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Vista de Cronos compartido: los usos del tiempo junto a la pareja

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Academic year: 2024

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DOI: https://doi.org/10.20932/barataria.vi034.675

CRONOS COMPARTIDO: LOS USOS DEL TIEMPO JUNTO A LA PAREJA SHARED CHRONOS: THE USE OF TIME WITH YOUR PARTNER

Javier Callejo Gallego UNED-Universidad Nacional de Educación a Distancia, Madrid / España [email protected] https://orcid.org/0000-0002-0856-5642

Recibido/Received: 15/07/2023 Modificado/Modified: 20/11/2023 Aceptado/Accepted: 24/11/2023

RESUMEN

Cuando se aborda la vida en pareja desde los usos del tiempo, la mayor parte de los ejercicios sociológicos empíricos tienden a centrarse en el reparto o división de tareas domésticas. Un tipo de observación que tiende a: a) dejar a un lado el resto de actividades, salvo excepcionalmente el trabajo remunerado; b) centrarse en lo que hace cada uno de los miembros de la pareja y no en lo que hacen juntos. El presente trabajo es una observación de las parejas españolas desde la sociología del tiempo.

Se pregunta: qué hacen juntas, en qué momentos están juntas y cuáles son las actividades que más contribuyen a estar juntas. Aun cuando no puede decirse plenamente que se trata de una observación sobre el tiempo compartido, en la medida que este concepto conlleva cierta inversión de subjetividad, es una aproximación al mismo. Para ello, ha utilizado como fuente los resultados de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010, centrándose únicamente en la submuestra de informantes que viven en pareja.

PALABRAS CLAVE

Usos del tiempo, actividades pareja, tiempo compartido, vínculos familiares.

SUMARIO

1. Introducción: el estar juntos, fuente de satisfacción. 2. Objetivos de la investigación. 3. Metodología.

4. Resultados. 5. Conclusiones. Bibliografía.

ABSTRACT

When couples life is approached from the uses of time point of view, most of the empirical sociological exercises tend to focus on the distribution or division of domestic tasks. A type of observation that tends to: a) leave aside the rest of the activities, except exceptionally for paid work; b) focus on what each of the members of the couple does and not on what they do together. The present work is an observation of Spanish couples from the sociology of time. A work that tries to respond to: what do couple members do together, when are they together and what are the activities that contribute the most to being together. Even though it cannot be fully said that it is an observation about shared time, to the extent that this concept involves a certain inversion of subjectivity, it is an approximation to it.

To do this, it has used the results of the 2009-2010 Time Use Survey as a source, focusing solely on the sub-sample of informants who live with a partner.

KEYWORDS

Time use, Couple activities, Shared time, Family ties.

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CONTENTS

1. Introduction: being together, source of satisfaction. 2. Research objectives. 3. Methodology. 4.

Results. 4. Conclusions. References.

1. INTRODUCCIÓN: ESTANDO JUNTOS, FUENTE DE SATISFACCIÓN

En nuestra cultura parece dominante la asunción de la relación entre tiempo que pasan juntos los miembros de la pareja, bienestar de los miembros de la misma y, por ende, bienestar y estabilidad de la propia pareja. El tiempo que pasan los miembros de la pareja juntos aparece relacionado con el tiempo de duración de la pareja. Ya sea porque, como recoge el lenguaje popular, el roce alimenta la vida en pareja, ya sea porque el tiempo compartido se toma como un indicador, en clave de resultado, del querer estar juntos. Sin embargo, las sociedades modernas avanzadas, en las que buena parte de las actividades -especialmente la ocupación laboral- tienen un carácter extradoméstico, complican bastante ese estar juntos. Una trasformación del ámbito doméstico -condicionado en mayor o medida por el contexto extradoméstico- que ha sido especial objeto de análisis de la sociología, incluida aquella que puede considerarse hegemónica o mainstream (entre otros y desde posiciones distintas: Bauman, 2003; Beck-Gernsheim, 2003). Estudios que, desde hace una cuarentena de años, tienden a converger en la descripción de parejas con vínculos menos estables, más inciertos (Roussel, 1989). Es más, no han faltado significativas monografías dedicadas al análisis de las causas de la duración de las parejas (Parker y Commerford, 2014; Gabb y Fink, 2018; Barker y Gabb, 2016), poniendo el foco en las relaciones cotidianas, en las que la cantidad de tiempo que los miembros de la pareja pasan juntos parece tener un carácter secundario.

La percepción popular que relaciona tiempo juntos y bienestar de la pareja ha tenido su refrendo en estudios empíricos (Sullivan, 1996; como resumen de esta línea); aun cuando puede considerarse tardía la empírica introducción de la observación de tal relación. Por un lado, el tiempo de actividades compartidas no tiende a aparecer en los estudios clásicos que abordan la satisfacción de la vida en pareja (Bowlby, 1979). Tal vez porque aún la sociología de las emociones apenas había retomado fuerzas (Bericat Alastuey, 2014) y ocupaba un lugar periférico en la disciplina. La mayor parte de los estudios sobre bienestar subjetivo y emocional de la pareja y los factores contribuyentes al mismo eran llevados a cabo por psicólogos con una cierta proyección terapéutica o clínica.

El otro obstáculo para un más temprano despegue del análisis del tiempo juntos de la pareja tiene que ver con la disponibilidad de fuentes. Sólo a partir del desarrollo y extensión de las denominadas encuestas de uso o empleo del tiempo -también conocidas como encuestas de presupuestos temporales- cobra significación metodológica la observación de cómo gestionan el tiempo los ciudadanos en general (Converse, 1968; Szalai, 1972 y 1974; Gershuny, 1987), las parejas en general, casi cómo cambian las respectivas distribuciones (Gershuny, 2000).

En la mayor parte de los estudios sociológicos que inicialmente abordan la satisfacción en la vida en pareja se parte de un modelo un tanto esquemático (Glenn, 1990; White, 1991; Bradbury et al., 2000).

Con la introducción de la variable tiempo, el modelo se esquematiza aún más. En él, la satisfacción en la pareja se constituye en la variable dependiente; mientras que el tiempo pasado juntos o las actividades realizadas en común adquieren el rol de variable independiente. Así, Kingston y Nock (1987), analizando parejas norteamericanas casadas, concluían que, cuantas más actividades se hacían juntos, mayor era la satisfacción en el matrimonio. Estudios que se complementan con aquellos que indagan en las características de las parejas que más o menos tiempo o actividades están juntos. Es el caso del estudio de Flood y Genadek (2016) en el que, tras comparar parejas estadounidenses de doble ingreso y tradicionales, con un solo miembro ocupado laboralmente, concluyen que la cantidad de tiempo que pasan juntos ambos miembros es bastante semejante en los dos tipos de parejas durante los días laborables. Estos autores, junto a García Román (García-Román et al., 2017), elevan el estudio a una comparación entre culturas y países (Estados Unidos, España y Francia) del tiempo que pasan juntos los miembros de parejas con hijos. Estudio que apunta que una parte del tiempo juntos depende

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de la cantidad que se dedica al tiempo laboral remunerado; pero otra está marcada por normas culturales sobre el significado del tiempo pasado juntos dentro de la percepción de la familia.

Más allá de los matices procedentes marcados desde las normas culturales, se tiende a asumir como común un esfuerzo por compartir el tiempo juntos. El tiempo pasado en mutua compañía el conjunto de miembros de la familia es motivo de satisfacción (Milek et al., 2017). Es más, ahondando en el carácter cualitativo y satisfactorio de ese tiempo juntos, se llega a apuntar como puerta de entrada de la compartición de tareas domésticas y de cuidados (Sullivan, 1996). Parece más fácil compartir tareas si se empieza compartiendo el tiempo. Se hacen cosas juntos a partir de la búsqueda de un tiempo juntos. Se reconoce un esfuerzo por la sincronización de los miembros de la pareja (Barnet-Verzat et al., 2010). Es decir, no sólo el tiempo que los miembros pasan juntos fortalecería la relación entre los miembros de la pareja y, por tanto, la propia pareja, sino que las parejas sólidas tenderían a que sus miembros realizaran más tareas juntos y a que pasasen más tiempo juntos.

Otra línea de estudios es la que se dedica, no tanto a las consecuencias del tiempo compartido, sino, asumiendo los beneficios de éste, a los factores que explican la mayor o menor cantidad de tal tiempo.

Así Williamson y Schouweiler (2023) resaltan el carácter determinante de los ingresos de la pareja en la cantidad y, sobre todo, calidad del tiempo que sus miembros pasan juntos: cuanto más bajos son los ingresos el estar juntos puede llegar a ser un tiempo estresante.

Teniendo en cuenta el carácter minoritario que tiene la situación de compartición del tiempo de trabajo remunerado en las sociedades modernas, el tiempo juntos se ha de acumular preferentemente en las actividades reproductivas de la unidad familiar -tareas domésticas y de cuidados- o en las relacionadas con el ocio, llegándose a establecer cambios en la pareja en función de los cambios en el tiempo de ocio que se pasa juntos. Es lo que llevan a cabo Voorpostel et al. (2010) realizando un análisis longitudinal de las encuestas de uso del tiempo estadounidenses de 1965, 1975 y 2003. Pues bien, el ocio ha sido el principalmente apuntado como acumulador de tiempo juntos (Kraaykamp et al., 2009), siendo, además, como el que mayor satisfacción genera en la pareja (Sharaievska et al., 2013).

Con respecto a España, ha sido el profesor Gerardo Meil (1997) quien ha recogido, analizando la participación de los miembros de la familia en las tareas domésticas, si éstas se realizan separada o conjuntamente. En un trabajo posterior (Meil, 2005), ya se analiza la relación entre el reparto de tareas y el grado de estabilidad conyugal. Aquí sólo pretendemos una modesta aproximación que puede considerarse intermedia entre las dos aportaciones de Meil: ofrecer los resultados de un análisis de las actividades que se realizan juntos, más allá de las tareas domésticas, aun cuando sin entrar en su contribución al bienestar subjetivo de la pareja.

Más allá de la relación con el tiempo que se pasa juntos, cabe destacar los estudios que, en esa línea mainstream aludida antes, subrayan el proceso de individualización en la pareja. Es el caso de: Díaz Martínez et al. (2004) en que la gestión del dinero por parte de la pareja ocupa un lugar protagonista;

o el de Barbeta-Viñas y Cano (2017) en el que es la relación con los hijos la que lo ocupa. Con el mismo objeto, la relación entre padres e hijos, pero ahora desde el tiempo que pasan juntos, el estudio de Baizán et al. (2014), nos apunta el valor de ese estar juntos los miembros de la familia. Un estudio que puede considerarse complementado por el de Borrás et al. (2021), en el que se articula la división de género con el tiempo que cada uno de los miembros de la pareja pasa con los hijos. Se dedica más tiempo a los hijos, aunque parece seguir requiriendo un importante esfuerzo (Fernández-Lozano, 2018).

Especial mención, por su vínculo con el objeto de este trabajo, merecen los resultados del estudio (nº 3321) llevado a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2021. Se pregunta: “¿Cómo diría que se encuentra unido/a a su pareja físicamente? Por favor valórese en una escala de 1 a 10, en la que 10 significa que se encuentran 'muy unidos/as' (comparten gran cantidad de tiempo y actividades juntos/as) y 1 que se encuentran 'poco unidos/as' físicamente (tienen cada uno/a su espacio y pasan poco tiempo juntos/as)”. Pues bien, la muestra de 2.236 entrevistados mayores de 18 años residentes en España presenta una puntuación media en la escala presentada de 8,45 (desviación típica de 1,76).

Es decir, consideran que están físicamente bastante unidos y que comparten bastante tiempo juntos.

Bien es cierto que, cuando se realiza el trabajo de campo de esta encuesta, todavía se está bajo la ola de la pandemia de la Covid-19.

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2. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN

El trabajo que se desarrolla a continuación analiza, a partir de los resultados de la última Encuesta de Empleo del Tiempo (INE) disponible (2009-2010), el tiempo que pasan juntas las personas que viven en pareja. Fundamentalmente se pregunta por cuánto tiempo pasan juntas y qué actividades son las que principalmente las lleva a estar juntas, en las que están juntos los dos miembros de la pareja. Por lo tanto, qué hacen juntas, en qué momentos están juntas y cuáles son las actividades que más contribuyen a estar juntas.

En la configuración de tales objeto y objetivo de investigación, ha de señalarse lo que en este trabajo queda fuera del foco. Así queda fuera un objeto de investigación que ha sido bastante y bien estudiado, como es el de la corresponsabilidad en las actividades, especialmente en las tareas domésticas, como hacen, por ejemplo, los autores coordinados por González y Jurado (2015). La corresponsabilidad conlleva una carga de implicación subjetiva de los actores que puede ir más allá -o más acá- de la propia realización fáctica de las tareas, sin que, por otro lado, exija convergencia en tal realización. La corresponsabilidad apela a una especie de negociación y contrato sobre la división del trabajo doméstico en el ámbito de la pareja conviviente. Una negociación de la que se llegan a dar reglas (Gutiérrez Sastre, 1999), aun cuando se trate de un contrato del que, como subraya Illouz (2021), pocas veces las dos partes conocen todos los detalles. Se alcanza así el retrato de un crono dividido, como fija el título del magnífico estudio llevado a cabo por Ramos (1990)1. Una desigual división que es una de las fuentes de malestar social (Izquierdo, 1998).

Las dimensiones apreciadas en esta investigación son la convergencia y la simultaneidad, no la corresponsabilidad. Así, en el caso de las actividades relacionadas con la reproducción -cuidado de menores u otros dependientes, tareas domésticas- parecen tener implícita la corresponsabilidad; pero tal corresponsabilidad puede ejercerse sin la necesidad de que los dos miembros de la pareja coincidan en el espacio y tiempo. Por otro lado, en la realización simultáneamente por los dos miembros de la pareja de otras tareas, como aquellas relacionadas con el ocio, parece carecer de sentido hablar de corresponsabilidad.

La exclusión de los objetivos de lo que puede considerarse la implicación subjetiva en los miembros de la pareja en las tareas que realizan juntos, tiene su fundamental explicación en las características de la fuente de registros que ha sido utilizado. No se aborda si tales actividades compartidas espacial y temporalmente generan mayor o menor satisfacción que si se realizaran en solitario o con otra persona, o si se realiza bajo algún tipo de acuerdo. Como se ha apuntado más arriba, distintos estudios apuntan a una mayor satisfacción de la vida en pareja; pero aquí sólo se señalan las condiciones -lo que se hace- para lograr esa eventual mayor satisfacción.

El objeto de investigación puede considerarse complementario al de los estudios que se enfrentan a la división del trabajo en el ámbito de la pareja. Sobre todo, desde la perspectiva de los estudios empíricos sobre el uso del tiempo. Los que abordan la división de tareas parten de la división en géneros como matriz societaria explicativa de las diferencias y la desigualdad. Desde aquí se aborda cómo actividades tales como el cuidado de menores u otros dependientes o las tareas domésticas quedan, a su vez, divididas por género. Se estudia así el tiempo dedicado por uno y otro sexo a esas actividades. El enmarcamiento anterior denuncia la necesidad de un retrato, lo más completo posible, del tiempo que pasan juntos los miembros de las parejas españolas. Hasta ahora, se ha hecho más hincapié en lo que hacen las parejas separada y diferencialmente, de manera especial cuando se trata de parejas heterosexuales, que de lo que hacen conjuntamente. Es decir, se ha tendido a poner el acento en la división del trabajo de la pareja, que en la convivencia de la pareja.

3. METODOLOGÍA

La fuente de datos utilizada ha sido la Encuesta de Empleo del Tiempo de 2009-2010. Una operación de la que es responsable el Instituto Nacional de Estadística (INE) y que realiza en sintonía con las distintas encuestas de usos del tiempo desarrolladas por otros países europeos. La submuestra analizada está compuesta por 12.124 individuos mayores de 18 años que viven en pareja residentes en hogares no

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colectivos. A cada uno de ellos, como ha tendido a ser norma en este tipo de encuestas, se les pregunta por la actividad que estaban realizando en los distintos períodos de diez minutos de las 24 horas de un día, preasignado, en la semana anterior a la recogida del diario de actividades. Los períodos de diez minutos empiezan a las 6 de la mañana y acaban a la misma hora del día siguiente.

Con la intención de superar el efecto de estacionalidad, el trabajo de campo de la encuesta se desarrolla a lo largo del año, durante todas las semanas desde el 1 de octubre de 2009 al 30 de septiembre de 2010.

El marco muestral utilizado para la selección de las unidades de primera etapa (secciones censales) ha sido un marco de áreas geográficas constituido por la relación de secciones censales existentes a 1 de enero de 2009. Se han seleccionado 1.275 secciones censales. Las unidades de segunda etapa (viviendas familiares principales) se seleccionaron de la relación de viviendas familiares principales en cada una de las secciones seleccionadas para la muestra. Esta relación de viviendas se ha obtenido de la explotación del fichero de Padrón Continuo en la fecha antes mencionada. En total, se han seleccionado 11.538 viviendas. Dentro de cada comunidad autónoma se ha obtenido una muestra que estadísticamente la representa. Ahora bien, las secciones censales (unidades de primera etapa) se han agrupado en distintos estratos según el tamaño del municipio de pertenencia de la sección censal.

En el análisis de las actividades, se ha seguido la agrupación y clasificación propuesta por el INE. Por lo tanto, se ha trabajado con las siguientes categorías de actividades: comer y otros cuidados personales, trabajo remunerado, estudio, tareas del hogar y de cuidados, labores de voluntariado y reuniones, vida social, deportes, aficiones, medios de comunicación y trayectos. La primera categoría es la que el INE titula cuidados personales. Sin embargo y a diferencia del resto de actividades, ya tengan carácter primario -actividad principal realizada en ese período de diez minutos- o secundario, en la de dormir no hay registro si se hace en solitario o en compañía de otra persona2. Las categorías de esta variable, definida como

“estar juntos” durante ese intervalo de tiempo, son: solo/a, con otro miembro del hogar (identificando pareja, padre/madre, menores de 10 años, otro miembro del hogar) y con otras personas conocidas por el informante.

Aquí se ha tomado en cuenta si esa persona es la pareja. En todo caso y para evitar confusiones, se ha renombrado esa primera categoría con el título de comer y otros cuidados personales, especialmente debido a que es el comer la que domina ampliamente esta categoría.

El margen de error para el total de la submuestra de personas que viven en pareja es de 0,89%, con 95%

como nivel de confianza o probabilidad de que la muestra refleje los resultados de manera precisa.

4. RESULTADOS

a) Tiempo juntos a lo largo de un día medio

Empezando el análisis por un día medio, con independencia de sus características (laborable o fin de semana), puede observarse en el gráfico 1 que es entre las 9 de la noche y las 10 y media de la noche cuando mayor porcentaje de personas, que viven en pareja, están con la pareja. Ha de volver a recordarse que la configuración del límite final, 10 y media, cobra sentido desde la perspectiva de que no se recoge, cuando la actividad referida es dormir, si se está con otra persona. En ese período referido de alrededor de hora y media, prácticamente el 70% de las personas que viven en pareja están llevando a cabo una actividad, distinta de dormir, en la que están junto al otro miembro de la pareja. Fundamentalmente las actividades realizadas son cenar (comer) y consumir medios de comunicación, muy posiblemente la televisión. No obstante, y a pesar de la tardía hora, cabe resaltar el papel que tiene la realización de tareas del hogar, separadas en este gráfico 1 de las de cuidados, aun cuando se encuentran ambas bajo el mismo epígrafe 4 en la clasificación inicial del INE.

El segundo tramo del día que mayor concentración de personas, que viven en pareja, se encuentran compartiendo el tiempo con su pareja es comparativamente más corto, yendo desde las 2 hasta las 3 y diez del mediodía.

Un tramo especialmente marcado por la comida, por el comer juntos. Más de la mitad de los españoles que viven en pareja se encuentran compartiendo tiempo con la misma en ese tramo. Ahora bien, dos tercios de los mismos se encuentran comiendo.

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Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

La contribución de cada actividad, en cada momento del día, al estar juntos los miembros de la pareja puede observarse en el gráfico 2. Queda establecido el papel fundamental del comer juntos -al menos, comer estando junto al otro miembro de la pareja- a lo largo del día, atravesando las tres categorías de comida: desayuno, comida y cena. Desayunar contribuye con más de la mitad de las comparticiones de tiempo hasta las 9 de la mañana; comer, entre las 2 y las 3 del mediodía; mientras que cenar no alcanza a ser la actividad que justifica que al menos la mitad de las personas, que están compartiendo tiempo con el otro miembro de la pareja, lo hagan alrededor de ella. Es más, entre las 10 de la noche y la 1 de la mañana, la actividad que más parece contribuir a que los miembros de la pareja estén juntos es el consumo de medios de comunicación.

En cualquier caso, a partir de las tres de la tarde, la contribución del consumo de medios de comunicación a estar juntos cobra una especial relevancia, que sólo parcialmente la cena sustrae. Cabe destacar asimismo el papel que tienen las tareas del hogar a lo largo del día, aunque especialmente en el período que va desde que se desayuna, hasta la hora de la comida; así como el de la vida social a partir de las 12 de la noche. Intentando describir sintéticamente esta circunstancia: son relativamente pocas las personas que están junto a su pareja a partir de esa hora, haciendo algo distinto de dormir o, al menos, estar en la cama, pues apenas llegan al 20% de todas las personas que viven en pareja. Ahora bien, los relativamente pocos que se mantienen en pie están comiendo (cenando) o desarrollando actividades relacionadas con la vida social: salir, encuentros con amigos o conocidos, etc.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

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Los dos gráficos -1 y 2- señalan la muy escasa contribución al estar juntos del trabajo remunerado, los estudios, las actividades relacionadas con el ejercicio de algún tipo de voluntariado o de las aficiones. En cierto sentido, puede decirse que las ocupaciones extradomésticas separan a los miembros de la pareja.

No están juntos cuando llevan a cabo tales categorías de actividades.

Hay actividades que cobran cierta relevancia en este “día medio” como contribuyentes a que los miembros de la pareja estén juntos. Es el caso de la ya referida vida social, en esas horas señaladas de madrugada; así como de los deportes, especialmente a partir del final de la jornada laboral para una gran mayoría de ocupados (a partir de las 6 de la tarde); y los trayectos de madrugada, muy relacionados con la actividad de vida social, tratándose de trayectos de vuelta a casa, tras haber tenido una velada fuera del domicilio.

Siguiendo en este marco del “día medio”, para calibrar completamente la contribución de cada actividad a ese estar juntos de los miembros de la pareja, parece interesante la observación de, en qué medida, entre las personas que viven en pareja y que están llevando a cabo una determinada actividad en un momento del día, realizan ésta junto a su pareja o en otra de las categorías de sociabilidad (solos/as, con otros miembros del hogar o con otras personas conocidas). Una información que está presente en la serie de gráficos 3.

El gráfico 3a constata que, entre quienes viven en pareja, comer es una actividad que preferentemente se realiza junto al otro miembro de la pareja. Como se veía en los gráficos 1 y 2, comer contribuye especialmente al estar juntos durante determinados intervalos del día, en los que dominantemente se lleva a cabo esta actividad en España. Prácticamente a las 14:20 más del 32% de los que viven en pareja lo hacen junto al otro miembro de la pareja. Es la hora en la que mayor número de personas están comiendo.

Ahora bien, entre los que tienen pareja, no llega al 10% los que lo hacen de otra manera distinta al estar con su pareja. Un último porcentaje que se reduce a la hora de la cena: son muy pocos los que, viviendo en pareja, no cenan con ésta en un “día medio”.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Algo bastante distinto ocurre cuando el foco se pone en las tareas domésticas (3b), constatando que a pesar de los cambios experimentados en este aspecto por las parejas españolas (Moreno-Colom et al., 2018; Borràs et al., 2021), parece seguir siendo un tipo de actividad que se comparte relativamente poco.

Al menos, no se hace junto al otro miembro de la pareja. Ha de resaltarse aquí que, al no bajar a la específica tarea doméstica que se realiza, se abría la posibilidad de que el informante pudiera estar realizando una concreta tarea doméstica junto al otro miembro de la pareja, que pudiera estar desarrollando otra tarea doméstica distinta.

Es en el horario de mañana cuando mayor proporción se alcanza de personas que, viviendo en pareja, están realizando tareas domésticas. Fundamentalmente entre las 9 y las 2 del mediodía, alcanzándose cerca del 35% de las mismas entre las 11 y las 12. Pues bien, no llega a un tercio, ni al 10% del total, los que realizan estas tareas junto a su pareja. Y esto cuando ya se acerca la hora de la comida. Parece apuntarse a que se trata de tareas realizadas dominantemente en solitario y, llevando un poco más allá la interpretación, cabría pensar que pesan especialmente sobre la parte femenina de la pareja.

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Cuando las tareas domésticas son llevadas a cabo por la tarde, tras el horario dedicado a comer, la proporción entre quienes las hacen junto a su pareja o no las hacen junto a su pareja se iguala algo más.

Sólo es a partir de las diez de la noche cuando los que las hacen junto a la pareja superan a quienes no las hacen junto a ella.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

En el gráfico 3c se contemplan los porcentajes de los informantes que viven en pareja que están realizando actividades de diversión, culturales o de consumo de medios. A diferencia de las dos actividades analizadas anteriormente, éstas se tratan de, por un lado, actividades que cobran especial relevancia después de comer y, sobre todo, en horario nocturno. Es decir, según va avanzando el día, lo que puede interpretarse como actividades que se desarrollan tras haber terminado con las ocupaciones. Por otro lado, y aunque en menor grado de lo que se veía con el comer, se llevan a cabo preferentemente con el otro miembro de la pareja. Se trata de actividades bastante compartidas con la pareja, especialmente a partir de las 9 y media de la noche.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Para terminar esta serie, presentamos el gráfico 3d dedicado a la actividad deportiva. Por su relativa relevancia en la contribución al estar juntos de los miembros de la pareja, especialmente por la tarde (gráfico 2), frente a otras actividades, especialmente las ocupaciones (trabajo remunerado, estudio, actividades de voluntariado). Pero también por su particular perfil, ya que se trata de una actividad cuya realización une a los miembros de la pareja especialmente por la tarde, cuando en mayor medida se realiza. Puede decirse que por la mañana es una actividad que apenas comparte, con el otro miembro de

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la pareja, el 3% de los informantes que viven en pareja. La máxima concentración matutina en esta actividad, por parte de los informantes que viven en pareja, tiene lugar entre las 11:30 y 12 de la mañana.

Poco más del 7% la llevan a cabo. Sin embargo, por la tarde, tal indicador de concentración roza el 12%, a las 7 de la tarde, de los cuales tres de cada cinco lo hacen junto al otro miembro de la pareja.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

b) Actividades juntos según el día de la semana

Como es el ocio el campo preferente de observación, siendo ésta una categoría de actividades muy relacionadas con la disponibilidad de tiempo derivada de otras actividades -trabajo remunerado, trabajos no remunerados, tareas de cuidados, tareas domésticas o estudios- y, a su vez, buena parte de estas tareas y actividades se configuran de manera distinta según el día de la semana, se pasa al análisis de la realización en pareja de las mismas según tipo de día de la semana. Para ello, se establecen tres tipos de día: día laborable lunes-jueves, viernes y día de fin de semana.

El perfil de las actividades que realizan estando juntos los dos miembros de la pareja durante un día laborable (lunes-jueves, gráfico 4a) aparentemente difiere poco del presentado con respecto a un día medio. El porcentaje de informantes que viven en pareja y están junto al otro miembro de la pareja supera el 40% a la hora de comer; sobrepasando el 65% entre las 9:30 y las 10 de la noche. De la primera concentración puede decirse que se trata de un momento puntual motivado casi exclusivamente por el comer juntos. Sin embargo, en el caso de la concentración nocturna es más duradera, durante más tiempo, y, además, está motivada por tres tipos de actividades: la cena durante el principio del período, el consumo de medios de comunicación durante la segunda parte de este intervalo de concentración y hasta que llega la medianoche, y la realización de tareas domésticas y de cuidados durante todo el intervalo.

Ahora bien, la contribución de cada tipo de actividad en cada momento de la jornada de un día laborable (lunes-jueves) al estar juntos se aprecia mejor en el gráfico 4b. Se observa así el importante papel de las comidas. Desayunar y comer son las actividades que dan razón de más del 70% de los informantes que están junto a su pareja alrededor de las 7 de la mañana y las 2 del mediodía. Durante la mañana, son las tareas domésticas y las de cuidados las que explican el estar juntos. Especialmente entre las 11 y la 1.

También por la tarde, entre las 4 y las 8, tienen relevancia las tareas domésticas y de cuidados, aun cuando durante este período del día comparten protagonismo con consumo de medios y actividades de diversión.

Es el consumo de medios de comunicación el tipo de actividad alrededor de la que están juntos los miembros de la pareja después de la cena y hasta que entran las horas de la madrugada.

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Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

El perfil del viernes (5a y 5b) aparece especialmente marcado por las tareas domésticas y de cuidados.

Tanto por la tarde, como especialmente por la mañana. Por la mañana, absorbe actividades que durante los otros días laborables aparecían con cierta presencia, como actividades de diversión. Salvo en los momentos de comida y cena y, más tarde, consumo de medios de comunicación, el viernes parece del día dedicado a estas tareas domésticas y de cuidados. Ahora bien, ha de resaltarse que los picos de porcentajes de informantes que viven en pareja y están con el otro miembro de la pareja alcanzan mayores cotas. La mitad está junto a su pareja a la hora de la comida, no bajando del 35% a partir de las 12 de la mañana.

En las tardes de los días laborables (lunes-jueves) apenas se alcanza el 25%. Además, por la noche, es también mayor el porcentaje de informantes que está con el otro miembro de la pareja, superándose el 70% a las 21:10, y durante más tiempo. El viernes se está más con el otro miembro de la pareja, que en un día laborable entre lunes y jueves.

Por otro lado, el deporte, que apenas tiene presencia entre las actividades que hacen juntos los miembros de la pareja durante los días laborables, cobra relevancia los viernes por la tarde; aun cuando en este período sigue siendo dominante la dedicación a las tareas domésticas y de cuidados. También los viernes por la tarde y, sobre todo, por la noche cobra relevancia la realización de trayectos en la contribución al

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estar juntos de los miembros de la pareja. Algo que se aprecia con mayor evidencia si se comparan los gráficos 4b (lunes.jueves) y 5b (viernes). En el caso del viernes por la noche, parece tratarse de trayectos de vuelta a casa, tras las actividades de vida social y diversión.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Aun cuando no desaparecen, la relevancia de las tareas domésticas como actividad que junta a los miembros de la pareja se amortigua durante el fin de semana (sábado o domingo), pudiendo pasar los cuidados a obtener prioridad dentro de esta categoría. Relevancia que cobran otro tipo de actividades como diversión, aficiones, deporte y trayectos por la mañana. Sin embargo, la tarde del día de fin de semana aparece dominada por el consumo de medios de comunicación: los miembros de la pareja están juntos frente al televisor.

En la comparación con el resto de días de la semana, en el perfil del día de fin de semana (gráfico 6a) destaca que la diferencia entre porcentajes de encuestados que están junto al otro miembro de la pareja al mediodía (alrededor de la hora de la comida) y por la noche (alrededor de la hora de la cena) es bastante menor. Ello es porque se alcanza el 69% de los que están compartiendo el tiempo con su pareja a las 14:30 (día laborable poco más del 40% y viernes un 50%).

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Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

A la luz de los gráficos 6a y 6b puede hablarse del día de fin de semana como un día en que se intensifica y extiende el tiempo en que los miembros de la pareja están juntos, con respecto al viernes, en el que mantienen relevancia actividades como el consumo de medios de comunicación y trayectos, sin perderlo las tareas domésticas, y en el que ganan espacio las actividades de diversión. Actividades de diversión y vida social que se convierten en protagonistas del estar juntos bien entrada la noche del día de fin de semana.

c) La presencia de hijos

La literatura ha destacado diversos factores o rasgos de la pareja, como los ingresos en el hogar (Williamson y Schouweiler, 2023), que pueden contribuir a que sus miembros pasen más o menos tiempos juntos. Ahora bien, desde la estructura de actividades que contribuye a ese pasar el tiempo juntos parece razonable fijarse en la presencia de hijos menores -de diez años- en el hogar.

Ahora bien, si comparamos los perfiles de actividades (gráficos 7a y 7b) entre parejas con hijos y parejas sin hijos, durante un día laborable (lunes-jueves), vemos que, aun cuando ligeramente, es mayor la probabilidad de que los miembros de la pareja estén juntos en las parejas sin hijos. Pero, lo que en mayor medida destaca, es el peso a lo largo del día en ese estar juntos de las tareas domésticas y de cuidados, y, en menor medida, de los trayectos especialmente por la mañana entre los que conviven con menores, que con los que no conviven. Esto parece indicar que hay alrededor de una de cada diez parejas con hijos que

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comparten trayecto, posiblemente en buena medida para llevar y traer a los hijos. Sin embargo, en las que no tienen hijos, el peso de las tareas domésticas y de cuidados es menor, seguramente desapareciendo los segundos, en favor del consumo de medios de comunicación, sobre todo por la tarde. Es en la propia tarde cuando mayores diferencias se aprecian.

Hay más de diez puntos porcentuales de diferencia entre los informantes que viven en pareja y menores y los que no tienen menores estando junto a la pareja a la hora de comer. Esto puede tener varias causas de explicación. Entre ellas, que entre las parejas sin hijos menores puede ser importante el peso de los que se encuentran inactivos, siéndoles más fáciles el disponer de tiempo para comer. En el conjunto de parejas sin menores en el hogar, con independencia del día, la edad media es de 56,27 años; mientras que en los hogares de parejas con menores en el hogar es de 38,96 años. No hay variaciones significativas en función del día de la semana (entre el 55,02 del miércoles y el 56,56 del sábado entre los que no hay presencia; y el 38,11 del martes y el 39,50 del domingo, entre los que tienen presencia). En los hogares donde no hay presencia de menores, se registra un 10,9% de mayores de 75 años; frente al 0,4% donde hay presencia. En cuanto a la actividad, el 69,3% de los miembros de parejas que conviven con menores están ocupados; frente al 43,8% de los miembros donde no conviven con menores.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

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Durante el viernes, se observa nuevamente que el porcentaje de encuestados que están a la hora de comer con el otro miembro de la pareja es mayor en las parejas sin hijos menores (gráfico 8b). Prácticamente se inaugura en este día, en este tipo de parejas, un perfil que será compartido por los que conviven con hijos menores y los que no conviven durante el fin de semana, como es el hecho de que el comer y el cenar junto al otro miembro de la pareja prácticamente registran los mismos porcentajes.

Por otro lado y afectando directamente a la estructura, se encuentra el mayor peso por las tardes de las tareas domésticas y de cuidados entre las parejas que tienen hijos (gráfico 8a); mientras esto parece ser sustituido por consumo de medios de comunicación, diversión y deporte entre las parejas que no tienen hijos menores.

Asimismo, cabe apreciar la relativa escasa diferencia entre el perfil del día juntos del día laborable (lunes- jueves) y del viernes en las parejas sin hijos. Salvo la pequeña franja dedicada los viernes a los trabajos de voluntariado, apenas hay diferencia.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

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Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010 (INE)

El día del fin de semana (gráficos 9a y 9b) aparece especialmente marcado por las actividades de tareas domésticas y de cuidados, entendiéndose que es esta segunda la que gana peso en detrimento de las primeras, en el caso de las parejas con menores en casa, además de por los trayectos. Son las actividades que hacen juntos en un día de fin de semana los dos miembros de la pareja. En el caso de las parejas sin menores en casa, cobra especial relevancia el consumo de medios de comunicación por la tarde y la realización de deportes juntos por la mañana.

5. CONCLUSIONES

Desde un enfoque conscientemente descriptivo, el trabajo es un esfuerzo analítico por fijar, para el caso español, un retrato del tiempo que pasan juntos los miembros de una pareja que convive. Es preguntar si se concreta materialmente tal convivencia. Para ello, se ha centrado especialmente en las actividades que están realizando cuando están juntos y, así, poder dar cuenta de la contribución de dichas actividades a ese estar juntos. Ahora bien y como se ha venido advirtiendo, quedan fuera categorías de actividad, dentro de la macrocategoría de cuidados personales, como dormir o estar en la cama enfermo, en las que no se registra si se realizan solo, estando con la pareja o estando con otra persona. Hay otras variables a tener en cuenta como: la edad de los miembros de la pareja, la diferencia de edad entre ambos miembros, la

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clase social, ocupación -con su incidencia en la posibilidad de comer juntos-, nivel de estudios -con su proyección sobre las actividades culturales-, origen nacional/extranjero, nivel de ingresos y otras disponibles en la fuente estadística utilizada, que ha sido la Encuesta de Empleo del Tiempo 2009-2010, del Instituto Nacional de Estadística. Aquí nos hemos centrado en el comportamiento del conjunto de las parejas residentes en España, por tipos de días.

El comer -al mediodía o en la cena- se ha constituido en la actividad base del estar juntos a lo largo del día entre los españoles. La mayoría de las parejas comen y cenan juntas. Un comer juntos, especialmente al mediodía, que tiende a requerir hacerlo en casa, lo que nos diferencia de otras sociedades, además del especial horario de comidas en comparación con otros países europeos (Díaz-Méndez y Callejo, 2014).

Una inclinación a comer juntos que se acentúa cuando puede interpretarse que hay mayor disponibilidad de tiempo: en mayor medida en la cena, que en la comida del mediodía; aumento del porcentaje de los que comen (mediodía) con su pareja en los viernes y superación de tal porcentaje en la comida -sobre la cena- durante el fin de semana.

Otras actividades conllevan lo que puede denominarse un distinto ritmo de juntura de la pareja. Así, las tareas domésticas unen por la mañana; mientras que los medios de comunicación por la tarde-noche.

En esa línea que traza la convergencia entre no ocupación y estar junto a la pareja, se observa: a) la muy escasa contribución de las actividades que podemos calificar de ocupacionales (trabajo remunerado, estudios, trabajos de voluntariado) al estar juntos, b) el comparativo aumento del estar juntos en los períodos que cabe suponer de baja o nula ocupación, tal es el caso de la tarde noche, lo que se extiende y anticipa durante el viernes, para extenderse aún más durante el fin de semana; c) durante el viernes y los días de fin de semana el máximo porcentaje de encuestados que han estado realizando actividades junto a su pareja aumenta más de diez puntos porcentuales, con respecto a un día laborable (lunes-jueves).

Por último, se han observado algunas diferencias según exista presencia de menos de diez años en el hogar de la pareja. Diferencias que fundamentalmente podrían resumirse en un mayor peso de las actividades relacionadas con las tareas domésticas y el cuidado, cuando hay menores; y de las de consumo de medios de comunicación, cuando no las hay. Resultados que aparecen mediados por la mayor edad media de los informantes y menor peso de los ocupados entre los que no tienen menores en el hogar.

En futuros resultados de la Encuesta de Empleo del Tiempo, podrán calibrarse las huellas del teletrabajo y hasta qué punto contribuye significativamente a que los miembros de la pareja estén juntos. Lo que aquí se ha podido constatar, como se ha apuntado, es la escasa contribución que tiene la actividad laboral al estar juntos para el período observado, entre octubre de 2009 y septiembre de 2010.

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Breve currículo:

Javier Callejo Gallego

Catedrático de Sociología en la UNED, donde desarrolla materias relacionadas con metodología de la investigación en ciencias sociales. Se formó como investigador social en CIMOP (Comunicación Imagen y Opinión Pública) y como miembro del equipo docente del Curso de Praxis de Sociología del Consumo durante sus años de existencia. Investigaciones recientes con el profesor Ramón Ramos sobre cambio climático e incertidumbre. Actualmente secretario del comité de la Federación Española de Sociología de Sociología del Tiempo.

Notas aclaratorias:

1 Estudios anteriores que se aproximan a las diferencias por sexo en el tiempo dedicado a estas actividades en España son, entre otros, los de Izquierdo et al. (1988) o Durán (1988). Afortunadamente, después vinieron bastantes más que profundizaron en la cuestión de los distintos usos del tiempo según el género y sus consecuencias, la mayor parte de los mismos bajo el paraguas del Instituto de la Mujer.

Entre ellos: Carrasco (1991), Carrasco et al. (2003), Valero (1995), Prats-Ferrer (1995), Álvaro Page (1996a y 1996b), Colectivo IOE (1997), García Sainz (2002), Demométrica (2007), Legarreta (2008), Domínguez Folgueras (2012), García Sainz y Durán (2015), Legarreta (2021) o, enfocando su comparación internacional (Raldúa Martín, 2001) o subrayando el mayor tiempo dedicado por los miembros varones de la pareja a las tareas domésticas, el de Moreno-Colom et al. (2018) y Borràs et al. (2021). Sobre el potencial de las encuestas sobre uso del tiempo para abordar tal división, véase:

García Sainz (2005), Carrasco (2005), Legarreta (2005), siendo una línea que llega hasta el reciente seminario “Barcelona Time Use Initiative for a Healthy Society”, celebrado el 3 de marzo de 2023 en el seno de la UIMP en Barcelona.

2 Se pregunta, para cada intervalo de diez minutos, con quién se pasa ese tiempo.

Referencias

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