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VIOLENCIA Y LOS DERECHOS HUMANOS EN MÉXICO

In document PSICOSOCIAL (página 73-88)

Francisco Antonio Botello Cárdenas

El hombre desde su dominio como especie ha estado sometido a diversas fuerzas que poco a poco llego a comprender, que en su egocentrismo llego a creer que domina, que es el transformador de las cosas y creador de otras (antropocentrismo), muchas de esas cosas son escuetas imitaciones de las fuerzas naturales que tienen mucho de humanidad y nada de natural, porque hemos decidido perder la naturaleza engañados por el hechizo de lo nuevo y lo moderno.

Vivimos en la ilusión y constante deseo de ir superando las ataduras que como especie tenemos. La muerte prematura –hoy en día el promedio de vida de los seres humanos se eleva a pasos agigantados–, los efectos devastadores de los fenómenos meteorológicos –la cultura de prevención contra desastres naturales–; el dominio del átomo y la vida microscópica –uso de plantas eléctricas que nos brindan electricidad, la creación de antibióticos, la erradicación de enfermedades virales o el control de su propagación–, estas muchas ataduras son las que el ser humano cree que ha podido controlar y que ilusoriamente considera que puede dominar eventualmente.

¿Por qué se le llama ilusorio esté “rompimiento”? Se le llama ilusorio porque a medida que el hombre ejerce su poder sobre esas fuerzas naturales estas cada vez se hacen más y más fuertes, resistentes y adaptables, la idea en que el hombre lo hace todo por el hombre se queda en una ilusión utópica puesto que al final el hombre lo hace para sí mismo y para quien pueda pagarlo, para dominar al hombre o para destruirlo.

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Por tanto la ilusión es una perspectiva de la realidad de los hombres en la que este cree poseer la capacidad para modificar su entorno, y, aunque de acuerdo con Homans (citado por Bezanilla y Miranda, 2014); quien distingue que el grupo se organiza en dos sistemas fundamentales: una interno (enfocado en la vida psico-afectiva del grupo para la supervivencia del mismo) y una externo (que se enfoca en la actividades que procuren la supervivencia del grupo ante el medio ambiente), para que la sociedad sobreviva es necesaria la modificación del entorno, sin embargo, esta concepción antropocéntrica tiene ciertas limitantes, la más importante es la incapacidad de poder ver las consecuencias futuras de su comportamiento predatoria, convirtiéndolo en un comportamiento egosintónico que dirigirá la conducta del hombre hacia él mismo. Tal acción es entendida por el Papa Francisco (2015), como el nacimiento de la cultura de lo descartable , y esta cultura, al ser una producto de la humanidad, se aplica, lamentablemente, a sus creadores convirtiéndolos en los descartables , haciéndolos así como un daño colateral en aras del progreso, dejándonos con una deuda de todos.

Sin ir más lejos, el dominio del átomo trajo consigo grandes beneficios, pero la arrogancia que el ser humano infunde en cada uno de estos avances los corrompe, antes de que el uso de la energía nuclear fuera para el beneficio de la humanidad, se creó la bomba atómica, una vez que el hombre se diera cuenta de su poder devastador. Hoy en día es la herramienta predilecta de temor en todas las naciones, y los gobiernos que las poseen les llaman disuadores, otros le llaman factor de miedo.

Si vamos por el lado de la medicina, quizá los avances más importantes de la humanidad serán los más sonados en esta área, pero estos tienen su origen en el campo de batalla, durante las guerras, y hoy, tener al alcance de casi todos los medicamentos, está provocando que las sepas de virus y bacterias se fortalezcan y que el medicamento sea ineficaces. La Organización Mundial de la Salud (OMS: 2016) en un artículo publicado sobre la Resistencia a los Antimicrobianos (RAM) explicó que este fenómeno pone en peligro la eficacia, la prevención y el tratamiento de una mayor cantidad de infecciones ocasionadas por virus, bacterias, hongos y parásitos .

Lo anterior refleja una amenaza cada vez mayor para la salud pública mundial, lo que conllevaría a un gasto mayor, no solo económico sino de esfuerzos humanos, en pro de la subsistencia de la raza humana.

Es ilusorio la vida antes del hombre, ya que esta se abre paso sin importar las barreras que creamos son definitivas; pensar que podemos dominarlo todo con el poder que hemos adquirido con años de experiencia es una mera ilusión.

Pero esa ilusión la seguimos creyendo, aún no desechamos el carácter antropocentrista de nuestras acciones, creemos que somos altruistas de todos y héroes del planeta, pero olvidamos esa palabra que hoy en día esta sobrada de crédulos que consideran que la conocen, y quizá sea cierto, pero sólo en la práctica. Eso que olvidamos o que obviamos

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es el poder, esa es la fuerza impulsora que nos mueve como humanidad a ir superando los obstáculos que nuestra misma naturaleza nos impide; el poder de hacer las cosas, el poder de congregarnos en masa y conjuntar esfuerzo, el poder de controlar, de mandar, el poder por poder –y a pesar de que la naturaleza de nuestros actos nos regresa a mirar la realidad, decidimos ignorarla y vivir con esa venda en los ojos, pues es más sencillo mantenernos en nuestra esfera hedonista, aceptando la realidad que nosotros mismos nos creamos, pes preferimos vivir anestesiados–.

Y somos víctimas de nuestra propia arrogancia, siempre haciendo todo a nuestra imagen y semejanza, con los mismos errores que nos caracterizan, con las mismas ineficiencias, con las mismas tendencias y errores. El poder debe servir al pueblo, pero ¿quién representa al pueblo?

Siglos y siglos han pasado y las creencias en cada uno de ellos se desmoronaron y fueron sustituidas por unas nuevas, como si fuera una burbuja dentro de otra, capa tras capa, los modelos: intelectual, científico, religioso, político, económico, educativo, etc.; han ido cambiando cada vez que una capa se derrumba donde el tejido del conocimiento, de la conciencia colectiva se transforma y se renueva, pero no lo hacen en silencio, lo hace con violencia, como un cataclismo turbulento y vertiginoso que se sacude de sí mismo todo lo viejo dando paso a lo nuevo, a menudo está acompañado de baños de sangre , de fuertes cambios que afectan directa e indirectamente las sociedades del mundo, ya sea por guerras, hambrunas, sequias o fenómenos meteorológicos, caídas económicas, políticas y hasta religiosas. El paradigma cambia, para bien o para mal.

Morin (1998), explica que el paradigma se define por oposición y complementariedad con la noción de sintagma: donde el paradigma es el eje de las relaciones rectoras entre los elementos constitutivos, este se encuentra fuera del alcance de cualquier comprobación empírica, aunque las teorías y postulados que de él se desprenden si lo son, por lo que se dice que “no es falseable”.

En suma, el paradigma es una red invisible que permea el pensamiento, cultura, ciencia, normas, etc., de la sociedad, es invisible y, podría decirse, que omnipresente ya que regula el comportamiento rector del pensamiento occidental. Al mismo tiempo es mutable y posee diferentes formas, hecho por el cual más adelante lo llamo monstruo policefalo, ya que se adapta y adapta a las diferentes sociedades a su doctrina. Sin embargo esta bestia no es única se renueva paulatinamente muriendo y resugiendo uno nuevo, pero la muerte del anterior no es silente, se anuncia y genera contrastes extremos en casi todos los ámbitos del comportamiento social, tales como la violencia en todas sus facetas; se resiste a morir, pues como toda bestia no muere sin dar batalla.

Dicha resistencia se puede observar en nuestro país con el extremismo en sucesos violentos y casos graves de derechos humanos, tema del que hablare más adelante.

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Sin embargo, respecto a esto Bezanilla (2003), expresa:

“Este gran paradigma disyuntivo ha puesto en el centro de adoración al individuo y ha generado un antropocentrismo, donde la supremacía se da al más fuerte, al poderoso, lo objetivo, lo medible y cuantificable; mientras que lo metafísico, lo subjetivo, lo suave, receptivo ha seguido sus propios caminos alejado del mundo y en un lugar de santuario, donde se encuentra lo sagrado como en la religión, en un lugar donde se encuentra

“seguramente” alejado del núcleo organizacional de las estructuras sociales y solo puede enfocarse al orden y salvación de lo subjetivo. Y así podemos observar que en la cotidianeidad las personas se llevan una vida fragmentada donde existe un momento y espacio para la práctica de la espiritualidad y otra cotidianeidad para lo material, cuando la persona en su estructura se encuentra integrada. Y ahí es donde Nitche y Jung ponen el dedo en la llaga gritando alarmados “DIOS HA MUERTO”, si ha muerto en el interior de las personas y se ha perdido el sentido de la moral y el respeto intrínseco a todas las formas de existencia, ubicando a dios como una figura extrínseca que debe dictar y regular el comportamiento trayendo como resultado una orientación axiológica de las personas por el principio generativo / individual.”

Todo nos lleva a lo mismo; cambia porque existen las condiciones necesarias para que ocurra, pero al mismo tiempo ocurre porque puede ocurrir y sobre todo, debe.

Hoy en día vivimos la antesala a un cambio de esa magnitud, el viejo paradigma occidental se resquebraja y afecta a todas las naciones, en mayor o menor medida, pero es el caso particular de mi país, México, del que pretendo extrapolar la idea de poder y su relación con la violencia para el sostenimiento de un modelo paradigmático en decadencia.

Para empezar a hablar sobre esa relación, considero preciso conceptualizar el Poder y la Violencia.

El poder

No es de extrañarse que podamos encontrar una gran cantidad de conceptos sobre el poder, cada uno varía de acuerdo a la visión con la que se maneje, el enfoque con el que se estudie y la disciplina que lo utilice, así como la época en la que se contextualice y el experto que lo conceptualice.

El diccionario de la Real Academia de la Legua Española (RAE) (2016), define al poder como la capacidad de hacer algo en un espacio y tiempo determinado, así como la capacidad de resistir, dominar, imponer o someter a otro.

Si utilizamos este concepto quedaríamos cortos para explicarlo desde una concepción politicosociologica.

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Por tanto; poder es la capacidad de imponer las decisiones tomadas afectando a los demás, pero si no hay quien imponerlas el poder no se puede consolidar , para esto es necesario ejecutarlo en dos dimensiones diferentes a través de la fuerza y la manipulación.

Respecto a lo anterior, Max Weber (1982), define al poder como a la posibilidad de tomar decisiones que afecten la vida de otro(s) pese a la resistencia de éstos; es entendido como interdependiente de la cultura y la política que lo matizaran de acuerdo a las estructuras sociales y de sus necesidades, tipificándolo de diferentes maneras, redefiniendo de modos diferentes su objetivo y, por tanto, no puede escapar a la unidad básica de los grupos: los individuos.

Así mismo Weber distingue entre el mero ejercicio del poder y la relación con la dominación, definiendo a esta última como:

“Todas las cualidades imaginables de un hombre y toda suerte de constelaciones posibles puede colocar a alguien en posición de imponer su voluntad en una situación dada. El concepto de dominación tiene por eso, que ser más preciso y sólo puede significar la probabilidad de que un mandato sea obedecido (Weber: 1974, p.43)”.

De esta manera entendemos que el poder siempre estará asociado con el dominio, en una relación estrecha en el que sin uno no puede existir el otro, por tanto poder es la capacidad de imponer las decisiones tomadas afectando a los demás.

Pero aún falta algo, es importante destacar que aun a pesar de encontrar que es poder y su correlación con el dominio no se ha definido del todo el poder como tal, solo es una mirada en la superficie de un todo, aún falta entender los mecanismos del poder para consolidarse y su actuación con el antónimo de dominio.

A esto D. M. Wrong (1980), estudia y clasifica las diferentes modalidades de ejercicio según la diversidad de sus fundamentos. Para hacer que el poder sea efectivo, un individuo o grupo puede apelar a los temores, a sanciones físicas, al ejercicio de la persuasión, a la manipulación o al compromiso que los no-poderosos tienen con el “sentimiento del deber”.

Dependiendo de sus bases, Wrong distingue las relaciones que son asimétricas (fuerza y la manipulación) de las que exigen reciprocidad (persuasión y la autoridad).

Entendamos pues que la fuerza no es en si la violencia de acuerdo a Wrong, él se refiere a la fuerza como la capacidad de un gobierno o estado de imponer sanciones y castigos aplicados a la desobediencia de un deber hacía los demás o así sí mismo. Así mismo ese poder no puede mantenerse solo, y no llega a influenciar sino se maneja la persuasión y el chantaje en función al cumplimiento y seguimiento de un empoderado. Es decir, es necesario apelar a la conciencia y el razonamiento colectivo e individual de un grupo, haciéndolo reaccionar ante las necesidades que el colectivo presenta o hacía las propias para que se mantenga el dominio de uno sobre los otros. Pero esta manipulación no parte

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de la nada, para mantener el poder se puede fundamentar esta manipulación haciendo uso de las reglas que el colectivo mismo haya creado, anteriores a un grupo o individuo que los encabece, para poderle dar sustento y referente a las suyas.

En toda la historia vemos como este hecho es comprobado, desde la religión que imponía sus ideas y reglas sobre los otros haciendo uso de los temores y la ignorancia de un grupo hasta la necesidad de la creación de una minoría que representa la necesidad de orden cívico que se valió de la religión para confirmar su poder y mantenerlo (la monarquía).

Hoy en día este hecho no es tan común, pero existen diferentes factores por los que el poder manipula a las masas para mantenerse y, es importante destacar, que después de la muerte de las monarquías se instaura una idea vieja de gobierno donde el “mejor” de los individuos es quien representara los intereses de una sociedad: democracia.

Hoy en este país el hambre , la economía , la violencia social (que retomare más delante en el presente texto), al educación, la salud , entro otras muchas cosas, son la materia prima para que los futuros gobernantes de cualquier nivel de poder puedan manipular a las masas y hacerles creer que ellos son quienes van a cambiar todo, el carácter mesiánico con el que se embisten acompañado como la “única” solución existente para cambiar los problemas sociales, son factores por los que el pueblo sigue eligiéndolos.

Así como dice Wrong (1980):

“La manipulación es un poder que se ejerce ocultando las intenciones mediante un esfuerzo deliberado y exitoso de influir en las respuestas de individuos o grupos a los que no se les comunica explícitamente las intenciones del poderoso. Este “lavado de cerebro” induce tanto a la compra irreflexiva de determinados productos como a votar por ciertos candidatos”.

Por su parte, debe entenderse por persuasión a aquella forma de poder que intenta convencer (controlando la conducta y el pensamiento) mediante argumentos que se aceptan sólo después de ser evaluados (con los elementos que se tienen desde la ilusión) independientemente e integrados como base del comportamiento propio.

Sin embargo la persuasión y la manipulación no podrían mantenerse si no existe un elemento de legitimidad, este puede ser una mera farsa o el menor logro que un poderoso pueda demostrar su indispensabilidad; y funciona para que en la inmediatez, todas las dudas se disipen.

Sin embargo esto no quiere decir que el poderoso renuncie al uso de la fuerza y, en el peor de los casos, el uso de la violencia; sino que estas se ejercerán como un sustento legítimo, disfrazado de castigo político o uso de la ley, para garantizar la estabilidad social de un Estado, minimizando con esto el que se le condene o juzgue por cualquier represalia

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utilizada, ya que garantizo con estas acciones la hegemonía de un país así como la su gobierno.

Easton (1958), diferencia entre el ejercicio efectivo de la fuerza y la amenaza de su uso.

Distinguiendo significantemente entre la exclusión efectiva de una persona del sistema político (ya sea mediante la eliminación física o el encarcelamiento) de la mera “advertencia”

de su posible supresión (citado por Wrong, 1980).

Así, cuando se usa la fuerza es que la autoridad ha fallado (Arendt, 1976, p. 93).

Por otro lado, Michell Foucault (1986: 2000) entiende al poder como una mera estrategia nacida de una situación que lo amerite en el que las leyes que lo sustentan y legitiman son producto de los sobrevivientes del derramamiento de sangre y la devastación.

Así mismo, Foucault (op. Cit.), conceptualiza al poder desde una perspectiva llamada bio-poder, que consta de cuatro dispositivos: el disciplinario, el de la sexualidad, el de la seguridad y el de la gubernamentalidad.

Estos dispositivos serán los encargados de activar, ejecutar y consolidar el bio-poder, que no es más que un entramado de estrategias perfectamente organizadas para garantizar el sometimiento o dominio del individuo y la población, ya que actúa desde el micro cosmos del individuo usando a las instituciones del estado, tales como la escuela, la iglesia, la familia, para la formación del mismo adoctrinado y condicionado a través de la enseñanza de las normas que el dispositivo de la disciplinario inculca.

A esto Foucault (op. Cit.), agrega:

“La disciplina se vuelca sobre el cuerpo, no como si éste fuera una sustancia a priori, sino que en el momento de su adiestramiento, la disciplina fabrica al individuo.[…] En términos de líneas de objetividad, la tecnología disciplinaria recurre al tiempo y al espacio para individualizar los cuerpos, no mediante la represión, sino a través de la codificación del tiempo sobre el cuerpo y de arquitecturas que hacen posible desplegar técnicas de observación jerárquica, del juicio normalizador y del examen.”

Así, una vez que el individuo este formado, este adoctrinamiento pasara fácilmente a formarse como canon en la sociedad a la cual pertenece, invadiendo aspectos tan íntimos del individuo como la sexualidad.

Es aquí cuando entra el dispositivo de la sexualidad, que será el puente entre las medidas de poder clásicas hacia las consolidaciones del bio-poder, pues aquí cuando se atenta con la vida y la reproducción misma que no solo es represiva, sino que también es productiva y positiva, ya que la sexualidad se torna en “tema de operaciones políticas, de intervenciones

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económicas (mediante incitaciones o frenos a la procreación), campañas ideológicas, de moralización o de responsabilización. (op. Cit.)

Es en esto último donde se observa el encadenamiento con el dispositivo disciplinario, que lo convierte en un órgano represivo y a doctrinante que obedece a las figuras de poder para mantener su control, no solo en el crecimiento de la población, sino también en los aspectos económicos y sociales que esto representa (impuestos, salud, educación, vivienda, etc.), pues es más sencillo vigilar que castigar, someter que solucionar.

Luego viene el dispositivo de la seguridad que se encadena con el anterior ya que se ocupan en establecer los coeficientes normales de morbilidad o mortalidad y a poner las enfermedades dentro de límites aceptables. Así mismo se reactivan técnicas disciplinarias que regulen los eventos violentos y el correcto funcionamiento de los individuos en la sociedad, a través de las normas y las leyes que legitimaran el uso de la violencia en contra la violencia misma, algo que se podría denominar como violencia regulada y permitida, en el que el castigo sería la mejor opción para someter, a través del miedo, a las masas y al individuo. Pero que no siempre se le pude poner en marcha pues puede contraponerse con el dilema moral que esto acarrea, al mismo tiempo la seguridad es vigilante ya que la ley limita las acciones agresivas en contra de aquellos que las desobedecen, a sí mismo este mecanismos de vigilancia mantiene un control total de la información que alimenta y retroalimenta a la sociedad, y que seguramente se filtra para dejar ver lo que deber ser visto.

Esto mismo consolida la gobernabilidad, que se vale de todos los dispositivos previos para arraigarse y afianzarse en el seno de una población como la fuerza dominante que vigila, educa, y controla las necesidades de la población y de los individuos.

“Se perfila una técnica muy distinta: no obtener la obediencia de los súbditos a la voluntad del soberano, sino influir sobre cosas aparentemente alejadas de la población, pero que, según hacen saber el cálculo, el análisis y la reflexión, pueden actuar en concreto sobre ella” (Foucault, op. Cit.)

Es preciso destacar que el concepto de poder no es universal e inherente en todas las culturas, sino que es etéreo y metamórfico, evoluciona de acuerdo a un tiempo y lugar específico, conservando ciertos rasgos, transforma otros y agregando nuevos.

Así, podemos entender que el concepto foucultiano de bio-poder es el más adecuado para poder entender las dinámicas de poder que hoy se utilizan en México, ya que aborda con claridad el funcionamiento de los mecanismos que el Estado usa para consolidad su poder.

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