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MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

1.9 Acerca de las prácticas de subjetividad colectiva

La referencia a las prácticas de subjetividad remite a las diferentes acepciones sobre el sujeto que perspectivas teóricas divergentes han elaborado, es decir cómo se concibe su conformación y cómo se conceptualiza la subjetividad.

Inscripto en el debate sobre el descentramiento del sujeto cartesiano Stuart Hall señaló las concepciones sobre el sujeto que han predominado en la teoría social y en las ciencias humanas durante la modernidad tardía (segunda mitad del siglo XX) esbozando cinco avances ocurridos en el pensamiento que muestran cómo ha variado aquella concepción.

El primero de ellos se sitúa en un sector de pensadores post marxistas, que durante los años ´60 interpretaron que los hombres hacen la historia sobre condiciones que le son dadas sosteniendo que “los individuos no podrían de ninguna forma se “autores” o agentes de la

historia… el marxismo correctamente entendido, dislocará cualquier noción de agencia individual.” (Hall, Stuart; 2000; 34) Stuart Hall afirmará que el estructuralismo de Louis

Althusser desarticuló dos nociones clave de la filosofía moderna: que haya una esencia universal del hombre y que ella sea atributo de cada individuo singular, lo que le valió una amplia crítica que lo calificó de antihumanista teórico. (Hall, Stuart; 2000; 35)

El segundo descentramiento del sujeto es protagonizado por el descubrimiento del inconsciente freudiano y la consecuente afirmación de una subjetividad cuyo funcionamiento psíquico es muy diferente de la racionalidad cartesiana. Jacques Lacan reafirmará que el yo interior no es unificado ni se desenvuelve naturalmente a partir de un núcleo interior, sino que básicamente se desarrolla a partir de la relación con otros. Stuart Hall señala la proximidad de esta concepción de sujeto con la de George Mead y Cooley en tanto el yo es interactivo, aunque mientras para estos autores el aprendizaje es consciente, para Freud la subjetividad es producto de procesos psíquicos inconscientes. (Hall, Stuart; 2000; 37)

El tercer avance que señala el autor hace referencia a la lingüística saussureana según la cual los sujetos no son “autores” de los significados que expresan en virtud de que la lengua, es un sistema social – no individual – y aunque los significados de las palabras no son fijos, el hablante individual expresa sus pensamientos interiores al mismo tiempo que activa una inmensa gama de significados ya presentes en el sistema cultural. Otros intelectuales como Jacques Derrida, influenciado por Ferdinand de Saussure e inscripto dentro del denominado “giro lingüístico” reafirmarán que si bien el significado es inherentemente estable, la identidad se

encuentra constantemente perturbada por la diferencia. Para el sujeto existen siempre significados suplementarios sobre los cuales no se tiene control, que subvertirán nuestras tentativas de crear mundos fijos y estables. (Derrida, Jacques; 1981 En: Hall, Stuart; 2000; 40 – 41)

Un cuarto desarrollo está constituido por la propuesta de Michel Foucault, por un lado en lo referido al poder disciplinar, que mantiene la vida, las actividades, el trabajo, la infelicidad y los placeres del individuo bajo estricto control y disciplina para producir “un ser humano que

pueda ser tratado como un cuerpo dócil”(Dreyfus, H. y Rabinow, P.; 1982 En: Hall, Stuart;

2000; 42) La naturaleza de las instituciones colectivas a gran escala de la modernidad tardía hace que cuanto más organizadas, mayor es el aislamiento, la vigilancia y la individualización que ejercen sobre el sujeto individual. (Hall, Stuart; 2000; 43)

Sin embargo Stuart Hall también señala que a lo largo de su obra Foucault refiere a la producción del yo, a las prácticas de autoconstitución, reconocimiento y reflexión que vinculan a los sujetos con las reglas, sin las cuales no se produce ninguna sujeción/subjetivación. Desde esta perspectiva el trabajo teórico no puede cumplirse plenamente sin complementar la descripción de la regulación discursiva y disciplinaria con una descripción de las prácticas de autoconstitución subjetiva, debido a que como indica Foucault “el descentramiento del sujeto no es su

destrucción y el “centramiento” de la práctica discursiva no puede funcionar sin la constitución del sujeto” de allí que sostenga la necesidad de “complementar la descripción de la regulación discursiva y disciplinaria con una descripción de las prácticas de la autoconstitución subjetiva.”

(Hall, Stuart y Du Gay, Paul; 2003; 32)

Así como es necesario señalar los mecanismos mediante los cuales los sujetos se identifican (o no se identifican) con las “posiciones” a las cuales se los convoca, Stuart Hall

señala la necesidad de un abordaje teórico “que indique cómo modelan, estilizan, producen y

“actúan” esas posiciones y por qué nunca lo hacen completamente, de una vez y para siempre, mientras otros no lo hacen nunca… queda pendiente la exigencia de pensar esta relación del sujeto con las formaciones discursivas como una articulación.” (Hall, Stuart y Du Gay, Paul;

2003; 33)

El quinto descentramiento que señala Stuart Hall se encuentra relacionado con los “nuevos movimientos sociales” que emergieron durante los ´60 y muchos de ellos comparten, entre otras cosas, la recuperación tanto de las dimensiones “subjetivas” como de dimensiones “objetivas” de la política, con un fuerte énfasis en una forma cultural y la apelación a identidades sociales de sus sostenedores. (Hall, Stuart; 2000; 45)

De estos cinco desarrollos relativos a la concepción del sujeto, aquí se asumen como puntos de partida por un lado la perspectiva foulcaultiana en tanto articula el poder emanado de instituciones colectivas con los procesos de subjetivación a que conducen las prácticas de autoconstitución y reconocimiento. Por otro lado se toman algunos de los aportes que realizan los estudios sobre nuevos movimientos sociales, como se verá en un próximo apartado, los especialmente relativos a la conformación de identidades colectivas y públicas.

Si por subjetividad se entiende una dimensión intrínseca de la realidad social e histórica que los sujetos atraviesan y el espacio en que se relacionan con otros, (Fernández, A. María y otros; 2006; 51) no se aborda aquí como proceso intra psíquico sino que se pone el énfasis en el modo como los sujetos rearticulan aquella realidad a través de la interacción discursiva. Si se considera con Bajtín que “el centro organizador de cada expresión se encuentra en el medio

subjetividad es socialmente construida y en esta construcción asume una particular trascendencia la interacción discursiva.

Recuperando los aportes bajtinianos, Leonor Arfuch propone pensar el dialogismo como

“presencia protagónica del otro en mi enunciado” y así invertir “los términos de toda concepción unidireccional, unívoca, instrumental de la comunicación…” Concebido como “puntos de mira diferentes que se intersectan simultáneamente en situaciones de comunicación variables” (Arfuch, Leonor; 2005; 30 – 31) el dialogismo permite abordar una concepción no

esencialista de la subjetividad así como una reflexión política de la relación entre subjetividades e identidades.

La subjetividad colectiva, conformada a partir de relaciones laborales intersubjetivas, el dialogismo y la puesta en común de ideología, la pluralidad de puntos de vista y el conflicto, permite develar, desde una perspectiva constructivista, cómo los sujetos producen su ser de “trabajadores – socios – cooperativos” y una identificación más o menos acorde o aproximada a esa subjetividad.

Para Bajtín, en tanto la palabra está llena de contenido y significación pragmática, todo enunciado está condicionado por la situación material inmediata, sirven de vehículo de contenidos y significaciones necesarios en determinados contextos y en “los procesos laborales poseen sus propias formas de estructuración de enunciados” (Voloshinov, Valentín; 1992; 135)

En este trabajo y a partir de los aportes de Mijail Bajtín, se recupera el aspecto subjetivo del proceso de trabajo, en tanto esa capacidad humana por la cual no sólo el sujeto imagina, simboliza mentalmente aquello que después va a plasmar en la materia, que devela su capacidad para imaginarse como trabajador, sino también la perspectiva por la cual a la vez que modifica el objeto para convertirlo en un valor de uso, produce y reproduce su propia subjetividad. En

palabras de Carlos Marx “… a la par que de ese modo actúa sobre la naturaleza exterior a él y

la transforma, transforma su propia naturaleza, desarrollando las potencias que dormitan en él…” (Marx, Carlos; 1987; 130)

Para Carlos Marx el trabajo no consistía en una actividad sustancialmente individual, por el contrario imaginó el trabajo colectivamente concebido: el énfasis puesto en el análisis de las formas de división del trabajo y cooperación que aluden a la potencia que se logra con el trabajo conjunto – que no es la mera suma de las fuerzas de trabajo individuales - como en lo que específicamente atañe a concebir la producción como actividad colectiva.

Así, los enlaces subjetivos presentes en todo entramado colectivo cobran particulares características en la producción de subjetividad. (Fernández, Ana, Borakievich, Sandra, Rivera, Laura; En Fernández, Ana; 2006; 72) Ana M. Fernández sostendrá que durante la crisis de 2001 precisamente eran los espacios asamblearios donde se generaban “junto a sus efectos políticos,

modos de producción de subjetividad… Tomar en sus propias manos lo que hay que hacer generó fuertes formas de potencia subjetiva en lo colectivo” (Fernández, Ana M.; 2003; 97) Las

asambleas son “existenciales” y crean las condiciones de posibilidad de otra producción de subjetividad. (Fernández, Ana M.;2002)

De allí que las instancias de diálogo, por definición no individuales sino constituidas de voces múltiples, enfatizan en la otredad y permiten constituir un sujeto colectivo que en este caso se focalizará en el aspecto referido a la subjetividad laboral, adoptando lo que Bajtín denomina

“vivencia – nosotros” en tanto el “tipo colectivista de vivencia, una determinada interpretación ideológica de una situación socioeconómica compleja y estable, proyectada hacia una psique individual.” (Voloshinov, Valentín; 1992; 125 - 126)