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La Fragua de los tiempos, Sept

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La Fragua de los Tiempos 27 de septiembre del 2009 # 833

Namiquipa tierra de revolucionarios

Jesús Vargas Valdés El señor Teodosio Duarte Morales de Namiquipa nació el 3 de abril de 1890 y a los 20 años se unió al movimiento contra la dictadura porfirista.

Después del asesinato del presidente Madero participó activamente en la lucha contra las fuerzas federales de Victoriano Huerta. No fue un guerrero sobresaliente pero tenía la cualidad de reflexionar sobre el momento histórico que estaba viviendo, quizá por eso, en 1914, se regresó a su tierra decepcionado por la división que se había producido entre Villa y Carranza.

En 1916 se encontraba en Namiquipa y desde ahí le tocó ser testigo de la desesperada lucha defensiva de Pancho Villa cuando lo perseguían encarnizadamente los carrancistas, las defensas sociales y los soldados de la expedición punitiva de Pershing.

En ninguna otra población del estado de Chihuahua se entrometieron tanto los yanquis, como lo hicieron en Namiquipa. Los invasores sabían que Candelario Cervantes y algunos de los más aguerridos villistas eran de ese lugar y los buscaban afanosamente. Por eso, ninguna otra población sufrió tanto durante esos meses que siguieron a la invasión de Columbus. Muchas familias perdieron a sus hijos en esos años, pero también fueron castigados los habitantes pacíficos por los terribles efectos de la guerra local entre villistas y defensas sociales.

De todos esos acontecimientos guardó Teodosio en su memoria algunos pasajes tales como la muerte de Candelario Cervantes, José Bencomo y Carmen Delgado el

“Ruñis”. Años después tuvo que emigrar de Namiquipa a ciudad Juárez llevándose consigo a todos sus fantasmas de la revolución que no lo dejaban vivir en paz. Un día decidió sacarlos a la luz. Como pudo y “Dios le dio a entender”, se puso a escribir y escribir, hasta que completó algunas decenas de páginas que le mostró al periodista Benjamín Herrera Vargas y éste lo animó y ayudó a publicar en la editorial El Labrador, de ciudad Juárez, algunos ejemplares de un librito que salió con el título Villa y Pershing y el cual circuló sin pena, sin gloria y sin fecha de edición en los años setenta.

El pequeño librito del señor Teodosio contiene una parte que es testimonial y por eso su lectura es obligada entre los estudiosos de la revolución en el estado de Chihuahua y particularmente de la región de Namiquipa. Como se ha mencionado antes, la primera edición fue de unos cuantos ejemplares y no se conseguía ni en las bibliotecas, por eso en marzo del 2001, el Gobierno del Estado, a través del programa Biblioteca Chihuahuense, hizo una nueva edición con el título Memorias de la revolución.

Por el prólogo de Herrera Vargas sabemos que don Teodosio, como miles de veteranos, nunca recibió ningún auxilio del “gobierno revolucionario” y también sabemos que en ciudad Juárez vivió en la más completa miseria, bajo el techo proletario de una humilde choza que tenía en la paupérrima colonia Palo Chino de la periferia de aquella ciudad fronteriza.

Respecto a su participación, cuenta el señor Teodosio Duarte que estuvo presente desde el 20 de noviembre cuando tomaron el pueblo de Namiquipa, donde hicieron preso al jefe político Pablo Porras, desarmando al resguardo que dirigía el

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comandante del lugar señor Félix Merino, quien murió en el enfrentamiento, al igual que el cabecilla revolucionario Rafael López.

Más adelante escribe varias páginas de la biografía del líder guerrillero aunque sin aportar nada nuevo, pues don Teodosio no lo conoció antes de la revolución.

Sin embargo cuando relata la forma en que se reincorporó a la lucha en 1913, después del golpe militar huertista y del asesinato del presidente Madero, nos ofrece información muy interesante, demostrando que el general Victoriano Huerta había preparado desde antes del 9 de febrero el golpe de estado militar.

Teodosio Duarte, al igual que Francisco Villa y cientos de chihuahuenses, se incorporó como “irregular” en el ejército federal después del triunfo de la revolución; bajo el mando del general Victoriano Huerta le tocó combatir a los orozquistas en 1912, y a principios de 1913 se encontraba en el cuartel de Chihuahua, bajo las órdenes del general Rábago. Respecto a los acontecimientos de esos días escribió:

El 8 de febrero de 1913 aprehendieron a nuestro jefe inmediato que era el teniente coronel Maximiano Márquez. Al siguiente día, a las 6 de la mañana, nos pusieron “un cuatro” en el cuartel que le dicen de los Arcos, se presentaron un grupo de soldados bajo el mando del general Antonio Rábago con otro oficial de alta graduación militar, trayendo consigo a nuestro jefe desarmado ya. Él estaba en medio de los dos oficiales mencionados, y nos transmitió la siguiente orden:

“¡Muchachos: fórmense allá del otro lado de la calle y dejen sus armas recargadas contra la pared, porque estos señores oficiales nos van a pasar revista!”

Obedecimos ciegamente, porque esto sucedía con mucha frecuencia y a continuación nos formamos. Pero cuál sería nuestra sorpresa, que por una puerta posterior del cuartel salió un pelotón de soldados ex porfiristas y nos recogieron nuestras armas y todas nuestras pertenencias, ropa, cobijas, dinero y todo lo que les gustó. Todo lo que nos robaron, armas, parque y ropa lo concentraron en el mismo cuartel. Ellos sí que eran bandidos y no nosotros, pues nosotros éramos gente de trabajo, improvisados de revolucionarios de la noche a la mañana. A mí lo que más me pudo fue el que me quitaran mi pistola calibre.38 Especial.

Entonces, el general Rábago nos dijo: “¡Están ustedes detenidos y no podrán salir a ningún lado, y así permanecerán en el cuartel hasta nueva orden!”

Hay que decir que después de que nos desarmó Rábago el día 9, salimos todos los que pudimos escapar en forma dispersa, unos a pie y otros a caballo. Catorce compañeros y yo abordamos el tren del noroeste de México, cuando ya estaba en movimiento para irnos a nuestra sierra de Chihuahua, con rumbo a Namiquipa. Pudimos escapar porque los centinelas que nos pusieron de vista, se hacían de la vista gorda, pues antes habían sido compañeros nuestros.

Ya en Namiquipa, en pocos días estábamos nuevamente “montados y armados”, listos para volver a pelear hasta en contra de nuestros antiguos amigos y compañeros. Al principio andábamos a salto de mata, pues nos faltaba organización; pero en la sierra teníamos mucha gente que nos respaldaba, pues no estaban de acuerdo en la traición de Orozco ni de Huerta. Como el movimiento orozquista avanzó más bien hacia el sur, eso

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nos favoreció en la región serrana, pues allá contaban con muy pocos adictos los famosos Colorados.

Recuerdo que cuando el general huertista Salvador R. Mercado, entonces gobernador de Chihuahua, se dirigía con su “caravana de la muerte”

huyendo hacia Ojinaga, Chihuahua, con tres mil hombres en siete trenes en pie todavía de guerra, con muchas armas livianas y pesadas, sin faltar la suficiente artillería, rifles, ametralladoras y mucho parque.

Llevaban también, para su salvación, a muchos capitalistas de Chihuahua que le temían a Villa, entre ellos al general Luis Terrazas. Iban más o menos tranquilos y confiados; pero a setenta kilómetros, antes de llegar a San Sóstenes, Mercado miró con los catalejos que un puente estaba quemado, acción que había sido ordenada por Villa para evitarles que continuaran en su huida.

Entonces, ante la imposibilidad de repararlo, Mercado ordenó que se bajara toda la tropa, la caballería y todos los civiles para continuar la marcha por tierra y después ordenó que se quemaran todos los carros del tren junto con los rifles y el parque, causando grandes explosiones que dejaron a los carros como chatarra. Esta medida fue para evitar que la División del Norte utilizara ese armamento y también para impedir que los alcanzaran en otros trenes.

En el camino, los federales iban robándose todos los caballos, machos, mulas y carros de tracción animal, que encontraban en los ranchos, ahí subían a las mujeres y a los niños, los equipajes de los civiles y todo lo que se podía.

Muchos civiles murieron en el camino, pues no soportaron la dura fatiga, hambre y sed, por eso se le llamó la “caravana de la muerte”. Pasaron ellos y después nosotros por los pueblos de El Placer de Guadalupe, Picachos, Falomir, y por Santo Domingo. Algunos marcharon de un punto llamado la Encantada rumbo al pueblo de la Ascensión, Chihuahua, eran gente de José Inés Salazar y de Toribio Reza, esto después de la derrota que les dio Villa.

Carranza comisionó al general Pánfilo Natera, ayudado por don Toribio Ortega, para que desalojara a los huertistas de Ojinaga, no queriendo que lo hiciera Pancho Villa, pues le tenía celo y odio. Pero como no pudieron, lograrlo entonces el jefe de la División del Norte personalmente fue a realizarlo. Fueron a recibirlo algunos oficiales a la estación de la Mula, que queda como a unos cincuenta kilómetros al sur de Ojinaga, al verlos les dijo:

—¡Pues qué pasó mis muchachitos, pues por qué no han podido tomar Ojinaga!

Ellos le contestaron:

—¡Porque tienen mucha artillería, y no nos dejan entrar, ayer nos fusilaron a compañeros!

—¡Ah, caray! Bueno, no se apuren, les doy de plazo dos horas para tomar Ojinaga. El que dé un paso atrás me lo matan por la espalda. Hay más oportunidad de salvar la vida avanzando que retrocediendo. No tengan cuidado, ya verán ustedes, que en cuanto esos pelones oigan el grito del

¡Viva Villa!… ya verán ustedes como van a salir corriendo.

Y así fue, se comenzó el combate a las nueve de la noche, y para las 10:15 ya estaba tomada la plaza. Y sirvió mucho que antes de que la División del Norte venciera a Mercado, ya tres villistas residentes de Ojinaga, que estaban viviendo en el pueblo, se subieron al campanario de la iglesia del

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pueblo y comenzaron a repicar las campanas, esto destanteó a los federales, y aceleraron la retirada con rumbo a Presidio, Texas, en donde estuvieron presos y refugiados, siendo trasladados después al Fort Bliss de El Paso, Texas. Entre ellos iba el general Francisco Castro, a quien le perdonó la vida, cuando tomó ciudad Juárez, el 15 de noviembre de 1913. Algunos huertistas se quedaron a vivir mucho tiempo en el lado norteamericano y sus hijos y nietos nacieron allá.

“Los Fierros en la Lumbre”

La pobreza rural y la emigración del campo han puesto los saberes tradicionales en peligro de desaparecer. Cada vez menos personas saben sembrar y preparar al maíz.

En lugar de apoyar a los campesinos para que puedan sembrar y vivir de su trabajo, el gobierno privilegia los intereses comerciales de los gigantescos productores de maíz de Estados Unidos, haciendo a México dependiente de las importaciones de grano provenientes de ese país. Esto nos hace muy vulnerables, pues si fallan las cosechas de ese país, si caen o aumentan los precios, o si simplemente deciden NO vendernos ese alimento por cuestiones políticas, los mexicanos nos quedaríamos sin qué comer.

Junto con la cultura rural se está erosionando, sin remedio, la agrodiversidad de los maíces mexicanos. Esto es gravísimo, porque además de perder variedades hermosas, sabrosas y especiales, por diferentes razones estamos perdiendo variedades que tienen la capacidad de enfrentar enfermedades conocidas y por conocer; que toleran sequías o inundaciones; que se siembran en diferentes alturas y diferentes climas y en suma, que podrían ayudarnos a enfrentar los desafíos de la contaminación, el cambio climático y otros problemas futuros hoy imprevisibles.

Unas cuantas transnacionales como Monsanto, están invirtiendo grandes recursos para experimentar con la modificación genética del maíz así como en su privatización a través de patentes. La propiedad comunitaria de las semillas del maíz podría perderse y transformarse en propiedad privada.

Algunos agricultores del norte del país, de los que reciben apoyos del gobierno y sin escrúpulos están introduciendo y sembrando ilegalmente maíz transgénico en México, lo que provoca la contaminación de los maíces mexicanos con polen transgénico. Los efectos a mediano y largo plazo de esta contaminación sobre el medio ambiente y la salud son desconocidos.

Otro grupo de productores sin escrúpulos asociados con industriales, insisten en elaborar biocombustibles con maíz, aún cuando la ley lo impide, lo que pone en riesgo el abasto y precio de este grano fundamental, del que depende la alimentación de la mayor parte de la población del mundo en desarrollo.

En Estados Unidos se está utilizando el maíz para producir fármacos, creando maíces bioreactores que excretan substancias anticoagulantes o espermaticidas. Si estos maíces se fugan de los campos de experimentación (como ya ha ocurrido con los maíces transgénicos) o se introducen ilegalmente a México (como ya ha ocurrido en Chihuahua), los maíces bioreactores podrían contaminar nuestros maíces comestibles y estaríamos comiendo una tortilla con un anticoagulante, con lo que se haría incomible nuestro alimento básico.

Todo esto representa una gravísima amenaza para los mexicanos, que dependemos del maíz para sobrevivir.

La organización de ciudadanos mexicanos identificados bajo el lema “Sin maíz no hay país”, están convocando a todo el pueblo mexicano a participar en el Día

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Nacional del Maíz, como parte del movimiento general en defensa de la planta más importante en México y en todos los pueblos de América.

A “La Fragua de los Tiempos” llegó una copia del escrito por medio del cual se nos invita a participar en estas actividades y lo transcribimos aquí haciendo nuestra la convocatoria y las consideraciones antes expuestas.

El 29 de septiembre, día en que muchos de nuestros pueblos celebran el inicio de la cosecha de maíz y en vísperas de la conmemoración del bicentenario de la Independencia y de la Revolución, llamamos a las mexicanas y los mexicanos a tomar en nuestras manos la construcción de la nación a la que tenemos derecho y por la que lucharon nuestros abuelos.

Hoy más que nunca, el reclamo de “independencia, tierra y libertad” vibran en nuestros corazones y estómagos. Convocamos a todo México a elevar ese sentimiento hacia las manos, porque ésta es la hora de actuar.

La verdadera independencia del país reside en la capacidad de alimentarnos sin depender de las importaciones de granos y otros alimentos básicos. Por eso hoy invitamos a conjuntar esfuerzos para defender lo que nuestros pueblos han creado, reproducido y defendido por siglos y a repetir: “¡el maíz es nuestro!”

Celebremos al maíz en todo el país. Este 29 de septiembre de 2009, organicemos actividades culturales, educativas, gastronómicas, rituales, comunitarias, familiares y sociales para garantizar una alimentación sana, suficiente y de acuerdo a nuestros gustos y tradiciones.

Convocamos a todos los mexicanos a celebrar al maíz como corazón de nuestra agricultura campesina y base de nuestra alimentación y símbolo del corazón mismo de la patria para que:

1. El campo mexicano siga vivo y proporcionándonos nuestros alimentos con soberanía alimentaria en lugar de dependencia alimentaria.

2. Contemos con políticas públicas de desarrollo rural sustentable con

campesinos y un Estado responsable.

3. Se impulse la agricultura campesina revalorando las técnicas y prácticas sustentables y se reconozca sus aportaciones económicas, sociales, ambientales y culturales.

4. Se rechace la autorización de liberación de maíz transgénico en

cualquiera de sus fases y se impida el control de la producción y comercialización del maíz por empresas trasnacionales.

5. Se prohíba el uso de alimentos para producir agrocombustibles.

6. Se eliminen los monopolios alimentarios y se prohíba la publicidad

engañosa en los alimentos y bebidas.

7. Se eleve a rango constitucional el derecho a la alimentación y se vigile su

cumplimiento para todas las mexicanas y los mexicanos

8. Se apruebe de manera urgente en el Senado, la Ley de Planeación para la

Soberanía y Seguridad Agroalimentaria y Nutricional.

¡Que nuestra celebración sea tan diversa como el país! Imagina nuevas actividades, inventa acciones y compártelas: por favor registra tu celebración en la página electrónica:

Más información en:

www.dianacionaldelmaiz.org www.sinmaiznohaypais.org

Referencias

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