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Romance - Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

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REVISTA POPULAR HISPANOAMERICANA * MEXICO, D. F„ 15 DE MARZO DE 1940 * AÑO I. NUMERO 4

VERDADERO TRADICIONALISMO ES EL DE AQUELLOS QUE SABEN ENRIQUECER LA TRADICION

YUBX.IC4C1OR QUINCENAL. P8ESENTÀDA PAKA SU SBGISTKO COMO ARTICULO DE SEGUNDA CLASE, ENERO 1940

EL GRAN NOVELISTA IRLANDES JAMBS JOYCE, QUE ACABA DE PUBLICAR LA NOVELA "rB»Kg-

ÜANSWAO” '

Parábola de Narciso periclitante, la diablesa bestexuela, el crustáceo, la cacatúa, el oso

maltes y la higuera

El Profesor Inalterable

P

or

J

osé

BERGAMIN

"Apnitcetí t Viti.. ra ti c*« At vu, ao obSaalr Ai ««•- fiiciitA it tttt truthfictAúr. am boj —I«s cttútts de m>

«of— ao afuace a to¿>i lt>¡ htgtrti At tstp lalai. «w ttt h> a/nwrtaa rt+rpítunlt".

Joti ORTEGA V GASSET.

Emimismaaienta y Alieiatión.

Buenos Aire», 19)9.

Sin entrar en el tono pro­

fesoral de quien, unas veces ccm española elegancia y otras con totalitaria cursi­

lería, nos habló en plata, como ahora, aunque sin geo­

gráfica redundancia, qui­

siéramos de nuevo bucear

entre esas cenizas de una voz. harto conocida, harto

>ose BERGAHiN escuchada, aquel rescoldo,

acento

o palpito de lumbre. No habrá riesgo de quemadura si tratamos de pulsar su tibieza po­

niendo, sobre el casi extinguido fuego, la ma­

no pecadora. De aquel vivo arder por la pa­

labra,

si fue excelsa vocación intelectual por la verdad, filosófico empeño, ¿qué latido podrá

d

tiempo maduran sus frutos. Y e¡ que tal acento se desgarra? Pongamos atención y tino al acercarnos a esta brasa, por si de entre las cenizas que la enmascaran puede surgir, terri­

ble, la sorpresa de un Fénix hiperbólico.

Ensimismamiento y alteración Con este enunciado titulo, y entre cenizas de palabra, llega por la voz conocida, y ya más apagada cada vez en nuestro recuerdo, un hablar en plata español, que no por serlo desde donde viene, decíamos, tiene dejo, acento redundante.

Hablar en plata, leve puente amigo para el que lo quiera utilizar como

medio

de

huida,

como escapatoria â su pensamiento. "Que sólo el que huye, escapa’’... dice el poeta. ; \'o es esca­

patoria, huida del pensamiento, esta palabra evocadora, por cenicienta, de tantas ilusiones perdidas?

'CONTTNUA E\ i..CrAGI\A 2 EX, TUNEXA MARTE, COMO PODRIAMOS VERLÓ EESDK UNA ESTRELLA CERCANA. (VEA EN LA

poema-.4: "si.

mundo marciano", del ing.

JOAQUIN GALLO

•8VSAHÂY LOS VIEJOS

ramwm (UEA

ANIVERSARIO

1498 is i»K marzo 1940 Ft’K BL ts DE MARZO DE 14S3 CUANDO BM un PVKBuKcrro marinerokspañol. enta.

PUERTO DE PALOS, TUVO LUGAR UNA FIESTA SENCILLA V ALBOROZADA A LA VEZ. SONA­

RON LAS CAMPANAS PARA CK1ZBRAR KL EX­

TRAÑO ACONTECIMIENTO! COLON, CON UN PUÑADO DE IIOMBRKS, ESTABA DE NUEVO EN España en el mismo lugar de donde PARTIERA SIETE MESES ANTES. COLON RA­

BIA REGRESADO DESPUES DE PISAR TIERRA AL OTRO LADO DEL MAR TENEBROSO. HABIA PARTIDO HACIA EL INFINITO. HACIA LA NADA, CON LA ESPERANZA EN EL CXtRAZON. UJt- OO A LISBOA Y, AL FU», PISO TIERRA ESPA­

NOLA. TRAIA LA BUENA NUEVA! UNA NUEVA RUTA PARA LAS INDIAS. UN MUNDO NUEVO AL OTRO LADO DEL OCEANO. AQUELLAS CAMPANAS QUE RESONARON EN EL PUERTO DE PALOS RACE «4T AÑOS. COMO HOMENAJE HUMILDE. CANTARON LA GLORIA DE UNOS HEROES. AQUEL SONIDO FUE EL PRHERR HOMENAJE. EL ECO DE LA PRIMERA NOTICIA QUE LLEGABA del NUEVO MUNDO A LA VIE­

JA KUBOPA.

LAS CENIZAS DE UNA VOZ, José Bergantín • DE LA TIERRA Y LA PATRIA, José Moreno Villa • RES­

PUESTAS A LA ENCUESTA DE ROMANCE, Leon Felipe y Xavier Vi-

¡Jaurrutia • POEMAS de Enrique Gon­

zález Martínez y Carlos Pellicer * EL MUNDO MARCIANO, Joaquín Gallo -CRONICA DE LONDRES, E. Sala- zar Chapela • ROUSSEAU, HEROE DEL SENTIMIENTO, Florentino M.

Torner • CORRESPONDENCIA EN­

ENTRE BOLIVAR E ITURBIDE, Miquel i Vergés • SIMBOLOS EN

PLATA, Carlos Velo.

LA DECADENCIA DEL HEROE,

Adolfo Sánchez Vázquez

• EL EXTREMOSO DE­

BER DEL ARTISTA,

Román Gaya -

EN BUSCA DE LA IGNORANCIA,

Alberto Quintero Aloarez

• UN CUENTO,

de Edgar Allan Poe •

CRONICA DE ARTE - CRO­

NICA HUMORISTICA • LA SENSUALI­

DAD EN LA PINTURA • MUSICA Y TEATRO. PAGINA DEDICADA A LA EN­

SEÑANZA • "LOS LIBROS POR DENTRO"

•NOTAS

de Eugenio Imaz, Ffraín Huerta y otros

• BIBLIOGRAFIA DE MEXICO, ES­

TADOS UNIDOS Y FRANCIA • BIBLIO­

GRAFIA HISPANOAMERICANA • RE­

VISTA DE REVISTAS ? INFORMACION CIENTIFICA,

por Julián Amo

• Las secciones

"A la deriva”, "Locuras de cada día", "En Acecho" • PAGINA DE CINE • La sección editorial "Espejo de las Horas", etc...

AL P!E DEL CAÑON, LA BAYONETA CALALA Y LA BARBA CERRADA COMO LA BOCA, MAS QUE PARA QUE NO ENTREN MOSCAS PARA EVITAR INDIS­

CRECIONES, EN UN LUGAR DE LONDRES, ESTA ES­

TATUA (lord VERBENA) AGUARDA DIGNAMENTE, SIN PARAGUAS, EL CHAPARRON. (VEA EN LA PAGINA 11: "VN DIA DE GUERRA", CRONICA

DE LONDRES)

(2)

Pagina 2

ROMANCE

15 de Marzode 1940

ENCUESTA

XAVIER VlLLAURRb iIA LEON FELIPE

En esta primera encuesta, ROMANCE plantea algunas preguntas que están en el ambiente y* preo­

cupan, con más o menos intensidad, a los diferente? sectores culturales. Junto a estas preguntas, hay otras que responden solamente a.una. intención de humor sano, sin irampa, y en la respuesta que se les dé. po­

dremos encontrar, muchas veces, la minna profundidad de pensamiento, que la gracia o el ingenio verda­

deros, no hacen sino presentarlo» con un ropaje distinto, del corriente.

Aparte de las contestaciones de las personalidades de logrado prestigio, esperamos con Interés las respuestas de todos nuestros lectores, entre las que seleccionaremos para su publicación las más opor­

tunas.

1. — ¿CUALES SON las relaciones entre la mentira y el arte?

2. —

¿COMO DEFINIRIA UD. las características de la literatura posterior al movimiento iUr- rrealista?

3. —

¿EN CUAL DE LAS BELLAS ARTES se ha logrado expresar mejor el espíritu d¿ nuestra

* ápóca?

4. —A SU JUICIO, ¿cuál es la diferencia más significativa entre el espíritu del Renacimiento y el de nuestro tiempo?

5. —

-¿CONSIDERA UD. ciertos acontecimientos actuales como una amenaça para la cultura?

En caso afirmativo, ¿de qué manera podría realizarse ampliamente su defensa activa?

6. — DIGANOS UD. su secreto.

7. —

¿QUE VERSO RECUERDA UD. que le pareçca más inaceptable?

8. — ¿DIGANOS qué pintor, músico, poeta, filósofo, novelista, dramaturgo, le gustan más o Ud.

entre los contemporáneos?

CONTESTACIONES

León Felipe y Xavier Vil/aurrutia

L—La mentira ap una fiel aliada del arte. En todo arte, no sólo en d teatro, hay siempre disfraz y maquillaje. Y hasta en las escuelas mis

• - y *- •'*-«tufa» mis sinceros se ve

. ' ra. X

'**3e***::

K

e la carné y el artista los Y todavía que tetera » distancia. No se puede- tra­

bajar, por ejemplo, en el dolor al rojo vive. Nadie compone ñná elegía con el cadáver de su' hijo entre las manos. Si ocurriese asi, la poesia seria en efecto una irreverencia cínica, pomo me recor­

daba hace poco Jorge Cuesta. Esto me llevó a -pensar que el tono poético de una elegía tal vez quede entre el planto estudiado y habilidoso de una

É

lañidera y el sollozo desgarrado y legitimo de i madre. Entre la verdad y la mentira. La reali­

dad nos da la emoción; y el arte, el artificio ne­

cesario para vestir en decoro la emoción, para quitarle al dolor en bruto su gesto grotesco y animal. El poeta falsifica el dolor pero lo levanta también, lo purifica. La poesía es una falsifica­

ción luminosa de là vida.

2.—El surrealismo, la animalidad, como escue­

la, como norma estética y política no ha terminado aún. Tal vez en nuestra época el último proceso de disolución que-acaba en el surrealismo y, «en esta causa, eptre en el arte y en la vida donde desgraciadamente, jay!, tiene vigencia todavía. En el arte, en la poesía, me pareee qqe han surgido ya las primeras protestas. Y la poesia que se inicia, es die grande líneas arquitectónicas encen­

didas, dopde el polvo, la imagen suelta y loa ha­

llazgos- del subconsciente empiezan a perder su independencia y su tiranía y tienden a integrarse en el fuego del poema; en la arquitectura de la llama.

3.—i Cuál es el .espíritu de nuestra época?

¿La'disgregación y el movimiento sin sentido, el polvo y. la locura 4e! movimiento?... Pues en­

tonces la Poesía, la Pintura, la Música... Todas las artes, hasta la Arquitectura en las formas animadas de la, mecánica expresan este espíritu.

Y sólo cuando lá cosa sé halla para' el hombre y la máquina, para el hombre también tendrán otra forma distinta de la de ahora, lo mismo que el poema.

•4.—El Renacimiento fué una época de ascen­

sión y de madurez más tarde -.. de estructuración hasta que llegan las degeneraciones barrocas. Ya -en el-*birroco, cuando la fe no levanta ni aglutina, comienzan a ceder las columnas, las vigas maes­

tras ‘y las1 líneas centrales del poema. Todo se cae.iy-.se revela más tarde y esta revelación sigue hasta nuestros días en que ya el polvo manda.

Más allá del polvo no hay nada,' sólo la voluntad del hombre (si no se ha hecho .polvo también) para empezar a construir con ese mismo polvo nuevos ladrillos. El Renacimiento fué una vo­

luntad de arquitectura que levantó y organizó el polvo hasta la torre, hasta el palacio, hasta el poema; Hoy el polvo se escapa vanidoso de aquel marco que le impuso, la disciplina, el esfuerzo el arte y la fe.

B.—Esas preguntas, porque sórí dos, las dos que las conteste ahora Chamberlain. Algunos españoles las contestamos ya hace más de tres años.

6.—Mi secreto, mi gran secreto, es mi gran

• misterio, mi gran tragedia. Esa que lloramos todos como Edipo sin saberlo. Si yo supiese mi secreto, más que decirlo me importaría tener valor como el rey de Tebas para sacarme los ojos.

7.—Ningún verso suelto, desligado de su .es­

tructura poemática, tiene más valor que la de un ladrillo fuera del muro aunque esté hecho con la mejor tierra del mundo. Esta manía de sacar las cosas de su sitio nos llevó a la destrucción del gran poema arquitectónico, al imperio del poema corto, a las modas del “Hai-Kai”, de la coplilla y de la greguería y hasta a decir, parodiando al

maestro, “no le ampliéis ya más que arf es ¡a mos­

ca". Son versoe inaceptables éstos:'“Sis embargo",

"Y no obstante", peyó son inaceptables aquí, fuera de da rittp,

difidl encender un tópico,'”m» prover»

Jtóó. Es- mucho más difícil que encontrar ana imagen^ virginal en el bosque o un sapito nuevo en el subconsciente.

8.—Prefiero a los artistas y a los hombres que construyen con te fe y con el entusiasmo.

Prefiero el espíritu fantástico al espirito prag­

mático. El heroísmo a la astucia. Me quedo con Aquilea antes que con Ulises. Y, obligado a esco­

ger, con Hitler antes que con Chamberlain. Un poeta que cantare te Democracia que han engen­

drado los políticos seria un poeta grotesco. Pero Whitman, qua cantó ia Democracia épica del hom­

bre, es un poeta fanático y heroico.

LEON FELIPE.

1. —Estas relaciones entre la mentira y el arte existen y son de un orden muy sutil. Se hallan enunciadas en expresiones como esta de Chesterton:

“El señor Shaw y yo no escribimos una men­

tira hasta no estar seguros de que es verdad”.

O, simplemente, en expresiones vivas, colo­

quiales. Ante un suceso cuya explicación se le escapa, el hombre exclama:

—{Parece mentira!

Habría que responderle:

—Usted lo ha dicho: parece mentira.

2. —Al hablar de te literatura posterior ai movimiento sobrerrealista, te pregunta implica que este movimiento Regó a su fin y que es ya un límite. Niego. La literatura actual se ha enri­

quecido con las preocupaciones, con las experien­

cias, con las filtraciones suprarrealistas. Tiende a una expresión total del hombre, del hombre interior, del hombre que el hombre ha ido ocul­

tando en el hombre.

3. —“Quien no se precia en su oficio, nunca fué en él alabado”. Un arquitecto dirá que en la arquitectura, considerada como una de las Bellas Artes. Un músico, dirá que en la música. Y, asi siguiendo, un “gangster” dirá que en el asesinato, considerado como una de las Bellas Artes.

4—No sé si esta diferencia es la más sig­

nificativa, pero es, para mí, desde luego, signifi­

cativa: El hombre del Renacimiento viri^. y asis­

tía a la vida de los demás. El hombre actual muere y asiste —a! menos yo asisto— a su pro­

pia muerte y— a la de los demás. El memento morí y el arte de morir, son para mí de una an­

gustiosa actualidad.

5. —Claro está que existen acontecimientos actuales que amenazan la cultura. Aun. sin pro­

ponérselo, el verdadero artista la defiende, puesto que la preserva, la trabaja, la enriquece.

6. —El secreto de uno, anda siempre en boca de los demás. Pregunte a los demás si quiere saber mi secreto. Pregúnteme, si quiere saber el secreto de los demás. Yo prefiero guardarle el se­

creto a mi secreto.

COMITE DE REDACCION

MIGUEL PRIETO.

LORENZO VARELA.

JOSE HERRERA PETERE.

ANTONIO SANCHEZ BARBUDO.

ADOLFO SANCHEZ VAZQUEZ.

JUAN REJANO.

Jtf)MANCE

EDITADO POR E.D.I.A.P.S.A. (ediciónydistribución iberoamericanade publicaciones) DIRECTOR: JUAN REJANO. oficinas: av. juarez, 95. apartado 8692

Teléfonos. Eric. 8-44-97. Mex. L-53-62. Mexico, D. F.

LAS CENIZAS

“Estaba ensimismado —escribí una vez

hace

muchos años— porque quería que le hi­

cieran una fotografía con mucha frente”. Tam­

bién

hace ya

muchos

años gue.aprendi.de Don Miguel de Cnamuno,, aquello de que enfure­

cerse es

salirse

uno fuera de

SÍ y

entusiasma­

se es endiosarse; pero endiosarse de veras, es­

to es, entrar o enterarse de Dio?. Luego, para entusiasmarse, hay que enfurecerse

primero. Y

no se puede entusiasmar, entrar en lo divino, quien primero no se ha enfurecido, salido de lo humano, salido de si mismo. Si es el hombre el furioso. El animal no se enfurece nunca, ni se altera. Esta voz cenicienta del viejo profe­

sor, que se cree o se dice a sí-mismo inaltera­

ble, nos señala como espectáculo viviente de alteración, los monos; a quienes llama por eso,

"diablescas bestezuelas". Mas, como el alterar­

se etimológico que en tal sentido expresa, de­

duce él del latino

alter,

lo otro—»y que es. más bien, el otro— resulta que la simiesca altera­

ción, que evoca, es todo menos alteración ver­

dadera; pues el mono no se enfurece, no se sale de sí para ser otro, no es más que lo que es; y si se inquieta, agita, monotea. es por ser el que es, precisamente; por auténtico o ensi­

mismado y no por alterado o enfurecido. El mono nunca quiere ser otro. Ni otro mono, ni mona. Ni, mucho ménos, hombre. Por eso tam­

poco se entusiasma. Ningún animal se enfurece o altera, decíamos, porque ningún animal se entusiasma. Ni por enterarse de Dios, que no le importa, ni por enterarse de sí mismo. Que tampoco el animal puede ser Narciso. Porque el narcisismo, en definitiva, es un entusiasmo invertido. Es el ponerse el hombre fuera de sí. furioso de si mismo, para poderse entusias­

mar consigo mismo. Y no para entrar o enterar­

se de lo divino, sino para endiosarse a si mis­

mo, entusiasmándose de sí: ensimismándose.

Y este entusiasmo, este ensimismamiento es ya también alteración, aunque fingida. Pues no hay Narciso ¡sin espejo. Y el agua quieta no se altera, si no no se haría, espejo. Se altera Nar­

ciso con tal engaño. Se figura que es Otro y que ese otro es, sin dejar de ser él mismo, divino.

Se endiosa o figura que

es

Dios. Pues ¿qué mayor alteración, entonces, que la de tal ensi­

mismamiento suicida? Si entre las cenizas de aquella voz periclitante nos liega, aunque pla­

tee,

como platea la barba o el cafcello

en las stows, un acento eqrañc^.:tratena(4daeocoB- ' trar en

éf al hombre que

cer, de

pens^iento. “¿Qué es drt apaqpp de Vi

voz?, pregunta el Poeta5, ;No nos finge él agua removida la huella perdida de Narciso? De un Narciso ex-suícida y sin eco, pues nos ha­

bla del fondo del estanque. No se alejó su imanen de las diablescas bestezuelas sino para acercársenos a los crustáceos, y, aguzando un poco el mirar, al ave misteriosa que incuba en las cenizas su esperanza. Ni el crustáceo ni el ave se ensimisman. Ni falta que les -hace pa­

ra darnos expresión adecuada de su ser con aparente vida. Pero al hombre, en quien la al­

teración es norma hasta de ensimismado,

el

poder querer ser el otro o lo otro, puede ensi­

mismarte de animal; de mono, de can pre io. de guacamayo, cacatúa o vulgar loro. Ensimis­

marte con un caparazón fingido, o subiéndole, encaramándote ai tancredista pedestal de una caña pensadora, como a la estilística ave fría.

Recuerdo una escena muy cómica

que pre­

sencié hace años en el parque zoológico de HamBurgo. Procuraré contarla con recato. Pues siento que esta escena la traiga a mi memoria, ahora, la cenicienta voz del profesor inaltera­

ble. El ensimismado y su público, pudiera titu­

larse.*-Había un montón de sentes ante los ba­

rrotes que cercaban, con suficiente espacio vi­

tal, a un grupo o familia o sociedad —¿no es eso, profesor Ortega?—de pequeños osos mal- teses. Y uno de ellos, vivaracho y juvenil, ejer­

citaba su ensimismamiento amoroso consigo mismo, sin pudor alguno, indiferente ante

el

espectáculo que estaba dando: Enteramente en­

simismado en tal ocupación erótica no se alte­

raba lo más mínimo por ello. Al contrario, trataba de desalterarse.viciosamente. No diría­

mos que el onanista afán de ensimismarse sea una ciencia amorosa, ni teórica ni técnica. Mas

7. —Es inaceptable un verso muy famoso de Edmond Haracourt one dice: “Les plus beaux vers sont ceux que’on n’écrira jamais”. Sí los mejores versos son lo que nunca escribiremos, ¿vale la pena seguir escribiendo versos?

8. —A condición de que usted y yo, y desde luego los lectores, lo olvidemos en seguida: Chiri­

co, Satie, Heidegger, Gide, Pirandello. Estas afir­

maciones son siempre provisionales, aunque duren mucho tiempo. (Ahora me doy cuenta de que he omitido, sin proponérmelo, al poeta. Lo que quiere decir...)

Xavier VJLLAURRÜTTA.

CONSEJO DE COLABORACION

• ENRIQUE GONZALEZ MARTINEZ.

MARTIN LUIS GUZMAN.

ENRIQUE DIEZ CAÑEDO.

PABLO NERUDA.

PEDRO HENRIQUEZ UREÑA.

RQMULO S. GALLEGOS.

JUAN MARINELLO.

DE UNA VOZ

t'!C\E rra IA PAGINA !.

tampoco podría decirse que tal satisfacción instintiva del apetito erótico sea una forma viva de conciencia. Ni ciencia ni conciencia es ensimismamiento humano. Ni siquiera animal.

Pues cuando la ciencia no grita, y porque la ciencia no grita, grita la conciencia. Y es eso, exactamente, grito. Doloroso y alegre. Voz. en grito de verdad y de vida.

A ¡a afirmación de Leonardo

—donde no hay ciencia no hay grito— responde la de Ba­

con; "Ciencia sin conciencia pierde el alma".

Y también la pierde el haberla querido ga­

nar. "El que quiera salvar su alma la per­

derá” —nos dice el Evangelio—. Pero ¿qué es eso, el alma, sino es alteración constante?

¿El donaire o don-de-aire humano que pone en movimiento al hombre, como al fuego, que te prende y te enfurece le sacó de sí, para levantarle hasta Dios, para entrarte o enterarte de Dios? Pues si, ai hombre, como del fuego decía Séneca, "se le deja hacer lo que quiere, se va al cielo derecho". Al cielo o al infierno, pero al otro, a lo otra; à dejar de ser el que es para serlo de veras; pues no tiene otro modo de serlo; no tiene otro modo el hombre para encontrarse del todo que perder­

se del todo; que alterarse del todo, y por tocio, para entusiasmarse, enterarse de verdad de todo. El que no se altera por nada no se en­

tera de nada. El mono, el cangrejo y el loro.

Tampoco se entera la higuera más de que por el tiempo maduran sus frutos. Y el que en tal vegetal ensimismamiento se refugia, el que está en la. higuera

cte ese

modo, tampoco se entera de otra cosa que de su periclitante pe­

recer, de la amarga semilla que cobija su ensi­

mismamiento con la duke madurez déla muer­

te. La hoja de higuera cubre esos pudores intetectualea

consola

de parra los otros.

Y

el que de'esta manera se ensimisma, o viste de tan ensimismada hojarasca, aunque sea por

¡a voz hecha cenizas, lo que descubre es el miedo del adanita, el terror pánico,.que

es,

en definitiva, el miedo espantoso a la verdad;

el espanto a la voz divina que grita en la con­

ciencia. Pues, por eso, cuando la voz divina se expresa por ia voz popular, por la sangre inocente vertida, d higueral o animal empeño de los profesores inalterables por ensimisma^

dos, o ensimismados por inaherabtes.se

hace

el distraído; y toma voz de. trueno

metafáñ&k

aunque ceniciento, para acusar

almundo,— a

los puebfos ensangrenfet^M poF Su entusiasmo

divina—, de

estupidez, de estupidez ydfeestu-

pidez por no haberse enterado de nada; qUe- riendo y creyendo haberse enterado

detodo.

Pues la culpa de todo —¿no es para

¡nom­

brarse?— la tuvo, la tiene, la Sociologia.

Y à

el profesor inalterable no hubiera devorado esos miles y miles de páginas sociológicas sin encontrar en ellas una sola idea clara, la. más leve idea clara de lo que la sociedad significa;

mientras miles y miles de españoles sin ente­

rarse, sin enterarse de su heroico, desintere­

sado esfuerzo intelectivo, se mataban bárba­

ramente; mientras España entera ardía de lado a lado, prendida en la mala pasión cainita, de los traidores de deiitro y enemigos de .fuera;

mientras sigue ardiendo todavía, bajo el apá­

rente rescoldo, en el terror suicida, en agóni­

ca pasión de ser lo que es, de aprender trá­

gicamente a llegar a serio; mientras el mun­

do entero à la luz de esta brasa se enciende de angustiosa lucha, de dramática agonía en que la sangre ahoga hasta el grito yel llan­

to... Si el profesor ilustre no se preocupara, no se ensimismara para no alterarse ante tan tremenda alteración de todo... ¿qué seria de nosotros, y de España, y del mundo entero?

Pues solamente si el profesor insigne logra en­

contrar esa pequeña idea, esa

leve idea que

tal vez se te escapa de la cabeza por su claridad misma, él, y España, y el mundo se podrían salvar de tanta y tan estúpida alterados san­

grienta ¿ Pues cómo se tes ocurre a tantos hombres, a tantos pueblos, matarse o

morirse

sin tener la más leve idea de lo que están haciendo, sin tener la menor idea de lo que está haciendo el ensimismado profesor inal­

terable? Porque tanto morir y matar, su patria en ruinas, tantos despojos y dolores, tantas vidas humanas perdidas, tanto sufri­

miento, "miseria, horror y muerte... es para el profesor LO OTRO, y son LOS OTROS quienes los padecen en su carne viva, en su, no menos vivo pensamiento. El no puede, porque no debe alterarse. Bastante riesgo he­

roico es para el hombre su esencial existir, su pura vida. Y el profesor, con tan arriesgado heroísmo vital y razonable —razonablemen­

te vital— no se altera. Ni por todo esto, que es lo otro; ni por lo otro, aun cuando fuera todo esto; ni naturalmente, o sobrenatura’men- te, por lo de más allá. Por nada. Y así busca amparo filosófico, consolación y calma, en el país que te parece, por menos alterado, más propicio al salvador ensimismamiento. Y a este país ofrece, hablando en plata, aquellas cenizas de su voz para que con cuidado ex­

quisito las recoja y las guarde. Pues sería estúpido,.inhumano, cruel, lamentable, que pu­

dieran perderse para siempre, aventadas.

JoseBERGAMIN

(3)

15 de Marzode 1940

ROMANCE

Pagina 3

JOSE MORENO VILLA

Fulano me dice que quie- [¡ re mucho a su tierra, y que quiere irse a ella. Fulano di­

ce lo que sabe, pero ¿sabe Jo que dice? Y no hago es­

ta pregunta porque Jas cir­

cunstancias 6ean adversas para éi. La hago como la hubiera hecho años atrás.

Por amor a lo intempestivo.

Es evidente que cuando uno dice hoy que

se

va a su tierra o que la ama sobre todas las cosas, habla por rutina y sin tener en cuenta el sentido lato que la pa­

labra tiene en tales frases y mucho menos sus significados antiguos. Tales frases eran verdad en el campesino o en el propietario de una finca. Pero nosotros, la mayoría de los hom­

bres, no tenemos haza, pujal, fanega ni aran- zada donde realmente depositemos ilusiones y preocupaciones. Nosotros somos, en verdad, Juanes sin Tierra. A lo sumo, con un depar­

tamento alquilado, cuyos baldosines nunca podremos considerar como sinónimos de la pa­

tria.

Juan sin tierra dice que la ama y que quiere volver a ella porque al decir tierra quie­

re decir patria. Ahora bien, ¿por qué pre­

fiere un término a otro?

Patria es un concepto algo duro de roer.

Patria es un concepto importado por algún humanista. No creo que el pueblo lo haya aceptado todavía. Hubo que adobarlo, diciendo

“madre patria”, disparate lingüístico, puesto que en él se tiñe de padre a la madre.

Si en España hubo matriarcado en las eda­

des prehistóricas, como en Africa, lo lógico es que a la patria se le hubiera llamado matria, tierra madre.

Recordemos de pasada que en español de­

cimos lengua madre y no lengua padre:

Lo

de padre se aplica hoy en jerga chulesca como ponderativo: “tengo un apetito padre”, "fula­

no

estuvo padre toreando".

Con la tierra nos ha pasado a los hom­

bres lo que con el caballo. Hoy somos tan poco terratenientes como caballeros.

Peno el lenguaje es así. En buena parte es todavía un balbuceo, una tentativa.de ex­

presión. Los primeros individuos que se vieron

en

la necesidad de referirse a sus cantares,

dirían:

“los cantares de mi tribu". Esto está

brem

porque

los

cantares son emitidos por la

¿ente. Pero algo después, alguien se atrevió a lanzar otra fórmula, "tos cantares de

mi

región”.

Lo cual significaba quitárselos a los hombres y adjudicárselos a la comarca, esto

es,

a la tierra’ E inmediatamente vino la ter­

cera fórmula: “los cantares de mi tierra”. La gente se acostumbró a eso de ir pescando el

« sentido y se quedó tan tranquila.

¡Cantares de mi tierra! ¡Cantares de mi patria! Puras abstracciones o metáforas. La tierra no canta, ni mucho menos la patria.

Ya que estos dos términos son sinónimos, pasemos de la tierra a la patria. Las circuns­

tancias me han Obligado a concretar mis senti­

mientos y he llegado, al preguntarme qué es ella en definitiva, a esta definición provisio­

nal: Mi patria era una cosa compuesta de los siguientes elementos : mis amistades, mis bártu­

los, o pequeños bienes materiales. los senderos, calles y paisajes conocidos, el habla y todo el poso moral y estético que ella tiene y que se ha ido derramando en libros, pinturas, monumen­

tos, leyes y costumbres.

Eso era mí patria. Y digo era, porque ya no puedo contar nunca más con el ambiente creado por mis amistades o relaciones, ni pue­

do contar con mis modestos tesoros de cuadros

ESPAÑA PEREGRINA

Más vale tarde que nunca. Pero también nunca es tarde si la dicha es buena. Y la dicha, por lo que tenemos visto y oído, parece bonísima. Entre ios refugiados españoles y sus amigos de corazón se cele­

bra la aparición de ESPAÑA PEREGRINA como un punto de partida o, si se quiere, como un aconte­

cimiento. .

Se presenta la Revista con una envoltura mo­

desta, casi diríamos con desenvoltura, pero con un pergueño apretado y tenso. Unos años antes hubiera sido, no sólo demasiado atrevida, sino basta impen­

sable su desnudez. Ahora es bien recibida, porque no hay alarde en ella, ni provocación literaria ni nada, sino, sencillamente, un hacer cara a las necesidades de expresión del momento que vivimos —¡si esto es vivir! como dicen los clásicos— con el más decente y ajustado ascetismo.

Ya el sumario del primer número señala clara­

mente la trayectoria que se inicia. Más claro, agua.

Y el agua que irá corriendo, con más o menos caudal, que eso depende. Pero siempre, por lo menos, quedará el hilo o hílillo vivo de plata. Lo que se llama la vena, la veta o la mina. La inspiración. Buscad la inspira­

ción v lo demás se os tendrá que dar por añadidura.

Han tenido la suerte los redactores, o la inspira­

ción. de tropezar con una carta inédita de Machado que define y corrobora el sentido alzado y penetran­

te de ESPAÑA PEREGRINA. "Porque ellos no pueden dudar de su propia vileza, están moralmente vencidos”. "No hay para ningún español bien nacido opción posible", y, como la Revista. Machado: "Ca­

rezco de filiación de partido” lo cual no quiere decir carecer de . filiación política porque, querámoslo o no.

todos somos, por lo menos, hi ios de la política.

Deseamos a ESPAÑA PEREGRINA la larga y fecunda vida que el vigor de su espíritu promete y. sin contradicción, reclama.

DE

LA TIERRA DE LA PATRIA

POR

JOSE MORENO VILLA

y libros. Los otros elementos de mi patria, el habla y lo urbano o paisajista, son bienes que no me arrebatan las revoluciones. Sólo podría arrebatármelos un trastorno mental y he visto que mi meollo, aunque tambaleante, sobrevi­

vió a la ráfaga cavernaria.

Resulta pues, que esa cosa tan compleja llamada patria se compone en parte de bienes sustituíbles —aunque con fuertes desgarrones sentimentales— y en parte, por bienes insus­

tituibles. Puedo sustituir

a

mis amigos por

otros y tíe&tr » vivir tít un ambiente parecido

CARLOS VELO

Cada invento con posibilidades indos- tríales, sobre registro de sonido, color o relieve, perturba la evolución artística del cinema y origina violentas discusio­

nes entre los cineastas. La polémica actual sobre la valoración pictórica del color en los films, recuerda la oposición de 1928 entre los partidarios del mudo y el sonoro. Antítesis que tenía sus fun­

damentos. Realizadores como Murnau, Dupont, Dreyer, Eisestein y Feyder bian logrado, con los recursos del cine mudo, obras de gran calidad poética. Si

el sonido aportase al cinema solamente la música, la magia de los ruidos y el valor silencio, no ha­

bría problema, pero el diálogo se une con la acción, surge el drama y con él la crisis estérica del cinema. El argumento y la técnica teatral incorporadas a la pantalla durante doce años, mientras insensiblemente el sonido adquiere una maravillosa perfección, no han podido anular la esencia rítmica del arte cinematográfico, su ten-*

dencia elíptica y, sobre todo, su capacidad sim­

bólica.

Torrentes de vibraciones luminosas, sonoras, eléctricas, se desprenden de la naturaleza. Artifi­

cios de luz, plata y movimiento, seres y cosas quedan reducidos a su esencia gráfica y aparecen en la pantalla para ser reconocidos. Este nuevo conocimiento es posible porque todo plano o toma cinematográfica, sea imagen, sea sonido, es una representación, un símbolo, que despierta en nues­

tra imaginación un mundo protohistórico, primi­

tivo, universal. Sentido simbólico de las imáge­

nes que se logra en el cinema mudo por una depu­

ración técnica cuidadosa. El gesto, la cualidad mimodramática de los planos alcanza en los buenos films valores de alfabeto expresivo para todos los hombres y razas. Un primer plano del jefe de tribu en Moana, de una flor abierta y hú­

meda en Extasis, significan terror ó deseo para el espectador.

El film sonoro, al utilizar el diálogo como expresión dramática, anula el símbolo puro de las imágenes y restringe la universalidad del cine­

ma con un nacionalismo idiomático forzoso. Para evitarlo, los fabricantes imponen al realizador un desarrollo comercial de los argumentos, calculan­

do la duración de cada recurso artístico: 50%

para el diálogo, del cual 35% se desarrolla en los exteriores y 15% en decorados interiores; 25%

música, 5% canciones o bailes, 5% amor, 5% co­

micidad, 5% terror o misterio, 4% dé persecu­

ción rápida, 1% de ambiente callejero o fabril y

“happy end” obligatorio. Escenarios así hacer, imposible la clasificación genérica de las produc clones y conducen al agotamiento y la inepcia a directores bien inspirados.

El sentido, la significación de las imágenes y sonidos, no es una abstracción. La materia, sim­

bólica se transforma al construir el film sirviendo al propósito didáctico, dramático o poético del rea­

lizador.

Una teoría, un hecho científico, puede ex­

ponerse por un desarrollo de símbolos-imágenes encadenados lógicamente para una comprensión

al anterior; los libros nacen en torno a uno materialmente, a veces contra el propio deseo:

los cuadros y dibujos siguen saliendo de mi mano: los paisajes y las fisonomías urbanas me siguen hablando desde la impronta que de­

jaron en el cerebro, y, además, no impiden que se superpongan otros: a las nuevas leyes y cos­

tumbres se somete el hombre de mayor o menor grado, aun dentro de su país original; queda, pues, como último e irreductible elemento de patria, la lengua. Y esto es lo más grande y

trascendental que México y

toda la América

EN PLATA

P

or

C

arlos

VELO

inmediata. Así se produce el film docu­

mental que utiliza el arte como un medio para enseñar algo. Esta aplica­

ción práctica del cinema ha convertido los noticiarios en poderosa arma de propaganda.

Cuando el símbolo de imagen-sonido se enhebra en un argumento adquiere poder expresivo, dramático. La utiliza­

ción del cinema como instrumento na­

rrativo es la más comercia!. Desde las

“visiones” rapsódicas y primitivas de Nick Carter, hasta el inquietante relato de Cumbres Borrascosas, cientos de adaptaciones agotan la forma cinematográfica y sus resortes técnicos. Estos films de acción trabajan con ele­

mentos literarios, anticinemáticos y siempre re­

sultan versiones, muchas veces excelentes, de for­

mas artísticas ajenas al cinema, quien, también en éste género dramático, no es más que un vehículo, un medio.

Para que un film sea poesía, encontrando su fin en sí mismo, aspiración pura del arte, es necesario que las imágenes-sonidos, símbolos de la Naturaleza, adquieran por su calidad y cons­

trucción un sentido metafórico.

“Sólo la metáfora puede dar un* suerte de eternidad al estilo”, dice Proust. “Todas las imá­

genes se abren en el campo visual. La eternidad de un poema depende de la calidad y trabazón de las imágenes. Una imagen poética es siempre una traslación de sentido. La metáfora une dos mun­

dos antagónicos por medio de un salto ecuestre que da la imaginación”, escribía F. García Lorca,

En un plano cinematográfico aislado, inde­

pendientemente de su valor documental o expre­

sivo, puede existir una tendencia lírica según la intención del encuadre, ángulo, gama fotográfica o “efecto” técnico. R. Kuntze, utilizando hábil­

mente los difusores, idealiza los instrumentos musicales y diafragmando el objetivo acentúa la ira en el rostro de los personajes. Si el plano, per su montaje, sirve de paso entre dos “secuencias”, la metáfora plástica brota del contraste inespe­

rado de las imágenes, como en Vampiro y Octubre.

Los films llamados de vanguardia se construyen con una serie continua de giros simbólicos, tropos visuales, no siempre acertados en su objetivo poé­

tico. Aun en el film más comercial existen traslaciones de sentido sencillas que adornan el normal desarrollo de una historia vulgar, poetizán­

dola. Metáfora y expresión luchan en las realiza­

ciones de Pabst y Pudovkine, Lupu-Pick y René Clair. La tiranía del argumento impide a estos realizadores una total evasión hacia lo simbólico.

Actualmente la técnica se esfuerza por orien­

tar el cinema hacia ¡o poético, utilizando una línea dramática simple. La transformación ¿el entorno visual y sonoro humanos conseguida por efectos irreales, evocativos. realza en la pantalla Ja esencia mágica de estos símbolos en plata que forman la materia fiimicn. Cuando la máquina modela esta materia, e! hombre se aproxima, por un camino nuevo, a la eterna Poesía.

Hispánica nos brindan. Por esto precisamente nos sentimos aquí los españoles en nuestra pa­

tria. Por el habla.

La cual, nadie nos puede robar. Yo podría haberme refugiado en un país de lengua ingle­

sa, y al cabo del tiempo pensar en esa otra lengua. Pero lo hispánico absorbido en la vena de mi lengua original, toda esa corriente car­

gada con los sentimientos y los pensamientos de mis antepasados, con sus experiencias vita­

les y sus inalcanzadas ilusiones, eso no lo per­

deré ya nunca. Mi lengua es mi tierra inexpro- piable y mi legítima patriar Ella es mi instru­

mento profesional y mi defensa.

Ya sé que el sensato, o supersensato, sien­

te ganas imperiosas de decirme que la patria es aquel Estado que nos alimenta y nos defien­

de; que la patria es un poder amparador. Asi debería ser, en efecto, pero la realidad es otra.

La experiencia nos muestra que los Estados cambian de criterio y, en determinados mo­

mentos, hace añicos a sus llamados hijos. ¿Qué ha hecho un Estado moderno con un Freud, un Einstein o un Thomas Mann? ¿Qué hace otro Estado, más o menos estable, con hermanos míos de primera calidad humana?

No. Esa patria que se llama Poder Cons­

tituido, Estado o como sea, no es la verdadera patria del hombre. Por lo menos no es toda la patria. La verdadera es algo más-cordial y más seguro. Patria y arbitrariedad, patria y vio­

lencia son conceptos irreconciliables. Patria debería significar exclusivamente "tierra de na­

cimiento", donde por haber nacido tengo dere­

cho a vivir con las naturales obligaciones.

Y con esto volvemos a la tierra. El- con­

cepto de patria nos impele otra vez hacia'ella.

Pero, ahora, de regreso, nos preguntamos qué hay en esa tierra. Y nos contestamos: primera­

mente, un cuerpo social con rasgos comunes de raza y costumbres; luego, una familia, los pa­

dres, con sus cosas particulares, que son las mías. Y con tales elementos puedo construir otra noción de patria, que sería: el solar mío, de mis antepasados y del cuerpo social hispano que se ha ido formando con el tiempo.

Tampoco en esta noción entra el elemento político. Lo fundamental en ella es el solar, la tierra, y en ella el cuerpo social hispano.

Un

cuerpo

con su poder natural, genuino, genial,

legítimo; no un poder mutable. Y

ya que

la

patria fué bautizada así por presentar analo­

gía

oon los

progenitores, pensemos eft

lo gro-

. tescoy absurdo que -sens psóffr-tfge a-L2<fe"-

veinticuatro horas adoptase una norma de po­

der distinta.

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zZU. JUAREZ No. 4

MEXICO, D. F.

(4)

Pagina 4 _____________ __ ______

R O JIA NC/.________________________________

________________________ 15 de Marzo de 1940 Ningún otro planeta ha des­

pertado tanto el interés de los hombres de ciencia y del vulgo, como Marte. Esto se debe a que se cree tiene con­

diciones de habitabilidad. Los astrónomos, paso a paso, han ido descubriendo las caracte­

rísticas físicas de ese plane­

ta y no han aventurado hi­

pótesis sobre la naturaleza de los seres que pudieran vi­

vir en ese frío mundo; en Joaquíngallo cambio, la imaginación po­

pular ha dado formas más o menos bizarras y extrañas a los marcianos, sea dotándolos con un ojo cíclope o con tentáculos semejantes a los de los pulpos.

El astrónomo se ha conformado, por ahora, con afirmar que Marte gira alrededor del Sol, en una órbita elíptica, a la distancia media de 228 millones de km., recorriéndola en 687 dias, casi en el doble del año terrestre; además, que su ecuador está inclinado 24* 50* con respecto al plano de su órbita, por lo que siendo esa incli­

nación muy semejante a la de la Tierra, 23° 27z, las estaciones del año marciano deben ser pare­

cidas a las nuestras pero de duración casi doble.

T « órbita del planeta Marte es bastante excén­

trica, siendo superada por la de Mercurio. Esa fuerte excentricidad, sumada a la de la órbita terrestre, hace que llegue un momento en que es­

temos a la menor distancia posible, como ocu­

rrió en 1924 y que a intervalos de 15 años se aproxime el planeta, aunque no quede en las con­

diciones tan favorables como ocurrió entonces.

Los astrónomos también nos han enseñado que la cantidad de calor recibida del Sol en la superfi­

cie de Marte, es casi la mitad de la que recibimos;

que su densidad es 7 décimas de la de la Tie­

rra; que la gravedad en su superficie, teniendo en cuenta que el radio de Marte es la mitad del de nuestro globo, sería 38 centésimas de la te­

rrestre, es decir, que un cuerpo que pesara aquí 100 kg. en aquél pesaría como 38, y que dos satélites giran a su derredor, Deimos y Phobos, siendo el movimiento de éste tan rápido que en una noche se le vería salir por el poniente y ocultarse por el oriente.

MARTE OBSERVADO EL 6 DE OCTUBRE DE 1909 A LAS 21 H. O.M. (BULLETIN DE LA SOCIETE

astronomique de France)

Marte presenta manchas obscuras que se des­

tacan de la superficie anaranjada, mientras que, diametralmente opuestos en algunas épocas, se destacan los casquetes polares como manchas blancas. Según las estaciones del año marciano, cambian de coloración algunas regiones, desde el verde tierno hasta el sepia. En los bordes se esfuman los detalles y frecuentemente una colo­

ración amarillenta tiñe gran parte de la super­

ficie, siendo más conspicua en los bordes del disco.

Los detalles de la superficie han permitido averiguar que ese planeta gira alrededor de su eje en 24 h. 37 m. 23 s., duración muy semejante a la del día nuestro, pero lo que viene a dar otra semejanza más con la Tierra, es la periodicidad de la desaparición de uno de los casquetes, según la estación del año, como sucede en el verano Europeo, cuando disminuyen notablemente los hie­

los del Polo Norte.

Todas estas semejanzas, bosquejadas tan rá­

pida y someramente, hicieron pensar que habría vida humana en Marte, más aún cuando se llegó a la conclusión de que las manchas obscuras no son sino vastos depósitos de agua, mares, y que aun cuando está más alejado del Sol que la Tie­

rra, no por eso es despreciable la cantidad de calor recibida del astro-rey, capaz de hacer ger­

minar a las plantas y permitir la vida animal.

Por el año de 1877, un famoso astrónomo ita­

liano, Schiaparelli, descubrió líneas finas a las que llamó “canales” cruzando las porciones ana­

ranjadas de la superficie. Esos van de mar a mar y se entrecruzan en puntos negros, más o menos grandes, llamados oasis. Lo curioso era que casi todos los canales se mostraban como líneas rectas y que en 1881, el mismo Schiapa-

CURIOSO ASPECTO DE MARTE

28-V1-1U39

EL

M undo M arciano

POR

JOAQUIN GALLO

DIRECTOR DEL OBSERVATORIO ASTRONOMICO NACIONAL DE TACLBAYA

relli notó la duplicación de ellos como si se hu­

biesen desdoblado.

La explicación dada por ese mismo sabio, fué brevemente la siguiente: cuando la primavera y verano en un hemisferio producen el deshielo de su casquete polar, el agua corre por esos ca­

nales, inunda las regiones planas, se produce una vegetación visible con nuestros telescopios. Pero si el caudal de agua fuese mayor, entonces el Ministro de Agricultura en Marte, ordenaría se abriesen las compuertas de los canales duplica­

dos y por eso se vería su germinación.

Ese hermoso sueño de Schiaparelli, seria in­

dicio de que la paz reinaba allá; que todos los marcianos estaban consagrados a luchar contra el enemigo común: la sequía, producida porque Bolamente la tercera parte de la superficie está cubierta por agua.

La coincidencia de que en el mismo momento se presentase el desdoblamiento de los canales, significaba que una sola voluntad había ordenado se abrieran las compuertas. Habiendo* un solo Ministro de Agricultura, no había sino un go­

bierno y reinaría la paz entre los marcianos.

Hermoso sueño que de ser cierto seria un ejem­

plo y enseñanza para nosotros los terrenos.

Así, desde por esos añas se creyó que los ca­

nales eran, obras humanas de regadío, necesarias Uevar el agua a testés de los áridos axe-

lóS'eo'nonentes.

Lovrell, notable astrónomo norteamericano, fundador del observatorio que lleva su nombre, confirmó la presencia de los canales aún en ma­

yor cantidad y algunos fenómenos descubiertos por Schiaparelli.

Lowell estuvo en México por los años de 1892 a 1894, trayendo una gran telescopio que instaló en las lomas de Tacubaya, en lo que hoy es- Co­

lonia Bella Vista. De paso me permito recordar que descuhrió por medio del cálculo al planeta Plutón, no viéndolo confirmado por haber muerto 15 años antes de que se hubiese encontrado el pequeño planeta más alejado del Sol, que se co­

noce.

Otros astrónomos, entre ellos el no menos fa­

moso Barnard, negaron la existencia de canales

EL CASQUETE SUR Y EL MAR TIRRENO 30-V-I924

a pesar de que usaron los mayores telescopios del mundo, porque percibían sombras uniendo puntos negros, que de ninguna’ manera podían compararse a los largos y finos trazos de los canales.

Por mi parte confieso que, a pesar de largas épocas de observación en los años de 1909, 1924, 1926 y 1939, en los momentos en que Marte se aproximó a la Tierra lo más posible, no pude percibir la red de canales que otros han seña­

lado. Cosa curiosa es que con pequeños instru­

mentos se vean más canales que con ios más grandes, lo que ha hecho pensar que hay mucho de visión personal que influye en las observacio­

nes, aceptándose como conclusión que existen largas depresiones como si fuesen valles o lechos de antiguos ríos, visibles sea por la vegetación que renace, o bien por las brumas que puedan formarse sobre ellos; pero de ninguna manera la red de trazos geométricos que muchos han observado. Para que se vieran desde la Tierra era necesario que tuvieran una anchura no me­

nor de 7 km. y una longitud de varios cientos y aun miles de km, obras que nosotros no hemos necesitado hacer en la Tierra y que dados nues­

tros conocimientos actuales, difícilmente creemos puedan ser hechos por seres humanos, tanto más que algunos canales, por no decir muchos, serian superflues. La explicación más aceptada hasta ahora es la apuntada antes; son fallas, quiebras, anchas grietas en la superficie, debidas posible­

mente a la contracción que sufrió el planeta al enfriarse, visibles cuando corre por ellas agua y csuando nace alguna vegetación.

En la superficie marciana debe haber eleva­

ciones y depresiones, montañas, montes, llanu­

ras. Los instrumentos astronómicos actuales no permiten conocer esos accidentes, pero hay indi­

cios de la existencia de algunas altas mesetas, por la r.er.-istencia de pequeñas manchas blan­

cas en ciertas épocas, sólo explicables por la acumulación de nieves en los lugares más altos.

EL NEPENTHRES

6-V-1939

Subsiste de todas maneras la cuestión de la habitabilidad de Marte y para responder a ella, examinemos brevemente sus condiciones.

Su atmósfera, ligeramente más enrarecida que la nuestra, contiene poco oxígeno y vapor de agua. Por esto no son frecuentes las lluvias y aunque se han observado nubes, éstas no son

muy frecuentes ni densas.

Su distancia al Sol produce una tempera­

tura más baja que en la Tierra; sin embargo, a mediodía en el ecuador marciano la tempera­

tura alcanza unos 15* C., pero la pérdida por radiación nocturna la hará descender a algunos grados bajo cero por las noches. En latitudes al­

tas, es común que al amanecer o anochecer la temperatura sea de 0° (Véase Anuario del Ob­

servatorio Astronómico Nacional, Tacubaya, año de 1926).

La existencia de nubes y de casquetes polares que disminuye según la estación del año mar­

ciano tiene por causa la evaporación y la con­

densación del agua que existe en menor propor­

ción que los continentes.

Estos presentan un aspecto anaranjado debi­

do a la cantidad de óxidos ferruginosos que los forman o a la presencia de sales solubles que absorben la humedad; al secarse forman una especie de arena fina que se levanta a la menor agitación atmosférica.

Los cambios de coloración que se observan, es indudable se deben a la vegetación; creo en la existencia de ella por lo qne he observado, pero no puede alcanzar la exuberancia tropical ni siquiera la caracterizada por las coniferas, y si a esto agregamos que la presión atmosférica no llega a la que tenemos, nos podemos for-

MAPAMUNDI DE MARTE SEGUN BÉER T MACDLER, PROTECCION SOBRE UN PLANO MERIDIANO REGION DEt MARGARtTIFER

29-VI1-1924

mar ya un panorama más completo de las con­

diciones que prevalecen en Marte: temperatura y presión atmosférica menores que en la Tierra;

grandes desiertos semiarenosos, cruzados por va­

lles en los que puede crecer una raquítica vege­

tación cuando llega la primavera con su escaso torrente de agua, producido por el deshielo polar y solamente en esos lugares o en los verdaderos oasis 'formados al cruzarse algunos de esos “ca­

nales”, podría haber elementos de vida para una humanidad semejante a la nuestra que," len­

tamente, iría muriendo porque Marte se muere de sed.

PAUL VALERY

EUPALINOS

o el

ARQUITECTO

Traducción de

MARIO RAM

Una de las obras más interesan­

tes del poeta francés Biblioteca de la Revista

M

exico

, D. F.

r

1 fililí

i

Poesía y Crítica DIRECTOR:

OCTAVIO PAZ Secretario:

JUAN G1L-ALBERT Una de las mejores revis­

tas literarias de habla

española

(5)

15 de Marzode 1940

ROMANCE

Pagina 5

PRESUMIENDO

{CUENTO}

FufcUcamoa a ceaWruaeida al enasto da B- d- Foa “WasiatK", qua craemoa iaddtto as r.aatatla- ao. *s a la arbitrariedad, al aastido da lo qro-

♦aaea, la anda, sa usas eos las majoras cualidades otaaBpaa raooaocidaa as al <ras osoxttor aortuai

.. -all people went

apon their ten tom úr nrild wondennac».

—Bijhop Hall’s Salirts.

Y

O soy —itujor dicho, yo era— «s gran hom­

bre; pero no soy e! autor de Junius ni un hom­

bre de máscara con careta; creo que mi nombre es Roberto Iones y que naci en algún rincón de la ciudad de Fum-Fudge.

La primera acctón de mi vtda, fué agarrarme la nariz con ambas manos. Mi madre observó ésto y nse llamó genio, mi padre lloró de alegria y me regaló un tratado de Nosología. Degué a dominar- lo antes de tener pantalones.

En seguida me lancé por el camino de la cien­

cia y pronto comprendí que un hombre con una narig conspicua, puede por eso mismo llegar al

dandismo. Pero mi atención no

se

limitaba sólo a

¡as teorías. Cada mañana daba a mi nariz un par de tirones y me tragaba una media docena de co­

pas de aguardiente.

Cuando fui mayor, mi padre me pidió un día

que entrase con él en s» despache.

—Hijo mío— me dijo cuando te bubo senta­

do— ¿Cuál es el fin de tu

existencia?

—Padre mío —contesté— es el estudio de Id

Nosología.

—¿Y qué es Nosología, Roberto? —pregunto.

—Señor —contesté yo— es la ciencia de ¡a nariz.

—¿Puedes decirme —inquirió— cuál es la signi­

ficación de una nariz?

—La nariz, padre mío —contesté gratamente enternecido—, ba Sido definida de diversas maneras por mil diferentes autores. Saqué mi reloj. Abora es medio día, poco más o menos, tendremos tiempo bastante de hablar de ello basta la media noche.

Para comenzar, la nariz, según Bartholmus, es aque­

lla protuberancia, aquella giba, aquella excrecencia, aquella...

—Puede pasar, Roberto —me interrumpió el buen caballero—, estoy estupefacto por lo extenso de tu información. Te doy mi palabra de honor. Cerró los ojos y colocó su mano en el corazón. ¡Acércate a mí! —Me acerqué y me agarró por el brazo—.

Hijo mío —continuó—, tu educación puede ahora considerarse como terminada. Hace ya tiempo que puedes arreglártelas por ti mismo y no puedes ha­

cer cosa mejor que seguir a tu nariz. Bien...

bien...—. Dicho esto me arrojó de un puntapié por la escalera y me echó a la calle. ¡Vete y que Dios te bendiga!

Como semi dentro de mí el divino aflatus. con­

sideré este accidente más bien como afortunado.

Resolví cumplir el consejo paternal y determiné seguir a mi nariz. DI un tirón o dos de ella y es­

cribí inmediatamente un folleto sobre Notoíogia.

Todo Fum-Fudge se puso en conmoción.

—Admirable genio —dijo el Quaterly.

—Soberbio fisiólogo dijo el Westminter.

•—Listo sujeto —dijo el Foreign.

—Elegante escritor —dijo el Edinburgh.

—Profundo pensador —dijo el Dublin.

—Grande hombre —dijo el Bentley.

—Alma divina —dijo el Fraser.

—Uno de los nuestros —dijo el Blackwood.

—¿Quién demonios será él? —preguntó la se­

ñora Marisabidilla.

—será él? —preguntó la voluminosa se­

ñorita Marisabidilla.

—¿Dónde estará? —preguntó la diminuta seño­

rita Marisabidilla.

Pero yo no les hice ningún caso y entré en el estudio de un pintor.

La Duquesa de Bendice mi alma, estaba po­

sando para su retrato; et Marqués de htcétcra- Etcétera, sostenía el perro de lanas de la Duquesa;

el Conde de Ésto y aquello, je entretenía con el pomo de sales y la Real Alteza de No me toques, se recostaba sobre el respaldo de su butaca.

Fe me aproximé al pintor y levanté mi nariz.

—¡Hermosa! —suspiró su Alteza.

—¡Oh'.. —murmuró e! Marqués.

—¡Oué ordmarier! —maulló el Conde.

—¡Qué abominable! —gruñó su Real Alteza.

—, Cuánto quiere usted por ella? —preguntó el pintor.

—¿Por su nariz? —gritó su Alteza.

—Mil libras —dije yo sentándome.

—¿Mil libras? —preguntó el pintor pensativo.

—Mil libras —dije.

—¡Magnífico! —contestó él exiasiado.

—Mil libras —dije.

—¿Puede usted garantizarla? —preguntó volvien­

do la nariz a la luz.

P

or

E

dgard

ALLAN POE

DIBUJOS DX EKRIQL'E CLIMENT

—¡La garantizo!—contesté soplando fuerte con ella.

—¿Es absolutameute auténtica? —preguntó to­

cándola con reverencia.

—¡Ajajá!... —exclamé yo torciéndola hacia un lado.

—¿No ba sido reproducida? —preguntó observan- >

dola a través de un microscopio.

—Nunca —contesté volviéndola bacía arriba.

—¡Admirable! —exclamó desarmado por la be­

lleza de la maniobra.

—¡Mil libras! —dije yo.

—¡Mil libras! —dtjo éL

—Ni una menos —dije.

—¿Mil libras? —preguntó.

—Exactamente—contesté.

—Usted las recibirá —dijo—, ¡Menudo masco­

ta! Y en el acto extendió un cheque sobre la nariz y tomó un diseño de ella. Alquilé una habitación en la calle feremyn y envié a su Alteza la noventa y nueve edición de la “Nosología", con un retrato de

¡a nariz. Ante esto, el melancólico mamarracho, que es el Principe de Gales, me invitó a cenar.

Allí todos éramos elegantes y "recherches".

Allí habla un platónico moderno. Citó a Profi­

rió, Yamblico, Plottno, Proclo, Hierocles, Máximo Tirio y Siriano.

Había un hombre partidario de la perfectibili­

dad humana. Citó a Turgot, Price. Priestley. Con­

dorcet, De Staël, y al "ambicioso estudiante en­

fermo".

AUi estaba Sir Positive Paradox. Hizo observar que todos los tontos eran*filósofos y que todos los

¡úómfos eran tontos.

Allí estaba el Esteticus Eticus. Habló sobre el fuego, la unidad y los átomos, del desdoblamiento y de la preexistencia del alma; de la afinidad y de la discordia; de la inteligencia original y de la bomo- meria

Allí estaba el theologos Theology. Se refirió a Eusebius y Arianus, a la herejía y al Concilio de Nicea; al Puseyismo y al consubstancialismo ; a Homosios y Homoiosios.

Allí estaba Fricassé de Rocher de Caneóle. Men­

cionó a Muriton el de la roja lengua; a las coliflores con salsa "velouté"; a la ternera a la St. Menehoult;

al

escabeche a la St, Florentin; y a la gelatina de 'naranja en "mosaiqueC.

AHI estaba Blbulus O’Bumper. Se extendió sobre

el Latour y

el

Markbrinnen,

sobre el Musseux y el Cbambertin; sobre el Ricbbourg y, el St. George;

sobre el Haubrion, el Leonville .y el Medoc; sobre el Barac

y d

Preignac; sobre el Grave, el Sauternes, el Lafftie y el St. Peray. Sacudió la cabeza ante el CJast -de Vougeot y distinguió con los

ojos cerrados

eí Sberry

dd Amontillado. •

- ¿ AIR filaba d señor Trntontinino de Florencia.

Disertó Sæbrt Csmabue. Aryéuq} Carpecciei yArgos- tíuó; sobre ta tenebrosidad de Carvaggio, sobre la . amenidad de Albano; sobre los colores dd Ticiano,

sobre

las-matronas de Rubens, y sobre ¡as bufonadas de fan Steen.

Allí estaba el rector de la Universidad de Fum-Fudge. Opinó que la luna era Bamada Bendis en Tracta, Bukastis en Egipto, Diana en Roma, y Artemisa en Grecia.

Allí estaba un Gran Turco de Estambul. No po­

día evitar el pensar que los ángeles eran caballos, gallos y toros; que había algunos entes en el sexto cielo con setenta mil cabezas; y que la tierra estaba sostenida por una vaca azul celeste con un número incalculable de cuernos verdes.

Allí estaba Del fino Poligloto. Nos contó lo que había sido de las ochenta y tres tragedias perdidas

de Esquilo, de las cincuenta y cuatro oraciones de

¡seo; de los trescientos noventa y un discursos de Lisias; de los ciento ochenta tratados de Teofrasto;

del octavo libro sobre ¿as secciones cónicas de Apo­

lonio; de los himnos y las.ditirámbicas de Pindaro y de las cuarenta y cinco tragedias de Homero el joven.

Allí estaba Fernando Fitz Fosülus Felt spar. Nos informó acerca del fuego central y las formacio­

nes terciarias; acerca de lo aeriforme, fluidifoxme y solidifornie; acerca del cuarzo y la greda; el es­

quisto y la turmalina; el yeso y el cinabrio, d talco y la cal, la blenda y la hornablenda, la mica pizarrosa y la piedra budín, la cianita y la lepido- lita, la hematita y la tremolita, el antimonio y el calcedomo; sobre el manganeso y sobre todo lo que ustedes quieran.

También estaba yo. Hablé de mí mismo de mí mismo, de mi mismo; de Nosología, de mi folleto y de mi mismo. Levanté mi nariz y hablé de mi mismo.

—¡Maravillosa e inteligente persona!— dijo el Principe.

—¡Soberbio!— dijeron los invitados. Y su al­

teza de “Bendice mi alma" me visitó a la mañana siguiente.

—¿Quiere usted venir a Almack's. preciosa cria­

tura?— me preguntó golpeándome la barbilla.

—¡Es un honor...!— exclamé yo.

—¿Con nariz y lodo?— preguntó ella.

—Tan seguro como que estoy vivo— repliqué.

—Tenga entonces esta tarjeta, vida mía. ¿Pue­

do estar segura de que usted irá allí?

■—Chierida Duquesa, con todo mi corazón.

—Eso no —dijo— sino con toda su nariz.

CONTINUA EN LA PAGINA IS

Balderas, 32. México, D. F.

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SEGUROS DE RESPONSABILIDAD CIVIL Y RIESGOS PROFESIONALES

ACCIDENTES A PASAJEROS ACCIDENTES DEL TRABAJO ENFERMEDADES PROFESIONALES

Cr tildar la salud y la vida del trabajador es el deber de toda persona honesta para combatir dentro de la ca­

pacidad humana el luto, la miseria y el dolor que su­

fren los que sólo cuentan con su trabajo.

(6)

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ROMANCE

..._______ _______________ tó t.>fcM-AKZo 19-M>

MIQL’EÍ- l VEKCKS

vimiento político <•-

LUS acontecimiento'; histórico i que marcaron el proceso de in­

dependencia de los pueblos de la América española, tienen al­

so de parado/al que se explica únicamente por una falta de concreción en el sentimiento po­

pular, vacilante en las tenden­

cias que llegando de Europa, de l-rancia principalmente, abrían nueves horizontes a unas almas acostumbradas al -despotismo de la rutina. Las inquietudes na­

cían un poco retardadas al mo- Europa; así, ya en el período del Consulado en Erancia, vemos en América los primeros síntomas revolucionarios de la Declara­

ción de los Derechos del Hombre, que no ha muchos años, un auda; piloto logró introducir en América.

Los precursores, estas figuras casi siempre olvida­

das en los grandes movimientos colectivos, se es­

forzaban en traducir con sus escasos conocimientos de la lengua francesa aquellos páginas que ha­

blaban un ¡enguate hasta entonces insospechado de los pueblos del nuevo continente de habla española y, una ve; más, la selección olvidada de unos pre­

cursores inI¡amaba el sentimiento revolucionario est un proceso de conciencia.

Y es en esta evolución que brota la paradoja porque es difícil llegar a la concreción de un an­

helo popular por el camino de la ordenación de conceptos. Y la paradoja está en el grito de “Viva Fernando Vil", que, desde la Argentina hasta Mé­

xico vibra con una angustia de liberación imprecisa y obscura, mientras se realiza la matanza de los súbditos más ¡leles al rey, a la sazón retenido en Bayona, y está también en ¡a actitud de algunos de los llamados “libertadores" como en la de Agus­

tín de Iturbide, oficial realista, adversario armado del Padre Hidalgo y de Morelos en el primer in­

tento insurgente hasta el extremo de no aceptar ni siquiera la inhibición en la lucha que le fué solici­

tada por el primer caudillo insurgente de México.

Y se encuentra asimismo —en un momento ya no tan explicable— en la idea de invitar a Fernando Vil, cuando el período constitucional, a venir a México donde ha de encontrar la fidelidad que sospechan ha

Figure

gráfico Mexicano  lleva un índice de  autores y nombres citados.

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