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Ética profesional, ética de los profesionales: el sentido de la

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2 ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A quién comunicamos?

3. Ética profesional, ética de los profesionales: el sentido de la

deontología en la comunicación

La visión instrumentalista de la comunicación tiene muchas consecuencias a nivel práctico. Una de ellas es que a menudo con- fundimos ética profesional y ética de los profesionales. No se tiene un horizonte verdaderamente humano sobre uno mismo, se cosifi- ca a aquel a quien comunicamos, se le utiliza para nuestro benefi- cio, es decir, se le manipula, y se acaba por afirmar que todo ello en conjunto no es ni bueno ni malo, porque depende de si ha servido o no al fin que me proponía.

El profesor Galdón lo ha resumido de forma espléndida cuan- do afirma que la situación desinformativa que padecemos se carac- teriza por las siguientes caras de un mismo prisma: visión parcial,

14 J. F. Serrano Oceja: ¿Medios de comunicación? Guía para padres y educa-

ética de los profesionales de la comunicación

superficial y artificial de la realidad, acumulación de hechos sin sentido, idolatría de la actualidad, omisión de lo esencial y sacra- lización de la opinión. Y lo achaca, entre otros factores, al hecho de que las «teorías» sobre el periodismo que se han generalizado más, surgidas en y desde los planteamientos filosóficos de la Mo- dernidad, impiden el logro del buen periodismo. Galdón afina aún más y pone el dedo en la llaga para denunciar los efectos desin- formativos que produce el «periodismo objetivista», tanto en la propia constitución personal de profesional como en lo que este cuenta15. No podemos prescindir de nuestras facultades personales

para convertirnos en un mero observador que cuenta sin impli- carse. Nuestro conocimiento es relacional y nuestra percepción de lo real depende de la estructura conceptual que utilizamos para el análisis y la comprensión de la realidad. Por ello, la neutralidad es una concepción sin sentido. A cambio, podemos y debemos ser rigurosos, equilibrados, honrados, coherentes; es decir, poner en juego nuestra capacidad de aprehensión de las posibilidades con- cretas inherentes a las circunstancias en las que me encuentro16.

Se nos ha hecho creer que existe una correspondencia entre verdad y objetividad. A partir de aquí, cualquier crítica a la ob- jetividad es entendida como relativismo. Pero no es así. Este es el error básico de las posiciones posmodernas, precisamente debido a sus inevitables creencias moderno-positivistas. Por eso, la crítica realizada no conlleva que confundamos una suerte de ética profe- sional con la ética de las profesiones, que es tanto como confundir el sentido objetivo de la profesión con la particular concepción que cada profesional tenga de la misma. «De este modo, sustituyen el carácter normativo de la ética por una simple dimensión fáctica, en la que entienden que la mayor o menor fuerza de un determina- do comportamiento depende del grado de coincidencia en la prác- tica de los profesionales. La ética profesional no es la ética de los

15 G. Galdón: Desinformación. Método, aspectos y soluciones. eunsa, Pam-

plona, 1997.

16 A partir de los estudios de Galdón, el profesor López Cambronero desarrolla

un interesante artículo titulado «Desinformación e información falsa», en Ética de

profesionales. Esto sería poner el carro antes que el burro, pues la razón de ser del profesional incluye ya la existencia de unos bienes que dota de sentido a su actividad»17.

Lo he mencionado al principio, someramente: el perfil del profesional de la comunicación ha cambiado mucho en los últi- mos años, pero aun así hay algunos elementos que forman parte del cuestionamiento moral, ineludible tanto si trabajamos en un periódico impreso como si lo hacemos en un entorno 2.0. Co- menzaré para ejemplificarlo por una llamada común y universal: la vocación.

La relación entre vocación y profesión no puede plantearse ahora en los mismos términos en los que lo hacía Max Weber18. No

puede plantearse desde la perspectiva de la necesidad, sino desde la perspectiva de la libertad y esta nos sitúa en términos de respon- sabilidad. La ética profesional, así entendida, recupera esa ligazón entre los aspectos vocacionales y profesionales y se convierte en la disciplina marco que acoge el desarrollo de una profesión deter- minada dentro de unos parámetros de calidad moral. «Aunque no sea Dios el que llama o asigna una misión, hay un telos personal que realizar. Nos encontramos ante un profesional vocacionado que responde desde sí. No sólo es un trabajador que responde por sí mismo, sino desde sí mismo, es decir, desde un proyecto de vida en el que se inscribe una ocupación profesional»19.

Con frecuencia se reduce, también, toda la ética profesional a la deontología como ciencia de los deberes. Quiero situar la deon- tología profesional en la ética y la moral para alejar radicalmente la usual equivocación de normativizar la educación moral de los profesionales de la comunicación «Tras la sencillez de una fór- mula como la dimensión moral de la existencia humana se oculta un continente de riqueza inagotable; en ella tienen parte todas las

17 J. C. Suárez Villegas: Principios de ética profesional. Tecnos, Madrid,

2001, pág. 98.

18 M. Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Orbis, Barcelo-

na, 1985, págs. 81-103.

19 A. Domingo Moratalla: Calidad educativa y justicia social. PPC, Madrid,

ética de los profesionales de la comunicación

facultades del alma humana (conocimiento, apetito, sentimiento) y también todos sus estratos. Es este un hecho que solemos olvi- dar cada vez que el fariseísmo o la miopía nos llevan a reducir la vida moral a la observancia de unas cuantas normas que ordenan ciertos tipos de acciones. Esta tendencia reduccionista se ve refor- zada por una idea que, siendo cierta, es engañosa: la idea de que uno sólo es plenamente responsable de lo que libremente realiza, a saber, de las acciones imperadas por su voluntad. De aquí a la afirmación de que la calidad moral de las personas depende por entero de la medida en que sus acciones sean conformes con las normas que consideramos válidas sólo hay un paso»20.

Me interesa la ética del deber en la medida en que puede con- vertirse en fundamento de la dignidad y la honradez humanas, no en la medida en que reduzca la experiencia ética a una serie de compilaciones deontológicas, sobre las que se presupone errónea- mente que el conocimiento es garantía del cumplimiento profesio- nal. «La ética del deber se remonta a un referente básico que nos interesa no perder de vista en cualquier actividad humana: el sen- tido de la dignidad. Una relación profesional es una relación, antes que cualquier otra consideración, entre personas, y esto entraña ya una serie de exigencias para que el servicio profesional sea de buena calidad. Nadie querría ser beneficiario de un bien si se hace con desprecio o desconsideración hacia su persona»21.

Entre las numerosas definiciones que de ella se han dado, la deontología se presenta como «el conjunto de reglas de carácter ético que una profesión se da a sí misma y que sus miembros deben respetar»22.Para Desantes es el «conjunto sistemático de normas

mínimas que un grupo de profesionales determinados establece y que refleja una concepción ética común o mayoritaria de sus

20 L. Rodríguez Duplá: Ética. bac, Madrid, 2001, págs. 5 y 6. 21 Ibíd., p.41.

22 J. L. Hebarré: Protection de la vie privée et déontologie des journalistes,

I.P.I., Zurich, 1970. pág. 27. Especialmente interesante resulta el capítulo titulado «Importancia de la deontología». Puede verse también su visión de la autorregu- lación informativa en M. Loffler y J. L. Hebarré: Les organismos de’auto-

miembros»23. En las recomendaciones del Consejo de Europa se

puede leer que la deontología profesional es «útil para mantener los más elevados niveles profesionales (…) sus reglas tienen una doble finalidad: fijan las normas que deben ser observadas en vis- tas a mantener la integridad de la profesión y definen las obligacio- nes morales de todo periodista»24. Para la Carta de los Derechos

de los Periodistas Canadienses de lengua francesa, deontología «es el conjunto de reglas que le dictan su postura en todas las circuns- tancias frente al público, frente a los gobiernos y los organismos públicos, frente a sus colegas y frente a sus superiores, así como frente a la dirección de su empresa». «Gracias a la deontología –sostiene Emmanuel Derieux–, la ética profesional personal ad- quiere un reconocimiento público, y la moral individual se hace trascendente en el campo de la profesión. Tales efectos propor- cionan a la deontología autoridad, cohesión y unidad, facilitan su aplicación y aseguran su respeto. De esta forma, los profesionales pueden adquirir una conciencia más exacta, más práctica y más justa de sus deberes y de sus responsabilidades»25.

Para lograr esa función social de la deontología a que se refie- re Derieux, es necesario que exista el convencimiento de la comu- nidad periodística por articular el conjunto de reglas de conduc- ta que debe regir su actuación profesional, basados siempre en la convicción personal de que la libertad sólo puede prosperar con la responsabilidad. Pero debe entenderse que libertad y responsabi- lidad no son principio y fin de un derecho-deber, sino «su textura misma que da sentido final al orden jurídico y al orden moral»26.

Más aún, es posible afirmar que la deontología es el único camino que existe en los Estados democráticos para que los periodistas

23 J. M. Desantes Guanter: El autocontrol de la actividad informativa. Edi-

cusa, Madrid, 1973, p.214

24 Council of Europe, Mass Media and human rights, pág. 25, citado por P. Ba-

rroso en el prólogo de su tesis doctoral Códigos Éticos de la profesión periodística:

análisis comparativo, presentada en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Edu-

cación de la Universidad Complutense de Madrid, 1979.

25 C. Soria: «Ética y derecho de la información en una sociedad pluralista», en

Cuestiones ético-jurídicas de la información, eunsa, Pamplona, págs. 39 y 40.

ética de los profesionales de la comunicación

puedan preservar la libertad de información al servicio de la so- ciedad. «Sólo desde un equilibrio entre libertad y responsabilidad es posible reconocer a la deontología. Reconocer, en cambio, que la deontología periodística así comprendida es irrealizable, signifi- caría que es irrealizable también la propia dignidad y el honor de nuestra profesión»27.

Mientras que la ética se ocupa del bien, la noción clave en deontología es la del deber. Cierto es que sin la perspectiva ética la deontología se queda sin su horizonte de referencia. No acaba de quedar claro el sentido y el por qué de las normas deontológicas. «La deontología se mueve más en el campo de lo que es aprobado por un colectivo. Se puede apelar a la propia conciencia del deber profesional, pero lo normal es que cuando se habla de deontología profesional se entienda por tal los criterios compartidos por el co- lectivo profesional y normalmente convertido en texto normativo por el correspondiente colegio profesional»28.

En síntesis, el concepto deontología periodística puede definir- se como el conjunto de principios éticos asumidos voluntariamen- te por quienes profesan el periodismo, por razones de integridad, de profesionalismo y de responsabilidad social. La deontología periodística implica para el informador un compromiso de identi- dad con el rol que juega en la vida social y una percepción amplia del valor que tiene la información como ingrediente de primera importancia para traducir en hechos concretos la idea de demo- cracia. El periodista sabe además que la información no es sólo el producto periodístico, sino el vehículo sine qua non para satisfacer un derecho fundamental del género humano.

En la ética de la información, por ejemplo, la deontología profesional del informador se encuentra directamente vinculada al perfil moral del periodista: cómo quiere vivir, cómo se ve a sí mismo, cuáles son las valoraciones morales que aplica al momento de recabar y difundir la información, y qué relación debe existir

27 L. Brajnovic: Deontología periodística. eunsa, Pamplona, 1978, pág. 209. 28 A. Hortal: «Planteamiento de una ética profesional», en J. L. Fernández y

A. Hortal (comp.), Ética de las profesiones, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1993, págs. 57 y 58.

entre el público y su tratamiento periodístico, etc. Y se trata de una propuesta que «rebasa las hipótesis normativas previstas como

obligatorias en el aparato jurídico vigente. De esta suerte, puede haber conductas lícitas pero no éticas y, por el contrario, puede haber –aunque sea con carácter excepcional– conductas éticas que pueden ser ilícitas en determinados ordenamientos jurídicos. Ge- neralmente, sin embargo, la ética atañe al margen de acción en donde el individuo tiene la libertad de elegir»29.

El periodista no se limita a escribir simplemente para el con- sumo de otros; escribe para autoexpresarse, y pone su persona y todo su ser en su actividad periodística: lo que comunica es, de una manera muy real, lo que él es. Se agrada o desagrada a sí mismo, no tan sólo a su público. Lo que hace para vivir de acuerdo con alguna norma interior no sólo afecta sus actividades y creencias en otros, sino, de una manera muy real, la esencia misma de su propia vida. El propio McLuhan expuso la necesidad de elaborar y desarrollar una ética profesional en el terreno de la comunicación social y, más concretamente, en el terreno de los medios: «Detrás de los medios de comunicación social se encuentra toda una rea- lidad no sólo técnica sino social y ética. A causa de los medios de comunicación está naciendo un nuevo tipo de hombre y de socie- dad. Ellos introducen cada día con más fuerza un nuevo tipo de civilización»30. La producción cultural que de los medios se deriva

tiene, en muchos casos, claras marcas deontológicas que van más allá de la mera enumeración de una serie de normas y unos deberes estipulados que se han de cumplir. Los códigos deontológicos, por ejemplo, en cuanto que productos culturales, tienen ya una deter- minada «denominación de origen» al haber sido redactados por colectivos específicos, en el ejercicio de una profesión específica y en un contexto concreto de referencia con una particular configu-

29 O. R. Martínez: «Un acercamiento a la ética y la deontología en México»,

en Deontología y autorregulación informativas. Ensayos desde una perspectiva

comparada, Fundación Manuel Buendía, Universidad Ibeoroamericana, Ciudad

de México, 2000, pág. 33 y ss.

30 McLuhan: Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser

ética de los profesionales de la comunicación

ración de los medios y de su relación con otras instituciones socia- les31. La reflexión ética que se lleva a cabo desde una perspectiva

deontológica, sea la de los códigos o la de otro mecanismo de au- torregulación, está estrechamente vinculada a la manera de ver el mundo que tiene el colectivo desde donde se formulan las propues- tas. El profesor White, a este respecto, indica que los elementos que caracterizan a un código profesional son una serie de carac- terísticas más o menos vinculadas a la atribución de estatus social y a la formación y conservación de un sentimiento corporativista que actúa como un criterio de «distinción social». El paso funda- mental que se opera con la Deontología es la renuncia a pensar en la finalidad global de las acciones en función del interés común a la finalidad individual o grupal en función del interés profesional32.

Por todo ello resulta un disparate interpretar la ética comunicativa como una ética deontológica pues esto es tanto como «renunciar a pensar en la consistencia del bien común en sus distintos medios (prensa, radio, televisión) para plantear el Bien como lo mejor para x, siendo x el colectivo de profesionales vinculados a la informa- ción. Con ello se pasaría de la consideración de una ética comuni- cativa global al predominio de una ética finalista»33.

Así pues, bien entendida, esta disciplina que es la deontolo- gía cumple un papel fundamental en la profesión, aporta paráme- tros para elevar la calidad informativa34, contribuye a optimizar

31 E. Pujadas Capdevila: «El reduccionismo del pensamiento ético contem-

poráneo sobre los medios: la equiparación de la Ética a la Deontología y a la re- flexión sobre los géneros informativos. Vías de salida: la reflexión sobre el servicio público y la televisión de calidad», en P. Diez Handino, J. M. Marinas y N. Watt (eds.), Ética de la comunicación: problemas y recursos. Comunicación 2000, Uni- versidad Complutense de Madrid, 2002, págs. 24-26.

32 R. White: «Social and policial factors in the development of communication

ethics», en T. W. Cooper (ed.), Communication ethics and global change. Lngman, New York, pág. 52.

33 E. Pujadas Capdevila: «El reduccionismo del pensamiento ético contem-

poráneo…», págs. 25 y 26.

34 Esta es la tesis de Ernesto Villanueva. Este autor concibe la autorregulación

profesional como el sistema de reglas de conducta adoptado por los medios en relación con el Estado, la sociedad y la propia comunidad periodística, la cual se encuentra dotada de un órgano de ejecución y/o creación de normas sustantivas y

el derecho de la información, fomenta la creación de grupos de recepción crítica y estimula la independencia de la profesión en la medida en que denuncia las injerencias del poder y protege los derechos de los ciudadanos35. Y cumple ese papel presentándonos

en la práctica modelos de actuación, opciones deontológicas deter- minadas como, por ejemplo, la autorregulación profesional que a continuación se aborda, siempre que se entiendan desde su contex- to determinado y se desenfoque el centro de su fundamento, que en ningún caso es la memorización y aprehensión de normas por parte de los profesionales (reducir la ética de la comunicación a la ética deontológica) sino la búsqueda de criterios de calidad que tiene mucho más que ver con la fundamentación de valores y vir- tudes en sus propias vidas, para que después puedan ser aplicadas al ámbito profesional.

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