PDF superior Catequesis sobre la Teología del Cuerpo - Juan Pablo II

Catequesis sobre la Teología del Cuerpo - Juan Pablo II

Catequesis sobre la Teología del Cuerpo - Juan Pablo II

5. La «descripción» paulina del cuerpo humano parece confirmar perfectamente nuest ros análisis anteriores. Están en el cuerpo humano los «miembros menos decentes» no a causa de su naturaleza «somática» (ya que una descripción científica y fisiológica trata a todos los miembros y a los órganos del cuerpo humano de modo «neutral», con la misma objetividad), sino sola y exclusivamente porque en el hombre mismo existe esa vergüenza que hace ver a algunos miembros del cuerpo como «menos decentes» y lleva a considerarlos como tales. La misma vergüenza parece, ala vez, constituir la base de lo que escribe el Apóstol en la primera Carta a los Corintios: «A los que parecen más viles los rodeamos de mayor respeto, y a los que tenemos por menos decentes los tratamos con mayor decencia» (1 Cor 12, 33). Así, pues, se puede decir que de la vergüenza nace precisamente el «respeto» por el propio cuerpo: respeto, cuyo mantenimiento pide Pablo en la primera Carta a los Tesalonicenses (4, 4). Precisamente este mantenimiento del cuerpo «en santidad y respeto» se considera como esencial para la virtud de la pu reza. 6. Volviendo todavía a la «descripción» paulina del cuerpo en la primera Carta a los Corintios 12, 18-25, queremos llamar la atención sobre el hecho de que, según el autor de la Carta, ese esfuerzo particular que tiende a respetar el cuerpo humano y especialmente a sus miembros más «débiles» o «menos decentes», corresponde al designio originario del Creador, o sea, a esa visión de la que habla el libro del Génesis: «Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho» (Gén 1, 31). Pablo escribe: «Dios dispuso el cuerpo dando mayor decencia al que carecía de ella, a fin de que no hubiera escisiones en el cuerpo, antes todos los miembros se preocupen por igual unos de otros» (1 Cor 12, 24-25). La «escisión en el cuerpo», cuyo resultado
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Teología del Cuerpo de Juan Pablo II Vol. 1 Las Palabras de Cristo (Spanish Edition)

Teología del Cuerpo de Juan Pablo II Vol. 1 Las Palabras de Cristo (Spanish Edition)

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VVERITAS. El Plan de Dios para. John Paul II s Theology of the Body La Teología de Cuerpo de Juan Pablo II. Por Dr. Edward Sri

VVERITAS. El Plan de Dios para. John Paul II s Theology of the Body La Teología de Cuerpo de Juan Pablo II. Por Dr. Edward Sri

3. L A UNIDAD ORIGINARIA En respuesta a la soledad de Adán, el Señor crea otro ser humano, Eva, para ser su esposa. “Entonces el hombre dijo:” Esto sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne “(Génesis 2,23). Juan Pablo II advierte que el hombre manifiesta por primera vez gozo y exaltación. Antes de este momento, no tenía ninguna razón para regocijarse, “debido a la falta de un ser semejante a él” (pág. 95 ,Audiencia General del 24 de octubre de 1979). Pero ahora, por fin tiene a alguien para entregarse de manera única. En eufórica respuesta, suspira, “¡Por fin!”, pues ahora es capaz de vivir el amor generoso para el que fue creado, y por lo tanto, se convierte en quien estaba destinado a ser a través de su unión con ella.
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La Misericordia divina en Juan Pablo II

La Misericordia divina en Juan Pablo II

igualmente en el pensamiento y en la vida eclesial. El Papa subraya, con un tono preocupante, el estado de crisis que estaba haciendo estragos: «Algunos, por ejemplo, pasan de ver pecado en todo, a no verlo en ninguna parte; de acentuar demasiado el temor de las penas eternas, a predicar un amor de Dios que exclui- ría toda pena merecida por el pecado; de la severidad en el esfuerzo por corregir las conciencias erróneas, a un supuesto respeto de la conciencia, que suprime el deber de decir la verdad. Y ¿por qué no añadir que la confusión, creada en la conciencia de numerosos fieles por la divergencia de opiniones y enseñanzas en la teología, en la predicación, en la catequesis, en la dirección espiritual, sobre cuestiones graves y delicadas de la moral cristiana, termina por hacer disminuir, hasta casi borrarlo, el verdadero sentido del pecado?» 63 .
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Teologia Del Cuerpo Juan Pablo II

Teologia Del Cuerpo Juan Pablo II

3. Es obvio que precisamente este elemento del antiguo texto bíblico dé a la teología del cuerpo una aportación específica, de la que no se puede prescindir en absoluto. Nos lo confirmarán los análisis ulteriores. Pero antes de comenzarlos me permito observar que el propio texto de Génesis 2, 25 exige expresamente unir las reflexiones sobre la teología del cuerpo con la dimensión de la -subjetividad personal del hombre; en este ámbito, efectivamente, se desarrolla la conciencia del significado del propio cuerpo. El Génesis 2, 25 habla de ello de manera mucho más directa que otras partes de ese texto yahvista, que hemos definido ya como primer registro de la conciencia humana. La frase según la cual los primeros seres humanos varón y mujer, «estaban desnudos» y, sin embargo, «no se avergonzaban de ello», describe, indudablemente, su estado de conciencia; más aún, su experiencia recíproca del cuerpo, esto es, la experiencia, por parte del varón, de la feminidad que se revela en la desnudez del cuerpo, y recíprocamente, la experiencia análoga de la masculinidad, por parte de la mujer. Al afirmar que «no se avergonzaban de ello», el autor trata de describir esta experiencia recíproca del cuerpo con la máxima precisión que le es posible. Se puede decir que este tipo de precisión refleja una experiencia base del hombre en sentido «ordinario» y precientífico, pero corresponde también a las exigencias de la antropología, y en particular de la antropología contemporánea, que se vuelve gustosamente a las llamadas experiencias de fondo, como la experiencia del pudor 60 .
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

tanto el último punto de contacto entre el Resucitado y el pequeño grupo de sus discípulos en el momento de la Ascensión. Esto sucede después de que Jesús ha repetido el anuncio del envío del Espíritu, por cuya acción aquel pequeño grupo se transformará en la Iglesia y será guiado por los caminos de la historia. La Ascensión es, por tanto, el acontecimiento conclusivo de la vida y de la misión terrena de Cristo: Pentecostés será el primer día de la vida y de la historia “de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24). Este es el sentido fundamental del hecho de la Ascensión, más allá de las circunstancias particulares en las que ha acontecido y el cuadro de los
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Juan Pablo II y la unidad de Europa

Juan Pablo II y la unidad de Europa

Las contradicciones experimentadas una vez superada la división del continente, habían dejado desprovistos a los responsables políticos, «sin posibilidad de controlar de manera global, y mediante la negociación, esas tenden- cias paradójicas». Juan Pablo II lo destacó en el discur- so al cuerpo diplomático, a comienzos de 1994: recordó la complicada situación por la que tuvieron que pasar los pueblos balcánicos, en los primeros años noventa, ante la pasividad de las democracias del continente. Un episodio de la historia que, en opinión del papa Wojtyla, había «re- ducido considerablemente el capital de confianza de que gozaba Europa».
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

Nadie vio el hecho en sí. Nadie pudo ser testigo ocular del suceso. Fueron muchos los que vieron la agonía y la muerte de Cristo en el Gólgota, algunos participaron en la colocación de su cadáver en el sepulcro, los guardias lo cerraron bien y lo vigilaron, lo cual se habían preocupado de conseguirlo de Pilato “los sumos sacerdotes y los fariseos”, acordándose de que Jesús había dicho: A los tres días resucitaré. “Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan los discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: ‘Resucitó de entre los muertos’” (Mt 27, 63-64). Pero los discípulos no hablan pensado en esa estratagema. Fueron las mujeres quienes, al ir al sepulcro la mañana del tercer día con los aromas, descubrieron que estaba vacío, la piedra retirada, y vieron a un joven vestido de blanco que les habló de la resurrección de Jesús (cf. MC 16, 6). Ciertamente, el cuerpo de Cristo ya no estaba allí. A
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

Saludos Saludo ahora con afecto a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de América Latina. De modo especial dirijo mi saludo al grupo de sacerdotes de Ávila, que celebran el 25 aniversario de su ordenación, y al grupo de Legionarios de Cristo, que han venido a Roma para estudiar filosofía y teología. Que vuestra vida sea siempre un testimonio de entrega a Dios y de servicio a los hermanos.

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Familiaris Consortio – Juan Pablo II

Familiaris Consortio – Juan Pablo II

Sobre esta base se programará después, en plan amplio, la preparación próxima, la cual comporta —desde la edad oportuna y con una adecuada catequesis, como en un camino catecumenal— una preparación más específica para los sacramentos, como un nuevo descubrimiento. Esta nueva catequesis de cuantos se preparan al matrimonio cristiano es absolutamente necesaria, a fin de que el sacramento sea celebrado y vivido con las debidas disposiciones morales y espirituales. La formación religiosa de los jóvenes deberá ser integrada, en el momento oportuno y según las diversas exigencias concretas, por una preparación a la vida en pareja que, presentando el matrimonio como una relación interpersonal del hombre y de la mujer a desarrollarse continuamente, estimule a profundizar en los problemas de la sexualidad conyugal y de la paternidad responsable, con los conocimientos médico-biológicos esenciales que están en conexión con ella y los encamine a la familiaridad con rectos métodos de educación de los hijos, favoreciendo la adquisición de los elementos de base para una ordenada conducción de la familia (trabajo estable, suficiente disponibilidad financiera, sabia administración, nociones de economía doméstica, etc.).
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

7. Se trata de una verdad de fe, basada en palabras de Jesús, claras e inequívocas, repetidas por Él también en el momento de la institución de la Eucaristía. Nos las transmite San Pablo en un texto que es considerado como el más antiguo sobre este punto: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros... Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre" (1 Cor 11, 23). Con este texto concuerdan los sinópticos que hablan del cuerpo que "se da" y de la sangre que será

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Juan Pablo II: una lección de pneumatología

Juan Pablo II: una lección de pneumatología

La relación del Espíritu con Cristo, María y la Iglesia vertebra —podría- mos decir—, la visión pneumatológica de Juan Pablo II. Estas tres perspectivas son inseparables en su pensamiento y mutuamente se complementan. Y es que estas tres realidades, cada una a su modo, constituyen la máxima donación de Dios a los hombres —la donación a Cristo, la donación a Santa María, la do- nación a la humanidad—, donación realizada en y a través del Espíritu. El pen- samiento de que es mediante la donación del Espíritu como la Trinidad Beatí- sima se dona a los hombres constituye un leit motiv en toda la teología de Juan Pablo II, basado en lo que es propiedad del Espíritu: ser Don y Amor personal. Pero volvamos a la consideración del Concilio I de Constantinopla en el pensamiento de Juan Pablo II. El Papa es consciente de que se trata de un Con- cilio cuya doctrina pneumatológica se fue gestando amorosamente, durante un cuarto de siglo, gracias al esfuerzo de los más grandes teólogos orientales del si- glo IV, entre otros, San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio de Nisa.
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Los Sacramentos en la Iglesia-Juan Pablo II

Los Sacramentos en la Iglesia-Juan Pablo II

1. Como dice el concilio Vaticano II, 'el carácter sagrado y orgánicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes' (LG 11). En la catequesis de hoy queremos descubrir el reflejo de esta verdad en el sacramento de la reconciliación, que tradicionalmente es llamado sacramento de la penitencia. En él se realiza un ejercicio real del 'sacerdocio universal', común a todos los bautizados, porque es tarea fundamental del sacerdocio eliminar el obstáculo del pecado, que impide la relación vivificante con Dios. Ahora bien, este sacramento fue instituido para el perdón de los pecados cometidos después del bautismo y en el los bautizados desempeñan un papel activo. No se limitan a recibir un perdón ritual y formal, como sujetos pasivos. Al contrario, con la ayuda de la gracia, toman la iniciativa de luchar contra el pecado, confesando sus culpas y pidiendo perdón por ellas. Los bautizados saben que el sacramento implica de su parte un acto de conversión. Y con esta conciencia participan activamente y desempeñan su papel en el sacramento, como se desprende del mismo rito. 2. Es preciso reconocer que en tiempos recientes se ha manifestado en muchos lugares una crisis de la frecuencia de los fieles al sacramento de la penitencia. Las razones, que guardan relación con las mismas condiciones espirituales y socio-culturales de grandes estratos de la humanidad de nuestro tiempo, pueden resumirse en dos.
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

Es la confirmación de que su muerte fue real, y no sólo aparente. Su alma, separada del cuerpo, fue glorificada en Dios, pero el cuerpo yacía en el sepulcro en estado de cadáver. Durante los tres días (no completos) transcurridos entre el momento en que “expiró” (cf. Mc 15, 37) y la resurrección, Jesús experimentó el “estado de muerte”, es decir, la separación de alma y cuerpo, en el estado y condición de todos los hombres. Este es el primer significado de las palabras “descendió a los infiernos”, vinculadas con lo que el mismo Jesús había anunciado previamente cuando, refiriéndose a la historia de Jonás, dijo: “Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12, 40).
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

1. Durante la última reflexión nos preguntamos que es el "deseo", del que hablaba Cristo en el sermón de la montaña (Mt 5, 27-28). Recordemos que hablaba de él refiriéndose al mandamiento "No cometerás adulterio". El mismo "desear" (precisamente "mirar para desear") es definido un "adulterio cometido en el corazón". Esto hace pensar mucho. En las reflexiones precedentes hemos dicho que Cristo, al expresarse de este modo, quería indicar a sus oyentes el alejamiento del significado esponsalicio del cuerpo, que experimenta el hombre (en este caso, el varón) cuando secunda a la concupiscencia de la carne con el acto interior del "deseo". El alejamiento del significado esponsalicio del cuerpo comporta, al mismo tiempo, un conflicto con su dignidad de persona: un auténtico conflicto de conciencia.
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

7. Como se ve, el Apóstol, en la primera Carta a los Corintios (12, 18-25), vincula su descripción del cuerpo humano al estado del hombre "histórico". En los umbrales de la historia de este hombre está la experiencia de la vergüenza ligada con la "de desunión en el cuerpo", con el sentido del pudor por ese cuerpo (y especialmente por esos miembros que somáticamente determinan la masculinidad y la feminidad). Sin embargo, en la misma "descripción" Pablo indica también el camino que (precisamente basándose en el sentido de vergüenza) lleva a la
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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

templanza) con la del “mantenimiento del cuerpo con santidad y respeto”— es profundamente justa, completa y adecuada. Quizá debemos esta plenitud no a otro cosa sino al hecho de que Pablo considera la pureza no sólo como capacidad (esto es, actitud) de las facultades subjetivas del hombre, sino, al mismo tiempo, como una manifestación concreta de la vida “según el

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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

8. Vale la pena citar en su totalidad algunos fragmentos especialmente elocuentes de esta Carta. Al entrar en el mundo, Jesucristo dice a Dios su Padre: “No quisiste sacrificios ni oblaciones, pero me has preparado un cuerpo. Los holocaustos y sacrificios por el pecado no los recibiste. Entonces yo dije: Heme aquí que vengo, en el volumen del libro está escrito de mí, para hacer, oh Dios!, tu voluntad” (Heb 10, 5-7)

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La Santa Sede JUAN PABLO II

La Santa Sede JUAN PABLO II

Vale la pena añadir que, en el ámbito de la Iglesia católica, están representados también en Australia los diversos ritos que corresponden a las varias Iglesias orientales. Al terminar, deseo decir también que los representantes de la vida política y del Cuerpo Diplomático han participado en la visita en todas partes. Particularmente elocuente ha sido, en este sentido, el encuentro con los miembros del Parlamento australiano. Deseo agradecer especialmente la sistemática cooperación de las distintas Estancias federales y de todos los Estados, como también de las autoridades municipales, en la preparación y desarrollo de la visita.
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Teología y santidad  Reflexiones sobre la razón de ser del teólogo a la luz del magisterio de S S el Papa Juan Pablo II

Teología y santidad Reflexiones sobre la razón de ser del teólogo a la luz del magisterio de S S el Papa Juan Pablo II

¿Quiénes son los que han alcanzado esta sabiduría de lo alto en la que teología y vida espiritual se armonizan? El Papa no duda en responder: los san- tos. De ahí que sea éste también el camino para el teólogo; el único camino capaz de hacer fecundo su trabajo. En la proclamación de Santa Teresita como Doctora de la Iglesia, Juan Pablo II destacó precisamente esta armonía: «Su en- señanza no sólo es acorde con la Escritura y la fe católica, sino que también re- salta por la profundidad y la síntesis sapiencial lograda. Su doctrina es, a la vez, una profesión de la fe de la Iglesia, una experiencia del misterio cristiano y un camino hacia la santidad. Teresa ofrece una síntesis madura de la espirituali- dad cristiana: une la teología y la vida espiritual, se expresa con vigor y auto- ridad, con gran capacidad de persuasión y de comunicación, como lo de- muestra la aceptación y la difusión de su mensaje en el pueblo de Dios. La enseñanza de Teresa manifiesta con coherencia y une en un conjunto armo- nioso los dogmas de la fe cristiana como doctrina de verdad y experiencia de vida» 41 .
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