SUBROGACIÓN: UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA (Hasta el siglo XX).
P. Oxy IX 1206 Adozione
3. LA ADOPCIÓN EN EL IMPERIO ROMANO 1 Antecedentes.
2.3. El modelo ateniense.
2.3.1. Abandono y exposición en Atenas.
Como señalan Lloyd deMause, politólogo y profesor en la City University of New York y el antropólogo e historiador francés Jean-Pierre Vernant, el infanticidio, la eugenesia, la exposición y el abandono eran hechos cotidianos y socialmente aceptados por los ciudadanos atenienses. Por ello, a todo niño que no fuera perfecto en forma o tamaño, que llorase mucho o que apenas lo hiciese; e incluso, un recién nacido en buenas condiciones físicas que fuera bastardo, hijo de esclava o de madre no ateniense (extranjera) podía ser abandonado, rechazado o expuesto conforme a la voluntad del Kyrios.99
En consecuencia, y como afirma Paul Monroe (profesor en las universidades de Columbia, Yale y California) en su ensayo sobre la Historia de la Pedagogía, el padre de familia ejercía el derecho sobre la vida y la muerte de sus hijos en las Anfidromias «guiado por la prudencia, por motivos económicos o por la mera indiferencia».100
Tanto Platón (427-327 a.C.) como Aristóteles (384-322 a.C.) justificaban el abandono y la exposición de los recién nacidos con la finalidad de diseñar, construir y organizar la sociedad ateniense mediante la elección y selección de sus hijos, que se
98
STRAUSS, B.S. Fathers and sons in Athens: ideology and society in the era of the peloponnesian war,
Routledge, London, 1993, pág. 1; CAMPOY CERVERA, I. La negación de los derechos de los niños en Platón y Aristóteles, Editorial Dykinson, Madrid, 2006, pág. 46; MUNILLA CABRILLANA, G et al.
Antropología de la religión. Una aproximación interdisciplinar a las religiones antiguas y contemporáneas, Editorial UOC, Barcelona, 2003, págs. 195-96; GRACIA ALONSO, F et al.
Protohistoria. Pueblos y Culturas en el mediterráneo entre los siglos XIV y II a.C, Edicions Universitat de Barcelona, Barcelona, 2004, pág. 720; GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ, A et al. Historia de la Infancia. Itinnerarios educativos, Cuadernos de la Uned, Madrid, 2004, págs. 38-39; Cfr. POMEROY, S et al
(2001), pág. 264.
99
Cfr. DEMAUSE, LL (1982), pág. 48; VERNANT, J.P et al. El hombre griego, Alianza Editoral. Madrid, 1993, pág. 104.
100
MONROE, P. Historia de la Pedagogía. Tomo I, Trad. María de Maeztu, Col. De Ciencia y Educación. Ediciones de la Lectura, Madrid, 1905, pág. 116.
- 57 - convertirían con este tipo de prácticas eugenésicas en los futuros ciudadanos y pobladores de la Politeia o ciudad ideal.
Platón, en La República y en La Leyes, defiende la intervención del Estado en el control de la población a través de la regulación de las relaciones sexuales y la prohibición (en determinadas circunstancias) de la procreación mediante un «celoso cuidado para que las familias no tengan un número abundante de criaturas».
No sin antes exhortarlos a poner gran celo en que nada de lo que hayan concebido, si así ha sucedido, vea la luz, y, si escapa a sus precauciones, plantearse que semejante niño no será alimentado.
Platón. República. Libro V. 461 c.101
En efecto, está la interrupción de la reproducción para los que tienen numerosa prole, y, en el caso contrario, el celoso cuidado para que las familias no tengan un número abundante de criaturas. Ambos métodos, operando con honras, deshonras y advertencias de los ancianos a los jóvenes a través de amonestaciones, podrán realizar lo que decimos.
Platón. Op.cit. 740 d-e.102
Por su parte, Aristóteles también abogaba, como su maestro, por exponer y abandonar a los niños deformes, planificar el número de nacimientos y practicar la eugenesia o el aborto «antes de que surja la sensación y la vida».
En cuanto a la exposición y crianza de los hijos, debe existir una ley que prohíba criar a ninguno defectuoso; y en el caso de un número grande de hijos, si la norma de las costumbres lo prohíbe, que no se exponga a ninguno de los nacidos. Es necesario, en efecto, poner un límite numérico a la procreación. Y si algún niño es concebido por mantener relaciones más allá de estos límites, antes de que surja la sensación y la vida, se debe practicar el aborto, pues la licitud y la no licitud de éste, será determinada por la sensación y la vida.
Aristóteles. Política. Libro VII. 1335 b. XV.103
Debido a la marginalidad social y jurídica de la mujer en Atenas (y al carecer la sociedad ática de los problemas demográficos y poblacionales de Esparta) rara vez se criaba en el seno de una oikos a más de una niña, siendo éstas rechazadas por el Kyrios en la ceremonia de las Anfidromias.
101
PLATÓN. Diálogos. IV. República, Trad. Alberto del Pozo Ortiz, Editorial Gredos, Madrid, 1988, pág. 263.
102
PLATÓN. Diálogos. VII. Leyes (Libros I-VI), Trad. Alfonso Silván Rodríguez, Editorial Gredos, Madrid, 1999, pág. 421.
103
- 58 - Sarah B. Pomeroy (historiadora e investigadora en el Hunter College y en la Graduate Center at the City University) ha cuantificado en un veinte por ciento el porcentaje anual de niñas que eran abandonas o expuestas, tras ser rechazadas por sus padres nada más nacer.104
En este sentido, el poeta y comediógrafo griego Posidipo de Pela (cuyo texto original se extrae de W. V. Harris)105 afirmaba:
Cualquiera, aunque sea pobre, cría un hijo varón, pero una hija, aunque sea rico, cualquiera la expone.106
Ante la generalización en la exposición y el abandono de los recién nacidos (por la no idoneidad o no aceptación en las Anfidromias) la sociedad helénica había institucionalizado un protocolo de actuación que comenzaba depositando al bebé en una vasija o tinaja (pithos-πίθος).107
El destino, la suerte, el azar o la propia intervención divina (como sucedía en las grandes sátiras y tragicomedias griegas o romanas) determinarán que el menor abandonado pueda morir de inanición en la misma pithos en la que había sido depositado (y que serviría a su vez de urna funeraria); o por el contrario, ya sea por compasión u otras motivaciones, el menor podía ser recogido y criado por una nueva familia, lo que equivaldría a “volver a nacer”.108
Así lo relatan Eurípides, en el inicio de la tragedia del mito de Ión (que tiene como protagonista al fundador de la estirpe de los jonios, hijo de Apolo y Creúsa) y el novelista griego Longo, en la narración de la infancia de Dafnis y de Cloe, expuestos en un bosque (Dafinis) y en una cueva (Cloe) de la isla de Lesbos.
Cuando llegó el momento, Creusa dio a luz en su palacio y llevó la criatura a la misma cueva en la que se había acostado con el dios. Y lo expuso, con la
104
Cfr. POMEROY, S et al (2001), pág. 264.
105
HARRIS, W.V. “Child-Exposure in the Roman Empire”. The Journal of Roman Studies, Society for the Promotion of Roman Studies, Vol. 84 (1994), pág. 4.
106
Cfr. VERNANT, J.P et al (1993), pág. 104; GALLEGO, J. El mundo rural en la Grecia Antigua, Akal, Madrid, 2003, pág. 98.
107
Cfr. MUNILLA CABRILLANA, G et al (2003) págs. 196 y 272.
108
- 59 - idea de que muriera, en el bien trazado círculo de una canastilla, con lo que
observaba la costumbre de sus antepasados (...).
Y yo por hacer un favor a mi hermano Loxias, tomé la cesta trenzada, me la traje y deposité la criatura en el umbral mismo de este templo, no sin antes descubrir la redonda canastilla para que se pudiera ver al niño (...) y se
disponía a arrojarlo del recinto sagrado, y el dios fue causante de que éste no fuera arrojado del templo. Lo recogió y lo crió sin saber que Febo era su padre ni quien era su madre.
Eurípides. Tragedias. Mito de Ion.109 Cuando en esta finca apacentaba el rebaño un cabrero, por nombre Lamón, encontró un niño al que una de las cabras daba de mamar. Había un encinar y maleza poblada de zarzales con hiedra errante por encima y blando césped, en el cual el crío yacía (…) Y ella, estupefacta ante la idea de
que las cabras paran niños, todo se lo explica: cómo lo encontrara abandonado, cómo lo viera alimentarse, cómo se avergonzó de dejarlo para que muriese allí. Siendo ella de igual parecer, esconden los objetos que acompañaban al expósito, aceptan la crianza como suya y a fin de que también el nombre del niño pareciese al de un pastor, acordaron ponerle Dafnis.
Pasados que fueron ya dos años, un pastor, de nombre Driante, que apacentaba ganado en campos aledaños, tropieza también él con hallazgo y espectáculo parejos. Había una gruta dedicada a las ninfas (…) hembra
era el pequeñuelo éste y también le acompañaban pañales y prendas destinadas a ser reconocidas, una cofia bordada en oro, zapatos dorados y ajorcas de oro para los tobillos (…) Y al llegar la hora de recoger el hato y
llegado que hubo a la majada, le cuenta lo que viera a su mujer, le enseña lo encontrado, la anima a tenerla por hijita y, sin dar cuenta a nadie, a criarla como propia. Y Nape, que así se llamaba, al punto fue una madre que puso tal amor en la pequeña. Y también ella le da, para evitar sorpresas, un nombre de pastora: Cloe.
Longo, Dafnis y Cloe. Libro I, II-VI.110