La Fragua de los tiempos abril 22 No. 729
Los albores del teatro mexicano
Desde muchos antes de que arribaran los colonizadores hispanos a los territorios de América, los diversos pueblos indígenas habían desarrollado en mayor o menor nivel sus propias expresiones artísticas en la pintura, la escultura, la música, la danza, la cerámica, la orfebrería, etc.
Como en todas las relaciones de conquista, los españoles impusieron violentamente su cultura, aniquilaron a los portadores del conocimiento y de las artes derrotados y casi borraron de la vida cotidiana tradiciones y costumbres que se habían acumulado por generaciones, rompiendo en muy poco tiempo una continuidad cultural de miles de años.
De algunas expresiones artísticas, como la cerámica se salvaron las técnicas de elaboración y decoración pero de otras manifestaciones como es el teatro solo quedaron referencias aisladas que dan certeza a la afirmación de que en el ceremonial religioso de los indígenas había una gran carga de teatralidad, siendo en este ceremonial donde se podrían ubicar las primeras expresiones teatrales de los antiguos pueblos mexicanos.
Francisco Xavier Clavijero en su Historia Antigua de México refiere que los mexicanos apreciaban la dramática y que la representaban en los mercados sobre un terraplen cuadrado. Se afirma también que en la plaza de Tlatelolco había una plataforma cuadrada de piedra, de aproximadamente un metro de alto donde se hacían representaciones.
El mismo Clavijero cita al padre Acosta quien describe las representaciones que se hacían en Cholula con motivo de la fiesta del dios Quetzalcoatl : “Había en el atrio del templo de aquel dios, un pequeño teatro de treinta pies en cuadro, curiosamente blanqueado, que adornaban con ramos y aseaban con el mayor esmero, guarneciéndolo con arnejos y otros objetos curiosos.
Allí se reunía el pueblo después de comer. Presentábanse los actores y hacían sus representaciones burlescas, fingiéndose sordos, resfriados, cojos, ciegos, tullidos, los cuales figuraban ir a pedir la salud al ídolo. Los sordos respondían despropósitos; los resfriados tosiendo; los cojos, cojeando y todos referían sus males y miserias, con lo que excitaban la risa del auditorio.
Seguían otros actores que hacían el papel de diferentes animales: unos vestidos a guisa de escarabajos, otros de sapos, otros de lagartijas, y se explicaban unos a otros sus respectivas funciones, cada uno ponderando las suyas. Eran muy aplaudidos porque sabían desempeñar sus papeles con sumo ingenio. Venían después unos muchachos del templo con alas de mariposa y de pájaros de diferentes colores y subiendo a los árboles dispuestos al efecto, les tiraban los sacerdotes bolas de barro con las cerbatanas, añadiendo expresiones ridículas a favor de unos y en contra de otros. Por fin se hacía un gran baile compuesto de todos los actores y así terminaba la función.
En Yucatán se realizaban también representaciones dramáticas. Fray Diego de Landa cita a López de Cogolludo en su historia de Yucatán; dice que Chichén itzá “tenía delante la escalera norte, algo aparte, dos teatros de cantería pequeña de cuatro escaleras y enlosados por arriba, en que dicen representaban las farsas y comedias para solaz del pueblo.
De Yucatán, como una verdadera rareza se ha conservado una pieza, farza, pantomima y baile que se representó durante los tres siglos de dominación colonial..
Esta obra fue rescatada por el abate francés Carlos E. Brasseur quien la presentó en quiché el 25 de enero de 1856.
Georges Raynaud, especialista de la Sorbona en estudios sobre las religiones precolombinas afirmó que El baile del Tun constituye la única pieza del antiguo teatro americano que se ha preservado sin que en la forma o el contenido pueda descubrirse la mas mínima traza de una palabra, de una idea, o de un acontecimiento europeo.
En cuanto a los orígenes del teatro colonial ya es bien conocido que fueron los misioneros quienes expandieron entre los pueblos indígenas de la Nueva España una forma de teatralización eminentemente religiosa. En las iglesias, en los atrios de los templos, en las capillas abiertas se representaban pequeños cuadros que reproducían pasajes de la Biblia. Estas representaciones se preparaban en lengua nahuatl y se complementaban con danzas y coros que le daban mayor teatralidad y variedad pero en el fondo estas representaciones y danzas eran adaptaciones inspiradas precisamente en las escenificaciones que los indígenas realizaban desde antes de la colonia.
Una pieza o escenificación teatral que ha cruzado el espacio de cuatro siglos de continuidad y vigencia, desde los primeros años de la colonización hasta la fecha, ha sido la representación de la toma de Jerusalén por las tropas cristianas que ahora se identifica simplemente como la batalla entre “moros y cristianos”, representación que al decir de los cronistas jesuitas gustaba mucho a los raramuris desde que se iniciaron los trabajos de evangelización en estas tierras y la cual, por cierto, sigue representándose en las fiestas tradicionales de la actualidad.
Hay mucho para contar sobre el uso del teatro “religioso” y mucho mas que decir del teatro virreynal que floreció en las ciudades novohispanas. La dramaturgia mexicana es enorme en obras en autores y en Compañías de teatro. Desde la época colonial hasta nuestros días cuenta en sus filas con genios como Juan Ruiz de Alarcón de quien casi hemos olvidado todo si es que algún día conocimos algo.
¿Quién fue Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza?
Nació mexicano, aunque su origen no es muy preciso pues no se sabe si nació en la ciudad de México o en Taxco. Se ignora también el año de nacimiento, por eso sus biógrafos se conforman con dejarle al lector el año 1575 o 1576. Lo que si se sabe es que tanto su padre como su madre pertenecieron a la nobleza española y que los abuelos pertenecieron a la generación de los conquistadores, es decir que participaron en las huestes de Hernán Cortés.
Juan Ruiz de Alarcón realizó sus estudios de artes y de cánones en la Real y Pontificia Universidad de México y terminó los de leyes hasta obtener su bachillerato en ambos derechos en la Universidad de Salamanca.
Después de residir ocho años en España regresó a México en 1608, graduándose posteriormente como licenciado en Derecho en la Universidad mexicana pero solo permaneció cinco años en esta ciudad pues en 1813 se regresó a España, radicándose en Madrid donde empezó a escribir para el teatro. Se dice que en aquellos años era la burla de los consagrados como Quevedo, Góngora, Mira de Mescua y otros autores por el contraste que ofrecía su figura de jorobado y la obsesión de presentarse y exigir que se le tratara como “Don”.
Después de algunos años él mismo reunió casi todas sus obras de teatro (veinte) y las presentó en dos volúmenes que se publicaron en 1628 y 1634, posteriormente publicó otras cinco.
Se dice que el teatro de Ruiz Alarcón tiene una clara tendencia moral pero no derivada del dogma religioso, sino de la propia dignidad humana, se trata de una moral laica que condena la mentira en La verdad sospechosa; la murmuración, el chisme, en Las paredes oyen; elogia la lealtad en Los pechos privilegiados y crea, en fin un teatro diferente al de sus contemporáneos. Algunos analistas sugieren su obra es producto de la condición de mexicano, de su deformidad física, de sus estudios humanísticos jurídicos y de la inferioridad a la que lo redujo su condición de extranjero en España.
Falleció Juan Ruiz de Alarcón en Madrid, el 4 de agosto de 1639 y hay quienes afirman que su influencia llegó hasta Moliere en Francia y a Goldoni en Italia.
Ángela Peralta en Chihuahua (1883)
Hace poco mas de quince años, cuando La Fragua de los Tiempos dejaba de ser un artículo de dos o tres cuartillas para convertirse en una página completa, Marcela Frías publicó una larga serie de artículos bajo el encabezado: “Para la historia del teatro”, donde reunió datos muy interesantes sobre los primeros pasos del teatro en Chihuahua durante el siglo XIX principalmente.
Releyendo aquellos artículos hemos encontrado algunas notas como fue la visita que hizo a Chihuahua la cantante Ángela Peralta. En esta ocasión para complementar las notas sobre la historia del teatro hemos decidido recuperar parte de aquel artículo que apareció en El Heraldo del 8 de marzo de 1992.
La famosa cantante Ángela Peralta llegó a Chihuahua el 21 de marzo de 1883. En las notas publicada en el periódico oficial se afirma que acudieron a recibirla unas seis mil personas a pie y un número indeterminado de quienes llegaron en sus carruajes que eran mas de cien los que se pudieron contar.
Fue este uno de los grandes acontecimientos de aquellos años y de ello quedó testimonio en el discurso de bienvenida que el señor Ramos le dedicó en la estación del ferrocarril por parte de la comisión y a nombre de todos los hijos de Chihuahua.
“Comisionado por la sociedad de Chihuahua para saludaros en el acto de recibiros en su seno, me es satisfactorio desempeñar tan honrosa comisión, dándose a nombre de esta culta sociedad, la más cordial bienvenida y presentándose el sencillo y sincero homenaje de su cariño y admiración.
La ciudad de Chihuahua, justa apreciadora del mérito y entusiasta admiradora de lo bello, lo grande y lo sublime, ha visto en vos, a una de nuestras glorias nacionales, ha comprendido que el Ruiseñor Mexicano, tendiendo sus alas de oro para
remontarlas a la inmortalidad, ha escrito en el infinito el nombre de nuestra patria, ha contemplado con arrobamiento y legítimo orgullo que los rayos luminosos que forman la aureola del genio, ilumina el cielo de México, presentándolo a la admiración del mundo; y que cada triunfo, cada aplauso, cada ovación tributados a la egregia artista son a la vez consagrados al suelo que la vio nacer.
Por esto Chihuahua os admira y viene hoy a saludaros con entusiasmo y regocijo.
Os quiere como a la hija predilecta que luchando por conquistar un laurel para su frente, ha dado renombre a su patria, cubriéndola de gloria.
Sed pues, muy bienvenida en unión de los artistas que os acompañan. Chihuahua os recibe llena de júbilo, al daros un testimonio de su estimación, hace votos porque vuestra permanencia sea tan grata como ha sido para nosotros vuestro arribo.”
Se afirma que las calles por donde pasó la cantante se encontraban cuajadas de gente, y una muchedumbre se hallaba reunida en frente de la casa donde se hospedó, durante su permanencia en esta ciudad.
“Multitud de faroles chinescos estaban colgados al través de la calle, en frente de la casa y luces de colores ardieron en el momento que la comitiva llegó. Una elegante colación fue servida en el Hotel Nacional y una brillante asamblea esperaba para la recepción en la casa.”
Fueron varios meses los que permaneció Ángela Peralta en la ciudad de Chihuahua pues todavía el 15 de mayo ofreció una presentación en favor de la Casa de Beneficencia y al respecto cuando se anunció esta función se le informó a los interesados que para hacer más amena esta función la señora Peralta tendría la exquisita amabilidad de cantar el Ave María, de Gouned, y la Polka Chihuahuense, que ella misma había compuesto, mientras que el señor Rivas ejecutaría en el violín una de las más escogidas piezas de su repertorio.
Días después, en la publicación del Periódico oficial del 19 de mayo, se informa que la Función de Opera dedicada a la Casa de Beneficencia estuvo muy concurrida y que tanto la señora Peralta como los demás artistas estuvieron a la altura de su merecida fama y que en esta función del 15 de mayo el producto de todas las entradas se donó en su mayor parte a la referida institución. En nombre de la Junta de Beneficiencia se le regalo a la señora Peralta un emotivo discurso a cargo de la señora de apellido Asunsulo.
Ya no apareció en los números siguientes cuando se había despedido la cantante de los chihuahuenses pero es de pensarse que eso sucedió después de esta presentación del 15 de mayo.
Nota .- Ángela Peralta.- Nació en la ciudad de México en 1845 y murió en Mazatlán, Sinaloa, en 1883, de fiebre amarilla. Debutó a los 15 años (1869) en el Teatro Nacional, interpretando Leonora de Verdi. Viajó mucho por Europa y fue llamada el Ruiseñor Mexicano. Era además de cantante, compositora y tocaba el arpa y el piano.
No deja de llamarnos la atención que en ninguna de las enciclopedias de México aparezca la fecha precisa de su muerte y nos llama mucho la atención el hecho de que ella estuvo hasta mediados de 1883 en Chihuahua y ese es precisamente el año en que muere, ¿cuántos días o cuantas semanas vivió después de despedirse de los
chihuahuenses? ¿tuvo la oportunidad de actuar después de la ultima función en la ciudad de Chihuahua? . Quizá los historiadores de Sinaloa tengan la información que nos permitan aclarar estas dudas.