LA DÉCADA DEL ´90, SUS ANTECEDENTES Y LA CRISIS: UN HITO.
4.2 Contexto y cooperativismo en el hito de los ´
4.2.2 El mercado de trabajo
Las consecuencias del ajuste sobre el mercado de trabajo no se hicieron esperar, ya que además de incrementarse los índices de desocupación y subocupación, la década del ´90 fue protagonista de una subida del piso estructural del fenómeno, que apareció asociado a la precarización del sector ocupado, la disminución en los salarios y a la capacidad de compra de los trabajadores. (Gambina, Julio; 2001; 205)
Por otro lado los incrementos en la desocupación se acompañaron de una creciente concentración de la riqueza. Si en 1970 el 20 % de la población más rica percibía el 50 % de la renta nacional, los sectores más pobres sólo el 4,4 % y los asalariados el 45,3 %, en 1990 el 20 % más rico concentraba casi el 70 % de los ingresos nacionales en tanto el 17 % percibía sólo el 2 %. (Pozzi, Pablo y Schneider, Alejandro; 1994; 34)
C.E.P.A.L. en el Estudio Económico de América Latina y el Caribe de 1999 – 2000 describe para el decenio del ´90 una evolución del PBI en Argentina con oscilaciones y notables descensos en los años 1990, 1995 y 1999, coincidentes con las crisis financieras de esos años. Hacia principios de 2000 este organismo advirtió que la demanda interna “no adquiría impulso”. La tendencia a la retracción se advirtió ya en 1998 – aparentemente vinculada con “una pérdida del dinamismo en la inversión” – a pesar de los ajustes propuestos por los organismos internacionales persistió durante 1999.
Sin embargo, aunque las crisis externas contribuyeron a elevar los índices de desocupación (18,5 % en mayo de 1995 con la crisis mexicana), el argumento del contexto externo como único perturbador de las condiciones internas no es aceptable, dado que el desempleo se incrementó aún en condiciones externas favorables. Otros factores que parecieron incidir en el mercado de trabajo fueron la apertura comercial importadora, las privatizaciones y sus cesantías, el achicamiento de la planta de trabajadores estatales y la especialización primario/ exportadora que demanda escasa fuerza laboral. (Gambina, Julio; 2001; 204)
Las reformas estructurales se realizaron partiendo de una desocupación del 8,1% (1989) y alcanzó valores históricamente desconocidos para nuestro país hasta entonces, con un 22% de la población económicamente activa desocupada en 2001.
Las explicaciones que el gobierno brindaba hacia mediados de los ´90 no parecen razonables a la luz de la evolución posterior de la desocupación. Los argumentos señalaban que el incremento en la oferta de trabajo hizo “emerger” desocupados antes ocultos en la inactividad, debido a que la década del ´80 mostraba una tasa de actividad que conducía al desaliento, y ante las mejores perspectivas ahora consideraban oportuno ingresar al mercado de trabajo. (Beccaría Luis y López Néstor; 1996; 35) Los números muestran que durante los años ´96 y ´97 la desocupación descendió sólo un punto porcentual (17,1% y 16,1% respectivamente). Sin embargo, aunque la desocupación tuvo picos y descensos, los datos a destacar a lo largo de todo el decenio son los valores de la subocupación que se incrementaron en forma constante desde 1992, aunque era una tendencia claramente definida desde ese año 105y esto motivó la tendencia
105
Según datos de MTSS/PNUD/OIT en mayo de 1992 cerca del 7 % de la PEA estaba subempleada en forma visible y otro 25,6 % trabajaba en carácter de subempleado invisible. En este último grupo se encuentran el servicio doméstico, el desempleo disfrazado en el sector público, el sector informal urbano y los trabajadores rurales pobres
creciente de la tasa combinada de desempleo y subempleo, que se mantuvo desde 1995 en un promedio del 29% de subutilización de la fuerza de trabajo. (Gambina Julio; 2001; 204)
Variación en las tasas de subutilización de Fuerza de trabajo
1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 1999 Desocup 8,1 8,6 6,9 6,9 9,9 10,4 18,4 17,1 16,1 13,2 13,5 Subocup 8,6 9,3 8,6 8,3 8,8 10,2 11,3 12,6 13,2 13,3 13,7 Subutiliz Fuerza de trabajo 16,7 17,9 15,5 15,2 18,7 20,6 29,7 29,7 29,3 26,5 28,2
Fuente: Gambina, Julio. Elaborado sobre la base de datos del Ministerio de Economía
Por otra parte, si se focaliza en los datos del sector manufacturero, la cantidad de obreros industriales disminuyó en forma casi ininterrumpida, a una tasa anual acumulativa cercana al 4 %. Ello determinó que en 1999 la masa total de los ocupados en la actividad fuera aproximadamente un 20 % inferior a la registrada en 1993. (Schorr, Martín; 2002; 27)
Si bien la tasa de desocupación fue importante durante la década del ´90 y un factor de ineludible trascendencia en la crisis de 2001, resulta imprescindible focalizar la atención en los procesos conexos, cuyos orígenes se encuentran ya en los ´80 y se consolidan en los ´90 legitimando formas de trabajo que otorgan un identidad trabajadora cualitativamente diferente de la desarrollada hasta mediados de los ´70, ahora fragmentaria, dispersa y de conformación heterogénea.
Los tipos “alternativos” de ocupación fueron:
a) Las actividades cuentapropistas familiares (que se evidencian al comparar tasas de actividad creciente con cifras de empleo asalariado estancadas, como ocurrió entre los años 1993 y
(cerca de 517.000 personas que se desempeñaban como trabajadores “golondrina” o en pequeñas explotaciones minifundistas de muy baja productividad). Lo Vuolo, Rubén y Barbeito, Alberto (1993) Op. Cit. Págs. 106 y 107
1994) apareciendo como mecanismo de “refugio” del sector informal frente a los descensos en la demanda de trabajo formal. (Beccaría, Luis y López, Néstor; 1996; 37 – 39)
b) El empleo asalariado no registrado o empleo en negro cuya clandestinidad lo coloca fuera del registro de seguridad social y de los beneficios otorgados por la legislación laboral, por lo que el trabajador no accede a la indemnización por despido, carece de obra social y no puede tener la afiliación sindical. (Beccaría, Luis y López, Néstor; 1996; 37 – 39)
c) Un tipo de trabajo con contratos a plazo muchas veces combinados con la figura del “trabajador autónomo”, que factura por la prestación de servicios y suele estar asociado con un flujo de renovación constante del puesto de trabajo – sobre todo de los jóvenes – con escasa duración media y recambio elevado.
Estas “alternativas laborales” no fueron sólo vías de resguardo ante la imposibilidad de acceder a un trabajo formal, es probable que también pudieran ser percibidos como espacios menudos de trabajo, situación intermedia que permitían evitar la desocupación viviendo dignamente y sostener el imaginario anhelado, sentido como un horizonte momentáneamente no accesible del empleo formal en relación salarial. Todas ellas tienen el común denominador de constituir situaciones donde los trabajadores se hacen cargo de sí mismos, hay un tácito apartamiento de la responsabilidad de instituciones que antes se activaron para resguardar derechos, proteger o aún brindar un espacio de discusión e intercambio de experiencias desde la posición de trabajador, aunque no esté empleado en relación de dependencia.
En efecto, las actividades cuentapropistas familiares enfrentan a los sujetos con el Estado en tanto contribuyentes y los eventuales órganos de agremiación como consejos profesionales o cámaras empresarias los incluyen en tanto trabajadores emancipados e independientes. El trabajador no registrado permanece oculto para el Estado y para los órganos gremiales, bajo la
amenaza de expulsión. Finalmente el contrato a tiempo determinado, aunque legal, subordina al trabajador a la vigencia del plazo establecido y en la mayor parte de los casos con la anuencia estatal, queda desprovisto de toda capacidad de defensa gremial. Cuando además el trabajador debe inscribirse en el sistema de monotributo para facturar por los servicios que presta, enfrenta al Estado como aportante independiente, asumiendo no sólo la responsabilidad de su ingreso, sino también del pago de la obra social y del aporte previsional en su totalidad, aún en situaciones en que eventualmente no perciba ingresos por su trabajo. En estos trabajadores la atomización hace desvanecer la idea de agremiación y defensa colectiva de derechos.
La emergencia forzosa de estas opciones laborales no sustituyó por completo el trabajo formal, ya que aún durante 2001 la mayor parte de los trabajadores ocupados continuaba dentro de una relación salarial (56% de la PEA) bajo las órdenes de un patrón privado o del Estado. (Feijoo, Cecilia y Collado, Adriana; 2005; 16)
Sin embargo las condiciones en que se desarrolló la ocupación formal mostraron signos claros de la presión ejercida por el capital sobre la productividad de los trabajadores. En el ámbito de la industria manufacturera argentina el aumento de la productividad laboral pareció estar menos asociado a la inversión en capital 106 que a la intensificación de los ritmos de trabajo de los
obreros ocupados. Desde 1993 (índice base 1993=100) hasta 1999 el volumen físico de la producción se incrementó a 105,2 en tanto los obreros ocupados disminuyeron en un 20%. La ecuación volumen físico/ocupación muestra una elevación de la productividad a 130,5. Respecto de la relación entre las horas/obrero trabajadas y el incremento del volumen físico de producción (105,2), se advierte una disminución en la cantidad de horas de 100 a 79,5, mientras que el salario
106
Hay datos que indican que las inversiones realizadas en la formación neta de capital hacia fines de los ´80 había sido negativa, lo que significa que no alcanzaron siquiera a reponer la amortización del capital existente, o lo que es lo mismo, se produjo una descapitalización. Azpiazu (1993) citado en Schorr (2002) Op. Cit. Pág. 74
medio se mantuvo más o menos en los mismos niveles en los 6 años. Schorr concluye que en el transcurso de la década del ´90, por cada punto porcentual que creció la producción, el empleo sectorial cayó un 3,7 %. (Schorr, Martín; 2002; 27)
Aunque los trabajadores no tuvieran cifras concretas, podían percibir que en los empleos formales había un incremento cuantitativo de producción con menor cantidad de trabajadores, y esto pudo llevar a relacionar fácilmente el aumento en los rendimientos productivos con un incremento en la intensidad del trabajo. Además, el periodo registra una mayor inestabilidad laboral, a la vez rasgo y efecto del marcado empeoramiento de las condiciones de trabajo. Sobre todo en la segunda parte del decenio la inestabilidad laboral aumentó, debido fundamentalmente al incremento en la rotación entre puestos de trabajo, mediada muchas veces por la desocupación. (Beccaría, Luis y Maurizio, Roxana; 2003; 55)
Por otro lado, las remuneraciones medias de los obreros industriales quedaron, hacia 1999 en los mismos niveles de 1993, ya que después de un incremento de 6% en este año, disminuyeron a un promedio de un 1% anual. (Schorr, Martín; 2002; 28)
Este panorama del trabajo formal, que junto a la sistemática expulsión de trabajadores y al incremento en la tasa de explotación de los ocupados no conformaba un paisaje alentador, más bien aparecieron alimentando una cuota alta de desaliento respecto del trabajo en la relación salarial y colaborando con la conformación de una subjetividad colectiva agobiada por el mercado y sometida a un ambiente ideológico cómplice silencioso del ajuste.
En ese marco el subempleo, el trabajo en negro, el cuentapropismo familiar y el trabajo autónomo pudieron ser percibidos como vías dignas recuperación del ser trabajador, aunque esta identidad ya no asociara tan claramente al sujeto individual con el conjunto mayor en tanto “clase
trabajadora” sindicalizada y relativamente protegida, y su composición fuera ahora heterogénea, atomizada y de contornos difusos.
4.2.3 Actividad sindical
La expansión de alternativas al trabajo formal restringió el poder de negociación de los sindicatos, en un contexto que suele denominarse de “quiebra del modelo sindical”, centralmente producido por las diferencias en las posiciones adoptadas por los sindicatos frente al dogma neoliberal. La mayor fidelidad de los sindicatos al Partido Justicialista significaba el abandono de sus clásicas orientaciones y su adhesión implicaba restarle protagonismo político y preservar las prerrogativas corporativas de los sindicatos y sus cúpulas. (Palomino, Héctor; 2005; 399) Estos dilemas fueron los que dividieron a la CGT y sembraron el terreno para el surgimiento de la Central de Trabajadores Argentinos (C.T.A.) en 1991, formalmente fundada en 1997.
Durante los ´90 los sindicatos hicieron ostensible su incapacidad y/o complicidad en la intervención en las políticas macroeconómicas del Estado y la imposibilidad de erigirse en articuladores sociales de los trabajadores, en parte debido al deterioro del mercado de trabajo y a las formas de trabajo “alternativas” que, debido al tipo de relación laboral que vivían prescindían de su intervención. La adhesión sindical a las propuestas realizadas por el gobierno y los empresarios para salir de la crisis de 1995, que limitaban el número de beneficiarios del subsidio por desempleo a un financiamiento genuino y en la necesidad de proteger la producción interna, muestra una posición de sindicatos más preocupados por proteger los intereses de la clase dominante que por resguardar el alicaído mercado de trabajo. 107
107
Una nota publicada en la Revista Mercado indicaba que en 1995 la situación de quiebras era preocupante y las soluciones propuestas parecían tender a preservar la inversión de los empresarios: “La evolución, durante junio y
julio, del número de nuevos juicios y de los montos reales de los pasivos involucrados en materia de quiebras y concursos preventivos tiende a confirmar la tendencia al agravamiento de los problemas ocupacionales ¿Cuál es la
Hubo además circunstancias propias de la dinámica sindical que contribuyeron a la deslegitimación del sindicalismo tradicional: la pérdida de eficacia de las estrategias tradicionales de acción frente a la estabilidad macroeconómica, la separación de representantes sindicales de ámbitos gubernamentales – como la cartera de Trabajo – las limitaciones que tuvieron para permanecer influyendo en las políticas estatales y un reforzamiento de la brecha entre el aparato sindical y los trabajadores, tradicionalmente calificados de burocráticos, sobre todo por la ausencia de democracia interna.
Por otro lado, se ha señalado el ingreso de un actor clave en la disputa por el excedente social: los inversores financieros externos rompen con las dinámicas tradicionales por las cuales sindicatos y empresas presionaban sobre el Estado para obtener beneficios sectoriales. Los excedentes que en el antiguo modelo económico se distribuían al interior de las formaciones estatales, ahora son manejados por este actor internacional que opera internamente a través del establishment financiero local. Hizo su aparición un proyecto neo conservador que modificó sustancialmente la concepción de trabajo (Palomino, Héctor; 2005; 417) y colaboró lúcidamente para profundizar la fragmentación y heterogeneidad de los trabajadores, incluso instando a la competencia entre trabajadores de 1°, 2° o 3° clase.
propuesta del gobierno? Apoya una ampliación del número de beneficiarios del subsidio de desempleo siempre y cuando esto no involucre un gasto mayor al que permite su financiamiento genuino (lo que supone una disminución del monto promedio pagado); propicia la reducción de los aportes patronales y la utilización de la herramienta crediticia para que, de manera prioritaria, las empresas se pongan al día con sus deudas impositivas y previsionales (con ello se compensaría la pérdida de recursos derivada de la reducción de los aportes y, eventualmente, se podría financiar la ampliación del número de beneficiarios sin modificar el monto del subsidio).
¿En que difiere la propuesta empresaria de la gubernamental? En un solo aspecto: en la necesidad de brindar mayor protección o cuidado a la producción de origen interno. Esta última cuestión también es sostenida, de manera coincidente con los empresarios, por la mayoría de los sindicalistas. Sección Contexto “El desempleo en ascenso”. Edición Digital Agosto de 1995.
Desde el punto de vista de los trabajadores algunos autores señalan que los ´90 conllevaron una profunda crisis en dos niveles. Por un lado, el peronismo menemista suscitó una resignificación profunda de contenidos y perspectivas que debieron afrontar los trabajadores identificados cultural y políticamente con el peronismo clásico. Por otro lado se agotó el modelo vandorista, caracterizado por la tendencia a convertir a los sindicatos en parte del poder político, al mismo nivel que los partidos, las Fuerzas Armadas o las empresas. (Pozzi, Pablo y Schneider, Alejandro; 1994; 38)
La dimensión del quiebre sindical junto a los factores señalados de un mercado laboral deprimido parecen formar un caldo de cultivo propicio para que los trabajadores volvieran sobre sí mismos y buscaran en los lazos laborales inmediatos soluciones colectivas autogestivas.
4.2.4 Vínculo hegemónico dominante
El mercado internacional impuso prácticas comerciales, formas de operación, valores y modelos de funcionamiento (Schiller, Erbert; 1980 En: Richeri, Giuseppe; 1983) que combinadas conformaron pautas ideológicas dominantes. Estas pautas se conjugaron con nuevos modos de
ser trabajador que fueron elaborando los sujetos, modos de defensivo y retraído a unos ámbitos
más estrechos que las conocidas formaciones de “la clase trabajadora” disputando con el patrón. Las formas “alternativas” de trabajo suponen una identificación alejada de formaciones colectivas y el empleo formal no encontraba protección en las instituciones tradicionales. Este pareció ser el terreno privilegiado para propiciar la naturalización de este vínculo hegemónico dominante en los ´90.
Nótese que pese a que en 1995 la denominada “Crisis del Tequila” tuvo repercusiones en el mercado con un gran número de quiebras comerciales, un pico de desocupación – en relación al decenio – e inauguró un nuevo piso de sub utilización de la fuerza de trabajo, no se produjeron
grandes cantidades de apropiaciones de empresas por parte de los trabajadores. Sin embargo, es importante destacar que en el año 1995 se registraron los primeros casos de recuperación carentes de visibilidad pública e integraron “el repertorio de las variadas acciones de respuesta social al
modelo neoliberal en esa década” (Palomino, Héctor; 2005; 28)108
El nacimiento y permanencia de la CTA parece obedecer a la capacidad de captar las características más importantes del nuevo escenario. Planteándose como un sindicalismo
“autónomo e independiente del Estado, de los partidos políticos y de las empresas”, propuso la
reformulación del vínculo organizativo (Palomino, Héctor; 2005; 410) implementando mecanismos de participación que plantearon un espacio de resguardo novedoso (afiliación individual, voto directo), sobre todo funcional a las formas de trabajo “alternativas” que se establecieron con un fuerte cariz de aislamiento (trabajo autónomo familiar, empleo en negro y monotributistas).
Al mismo tiempo rompió con los límites tradicionales de inclusión y esto le permitió nuclear organizaciones de diverso carácter, no sólo sindicales, lo que facilitó relaciones comunicativas de intercambio entre experiencias de distinto tipo, objetivos y lógicas de funcionamiento. Palomino señala la articulación que produjo CTA entre modalidades típicas de representación sindical con formas de representación propias de los movimientos sociales, al
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Héctor Palomino identifica antecedentes de movimientos de autogestión hasta principios de los ´80, como respuesta a la primera oleada del proceso de desindustrialización impuesto por la política económica de la dictadura militar de 1976 – 1983. “Muchos aquellos esfuerzos quedaron en el camino por el nuevo giro de los noventa, que a lreinstalar con fuerza el modelo de apertura comercial importadora, asestó un nuevo golpe a la industria local orientada hacia el mercado interno y obligó al cierre de numerosas empresas, incluyendo a las que tempranamente habían comenzado a autogestionar los trabajadores”. Palomino, Héctor (2005) (b) “Los sindicatos y los movimientos sociales emergentes del colapso neoliberal de Argentina” en De la Garza Toledo, Enrique comp. (2005) Sindicatos y
nuevos movimientos sociales en América Latina. Clacso. Buenos Aires. Pág.28. El texto fue parte de las conclusiones
de un documento sobre movimientos sociales realizado a pedido de PNUD para su Informe de Desarrollo Humano 2002.
sintetizar generaron acciones “movimientistas” orientadas a reivindicaciones que trascienden los intereses sectoriales de los sindicatos.
La interacción discursiva que se produjo entre estas diferentes experiencias de trabajo alternativo permitió poner en común ideologías que pudieron facilitar el quiebre de una subjetividad habituada a formas clásicas de pensar la identidad del trabajador, naturalizada en tanto relación capital/trabajo, para ir combinándose con una identificación de trabajador “a cargo
de sí mismo”, forzadamente independiente y autogestionado, que corre con su suerte y por lo
tanto no tiene un “otro” a quien reclamar. Además las eventualidades laborales se asumen como una responsabilidad individual, cargando así con el costo del aislamiento.
4.2.5 El ámbito cooperativo
La información disponible sobre cantidad de cooperativas durante la década del ´90 muestra importantes cambios en los números de entidades por tipo de actividad respecto de su distribución durante la década del ´80.
Distribución de cooperativas activas por objeto social - 1994 Tipos de cooperativa Número de cooperativas
activas
% por tipo de cooperativas sobre total Agropecuarias 1.305 17,3 % Consumo 106 1,4 % Crédito 200 2,6 % Provisión 631 8,3 % Seguros 55 0,7 % Servicios Públicos 1.270 16,8 % Trabajo 2632 34,8 % Vivienda y Construcción 1.365 18,1 % Total 7.564 100 %
Fuente: elaboración propia en base a datos del I.N.A.C.YM. No se encontraron datos acerca de cantidad de asociados por tipo de cooperativa.
El total de cooperativas hacia 1994 se había incrementado en alrededor del 75 % y su distribución mostraba un mapa de cambios importantes, por un lado en la gran disminución en la