• No se han encontrado resultados

Años ‘50 Sector moderno y sector tradicional: dos paradigmas comparados

In document El aporte de la ruralidad al desarrollo (página 31-34)

1. DESARROLLO RURAL: MARCOS TEORICOS

1.1 Evolución del pensamiento económico en los PVD

1.1.1 Años ‘50 Sector moderno y sector tradicional: dos paradigmas comparados

La economía del desarrollo, desde sus albores, ha destinado una limitada atención al rol del sector primario para el lanzamiento y el sostenimiento del proceso de crecimiento económico. En los años ’50 y ’60 del siglo pasado, y según una visión modernista, el desarrollo era entendido como proceso de transformación estructural de la economía, atribuible a la reducción de la contribución del sector primario a la formación del

6

Piénsese en la Unión Europea y en la Programación para el Desarrollo Rural,

como segundo eje de la histórica Política Agrícola Comunitaria.

Producto Interno Bruto, así como a la progresiva reducción de la población activa dedicada a las actividades agrícolas.

La economía del desarrollo debía, por tanto, encontrar el camino para

volver rápidamente eficaz la ruta de transición agrícola, transfiriendo

recursos del sector primario hacia el moderno sector industrial. Tal

enfoque, sostenido en el artículo de Lewis “Economic Development with

Unlimited Supplies of Labour” (1954), presentaba un modelo de expansión

económica a dos sectores: un moderno sector capitalista y uno tradicional y atrasado. Las características salientes del sector capitalista eran esencialmente atribuibles al uso del capital con fines de inversión, a la asunción de trabajo asalariado y a la venta de una mayor producción para generar extra-beneficios. Dichos aspectos faltaban, en cambio, en el sector tradicional caracterizado por una economía de subsistencia o por la pequeña agricultura campesina. Faltaba también, en este segundo ámbito, la percepción del beneficio y de la inversión como variables claves de la economía de mercado.

Lewis proponía, consecuentemente, la transferencia de la fuerza de trabajo del sector tradicional, donde la productividad marginal del trabajo se acercaba a cero, al sector moderno, favoreciendo el desarrollo “capitalístico” gracias a la mayor productividad del trabajo. La misma generaba un flujo de riqueza, una vez cubierto la suma de salarios del sistema económico, necesaria para impulsar nuevas inversiones para el desarrollo industrial.

En el sostener el proceso de transición económica, Lewis subrayaba cómo el desarrollo económico requiriese, según la concepción clásica, de un rápido crecimiento agrícola que acompañase al crecimiento económico:

«Now if the capitalist sector produces non food, its expansion increases the

demand for food, raises the price of food in terms of capitalist products, and so reduces profits. This is one of the senses in which industrialization is dependent upon agricultural improvement; it is not profitable to produce a growing volume of manufactures unless agricultural production is growing simultaneously. This is why industrial and agrarian revolutions always go together, and why economies in which agriculture is stagnant do not show industrial development» (Lewis 1954, 433).

El rápido crecimiento de la producción agrícola y la reducción contextual del porcentaje de participación del sector primario en la formación del PIB y de la fuerza de trabajo, podía parecer paradojal. Tal aparente contradicción ha dado lugar a la errada interpretación, ampliamente difundida además, de que la agricultura no es importante en términos de

32

coparticipación en la formación del PIB considerado, además, su inevitable decline en el ámbito de un proceso de transición agrícola (Clark 1940,

Kuznets 1966, Chenery y Syrquin 1975)7. La tendencia histórica de los

economistas del desarrollo a redimensionar el rol de la agricultura en el inicio de un proceso de crecimiento económico descendía, además, de los consolidados análisis económicos relativos a:

• rigidez de la demanda de los productos agrícolas (Engel, 1857)8;

• empeoramiento de los términos de intercambio (Prebisch y Singer,

1959)9;

7 La inversión tecnológica en agricultura está dirigida al aumento de la productividad por hectárea o por empleado y, en general, al aumento de la producción en su conjunto. La combinación de la demanda progresivamente decreciente de productos agrícola-alimentarios al aumentar el ingreso y el crecimiento de la oferta comporta, a igualdad de las otras condiciones, la inevitable reducción de los precios. Esto determina la expulsión de los agricultores del campo, en la búsqueda de nuevas ocupaciones mejor remuneradas. Esta transformación agrícola es considerada uniforme y constante en todas las economías. Como han ampliamente documentado Clark (1940), Kuznets (1966), Chenery y Syrquin (1975) del análisis de las series temporales, sea de países capitalistas como socialistas, la cuota de participación del sector primario en relación a la población activa y al producto interno bruto de un país tiende progresivamente a disminuir. Esta visión ha dado sostén teórico a aquellos economistas del desarrollo que rechazan la hipótesis de invertir en el sector primario, para poner en marcha un rápido crecimiento económico en consideración del inevitabile declive de la agricoltura respecto a los otros sectores productivos. 8 La ley de Engel evidencia cómo la demanda de un bien de primera necesidad aumenta menos que proporcionalmente respecto al aumento del ingreso (tratándose de demanda inelástica). De esto se desprende que, bajo el perfil macroeconómico, en el transcurso del tiempo el valor de la producción del sector primario crece menos rápidamente que el crecimiento del PIB, por tanto el sector primario no podría teóricamente determinar un rápido crecimiento de la economía en el corto plazo. Esta observación basada en el análisis de los gastos alimentarios de alrededor de 200 familias belgas, recogidos por Ducpétiaux, llevaron a Ernst Engel en 1857 a constatar que la elasticidad de la demanda para la compra de bienes alimentarios respecto al ingreso es inferior a uno. En efecto, sea “y” el ingreso, “p” el precio y “q” la cantidad de bienes alimentarios, se concluye que la cuota de participación del ingreso destinada a la alimentación es ω = (p*q)/y. Si este valor disminuye cuando el ingreso aumenta, entonces la derivada es necesariamente negativa. Houthakker (1957) pag. 532-551.

9

En 1949 dos importantes economistas, Raúl Prebisch y Hans Singer, formulan en forma separada la tesis por la que existe una tendencia al empeoramiento de la razones de intercambio para aquellos países que exportan materias primas e importan productos manufacturados. Por tanto la hipótesis de impulsar un proceso

efecto de los vínculos o linkage (Hirshman, 1958)10.

Estos planteamientos reforzaron el paradigma modernista, basado en el rápido crecimiento del sector industrial, en detrimento del sector agrícola tradicional.

1.1.2 Años ‘60. Reformas tecnológicas para el desarrollo agrícola

In document El aporte de la ruralidad al desarrollo (página 31-34)