante las dos décadas analizadas y en sintonía con lo ocurrido en otros espacios de la campaña sur bonaerense, Chascomús se caracterizó por la presencia de un número -al parecer creciente- de empresarios rurales que en el contexto de la expansión económica vinculada a la ganadería, desarrollaron sus actividades en este partido. Los casos que presentamos a continuación sirven para caracterizar algunas de las prácticas económicas de estos sujetos que, entre otras ocupaciones, dedicaban parte de su tiempo a la práctica comercial, la cual combinaban con actividades del ámbito productivo.
Algunos de los itinerarios descritos, como los de Serafín Taboada o Mariano Bufil, son de utilidad, además, para ilustrar los límites y posibilidades que los negocios vinculados a la llamada “expansión ganadera” presentaron, así como para caracterizar a algunos de