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El campo comunicación-educación no ha abordado este problema formalmente. Sin embargo y como se verá a continuación, hay avances teóricos que dan cuenta de cómo la

comunicación para la salud efectiva implica un proceso educativo profundo y viceversa. Comunicación y educación son entidades inseparables para este problema y esta afirmación la respaldan tanto teóricos de la comunicación para el cambio social como Alfonso

Gumucio y Thomas Tufte como teóricos de la educación para la salud como María del Pilar Serrano y Fernando Peñaranda.

Cultura mediática y su influencia en la salud

Tufte (2007), desde el campo de la comunicación para el cambio social, ha planteado tres preguntas orientadoras para estudiar la comunicación y la salud en un contexto globalizado y mediático (Tufte & Enghel, 2007). Estas tres preguntas son:

● ¿Qué rol está jugando la comunicación en la configuración de ciudadanías de la salud?

● ¿Qué dimensiones de la globalización están influyendo en las políticas, disciplinas y prácticas vinculadas con la comunicación en salud?

● ¿Cuáles son los desafíos clave que enfrenta la comunicación para la salud hoy - en términos de políticas, teoría y práctica-?

A partir de esta formulación se puede construir un modelo de estudio y análisis de la comunicación en salud actual (ver esquema 7).

Comunicación para la salud

Como disciplina formal la comunicación para la salud inicia su formación en América Latina a inicios de los años 90 cuando en el escenario académico internacional aparece el concepto IEC (Información, Educación y Comunicación) como fundamento estratégico y transversal que debería establecerse en todos los programas de salud pública liderados por los Ministerios de Salud de la región (Mosquera, 2007).

Esquema 7. Modelo de estudio y análisis comunicación en salud. Construcción propia a partir de Tufte, 2007

Desde la perspectiva de la comunicación para el cambio social, autores como el doctor Luis Ramiro Beltrán, afirman que “el empleo sistemático de medios individuales, de

grupo, masivos y mixtos, así como de medios tradicionales y modernos, es una herramienta de apoyo al logro de comportamientos colectivos funcionales que cumplan los objetivos de salud pública” (Beltrán Salmón, 2010). Otros autores de esta perspectiva opinan que la comunicación para la salud debe ser de fundamento comunitario y basada en el diálogo (Gumucio Dagron, 2002).

Es en la promoción de la salud19 donde más desarrollo tiene el campo de la comunicación para la salud y es donde se ve la mayor producción académica e institucional. No sorprende ya que la acción de promover implica inevitablemente comunicar y, si se tiene éxito, educar.

Como lo comenta Gumucio (2010) a pesar de las numerosas conferencias

internacionales y múltiples iniciativas nacionales de los gobiernos en América Latina sobre promoción de la salud, estas no tuvieron el impacto esperado ni generaron los cambios culturales necesarios para mejorar las condiciones de salud, simplemente se convirtió en una “nueva estrategia retórica” gubernamental (Gumucio-Dagron, 2010).

Promover la salud termina volviéndose un ejercicio inocuo en la región, puesto que para realizarse de manera efectiva requiere unos compromisos sociales y gubernamentales que, por contexto, la región está lejos de asumir. Estos compromisos abarcan el respeto a la diferencia y a la diversidad, la equidad de género, equidad intercultural, democracia real

19 Según Cerqueira (1997) el concepto de promoción de la salud es atribuido a C.E. Winslow en

1920, y lo traduce de esta manera: “La promoción de la salud es un esfuerzo de la comunidad organizada para lograr políticas que mejorarán las condiciones de salud de la población y los programas educativos, para que el individuo mejore su salud personal así como para el desarrollo de una maquinaria social que asegure a todos los niveles de vida adecuados para el mantenimiento y mejoramiento de la salud” (Arroyo Acevedo & Cerqueira, 1997)

participativa, descentralización del poder, diversificación de los saberes y las culturas, entre otros (Gumucio-Dagron, 2010).

Llama la atención y genera preocupación que a la hora de evaluar los programas de promoción en salud en varios países de la región una de las principales fallas de estos es, paradójicamente, la ausencia de estrategias de comunicación que aseguren la vinculación y participación de las comunidades a los programas (Arroyo-Acevedo, 2004).

Es evidente que en este contexto se materializa la confusión entre información y comunicación y las demás luchas teóricas de los estudios de la comunicación más allá de la mediatización. La mayoría de las campañas de promoción (comunicación) de la salud son pensadas como meras campañas de divulgación de información extrayéndoles su

motivación original que es transformar a las comunidades en pro de una mejor salud (Gumucio-Dagron, 2010).

Medios masivos tradicionales

Desde la prensa, pasando por la radio y llegando televisión, los medios masivos hacen parte de los dispositivos que moldean la cultura de las comunidades. Por supuesto, dentro de la cultura se fijan las prácticas, creencias y relaciones con respecto a la salud y la enfermedad. A continuación, se hará una breve descripción de los roles de estos tres medios, teniendo como objetivo crear una idea general de su impacto y responsabilidad en la salud de las personas.

Hay una coincidencia social en que la prensa tiene y ha tenido un rol determinante en la formación de la cultura global y de las prácticas de cuidado de la salud (Jaramillo Ángel, 2015). Sin embargo, el reto para este medio siempre ha sido, y sigue siendo, garantizar a sus lectores que la información publicada es precisa, equilibrada y coherente (Solans-Domenech et al., 2017). Adicionalmente el medio debe resolver la tensión que

sobre la información generan las presiones editoriales empresariales y actuar siempre haciendo prevalecer la seguridad de quien lee, cuando los temas se refieren a la salud.

Solans-Domenech y colaboradores (2017) en su estudio encontraron que la mayor debilidad en las publicaciones sobre salud en prensa escrita que analizaron era la falta de exhaustividad, para la cual presentan como motivos posibles las limitaciones de tiempo y espacio para publicar, la presión de la publicidad en el estilo de los textos o la búsqueda permanente de novedades que capturen la atención del lector (Solans-Domenech et al., 2017).

En lo que se refiere a la radio Mendez y Quintana (2017) destacan las cualidades de popularidad y gratuidad de este medio. Estas cualidades le permiten llegar a los grupos sociales con mayores restricciones sociales como aquellas con bajos recursos económicos, falta de seguridad social, ubicaciones geográficas rurales de difícil acceso, analfabetismo, etc. Precisamente las poblaciones que dadas sus condiciones no pueden acceder aún a las nuevas tecnologías de la información y por ende siguen en el modelo jerárquico del acceso a la información.

En particular se reconoce el éxito en materia de promoción de la salud de las radios comunitarias y alternativas. Ya que el alcance está circunscrito a una comunidad específica y los contenidos de los programas son desarrollados con un conocimiento local profundo de las dinámicas sociales la radio mantiene, según los autores, la atmósfera conversacional y dialógica que permite romper la transacción informacional y avanzar hacia el ejercicio comunicativo-educativo transformador (Méndez Torres & Quintana Madrigal, 2017).

Surge la pregunta del impacto que actualmente pueda estar teniendo en la salud los programas transmitidos bajo la nueva modalidad podcast20, que, manteniendo la lógica radial, se vale de internet para llegar a nichos específicos sin importar las barreras geográficas.

Finalmente, con respecto a la televisión, Agudelo Calle (2017) concluye en su trabajo que en Colombia la televisión siempre ha tenido potencial para formar ciudadanía en salud pero no lo ha logrado debido a que, por un lado, se ha enfocado en la dimensión individualista de la salud (excluyendo la dimensión política), y por otro, a que siempre ha privilegiado concepciones cosméticas y biomédicas de la salud, que son superficiales y enfocadas en la enfermedad y en su prevención y no abordan el autocuidado y prevención (Agudelo Calle, 2017).

Transformaciones en la era de la sociedad de información: los medios digitales

Información y salud en internet

Recientemente (agosto 2019) la matemática inglesa Hannah Fry del University College of London, declaró para el periódico The Guardian la necesidad y urgencia de crear un equivalente al juramento hipocrático que realizan los médicos para profesionales de la matemática, ingeniería informática y ciencias de la información, de manera que se proteja al público de las nuevas y cada vez más potentes tecnologías de la información (Sample, 2019).

20 La palabra podcast es un neologismo acuñado en 2004, que surge de la conjunción entre las

palabras iPod (dispositivo electrónico portátil para escucha de archivos de audio de la marca Apple) y

broadcastig (es el término que en inglés hace referencia a la radiodifusión. Se refiere a programas de radio para ser reproducidos a voluntad sin restricciones geográficas ni horarias y divulgados a través de internet (Hammersley, 2004)

Como se describió en un apartado anterior el acceso a internet es desde 2011 un derecho humano derivado del derecho al acceso a la información, que a su vez se deriva de los derechos fundamentales a la libre expresión y al libre desarrollo de la personalidad (Pan, 2004).

Esta evolución de internet y la incrustación de su uso en la cotidianidad como parte del ejercicio de los derechos humanos fundamentales necesariamente transforma el

ejercicio de otros derechos fundamentales como lo son el derecho a la vida, el derecho a la salud y el derecho a la educación. La reflexión de Fry comentada al inicio de esta sección responde a esta realidad. Los derechos humanos son el contrato social más importante que la humanidad ha logrado y todas las disciplinas que tengan en sus manos la posibilidad de moldear la realidad y la sociedad deben respetarlos por encima de todos los demás

intereses.

La ética por supuesto ha sido un elemento transversal a todas las disciplinas que trabajan directamente sobre la vida humana. La bioética es el ejemplo de cómo la

humanidad desarrolla estrategias para que las personas respeten y prioricen la integridad y dignidad humanas frente a cualquier otra condición.

Sin embargo, las ciencias de los datos como la matemática, la informática no están acostumbrados a lidiar con la realidad humana y por ende la ética siempre ha estado por fuera de su formación. Ahora que estas ciencias y disciplinas tienen en sus manos la transformación de la sociedad y el diseño del futuro humano deben ceñirse, al igual que las demás que ya lo han hecho, a respetar los derechos humanos y proteger a la humanidad.

La necesidad no surge de la nada, ya se han presentado casos en los que algoritmos terminan siendo perjudiciales para los humanos, como los errores a los que inducen los

algoritmos de aprendizaje automático que está usando el sistema penitenciario de Estados Unidos para determinar si una personas debe ser encarcelada o no (Ross & Mitchell, s/f).

La producción de contenidos para internet hace parte de los derechos digitales de las personas, solo se puede restringir su distribución en caso de atentar contra los otros

derechos humanos o incitar al crimen y para ello los intermediarios como Google® trabajan en el desarrollo de algoritmos y políticas que cumplan con estas dos condiciones. Hasta allí llega la capacidad de estos y sus estrategias no son infalibles.

Alfabetización mediática e informacional

Es precisamente en esta situación en la que la educación a las personas aparece para equilibrar la balanza. La Sociedad de la Información está demandando de la humanidad una transformación educativa estructural para poder avanzar a una Sociedad del Conocimiento. La transformación se dará tarde o temprano, como parte de la evolución de la especie, el problema radica en el momento en que se dé.

En 2008 la UNESCO se refirió a la Alfabetización Mediática e Informacional (AMI) como concepto compuesto, un conjunto de competencias (conocimientos,

habilidades y aptitudes) necesarias para la vida laboral y cotidiana. Esta abarca todas las formas de medios de comunicación y de proveedores de información (Consejo Ejecutivo de la UNESCO, 2018).

Según la UNESCO (2008):

La AMI abarca una serie de competencias que permiten a las personas buscar, evaluar críticamente, utilizar y enriquecer la información y el contenido de los medios de comunicación apropiadamente; conocer los derechos de cada usuario en Internet; comprender cómo luchar contra la incitación al odio en línea, la información y las noticias falsas y el ciberacoso; comprender las cuestiones éticas relacionadas con el acceso a la información y el uso de esta; y colaborar con los medios de comunicación y las tecnologías de la información y la comunicación como productores de información y contenidos para promover la igualdad, la expresión personal, el pluralismo

de la información y de los medios, el diálogo intercultural e interreligioso y la paz.

(Consejo Ejecutivo de la UNESCO, 2018) La AIM es un programa global que busca, entre otros logros, contrarrestar la grave ola de desinformación que está debilitando los sistemas democráticos y los extremismos violentos (Naciones Unidas, 2016). Al ser una iniciativa global que está en plena

materialización y si bien pueden existir algunos ejercicios de evaluación de las estrategias implementadas sus resultados no pueden extrapolarse.

Lo que sí es claro es que es precisamente la AIM como está proyectada por la UNESCO la educación que se requiere para minimizar los riesgos que la revolución digital y la SI están abriendo para la salud y potenciar los beneficios que estas traigan para la misma.

Educación en el campo de la salud

Las actividades de educación que desarrollan diferentes integrantes de las

comunidades alrededor de la salud se pueden clasificar en tres grandes grupos según Zea Bustamante (2019):

Educación en salud. Busca modificar comportamientos, conductas y actitudes frente a las enfermedades y sus causas. Principalmente es preventivista y centrara en transmitir información. Es de carácter vertical;

Educación sanitaria. Busca promover conductas positivas en los contextos sociales y ambientales con un modelo de transferencia de información vertical del personal de salud hacia la comunidad.

● La educación para la salud. Ha sido el grupo con mayor reflexión teórica y de manera general se puede concebir como un proceso continuo, reflexivo y crítico sobre la salud propia y comunitaria que hacen los integrantes de una comunidad

para favorecer la toma de decisiones frente a la salud, la calidad de vida y el desarrollo humano (Zea Bustamante, 2019).

Como se ve ha sido una subdisciplina que se ha consolidado al interior de las escuelas de medicina y ciencias de la salud. Generalmente, y al igual que la comunicación para la salud, han sido abordadas con la intención instrumental de modificar conductas específicas en un grupo poblacional dado para impactar en los desenlaces en salud. Sin embargo, las recientes transformaciones globales han propiciado reflexiones al interior de la academia sobre el alcance de educación para la salud de manera general.

Los cambios epidemiológicos, los cambios causados por los movimientos

migratorios, los cambios en las respuestas institucionales a la enfermedad y a la promoción de la salud y los cambios de las perspectivas cultural y educativa son aquellos puntos que afectan y deben orientar el desarrollo de programas de educación para la salud.

Sujeto, realidad y comunicación. Estos son los tres conceptos fundamentales de la línea teórica ‘educación para la salud’, de la cual es autora destacada la doctora María Isabel Serrano. Al igual que, desde la línea teórica de la comunicación para el cambio social se han identificado una serie de retos para la salud en tiempos de globalización, la educación para la salud también identificado, confidencialmente, una serie de eventos y dinámicas que implican desafíos para la salud pública global.

Uno de los postulados centrales de la educación para la salud como línea teórica que es importante retomar es que la salud hoy en día se define en lo cultural (Serrano

Gonzalez, 2002). Según esta línea teórica es en el problema del lenguaje de la sociedad actual donde radica el principal reto para educar en salud y todo aquello que caracterice, informe e incida sobre el lenguaje de hoy, caracterizará, informará e incidirá sobre la educación, específicamente en la educación para la salud (Serrano Gonzalez, 2002).

Esta perspectiva se ha permitido analizar la transformación de la realidad y de su transición hacia las multiperspectivas y la complejidad de lo real. Serrano, basándose en el doctor Fernando Urbina, se permite realizar una ‘disección’ de las problemáticas de los Sistemas sanitario y educativo encontrándose una “gran maraña de nudos y de

interconexiones” a la que lamentablemente la academia ha renunciado a comprender a profundidad. Ya no hay en estos tiempos, campo para las explicaciones centrales y únicas. (Serrano Gonzalez, 2002).

Esta multiperspectiva, según Serrano, trae implícitas diversas oportunidades para los educadores y educadoras en salud. La primera y más trascendental es que la

multiperspectiva implica la aportación y diálogo de diversas disciplinas. Dicha perspectiva permitirá no solo resolver una condición de salud bajo el modelo causa-efecto, sino que permitirá comprender cómo vivir con dicha condición de salud.

El objetivo entonces es el de lograr una educación para la salud que se cimiente sobre el diálogo entre personas, comunidades, agentes de la salud y entes gubernamentales. Así se posibilita, según Zea-Bustamante (2019) a partir de Freire,

i) el reconocimiento de un otro válido, histórico y con saberes; ii) Replantear los espacios de poder en el acto educativo, la educación como escenario de negociación cultural, donde se pongan en juego los saberes, las experiencias y las prácticas comunitarias, donde la historia y los conocimientos de las personas sean el punto de partida para la concreción del acto educativo. iii) Establecer un acto amor, es decir, el diálogo como encuentro y reconocimiento de la alteridad, reconocimiento del otro con quien se puede transformar el mundo.

Reflexiones desde el campo comunicación-educación

La persona como ser crítico para una educación para la salud efectiva Paulo Freire propone en la educación popular asumir a la persona como un ser crítico de su propia realidad, ambos, ser y realidad en constante cambio y en interacción constante con los otros y el entorno que los rodea. Este ser puede asumir, según Freire, dos formas de relacionarse con su entorno: ser adaptado o ser integrado.

Un ser adaptado, según Freire, es incapaz de transformar su realidad ni de generar transformaciones en su entorno, y por el contrario se transforma a sí mismo para someterse a las lógicas de este. Por su parte el ser integrado es crítico e histórico, transforma

constantemente la realidad gestando emancipaciones y creando un sujeto determinado y sintiente. Esto haciendo énfasis en que Freire con el término sujeto se refiere tanto a

educador como a educando (Zea Bustamante, 2019).

Es precisamente ese ser integrado el que debe ser el derrotero de la educación para la salud. Las acciones que desde ella se gesten deben procurar en todo momento diálogo que permita la integración del ser con el mundo. Dicha integración favorecerá que el ser adopte cambios voluntarios y conscientes, a partir de su propia reflexión en diálogo con otros sujetos de su contexto (Zea Bustamante, 2019).

Interdiscursividad: Inter y transdisciplinariedad

Jorge Huergo (2005) describió el campo comunicación-educación como un campo interdisciplinario y de efectiva proyección social (Huergo, 2005). En su trabajo puso en la mesa la reflexión sobre el desarrollo y las construcciones tanto del campo de la educación como de la comunicación por separado,

[…]muchos educadores ven a la comunicación como un instrumento o una técnica, mientras que muchos comunicadores perciben la educación como una actividad normativa y escasamente creativa.”

Soares (2017) recuerda que la tesis de la conformación del nuevo campo se defiende el rol integrador de este, un campo que se fundamente en la interdiscursividad. Dada entonces su naturales relacional se presenta como un campo proceso, mediático, transdisciplinario e interdiscursivo (Soares, 2000).

Es precisamente la interdiscursividad la que, según Soares, garantiza que el campo

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