SUBROGACIÓN: UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA (Hasta el siglo XX).
P. Oxy IX 1206 Adozione
3. LA ADOPCIÓN EN EL IMPERIO ROMANO 1 Antecedentes.
2.2. El modelo de Esparta.
En Lacedemonia o Laconia (una de las comarcas al sureste del Peloponeso) también denominada Esparta por el poeta y rapsoda de la Grecia micénica Homero, debido a las características propias de su férrea organización sociopolítica (constituida en una timocracia en la que todos los hijos eran propiedad del Estado que se encargaba de su educación, de su crianza y de su tutela con el objetivo de formar vigorosos, obedientes y valientes soldados u hoplitas para la defensa de la polis)80 no se contemplaba la adopción como institución social y de filiación o parentesco dependiente de la familia, cuya función social era eminentemente reproductiva y económica.81
La educación castrense, agoge (aγωγή), basada en la disciplina, obediencia y uniformidad era obligatoria para todos los espartiatas. Los derechos de ciudadanía se obtenían por el mero de hecho de nacer en Esparta, pero la ciudadanía plena sólo se alcanzaba tras superar los diferentes grados de la agoge, integrarse en el ejército (con la categoría de ciudadano-soldado), acceder a un klêros o lote de tierra cultivable y
79
FINLEY, M. La Grecia Antigua, Trad. Teresa Sempere, Crítica, Barcelona, 1984, pág. 37.
80
Como reconoce Plutarco en su obra Vidas Paralelas, “Licurgo no consideraba propiedad de los padres a los niños, sino patrimonio de la polis, y, por ello, quería que los ciudadanos fueran hijos no de cualesquiera, sino de los mejores”. PLUTARCO. Vidas Paralelas I, Trad. A. Pérez Jiménez, Editorial Gredos, Madrid, 1985, pág.307.
81
SÁNCHEZ RUIPÉREZ, M et al. Historia de Grecia, Montaner y Simón, Barcelona, 1979, págs. 101-02; BOWEN, J. Historia de la Educación Occidental, Editorial Herder, Barcelona, 1976, págs. 85-91.
- 51 - contribuir a las phiditias o syssitias, compuestas por quince ciudadanos alrededor de una comida colectiva.82
2.2.1. El abandono y la exposición en Esparta.
Plutarco describe en su obra Vidas Paralelas, como los hijos de los espartiatas nada más nacer era examinados por un consejo de ancianos y sabios (gerusia) en la Lesjé (que eran los edificios ubicados en plazas o santuarios donde se reunían los ciudadanos, como la Lesjé de Crótanos o la Lesjé de Poikile) con el objetivo de determinar su resistencia o reciedumbre y encontrar la más mínima patología mental, física o malformación y deformidad congénita que hiciera inviable su crianza.
Por tanto, las mujeres no lavaban con agua a los niños, sino con vino, haciendo como experiencia de su complexión, porque se tiene por cierto que los cuerpos epilépticos y enfermizos no prevalecen contra el vino, que los amortigua; y que los sanos se comprimen con él, y fortalecen sus miembros.
Plutarco. Licurgo. XVI.83 Como que a un parto no dispuesto desde luego para tener un cuerpo bien formado y sano, por sí y por la ciudad le valía más ésto que el vivir.
Plutarco. Op.cit.
Aquellos niños que no superaban el examen o no eran lo suficientemente “aptos” y “resistentes” debían ser arrojados en las kaiadas o apothetas (término cuyo significado es el de “lugar de abandono”) una zona barrancosa en las estribaciones del monte Taigeto (Ταΰγετος) al ser una carga para la supervivencia de la polis y de la vida colectiva de todos los espartiatas.
En el caso de las niñas, su ocupación y obligación primordial dentro del régimen espartano era la de procrear y engendrar futuros hoplitas; por ello, y ante el déficit
82
FORNIS VAQUERO, C. Esparta. Historia, Sociedad y Cultura de un mito Historiográfico, Editorial Crítica, Barcelona, 2003, pág. 245; CARTLEDGE, P. Spartan Reflections, University of California, Berkeley, 2003, pág. 44; GÓMEZ ESPELOSÍN, F. J. Introducción a la Grecia antigua, Alianza Editorial, Madrid, 1998, pág. 80.
83
PLUTARCO. Vidas Paralelas. Tomo I. Trad. Antonio Ranz Romanillos, Espasa-Calpe, Madrid, 1945, pág. 133.
- 52 - demográfico causado por las múltiples contiendas bélicas, era inusual su exposición o abandono.84
Nacido un hijo, no era dueño el padre de criarle, sino que tomándole en brazos lo llevaban a un sitio llamado Lesjé, donde, sentados los más ancianos de la tribu, reconocían al niño, y si era bien formado y robusto, disponían que se le criase, repartiéndole una de las nueve mil suertes; más si le hallaban degenerado y monstruoso, mandaban llevarle a las que se llamaban Apothetas, o expositorios, lugar profundo junto al Taigeto
Plutarco. Licurgo. XVI.85 Entreteniéndola de este modo hasta el parto, cuando entendió que era llegada la hora de éste, envió personas que la observasen y estuviesen con cuidado en los dolores, con orden de que si lo que paría era hembra, se entregase al punto a las mujeres; pero si fuese varón se lo llevarán, estuviera en la ocupación que estuviese. Estando, pues, él comiendo con los magistrados, dió aquélla a luz un varón, y vinieron los ministros trayéndole el niño; tomóle en brazos, y se cuenta que dijo a los circunstantes: Os ha nacido un rey.
Plutarco. Op.cit. III.86
Al mismo tiempo y como apunta Aristóteles en su obra Política, Libro II, Cap. IX. XV-XVIII, el régimen espartano fomentaba la natalidad y la procreación ante la necesidad de soldados, eximiendo del servicio miliar al padre que tenía tres hijos «mientras que al padre de cuatro se le exonera del pago de cualquier impuesto».87
El historiador y filósofo ateniense Jenofonte, en su loa de alabanza y admiración por el sistema político y social de la ciudad-estado de Esparta, La República de los Lacedemonios, Capítulo I-I, se sorprende ante el reducido número de habitantes y la escasez de hombres «ya observé hace tiempo que Esparta fue poderosa y célebre en la
84
ERTING, C et al. The Deaf Way: Perspectives from the International Conference on Deaf Culture, Gallaudet University Press, Washington, 1994, pág. 240; GARLAND, R. The Greek way of death, Cornell University Press, New York, 2001, pág. 82; DILLON, M et al. Ancient Greece: Social & Historical Documents from Archaic Times to the Death of of Alexander the Great, Routledge Sourcebooks, New York, 2010, pág. 135; PATTERSON, C. The family in Greek history, Harvard University Press, 1998, pág. 74; NERDI, E. Procurato Aborto nel Mondo Greco Romano, Dott. A. Giufrrrè Editore, Milano, 1979, pág. 39; POMEROY, S et al. La Antigua Grecia. Historia política, social y cultura, Trad. Teófilo de Lozoya, Crítica, Barcelona, 2001, pág. 169.
85
Cfr. PLUTARCO (1945), págs. 132-33.
86
Cfr. PLUTARCO (1945), pág. 111.
87
ARISTÓTELES. Política, Trad. Pedro López Barja de Quiroga, Ediciones Istmo, Madrid, 2005, págs. 159- 60.
- 53 - Hélade, como es evidente, aunque era una de las ciudades con menos habitantes, y me sorprendió entonces como pudo ocurrir eso».88
Por su parte, Aristóteles observaba como «casi las dos quintas partes de todo el territorio pertenece a las mujeres, por haber muchas herederas y porque se entregaban grandes dotes» y estima que en Esparta vivían aproximadamente diez mil ciudadanos «en tiempos de los primeros reyes», mil ciudadanos durante la Batalla de Leuctra (371 a.C.) y no más de setecientos en tiempos de Agis (241 a.C.) siendo el déficit de ciudadano-soldados y la crisis demográfica, la causas que expliquen el ocaso de la civilización espartana.89
Pudiendo el país alimentar a mil jinetes y treinta mil hoplitas, no llegan siquiera al número de mil combatientes. Los hechos mismos han mostrado claramente los defectos de este sistema; la ciudad no pudo soportar un solo revés y fue destruida por la escasez de hombres. Dicen que en tiempos de los primeros reyes se concedía la ciudadanía a los extranjeros, de este modo, a pesar de que las campañas militares eran muy largas, no llegó a haber escasez de población. También se afirma que había entones unos diez mil espartiatas.
Aristóteles. Política. Libro II. Capítulo IX. XVI-XVII.90
2.2.2. Acogimiento y adopción en Esparta.
Aunque las evidencias arqueológicas y las fuentes escritas determinan lo contrario, tal vez y siempre de forma excepcional previa aceptación de la gerusia, existía la posibilidad de un acogimiento temporal para aquellos expósitos que habían sido rechazados en la Lesjé, convirtiéndose en esclavos al servicio personal de los espartiatas, ya sea en labores domésticas, agrícolas o en el caso de las niñas para ejercer la prostitución.
Este tipo de menores “no aptos” que sobrevivían a la exposición en el monte Taigeto, ostentarían la posición y la categoría social de “mercancía” (no eran ni ciudadanos, ni hombres libres, ni animales) pudiéndose comerciar con ellos (cederlos, pignorarlos o venderlos indistintamente).
88
JENOFONTE. Obras Menores. La República de los Lacedemonios, Trad. Orlando Guntiñas Tuñón. Editorial Gredos, Madrid, 1984, pág. 105.
89
KNAUSS, B. La polis. Individuo y Estado en la Grecia antigua, Edi. Aguilar, Madrid, 1979, pág. 82.
90
- 54 - En la organización social de Esparta, junto a los hilotas mesenios que eran los esclavos de los espartiatas y los periecos (periokoi) que eran los hombres libres que no poseían la condición de ciudadanos de pleno derecho; coexistía un subgrupo social diferenciado del resto, el formado por los “hijos bastardos” y no reconocidos de relaciones adúlteras con esclavas, de matrimonios mixtos con extranjeras o de espartiatas empobrecidos, los denominados mothakes (término cuya traducción literal equivaldría a “hermanastros”, “criados juntos” o “hermanos de leche”).91
Thomas J. Figueira y Paul Cartledge, consideran que los espartiatas sin herederos ni descendencia, en su vejez y como recompensa o gratificación por los servicios militares prestados, podían adoptar y acoger a mothakes (permitiéndoles, excepcionalmente, el acceso a la agoge y a la fiditia con los espartiatas).92
Jenofonte en sus Helénicas, Libro V, Capítulo III-IX identificaba a los mothakes con «espartitas bastardos, muy bellos y no faltos de educación estatal»93 y sobre la relaciones sociales y los vínculos existentes entre los mothakes y los espartiatas, Juan Manuel Casillas señala que «éstos eran sus escuderos y compañeros y disfrutaban de cierta libertad personal; difícilmente podían adquirir la plena ciudadanía, sólo la lograban en circunstancias muy especiales (…) pasando a ocupar entre a comienzos del siglo IV a.C
puestos de responsabilidad dentro del estado lacedemonio».94
Mediante la adopción de un mothake, y como constata Stephen Hodkinson, se establecían vínculos ideológicos y personales entre la élite política y militar como “homoioi (iguales) por adopción” generando «relaciones clientelares con las familias pudientes que les amparaban y proporcionaban ayuda material».95
A partir del siglo IV a.C, numerosos mothakes se laurearon en las múltiples guerras que entabló Esparta, como la guerra del Peloponeso o las guerras Médicas. Entre las grandes figuras legendarias y épicas de Esparta (todas ellas eran mothakes) destaca el
91
KOVALEV, S. História da Antiguidade. A Grécia, Editorial Estampa, Lisboa, 1976, pág. 82; OLIVA, P.
Esparta y sus problemas sociales, Trad. Marina Picazo, Akal Universitaria, Madrid, 1983, págs. 176-81.
92
FIGUEIRA, T.J. Population Patterns in Late Archaic and Classical Sparta. Transactions of the American Philological Association 116, (1986), págs. 165-205; CARTLEDGE, P. Sparta and Lakonia: a regional history 1300-362 BC, Routledge, New York, 2005, pág. 267.
93
JENOFONTE. Helénicas, Trad. Orlando Guntiñas Tuñón, Editorial Gredos, Madrid, 1985, pág. 211.
94
CASILLAS BORRALLO, J.M. La antigua Esparta, Arco Libros, Madrid, 1997, pág. 58.
95
HODKINSON, S. Servile and free dependants of the Spartan oikos, in M. Moggi & G. Cordiano (eds.), Schiavi e Dipendenti nell'Ambito dell`Oikos e della Familia, Pisa, 1997, págs. 45-71; Cfr. FORNIS VAQUERO, C (2003), págs. 243-46.
- 55 - general y estadista Lisandro, que venció en el año 407 a.C a los atenienses en la batalla naval de Egospótamos, el general Gilipo que fue destinado en la expedición de ayuda a los siracusanos durante la Guerra del Peloponeso en el año 415 a.C. o el navarca Calicrátidas que sucede a Lisandro en la guerra de Decelia, atacando al ateniense Conón y a su flota en la isla griega de Lesbos.96