PDF superior Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Adolfo Sánchez Vázquez, un marxista español en México

Viviendo en México se produce una cierta incomunicación que hace que uno desconozca aspectos importantes de lo que se escribe y publi- ca aquí. Ahora bien, teniendo en cuenta lo que han significado cua- renta años de dictadura franquista, la aportación marxista que se ha producido creo que es importante. Podríamos citar los trabajos de Manuel Sacristán: es una lástima que no se hallen sistematizados y no se vean beneficiados por una mayor difusión. Me parece que sus estudios son importantes porque dirige su atención sobre un cam- po del que los marxistas en general se han olvidado, que es el campo de la lógica, de la epistemología, de la filosofía de la ciencia. Jacobo Muñoz, Domenech, Ballesteros, Valeriano Bozal, Gustavo Bueno, todos ellos han efectuado aportaciones dignas de ser tenidas en cuenta. Pero aparte de todo esto, lo relevante es que el marxismo que tiene cierto peso en España en la actualidad no tiene nada que ver con ese marxismo dogmático, cerrado, que nos venía sobre todo desde la Unión Soviética. En ese sentido, asistimos en España a una recu- peración de lo que el marxismo representa después de las deforma- ciones que sufrió a lo largo de tantos años.
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Adolfo Sánchez Vázquez, Ética y política. México, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras/FCE, 2007

Adolfo Sánchez Vázquez, Ética y política. México, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras/FCE, 2007

La racionalidad prudencial que requiere la integración dialéctica entre política y moral, se pone en evidencia en problemas centrales como el de la violencia. ¿Bajo qué condiciones, si existe alguna, se justifica la violencia? Esta pregunta es un problema fundamental en filosofía moral y en filosofía política. Fue precisamente sobre este te- ma que durante la conquista de América se abrió uno de los debates más intensos, de mayor altura y trascendencia: el debate sobre la legitimidad de la guerra de Conquista. En él participaron de una manera destacada Francisco Vitoria, Montesinos, Domingo de Soto, Bartolomé de las Casas y Alonso de la Veracruz quienes negaron la legitimidad de la guerra de Conquista y del dominio español sobre América. Por el contrario, per- sonajes como Palacios Rubios y Ginés de Sepúlveda justificaban la guerra de Conquista y la dominación española, argumentando mediante principios humanitarios la supuesta intención de salvar a los indígenas de la barbarie, la injusticia y el error en que se en- contraban, y defender así sus derechos humanos. Este argumento sigue siendo utiliza- do, con mucho menos lucidez, en toda guerra intervencionista por parte de los imperios, principalmente el estadounidense. Precisamente, cabe recordar que la primera cátedra que se impartió en la Real Universidad de México al momento de su inauguración en 1553 dictada por Alonso de la Veracruz trató sobre La guerra justa y el dominio de los infieles. Es de destacar las similitudes como humanistas e intelectuales entre Alonso de la Veracruz y Adolfo Sánchez Vázquez, ambos republicanos comprometidos con la justicia y la libertad de los pueblos oprimidos.
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A modo de introducción. Adolfo Sánchez Vázquez: filósofo español en México, filósofo mexicano en España

A modo de introducción. Adolfo Sánchez Vázquez: filósofo español en México, filósofo mexicano en España

preocupación americanista de la que se hace eco el sociólogo Pa- blo González Casanova en su contribución al volumen de home- naje que, bajo el título de Praxis y filosofía, se le dedicó en 1985 con motivo de su septuagésimo cumpleaños. Pienso que los mar- xistas españoles, si es que aún quedan, y también quienes no Io somos, podrían, podríamos, extraer un gran provecho de esa sen- sibilidad americana de Sánchez Vázquez. Y no es de extrañar, aunque sí de celebrar, que en el anterior volumen colectivo apare- ciera un grupo de filósofos españoles (en el que me encontraba en compañía de Manuel Sacristán o Xavier Rubert de Ventós) entre- mezclado con sus discípulos mexicanos (como, para citar tan sólo a los editores del volumen, Juliana González, Carlos Pereyra y Ga- briel Vargas Lozano), amén de los maestros ya mentados Vibro o Roces y una nutrida colección de pensadores marxistas (por des- contado, disidentes) de diferentes nacionalidades, entre los que fi- guraban algunos tan significados como István Mészáros, Gajo Pe- trovic o Michael Lówy. Un volumen colectivo de homenaje, éste que estoy trayendo a colación, cuya composición ayudarla no poco a delinear el perfil hispano-americano-universal del pensa- miento de Adolfo Sánchez Vázquez.
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Adolfo Sánchez Vázquez y el humanismo iberoamericano

Adolfo Sánchez Vázquez y el humanismo iberoamericano

marxismo, y por ello decide realizar estudios de posgrado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Lo para- dójico es que por los años cincuentas el marxismo apenas figuraba en esta Facultad en las cátedras de Wenceslao Roces y de Eli de Gortari. Los principales profesores, en su mayoría también exiliados, como Joaquín Xirau, José Gaos, Eduardo Nicol, José M. Gallegos Rocafull, Juan David García Bacca, enseñaban sobre todo fenomenología alemana, existencialismo y filosofía en México. Sus compañeros más brillantes como Luis Villoro, Ricardo Guerra y Leopoldo Zea desarrollaron desde estas perspectivas estudios filosóficos sobre el mexicano, integrando las enseñanzas de los maestros del exilio con las de Samuel Ramos. Ante este panorama filosófico ajeno a su interés fundamental en el marxismo, Sánchez Vázquez tuvo que ser en buena medida autodidacta, pero de ninguna manera desaprovechó sus estudios formales de filosofía en la Facultad, pues las perspectivas filosóficas predominantes le permitieron tener una visión crítica y renovada del marxismo, especialmente, del marxismo soviético. Sánchez Vázquez nos narra esta situación contradictoria de carencia y plenitud que vivió durante sus estudios de filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México:
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Bibliografía selecta de Adolfo Sánchez Vázquez

Bibliografía selecta de Adolfo Sánchez Vázquez

Las ideas estéticas de Marx Ensayos de estética marxista. México, Era, 1965.293 pp. [Reed.: La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1966.] Filosofía y praxis. México, Grijalbo, 1967.383 pp. (Ciencias económi- cas y sociales) [Reed., rev, y ampl.: 1980; 5a. ed.: 1991; reed.: Bar- celona, Crítica, 1980.]

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Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

Adolfo Sánchez Vázquez: de este tiempo, de este país

tierro, sino también a los intelectuales mexicanos y latinoamerica- nos. Jugó un papel importante por su contenido y por su presenta- ción. Propiamente hablando, era un periódico literario. Hicimos doce o catorce números, luego tuvimos problemas con la empresa; deseaba imponernos un director y lo abandonamos. Después tuve un ofrecimiento para ir a una universidad de provincia, que tú conoces, la Universidad de Morelia, en el Estado de Michoacán. Ahí estuve im- partiendo clase de materias fundamentales a nivel de preparatoria. Tuve tiempo para leer. Mi preocupación literaria fue dando paso a la filosófica, y con el bagaje adquirido pude volver a México. Creo re- cordar que estuve tres años en Morelia y continué mis estudios en la Universidad de México. Hice la carrera de Letras y completé mi carrera de Filosofía, después presenté la tesis Conciencia y realidad en la obra de arte, una tesis que nunca he querido publicar...
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Adolfo Sánchez Vázquez y los Manuscritos de 1844

Adolfo Sánchez Vázquez y los Manuscritos de 1844

al de El capital, el de "El salario". Desafortunadamente desde la crítica de H. Gross- mann ("Modificación del plan originario de la estructura de El capital y sus causas", en Ensayos sobre la teoría de la cr i sis. Dialéctica y metodología en El capital México, Pa- sado y Presente, núm. 79, 1979), al ensayo biográfico Carlos Marx. Vida y obra escrito por Robert Wilbrandt, en el que éste espera la terminación del plan en seis libros de crítica de la economía política prometido por Marx y del que los tres tomos de El ca- pital serían apenas el primer libro, desde la crítica de Grossmann a Wilbrandt, digo, cayó en descrédito la promesa de Marx de su plan en seis libros. Sin embargo el argu- mento de Grossmann aunque ironice bien la ingenuidad de Wilbrandt presenta innúmeras fallas. Las he discutido en varias ocasiones pero no veo que éste sea el lugar adecuado para abundar en el asunto. Sólo insisto en que el plan de seis libros para cumplir el programa de la crítica de la economía política lo mantuvo Marx hasta su muerte.
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Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

Adolfo Sánchez Vázquez. Exilio y literatura

esta referencia en el marco de su reflexión sobre el exilio de María Zambrano: “¿Qué queda en ese largo exilio de su compromiso político? Antes de responder a esta pregunta, habrá que hacer algu- nas consideraciones sobre el exilio del 39 y las posibilidades e imposibilidades que ofrece para hacer política y, consecuentemente, para asumir el compromiso correspondiente. Pues, aunque por sus causas y su propio carácter es un exilio político que por su dimensión masiva no tiene precedentes, esto no significa que en todo exiliado se dé la disposición a actuar políticamente, ni tampoco las condiciones necesarias para ello. La disposición del exiliado a decidirse a actuar, dependerá en primer lugar de cómo conciba, sienta o viva el exilio. Si lo siente, lo vive como lo conceptualiza José Gaos –como un “transtierro” o transplante o prolongación de una tierra a otra, sin esperar otra vida: la que se daría con la vuelta a la patria perdida, carecería de sentido la esperanza en esa vuelta y, por tanto, la actividad política encaminada a contribuir a ella. Pero, si el exilio se vive, como lo vivió la inmensa mayoría de los exiliados, como destierro, es decir: como una pérdida de la tierra propia que la ajena no puede compensar –aunque la acogida en ella sea generosa como fue en México– entonces sí tiene sentido la acción política para recuperar la patria perdida y, en consecuencia, comprometerse en ella y por ella”. “El compromiso político intelectual de María Zambrano”, p. 13.
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Para saludar los poemas y sonetos de Adolfo Sánchez Vázquez. Epílogo

Para saludar los poemas y sonetos de Adolfo Sánchez Vázquez. Epílogo

descendiendo de la escalerilla en respetuoso orden, destacaba la figura esbelta y desgarbada de un joven de unos veinticinco años que parecía mirar con aire distraído y a la vez penetrante a la multitud entusiasta y clamorosa que iba rodeando a los recién llegados. Junto con los poetas pedro Garfias y Juan rejano, y el periodista antonio Zozaya, el recién desembarcado adolfo Sánchez Vázquez era un poeta militante ya re- conocido por sus pares y mayores como una inteligencia responsable y ávida de conocimiento, es decir, de armonía comprometida y razo- nada. Sabía que formaba parte de una emigración singular —la de los refugiados españoles— con una particular conciencia política, moral y cultural de las razones y compromisos que lo llevaban al exilio. Si llegaban desterrados a un país —México— donde se hablaba casi el mismo idioma y en consecuencia algunos podían pensar que no eran del todo desterrados (y que a fuerza de buscar arraigo en el nuevo solar americano podían llegar a ser “trasterrados” para evocar la expresión que luego acuñaría José Gaos), esa primera oleada de refugiados venía
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Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez en su 90 aniversario

Homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez en su 90 aniversario

Adolfo Sánchez Vázquez llegó a México por el puerto de Veracruz, cuando tenía escasos veinticuatro años. Era el año de 1939 y había pasado los últimos tres años en el frente de batalla, defendiendo los ideales republicanos y resistiendo hasta el final la amenaza dictatorial del fascismo. Su decisión de tomar las armas para defender la Repú- blica Española lo había apartado de sus estudios de literatura en la Universidad Central de Madrid. Adolfo Sánchez nos cuenta que durante sus años universitarios previos a la guerra civil, la filosofía no era su vocación, sino la poesía y la política. En esos años escribió el libro de poesía El pueblo ardiendo, que fue publicado más tarde en Morelia. La vinculación entre poesía y política no era accidental pues para él “tan revolucionario es el poeta que transforma el lenguaje, como el políti- co que aspira a crear una nueva sociedad”. 1 En Madrid frecuentaba los
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De desterrado a transterrado: el exilio en Adolfo Sánchez Vázquez

De desterrado a transterrado: el exilio en Adolfo Sánchez Vázquez

En estos textos Sánchez Vázquez está tocando el centro mismo de su polémica con Gaos sobre la dinámica y la significación mismas del exilio. Gaos se encontró muy pronto a gusto en México, plenamente a gusto, y casi desde un principio del exilio decidió deshacer la maleta e integrarse consciente y plenamente a la vida mexicana, que le ofreció mucho trabajo, eso sí, en forma de cursos, conferencias y traducciones, pero lo compensó con grandes reconocimientos, grandes alumnos y una libertad total para realizar una espléndida obra filosófica —en contraste con la mayoría de los exiliados, que supusieron que muy pronto, a más tardar al término de la guerra mundial, habrían de regresar a España en triunfo a restaurar la República, y que tardaron en deshacer sus maletas y buscar, activamente, la integración plena a la vida mexicana.
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Adolfo Sánchez Vázquez: vida y obra

Adolfo Sánchez Vázquez: vida y obra

En efecto, no vuelve a reanudar sus estudios, esta vez de filosofía, hasta 1950, fecha en la que inicia su Maestría en Filosofía en la Fa- cultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Este periodo coincide con los años de la Guerra fría, momento en el que México iniciaba un fuerte desarrollo capitalista, bajo el mandato presidencial de Miguel Alemán que supone también un viraje político hacia posiciones de derecha distanciándose así del cardenismo, estrategia política que ya se había operado en el gobierno anterior. A pesar de ello, "esto no afectó a la política exterior de México y, en particular, a su repu- dio del Estado franquista"4 2 Pero con todo, la Guerra fría y la ayuda de Estados Unidos a Franco alejó las perspectivas de poner punto final al exilio y obligó a enfocar de forma distinta la actividad polí- tica en la emigración. En el caso de Adolfo Sánchez Vázquez, la idea de un largo exilio fue llevándole a la determinación de que era in- dispensable una mayor dosis de teoría para abordar los problemas políticos del momento: "Sentí por ello la necesidad de consagrar más tiempo a la reflexión, a la fundamentación razonada de mi actividad política, sobre todo cuando arraigadas creencias —en la `patria del proletariado'— comenzaban a venirse abajo. De ahí que me propusiera por entonces elevar mi formación teórica marxista y, en consecuencia, prestar más atención a la filosofía que a las le- tras". 43 Nuevamente la praxis, esta vez fundamentalmente política, le conduciría a la exigencia de profundizar en el terreno de la teo- ría, pero a su vez ésta quedará contagiada de la actividad dinámica de aquélla. A partir de este momento sus trabajos e investigaciones posteriores, tanto en el campo de la estética como de la teoría polí- tica o la revisión teórica del marxismo, serán vislumbrados princi- palmente desde la noción de "praxis". Su vuelta a la Universidad mexicana, al viejo edificio de Mascarones, no supuso, sin embargo, un contacto directo con la teoría marxista; en sus aulas "se escucha- ba todavía, como un eco lejano, las voces vitalistas e irracionalistas que había escuchado en Madrid. Mucho Heidegger, bastante vitalis- mo e historicismo, una dosis de tomismo y otra no menor de neo-
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Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas) (Publicación completa)

Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas) (Publicación completa)

Obligado por las circunstancias, se refugió en Francia durante algunos meses, hasta que llegó el momento ineludible del exilio (ese que el propio Sánchez Vázquez califica como "exilio sin fin" para expresar el desgarramiento que le provoca el ansia de volver a la patria y el no querer arrancar las raíces que lo atan a la tierra que lo acogió). En México, su vocación literaria y su trabajo editorial le vincula- ron a otros intelectuales españoles de la talla de José Gaos, Eugenio Imaz, Joaquín Xirau y León Felipe y a la pléyade de intelectuales me- xicanos, como Xavier Villaurrutia, Alfonso Reyes y Samuel Ramos. En esta tierra, que habría de conquistarle, inició una fecunda ca- rrera académica. Durante los primeros años de su residencia en este país fungió como profesor en el Colegio de San Nicolás de Hi- dalgo de la Universidad Michoacana y en la Escuela Normal de Morelia. Más tarde, en la ciudad de México, fue maestro en la Escuela Nor- mal Superior y realizó una importante labor de traductor, al tiempo que cursaba en la Universidad, en el edificio de Mascarones, la Maestría en Letras Españolas. Al iniciarse la década de los cincuen- tas, la necesidad de elevar la racionalidad de su actividad política le impulsó a estudiar filosofía. Para entonces, Mascarones albergaba un ambiente académico que era un verdadero semillero de talento. La fuerte presencia teórica de Gaos, el ardor polémico de García Bacca y J. Xirau y los intentos renovadores de los jóvenes filósofos del grupo "Hyperion", dominaban el panorama, sin menoscabo de las recias figuras de W. Roces y de Eh i de Gortari, que descubrían nuevas vetas en el marxismo. A la riqueza de los cursos que ahí se le ofrecieron y de la polémica generada por las diferentes posiciones teóricas, se añadió la del diálogo académico que sostuvo con sus condiscípulos, entre los que se contaban Fernando Salmerón, Ale- jandro Rossi y Ramón Xirau.
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Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Adolfo Sánchez Vázquez: convicción y praxis

Llegó Sánchez Vázquez al marxismo como militante en la Juventud Comunista y el Bloque de Estudiantes Revolucionarios en Málaga “La Roja”; conjuntaba entonces a la práctica política, la actividad literaria y la producción poética —o práctica poética como él le llama en algu- no de sus textos. Al entusiasmo y esperanza que suscitara el nacimien- to de la Segunda República Española, a las tertulias literarias en Madrid, a los cursos seguidos por un año en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, se siguió el estallido de la guerra civil. De este tiempo y de los primeros años del exilio en México son sus poemas recogidos en El pulso ardiendo, 7 Romancero de la guerra
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Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

Una conversación con Adolfo Sánchez Vázquez

incontaminado de la Facultad y el hervor político de la calle, no podía ser mayor para quien, como yo, sentía ya una temprana vocación política revolucionaria. El marxismo dominante entonces, reducido a un plano estrictamente político, lo aspiraba fuera de las aulas en un proceso propiamente autodidacta. Así, pues, no todo era para mí la academia. Fuera de ella, estaba no sólo la política militan- te, sino también una actividad literaria que se manifestaba en una creación poética propia, en mis relaciones con jóvenes poetas de la época: Miguel Hernández, Serrano Plaja, Herrera Petere y en la fundación —con José Enrique Rebolledo— de la revista Sur, de “orien- tación intelectual”. Pero en julio de 1936, apenas terminado el curso en Madrid, me encontré en Málaga con el acontecimiento terrible —la Guerra civil— que cambiaría totalmente el curso de mi vida al hacer de mí un combatiente, lo menos indicado para la reflexión teórica, y especialmente la filosófica, y casi tres años después, y para mi fortuna, un exiliado en México.
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Adolfo Sánchez Vázquez Reloaded

Adolfo Sánchez Vázquez Reloaded

Carlos  Oliva  Mendoza     La  obra  de  Sánchez  Vázquez,  como  se  sabe,  es  más  que  relevante  en  la  revisión  crítica   del   marxismo   y   esto,   lamentablemente,   es   sólo   reconocido   en   el   mundo   del   pensamiento  en  español;  se  sabe,  también,  que  su  trabajo  en  el  área  de  la  estética  no   sólo  es  seminal  y  pionero  en  muchos  aspectos,  sino  de  una  vigencia  poco  reconocida   en   la   actualidad.   El   filósofo   marxista   exiliado   en   México   a   causa   del   franquismo   español  puede  ser  un  excelente  índice  para  conocer  el  estado  de  la  estética  en  el  siglo   XX.   Sus   debates   no   sólo   se   centraron   en   las   tradiciones   marxistas,   materialistas   y   formalistas   de   la   estética,   sino   que   debatió   puntualmente   con   las   estéticas   de   corte   idealista,  las  estéticas  analíticas  y,  en  los  últimos  años  de  su  vida,  con  las  estéticas  de   la  recepción.  Nunca  abandonó,  además,  los  estudios  de  caso  sobre  poéticas  específicas,   en   especial,   las   concernientes   a   las   artes   pláticas   y   la   literatura.   Bajo   la   idea   de   la   filosofía  de  la  praxis,  en  la  que  una  relación  vital  entre  la  práctica  y  el  ejercicio  de  la   teoría  determina  la  viabilidad  y  demarcada  la  objetividad  de  nuestros  juicios,  siempre   se   preguntó   por   las   condiciones   de   existencia   y   recepción   del   arte,   así   como   las   condiciones   de   socialización   del   fenómeno   estético   en   lo   que   consideró   el   hostil   mundo  del  capitalismo.  
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Adolfo Sánchez Vázquez

Adolfo Sánchez Vázquez

Su trabajo y actividades lo llevaron a crear varias obras de geografía y climatología de la República, a impartir clases en la misma Escue- la de Ingenieros y en la de Altos Estudios; formó a nuevas generacio- nes de geógrafos y climatólogos, e incluso amplió sus áreas de trabajo pues trascendió a otros ámbitos académicos de México y de todo el continente americano; logró la publicación de la Revista de historia de México, el Boletín bibliográfico de antropología americana, y como apor- te a la cultura, fundó la biblioteca José Toribio Medina.

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Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Adolfo Sánchez Vázquez y el otro marxismo

Sólo a la luz de esta necesidad apremiante de una teoría comparti- ble por todos los que impugnaban el orden establecido y capaz así de reunirlos puede entenderse y apreciarse la importancia que tuvo para esos jóvenes intelectuales el aparecimiento de una obra marxista como la adolfo Sánchez Vázquez. a partir de ella se volvía indudable que un marxismo diferente del que se había establecido como ideología del “socialismo soviético” era un marxismo posible.

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Adolfo Sánchez Vázquez, o de la pasión por la justicia

Adolfo Sánchez Vázquez, o de la pasión por la justicia

Intentando un acto de justicia estamos hoy, como herederos, con al- guien que vertebró su hacer y su saber, su vida entera, en torno a ella. Combatiente de la Guerra civil española, su poeta, atravesado por el hachazo del exilio. Filósofo de lo que constituimos y nos constituye como sujeto humano colectivo en la praxis y el saber de la praxis y, por eso, luchador anticapitalista y teórico marxista. E igualmente, desde ahí, crítico de muchas de las encarnaduras de esas luchas y sus teorizaciones. Forjador, en suma, de una cultura socialista, democrática y crítica, este hombre atravesó muchas muertes, personales y colectivas, con el pulso ardiendo de su pasión por la justicia. Y logró hacer palabra de esa pasión y sus trabajos del duelo, para simbolizarla, significarla, inscribirla, tras- mitirla, heredarla. Filósofo de la praxis, entonces. Y por tanto, filósofo de la justicia (axia) en cuanto tensión entre política y moral: ese lugar donde la construcción de lo humano colectivo pasa siempre por los di- fíciles enlaces entre lo producido y lo que lo desborda, constituyéndolo y llevándolo más allá de sí en cuanto historia humana.
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Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Adolfo Sánchez Vázquez y el marxismo francfortiano

Pero otorgar a la praxis en la teoría un punto tan central como lo hacen Adolfo Sánchez Vázquez y Alfred Schmidt en sus respectivas indagaciones filo- sóficas, pone radicalmente en duda estas concepciones objetivistas de política e historia. En el concepto de praxis, fundamental para la teoría marxista, está contenido un factor de rebeldía contra todos aquellos que, desde el escritorio, desde la central del Partido o desde la patria del proletariado quieren dirigir las actividades de los rebeldes de todos los países. Puesto que el concepto de praxis ya contiene en sí la mediación de teoría y actividad y, hablando más en general, de sujeto y objeto, y puesto que la separación tajante de ambas (contenida en la concepción de conducir a las masas a través del Partido) lleva a un completo absurdo con base en reflexiones teóricas, este concepto se resiste al autoritarismo tanto de reformistas como de ortodoxos. Puesto que ambas corrientes, frente a la espontánea rebeldía de las masas, gustan de presentar el argumento de que éstas carecen de conocimientos teóricos y de preparación, a fin de volver a acaudillarlas, la filosofía de la praxis, que en un terreno altamente teórico alega a favor de la praxis, es un aguijón no tan fácil de sacar. Se enfrenta a los cuadros (que pretenden ser superiores a las masas en lo teórico) en su terreno reivindicado como propio. Pero esto no es, en modo alguno, tomar partido sin más ni más por la actuación espon- tánea no reflexionada, por el practicismo y contra la teoría. Tanto a Adolfo Sánchez Vázquez como a Alfred Schmidt, les interesa más bien demostrar en sus interpretaciones de Marx que el teoricismo (y la terca obstinación en la propia preparación teórica frente a aquellos que no la tienen formalmente) no está necesariamente más próximo al conocimiento teórico que la praxis en el pleno sentido de la palabra. 19 Así, debe entenderse que Schmidt, al igual que
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