Las creencias sirven de principios que nos orientan a la hora de vivir nuestras vidas. Las creencias en concreto son esencialmente juicios y opiniones que tenemos sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea.
Las creencias negativas son tajantes y nos da la sensación que no las vamos a poder cambiar nunca, ya que nos bloquean y no nos dejan tiempo ni para la reflexión ni para el cambio, son limitadoras. Aunque eso está ya lejos de la realidad, pues las creencias podemos cambiarlas siempre que queramos.
Las creencias positivas también suelen ser tajantes, la diferencia está en que son potenciadoras, por lo tanto nuestra personalidad estará más llena de autoestima, algo primordial para tener un buen desarrollo personal.
Cada uno de nosotros posee su propia realidad, y esta realidad
(creencias) es la verdad para quien la experimenta.
Podríamos decir que esta frase es totalmente actual:
“No tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible”
Las creencias se repiten por los siglos de los siglos.
El Dr. Mario Alonso Puig nos dice que a todos aquellos que seamos educadores o padres, tengamos mucho cuidado con la palabra “eres”.
Tenemos la costumbre, es más nos han educado así, que cada vez que tenemos que recriminar algo lo hacemos hacia la persona, vamos a ponernos en situación. Estamos en una clase y tenemos a los que
son listos, a los que son torpes, a los que son desordenados, a los
que son descuidados, a los que son olvidadizos….
¿Para qué estoy señalizando son?, bien porque cada vez que a un chico le decimos – ¡Eres un maleducado!, su subconsciente se lo cree, te tal manera que si de mayor sigue siendo mal educado y se le recrimina, dirá – ¡Es que yo soy así!
Desgraciadamente la sociedad tiene mucho que ver con este tipo de situaciones, ya que los mensajes que nos dan van directamente a la persona y en consecuencia, va directo a nuestro subconsciente y de verdad, éste (el subconsciente) se cree todo lo que nos digan, incluso lo que nos decimos a nosotros mismos. Se cree lo bueno y lo malo. Para que nos hagamos una idea, cada vez que a alguien se le dice eres tonto, cobarde, torpe, ignorante, egoísta, retrógrado, mal educado…. Le estamos etiquetando y lo que sabemos ahora es que esta persona se lo cree y actúa en consecuencia. Cuando estas etiquetas son negativas hacen mucho daño.
Si las etiquetas son positivas, pasan a ser del grupo de las potenciadoras y ahí si podemos usar el verbo ser para designársela a quien le corresponda. En exceso podría terminar con un exagerado ego, así que todo debe ir en su justa medida. A todos nos gusta que nos digan eres guapo, simpático, agradable, listo, inteligente, honesto, buen amigo……
Vamos a poner un ejemplo, si a una niña desde pequeña le dice todo el mundo que es muy guapa, que niña más preciosa y es repetido; si al cumplir 18 años va por la calle y oye -¡Fea!, ¿Qué creéis que pensará? Pensará que lo que ha oído no va con ella, ni se ofenderá. Aquí aparece una creencia potenciadora, por lo tanto no va a haber ningún problema. Al lado de esta chica va otra a la que le decían de pequeña “no es guapa, eso sí, es muy simpática”, ¿Qué pasa si la creencia es limitante? Que puede frenar muchas de nuestras acciones en la vida y eso puede hacer que nuestro destino sea distinto si tenemos más creencias potenciadoras que limitantes. Esta segunda chica se puede molestar porque se ha dado por aludida o también puede darse la vuelta y decirle, -¡si soy fea, pero muy simpática! En este caso esa virtud sería lo que le salvó cuando le decían que era fea.
Hay que tener cuidado con cómo decimos las cosas, ya sabemos que con “eres” tenemos que aprender a jugar para no dañar.
¿Cómo se puede actuar desde el ámbito de la educación? Es fácil, aunque hay que hacer algo de práctica. Os aseguro que yo lo puse en marcha con mis hijas y aunque cuesta hacerlo, se puede conseguir y cuando se nos escape “el eres…..”, nos daremos cuenta enseguida y podremos rectificar.
Bien, a un chico que haya hecho algo mal, no le vamos a decir “eres estupendo” para no bajar su autoestima, puesto que ha hecho algo mal. La forma que tenemos de corregir es actuar sobre la conducta, no sobre el individuo, de tal manera que si tenéis un alumno extremadamente desordenado en vez de decirle “–Juan, estoy cansado de ver lo desordenado que eres. ¡Cuida tus cosas!” Le diremos “–Juan tienes que empezar a hacer un cambio en tu conducta, tienes que recoger tu material y tratarlo mejor.
Eso te va a beneficiar a la hora de organizarte cada día y te saldrá todo mejor”. Hemos cambiado el eres por tienes que y además le hemos dicho que se va a beneficiar si lo hace, esto le puede llevar a motivarse.
Otro caso en el que podemos decir “-¡María eres de las personas más impuntuales que he conocido!”, en este caso le diríamos “-María tienes que llegar puntual, es una forma de no perderte la primera parte de la clase y además así no molestas al resto de tus compañeros”. Volvemos a sustituir el eres por el tienes que, añadiendo algo que puede ganar si cambia esa conducta.
Siempre que les dirijamos hacia lo que pueden ganar, sentirán más interés, más motivación.
Lo mismo sucede si quien se da el mensaje es uno mismo. El Dr. Daniel Amen dice en su libro “Cambia tu cerebro cambia tu vida” que si un alumno se plantea “Sé que no voy a aprobar el examen del martes”, este tipo de pensamiento es una profecía que conlleva su propio cumplimiento. Si uno está convencido de que no va a aprobar, probablemente no estudie lo suficiente y no aprobará el examen.
¿Qué es lo que sucede en nuestro interior?, tan sencillo que como hemos estado diciendo, el subconsciente se cree todo lo que le decimos, si yo le digo “–Este examen no lo voy a aprobar”, lo que le sucede a mi organismo es lo siguiente: primero al subconsciente le llega que no va a aprobar, así que baja los niveles de energía para esa actividad y dicha energía la reserva para otras actividades que sí sabe que va a poder desarrollar. Digamos que es un ahorrador de energía y se implica en lo que le decimos que sí podemos hacer, ahorrando cuando le decimos que no podemos. De ahí que si yo pienso que voy a suspender, aunque estudie, haré mucho esfuerzo para conseguir un bajo resultado, el subconsciente no se pone de mi lado, con lo cual la sensación es de ir nadando contra corriente.
Con todo lo que llevamos visto, te recomiendo que veas en YouTube el video de Adriana Macías. Simplemente una vida llena de superación. Nació sin brazos y en la actualidad no sólo es una abogada y motivadora nata, sino que utiliza los pies como si de las manos se tratara. Ella es una evidencia que cuando se quiere algo enfocamos toda nuestra energía en lo que queremos y lo conseguimos.