entonces los únicos ámbitos del espacio público capaces de atraer a los residentes de intramuros-. El establecimiento definitivo del Observatorio, a medio camino entre El Abrojal y el centro, habría de promover la unión de las dos urbanizaciones.
Durante la década anterior había dado comienzo la eclosión local de la prensa mediática y en rápida seguidilla aparecerían numerosos diarios y semanarios. En 1867 se había aprobado la creación de la orden de las Esclavas del Corazón de Jesús, que en 1873 empezarían a impartir ense- ñanza primaria a niñas en el recientemente fundado pueblo General Paz. En setiembre de ese año iniciaba sus actividades el Banco Provincial de Córdoba. El 14 de diciembre de 1878 se disponía que el ejido de la ciudad capital sería un cuadrado de cuatro leguas de lado, con centro en la plaza principal.
“La Carcajada”.
Este semanario “jocoserio, burlezco y literario”78, como rezaba de-
bajo de su título, vio la luz el 19 de marzo de 1871 y desde entonces no cesó de hostigar y atacar, a veces en respuesta a agresiones recibidas, a Agustín Garzón y a los periódicos en los que éste se escudaba, el “Eco de Córdoba”79, el más importante de esos tiempos, y el “Pueblo Católico”
–éste, propiedad del fundador de San Vicente y de efímera existencia80-.
Las citas que merece “La Carcajada” en los libros que historian la ciudad no tienen la frecuencia de otras fuentes y la mayoría de las veces buscan refrendar humorísticamente algún aserto. No obstante, al recorrer sus páginas, cabe cierta sorpresa, ya que detrás de la ironía y de la burla –algunas veces, despiadada- campea un espíritu democrático y abierto, que se opone francamente al racismo y a las hipocresías religiosas vi- gentes y que es acerbo acusador de la ineptitud, de la venalidad y de la corrupción de los grandes personajes de la época, desde el presidente, el vicepresidente y los gobernantes provinciales, hasta los aspirantes a 78 En las trascripciones, se respeta la sintaxis y variable ortografía de los originales.
79 Al momento en que se escriben estas líneas, las colecciones del “Eco” de Córdoba de las bibliotecas y archivos locales se encuentran en proceso de microfilmación, por lo que no se puede disponer, lamentablemente, de una de las fuentes más útiles para este capítulo. Lo mismo sucede con la mayoría de los periódicos editados en la ciudad durante esos años, por lo que será necesario volver sobre este punto una vez que se cuente con esos registros.
80 Apareció el 8 de agosto de 1869 y su venta dominical cesó el 28 de marzo de 1871.
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serlo –entre ellos, Augusto López, blanco de sus dardos por postularse a una diputación nacional-.
Los epítetos y motes que recibían el gobernador y sus ministros y fun- cionarios, amén de prestigiosos vecinos de la época, sin represalias ni san- ciones conocidas, parecen revelar, más que la vigencia de una democracia –de notoria inmadurez, cuya Constitución databa, precisamente, de 187081-,
la incertidumbre acerca de los límites y alcances cabales de la autoridad política y del decoro personal, puesto que el semanario fue de amplia e ininterrumpida difusión durante más de tres décadas y se desconoce que haya tenido en las sombras a un protector omnipotente, si bien se hace menester mencionar que su propietario y director, Armengol Tecera, se movía con mucha habilidad en el mundillo de los mandatarios y de los más encumbrados actores sociales. Es de imaginar que a más del desdobla- miento entre los mandamientos de la Iglesia y la legislación laica –entre pecado y delito82-, ésta era impotente para definir y sancionar las nuevas
figuras delictivas que surgían del progreso, de la expansión capitalista y de los avances tecnológicos. Muchos de los desmanes de los terratenientes y en especial, de la segunda oleada –desde los ’80- de gestores inmobiliarios, no encontrarían frenos legales ni oposición consciente y organizada y por lo tanto, quedarían impunes.
La escisión entre liberales y conservadores no tenía en Córdoba la ta- jante y clara diferencia de otras latitudes y mucho pesaba la Iglesia en el borde borroso que los separaba. Aun cuando La Carcajada hacía gala de una trasparente e inclaudicable probidad e inteligencia, no pudo evitar las confusiones que suscitaba un mundo en ebullición y transformaciones pro- fundas y sin equivocarse en gran parte de sus afirmaciones, condenaba al progreso porque beneficiaba a unos pocos a costillas de los más pobres. En
81 Se hace imprescindible, sin embargo, mencionar el “Reglamento provisorio para el régimen y administración de la Provincia de Córdoba”, promulgado por el gobernador Juan Bautista Bustos el 20 de febrero de 1821. De acuerdo a Luis R. Frías (1985), este documento revela el rol doctrinario de Córdoba, opuesto al de la rebelión armada que asumieron la mayoría de las provincias tras la proclama de la independencia, en reclamo por la centralidad y el despotismo porteños, que endilgó desde esos atributos a su traspaís los motes de “barbarie” y de “anarquía”. Fuentes jurídicas citadas por Frías adjudican al Reglamento una jerarquía constitucional y entre ellas, Ernesto Celesia afirma que “sus autores demostraron que tuvieron la real y verdadera previsión de lo que era necesario para la organización de la Nación, atendiendo con exactitud a las necesidades de la Provincia, en forma tal que rigió sus destinos durante 26 años (...), siendo en algunas de sus disposiciones el verdadero y único antecedente argentino de la constitución nacional”.
82 La aparición del Código Civil, obra de Dalmacio Vélez Sársfield, sustituye la vigencia del Derecho Canónico, bajo cuya égida y con pocas excepciones, se confundían pecados y delitos.