LA VIGENCIA DE LA POESÍA DE VALLEJO
ACERCA DE PACO YUNQUE
En Tungsteno concurren tres elementos conformadores: el espíritu indígena de la montaña, la resaca humana de la colonización y el nuevo avasallamiento imperialista extranjero. Bien advirtió Jean Cassou –en el apunte preliminar de la ya citada edición de Poemas humanos– que
Tungsteno es algo así como “la atroz historia de la servidumbre india, del
dominio del capital yanqui sobre el suelo americano y la gran traición de la burguesía hispanoamericana”. Si Vallejo hubiera contado con las mínimas condiciones ambientes, con cierta estabilidad del diario sustento, para intentar una novela amplia y artísticamente abarcadora de la problemática humana que le inquietaba; si no le hubiera compelido la necesidad económica de entregar material, medido a espacio fijo, para recibir paupérrima paga, es probable que hubiese comenzado Tungsteno con los cuadros de infancia desvalida e injustamente atropellada, que bordó en
Paco Yunque. Tal es la estrecha relación que este cuento ofrece con aquélla;
relación, por lo demás, intuible en el hermoso poema que decidió debía encabezar, alguna vez, Paco Yunque, compuesto en París, el 26 de octubre de 1937.
La cólera que quiebra al hombre en niños, que quiebra al niño en pájaros iguales, y al pájaro, después, en huevecillos; la cólera del pobre
tiene un aceite contra dos vinagres. La cólera que al árbol quiebra en hojas, a la hoja en botones desiguales
y al botón, en ranuras telescópicas; la cólera del pobre
tiene dos ríos contra muchos mares.
La cólera que quiebra al bien en dudas, a la duda, en tres arcos semejantes y al arco, luego, en tumbas imprevistas; la cólera del pobre
tiene un acero contra dos puñales.
La cólera que quiebra al alma en cuerpos, el cuerpo en órganos desemejantes y al órgano, en octavos pensamientos; la cólera del pobre
tiene un fuego central contra dos cráteres.
Según los editores Juan Mejía Baca y Pablo L. Villanueva, este relato fue conocido –y hasta que ellos lo reeditaron en 1957 no había llegado al libro– en un número de la revista Letras peruanas. En 1967 lo publica nuevamente Francisco Moncloa, editores, con asesoramiento de Georgette Vallejo, y en la Noticia con que abren el volumen Novelas y cuentos
completos de César Vallejo, la viuda del poeta manifiesta que Paco Yunque
1, julio 1951). Según Raúl Porras Barrenechea, Paco Yunque, escrito también para la Editorial Cenit, de España, en 1931, fue rechazado por ésta –como dije anteriormente– “porque es demasiado pesimista y revolucionario”. Yo diría, en cambio, que no es cuento para niños, sino sobre niños que padecen. Y agregaría: más que pesimista y revolucionario, es sobrecogedor, indignante. Quien lo lee no puede menos que sentir en carne propia las injusticias soportadas por el pobre cholito Paco, los abusos de los compañeros en el primer día de clase, la pusilánime conducta del maestro. Y no puede menos que sentir deseos de infligir ejemplar castigo a Humberto Grieve, el hijo del inglés, patrón de los Yunque, gerente de ferrocarriles y alcalde del pueblo.
Es cierto que los temperamentos de Paco y Humberto están polarizados en la configuración literaria: uno toda bondad pasiva, silencio sufriente; otro, altanería, prepotencia, orgullo, maldad, despotismo. Es cierto que los comportamientos de cada niño están presentados retóricamente a la manera de “carácter”, viéndose a través del modo de ser del primero todo el dolor indio y, a través del segundo, toda la saña explotadora de los poderosos. Sin embargo, el friso escolar tallado por Vallejo está logrado artística y psicológicamente: el lector se identifica con el pobre Paco, protesta y asume su causa; sobre todo en el desenlace del relato, cuando Humberto roba a Paco sus deberes, los firma y el maestro, a sabiendas, lo premia, honrándolo ante la clase, asombrado testigo de la injusticia; y estampa el nombre de Grieve en el Cuadro de Honor de la semana, mientras Paco queda castigado por no cumplir con las obligaciones escolares.
Las injusticias, escarnios y atropellos padecidos por el cholito son anticipo de los que esperan al hombre y al conjunto humano explotado. La causa de los “cholos” tiene un verdadero precurso literario en la redención preanunciada por Vallejo. Lo señaló bien Luis Alberto Sánchez en uno de los trabajos encabezadores de la edición francesa de Poemas humanos:
En el Perú se ha discutido mucho, hace poco, sobre la precursoría del cholismo. ¡Desmemoriados!: Vallejo los antecedió a todos. El cholismo no es un ‘ismo’, sino una manera de ser, de sentir y expresarse. No admite escuela, como no la admiten el buen ver, la cojera, la credulidad, el ser linfático o sanguíneo. Es un hecho. Se es o no se es cholo: parecerlo resulta difícil y, lograrlo, artificioso. A Vallejo le fluía naturalmente la amargura, pero sin grandilocuencia, deshilachada, balbuceante.
Cabría añadir: amargura indignada para construir, en estos relatos, un fondo patético, de honda dramaticidad, alimentado por razones profundas y valederas.
Los hallazgos expresivos están en su pluma, en el vocabulario regional que, a menudo, le aflora; las ansias sociales idealistas pujan desde el ancestro; se amasan en denso telurismo, en dolor compartido por los hermanos sufrientes. La resultante es –palabras de Jean Cassou, referentes
a la guerra española, pero aquí aplicables– “una forma desgarrada que conviene a un asunto terrible”.
RAÚL H. CASTAGNINO