La Fragua de los Tiempos, septiembre 17, 2006.
No. 702
Las pruebas del fraude electoral
El articulista Víctor M. Toledo publicó en La Jornada del sábado 9 de septiembre un artículo que ilustra con toda claridad la forma en que los canales de televisión informaron en favor de un candidato así como las intromisiones del gobierno del presidente Fox a lo largo del proceso electoral, por su interés y por los datos que proporciona lo transcribimos íntegramente en La Fragua de hoy. El articulista empieza preguntándose:
¿Puede un ciudadano informado, honesto y democrático aceptar los resultados de una elección dudosa? ¿Puede seguir creyendo en instituciones que violan la ley, tuercen la verdad o se pliegan sectariamente a intereses partidarios? Los 14 millones de mexicanos que votamos por Andrés Manuel López Obrador esperamos infructuosamente, institución tras institución, que se nos demostrara rotunda y diáfanamente la validez de los resultados oficiales: una diferencia de 0.5 por ciento en una elección con más de 40 millones de votos, en un país con una larguísima tradición de fraudes electorales (en 1988, como es ampliamente conocido, se robó la elección al candidato de izquierda Cuauhtémoc Cárdenas).
Si esperamos prudentemente es porque creíamos que en el país existía ya un sistema democrático donde los principios asentados en la Constitución mexicana de equidad, certeza, legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad electorales, regían la conducta de las autoridades: desde la Presidencia de la República y otros órganos federales hasta las instancias que operaron como supuestos árbitros imparciales: el Instituto Federal Electoral (IFE) y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).Todavía más, muchos cedimos en nuestro derecho de exigir un triunfo que seguimos creyendo fue tramposamente escamoteado al candidato de centro-izquierda, para aceptar la anulación de toda la elección presidencial como vía para destrabar un proceso de crispación que aumenta, no disminuye, en todo el país. Ello daba la posibilidad de una negociación de todas las fuerzas políticas de México.
En vez de eso, el TEPJF ignoró olímpicamente las innumerables evidencias que hacían factible la anulación y optó por otorgar la Presidencia, sin convencer, al candidato de la derecha, agravando, no solucionando, la tensa situación que vive México. Su torpeza histórica probablemente desencadene mecanismos irreversibles de desobediencia civil, desacatos masivos e ingobernabilidad, en respuesta a la violencia institucional aplicada. A manera de testimonio, doy fe de la sucesión de hechos, datos y pruebas que hacen inaceptable, a cualquier observador honesto del país y del planeta, los resultados de la elección presidencial de México y que revelan la dimensión del agravio.
1. Del 19 de enero al 19 de mayo de 2006, el gobierno de Fox emitió 456 mil 375 spots con un costo de mil 709 millones de pesos (unos 170 millones de dólares), de los cuales 70 por ciento aparecieron en abril y mayo, a un ritmo que multiplicó por veinte el número de anuncios. El martilleo duro y tupido de las obras del gobierno en plena época de elecciones no tuvo precedente en la historia política del país. La experiencia mercadotécnica de Fox, ex gerente de la Coca-Cola, fue puntualmente aplicada, esta vez con fines políticos.
2. Durante los seis meses que duraron las campañas electorales, el presidente Fox irrumpió en la competencia con actos y declaraciones diversas de apoyo al candidato de su partido, rompiendo una regla de oro de la política mexicana y transgrediendo la ley electoral.
3. En actos que violan flagrantemente el artículo 48 del Código Electoral del país, el Consejo Coordinador Empresarial financió spots y propaganda en contra del candidato de centro- izquierda, por un costo estimado en cien millones de dólares.
4. Dando lugar a innumerables sospechas, el IFE estableció contratos con Hildebrando para la instalación de software, una empresa propiedad del... cuñado del candidato de la derecha.
5. Los resultados preliminares hechos públicos por el IFE la noche del 2 de julio, inexplicablemente dejaron fuera más de 2.5 millones de votos de 11 mil 184 actas, con el pretexto de ser “inconsistentes”. Al ser incluidas unas horas después, López Obrador recuperó aproximadamente 250 mil votos, reduciéndose la diferencia con Calderón en 50 por ciento.
6. Los resultados parciales del cómputo distrital, tal como fueron presentados en la pantalla del IFE la madrugada del 6 de julio, no coinciden con los datos desglosados, casilla por casilla, publicados posteriormente por ese mismo instituto.
7. El IFE realizó la apertura ilegal de paquetes electorales durante los días siguientes a la elección. Siendo una práctica clandestina, no existen datos confiables sobre el número de casillas abiertas.
8. En un seminario sobre las elecciones, realizado en la Universidad Nacional Autónoma de México, 60 investigadores de 25 instituciones académicas del país analizaron 13 estudios realizados en México y Estados Unidos. Su conclusión: en una elección tan competida, el método de medición fue rebasado por numerosos errores e inconsistencias, de tal suerte que la magnitud de las irregularidades obligaba al recuento de todos los votos (La Jornada, sábado 5 de agosto).
9. Esos mismos análisis científicos revelaron que en más de la mitad de las casillas (72 mil 997) los votos totales para presidente no coincidieron con los otorgados a diputados y senadores; la diferencia fue considerable 769 mil 765 votos. Además, aplicando la ley de Benford, un instrumento estadístico utilizado internacionalmente para detectar fraudes financieros y electorales, se halló que al menos en 47 de los 300 distritos existían tres o más anomalías. La pertinencia de esta docena de estudios se vio corroborada por el hecho de que distintos análisis realizados bajo métodos diferentes identificaron anomalías en los mismos estados, distritos y aun casillas (consúltese: http://seminario.elecciones.unam.mx).
10. Un extraño manifiesto firmado por 135 “intelectuales” (Reforma, jueves 3 de agosto) oponiéndose al conteo total de los votos, fue ampliamente difundido la noche misma de su publicación en las dos principales cadenas de televisión del país, reproducido en varios periódicos, en Internet y por la radio, y presentado al Tribunal Electoral por el PAN como
“prueba fehaciente”, la cual fue aceptada de inmediato por el magistrado Mauro M. Reyes (Diario Monitor, agosto 13).
11. La sospecha de fraude más robusta provino, paradójicamente, del análisis de las 11 mil 839 casillas (9 por ciento del total) que el TEPJF accedió a revisar. El recuento de los votos reveló que en 8 mil 428 casillas (72 por ciento) hubo votos espurios (5 mil 37 casillas) o votos extraídos (3 mil 391 casillas). Este hecho, proyectado al total de la votación, debió provocar la anulación inmediata de toda la elección (Scheinbaum Pardo, La Jornada, agosto 27).
12. No obstante que el Tribunal ignoró lo anterior, sí anuló 237 mil 736 votos en ese 9 por ciento de las casillas donde se realizó el recuento. De nuevo habría que preguntar qué hubiera pasado con el restante 90 por ciento.
13. Con todas estas anomalías, ¿cómo justificar la negativa a contar voto por voto, única manera de saber con certeza quién ganó realmente la elección? Mientras estas y otras irregularidades no sean satisfactoriamente resueltas, para millones de mexicanos que votamos creyendo en la limpieza del proceso y en la honorabilidad de las autoridades electorales, México seguirá siendo “un país sin presidente”.
Los fierros en la lumbre
En la ciencia, en el arte, en la literatura, y muy especialmente en la política, la condición suprema que todo individuo tiene que cumplir para elaborar una opinión inteligente es la información, esta es una regla insoslayable. En todas las actividades relacionadas con el conocimiento se tiene que cumplir esta condición, y no se valen las trampas o las simulaciones, tarde o temprano la ignorancia fluye y sus portadores se ponen en evidencia.
Para ilustrar mejor esto pensemos en el trabajo docente, es decir, la relación en el proceso de enseñanza-aprendizaje que se establece en el aula de una escuela: ¿Cuál es allí la diferencia fundamental que distingue a un buen profesor? ¿Qué es lo que mas valoran y respetan los estudiantes? ¿Que el profesor hable muy bonito y fluido? ¿Que vaya muy bien peinado y bien vestido? ¿Que le guste la música y el baile de moda?
Según nuestra experiencia, el atributo fundamental, lo que más respetan los estudiantes es que el profesor domine su clase y que esté bien informado de todos los temas colaterales. En cualquier clase académica inmediatamente se distinguen por sus opiniones inteligentes los hombres o las mujeres que están bien informados, y en ello radica el prestigio, reconocimiento y respeto social; al revés, el efecto que produce un comentario, una afirmación sin sustento, sin la información previa, o una mentira para salir del paso, produce un terrible efecto de desprestigio para cualquier maestro.
Refiriéndonos a la sociedad en general, se puede afirmar que un ignorante, un desinformado que pretende sustentar un alegato frente a personas bien informadas, tarde o temprano se pone en evidencia, sin embargo no todas las opiniones se miden con el rigor científico, ni tampoco exigen conocimientos previos.
Hay los conocimientos de dominio general, que funcionan simplemente como puente de comunicación, conocimientos que no requieren ningún tipo de investigación ni esfuerzo pues se adquieren en revistas de divulgación, en los periódicos, a través de la televisión, y que sirven como pretexto para la convivencia y la interrelación social; por ejemplo, entre los adolescentes que acuden a la secundaria o al bachillerato hay temas de los que todos necesitan estar informados como es el caso de las canciones y cantantes de moda, películas recientes de tal o cual actor, últimos resultados del fútbol, etc. Aunque esto no sea muy representativo del medio chihuahuense, en lugares como el DF o en entidades donde hay una pasión intensa por el fútbol, la información de fin de semana referente a los resultados de los partidos, las mejores jugadas, los goles, los errores y los anécdotas más relevantes representan una información fundamental que el individuo debe tener a mano el lunes en la mañana para poder intervenir en las pláticas colectivas, para interactuar con sus compañeros, pues el que no esté informado, de cierta manera se queda fuera.
Hay dos vías para estar informados: Una, la que podríamos denominar como “activa”
debido a que requiere un esfuerzo del individuo y se puede adquirir por distintas vías:
asistiendo a una escuelas, leyendo libros o artículos “serios”, escogiendo en la misma televisión programas de divulgación científica, etc. Por otra parte, está la información que se adquiere sin esfuerzo, con el simple hecho de sentarse frente a la pantalla de la televisión durante la programación ordinaria o prendiendo el radio en actitud de recibir pasivamente todo lo que allí se comenta y se afirma sobre tal o cual problema.
La televisión es el medio de “información” colectivo más influyente; a través de su programación se definen y se promueven ideas, formas de comportamiento, “valores”, actitudes... ¿Qué son las telenovelas sino moldes y troqueles ideológicos que determinan comportamientos por imitación o por inercia?
Y la pregunta necesaria: ¿Quién decide lo que se informa en la televisión? ¿Dónde se determinan los intereses culturales de una sociedad, o sea lo que se le debe informar a los niños, a los jóvenes, a los adultos?
En México, los contenidos de la programación, lo que se informa en los noticieros, el nombre de los comentaristas, los artistas, todo lo que la gente puede mirar y escuchar en sus pantallas lo deciden los dueños del dinero que pagan los anuncios y los dueños de la televisión que son los mismos y que están unidos principalmente por el interés económico.
La televisión magnifica y eleva la figura de los deportistas, los jerarcas de la televisión deciden a quién convierten en estrellas, ellos fabrican a los artistas juveniles y no juveniles; pero esto no es casual, la televisión es fundamentalmente un medio de propaganda, es el principal conducto de la propaganda comercial y en la televisión todo es convertido en mercancía.
Así, la televisión, al mismo tiempo que un portentoso negocio es también el medio de influencia ideológica más poderoso que hay en México, y este poder lo ha logrado en buena parte por su relación de complicidad con el gobierno. Casi desde su origen, hace más de medio siglo, los dueños de la televisión definieron que sus intereses como mercaderes estaban estrechamente ligados a los políticos, y desde el origen la relación entre ambos quedó marcada por la complicidad.
La televisión le sirve al Gobierno para sujetar, para neutralizar y controlar las inconformidades cotidianas y espontáneas, pero especialmente durante las coyunturas electorales, y en pago a esos servicios, cuando el nuevo presidente y sus senadores y diputados entran al gobierno, los canales de televisión reciben su pago a través de nuevas concesiones y nuevos privilegios; así es como Televisa y TV Azteca han podido convertirse en dos de las empresas más poderosas en América.
En su relación estrecha con el poder, la televisión mexicana ha mostrado una gran capacidad de adaptabilidad; antes de la llegada del presidente Fox, la relación de complicidad era exclusivamente con el PRI, en los últimos seis años los dos canales se entregaron al PAN, y ahora, en el proceso electoral pasado le sirvieron a ambos partidos que se pusieron de acuerdo en el objetivo de golpear, denostar y derrotar a toda costa al candidato de la Coalición, Andrés Manuel López Obrador, y en esta cruzada intervinieron todos los medios: la radio, la prensa escrita, la televisión, todos juntos pusieron en juego su gran poder de “información”, de influencia en la opinión y la preferencia electoral de millones de ciudadanos.
Quién sabe qué tan concientes son los jóvenes estudiantes, las amas de casa, los empleados de las maquiladoras de esta campaña. No sabemos hasta dónde los ciudadanos se dan cuenta de la actuación, del papel que desempeñaron los medios de comunicación en la definición de los votos, pero es un hecho que la información que salió de los canales de la televisión y de las estaciones de la radio determinó la orientación de millones de votos en favor del candidato Felipe Calderón.
Fue en los anuncios de la televisión donde se inventó la mentira de que López Obrador era lo mismo que el presidente de Venezuela Hugo Chávez, fue aquí donde se difundió la mentira del supuesto endeudamiento del gobierno del Distrito Federal, fue en la televisión donde se gestaron y difundieron cientos de mentiras en perjuicio de este candidato, y muchos chihuahuenses las asumieron como si fueran verdades.
Es muy lamentable que en nuestro estado se haya desarrollado este tipo de actitudes irracionales, producto en buena parte de la propaganda pagada con dinero del gobierno federal y con dinero de los grandes empresarios como los dueños de Bimbo y Sabritas.
¿Cuántos chihuahuenses asumieron posición política, definieron su voto en base a la información que les llegó por los noticieros y los comentaristas de Televisa y Televisión Azteca? No lo sabemos, pero es evidente que muchos de los que usan el internet también hicieron suyos los mensajes injuriosos que atacaban la persona de ese candidato, no sus ideas y propuestas. Lo peor de todo es que estos ataques se sustentaron en mentiras que de tanto reiterarse dieron lugar a una especie de fobia injusta y sin sustento en contra de López Obrador.
¿Algún día esos chihuahuenses se darán cuenta del error? Tampoco sabemos, lo cierto es que el Chihuahua que se ha distinguido a través de la historia por su participación del lado de las causas justas, del lado de la verdad y la libertad, el Chihuahua que defendió a la república de Juárez contra los conservadores y los invasores franceses, el que hizo suya la causa heroica del pueblo de Tomóchic, el que apoyó a Francisco I. Madero en la lucha antirreeleccionista, el que inició la revolución de 1910 y siguió a Francisco Villa hasta el fin, ese Chihuahua en nada se parece al que en esta ocasión se ha expresado mayoritariamente en favor de un candidato que representa en este momento histórico los intereses retrogradas de este país.