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Aclarar las ideas

In document Nudos Mentales - Bernardo Stamateas (página 59-64)

Imaginemos que tenemos una botella con agua, y con un gotero le echamos una gota de tinta azul: esa gota inmediatamente contaminará el agua. Luego, echamos otra gota y después otra más. Poco a poco toda el agua va tomando color azul. Ahora imaginemos que bebemos esa agua. Así es el diálogo interior: cada palabra negativa que nos decimos contamina nuestro mundo interior, ¡y luego bebemos eso! Hablemos internamente con palabras de fe, positivas, motivadoras, y bebamos «agua fresca» cada día.

La batalla no se gana en el campo de batalla sino internamente, antes de salir a pelear.

Nuestro diálogo interior siempre está presente, y puede ser positivo o negativo, es decir, podemos decirnos palabras motivadoras o desmotivadoras. Un ejemplo de cómo nos afecta nuestro diálogo interior se ve claramente en el ámbito de los deportes. Así como aprendemos mal algunas cosas, a agarrar mal la raqueta, por ejemplo, también aprendemos a pensar mal, negativamente. Pero el diálogo interior positivo se usa como una estrategia para superar la ansiedad que el deporte requiere y sirve para aumentar la autoconfianza. Lo que el deportista se dice a sí mismo impacta directamente sobre su rendimiento, por lo que es fundamental para la victoria.

Todos hablamos con nosotros mismos y nos decimos cosas, algunas veces en voz alta y otras veces en silencio, en el corazón.

Cruza los brazos como lo haces normalmente. Fíjate qué brazo quedó arriba y cuál abajo. Ahora, descruza los brazos y vuélvelos a cruzar, pero hazlo de manera que el brazo que normalmente queda arriba, esta vez quede abajo, y que el brazo que normalmente queda abajo, ahora quede arriba. ¿Te ha costado hacerlo? Ahora vuelve a cruzar los brazos como lo haces normalmente. ¿Verdad que no te cuesta? Eso es porque lo haces de manera automática. Los pensamientos automáticos «surgen», pero mantener un cambio «cuesta», porque implica gastar nueva energía y prestar atención. Así pasa con los pensamientos del tipo «no va a funcionar» o «el tren pasa una sola vez en la vida» (si no hay huelga, en realidad pasa cada diez minutos).

Reflexiona: ¿Qué pensamientos no te están sirviendo? Muchos de los pensamientos en que creemos son sencillamente mentiras. Por ejemplo, podemos ver la película

Superman, pero no salimos pensando que vamos a encontrarnos con Superman en la

calle.

Un hombre le pidió a su vecino una olla prestada. El dueño de la olla no era demasiado solidario, pero se sintió obligado a prestársela. A los cuatro días la olla no había sido devuelta, así que, con la excusa de necesitarla, fue a pedirle a su vecino que se la devolviera.

—Casualmente, iba para su casa a devolvérsela... ¡el parto fue tan difícil! —¿Qué parto?

—El de la olla. —¿Qué?

—Ah, ¿usted no lo sabía? La olla estaba embarazada. —¿Embarazada?

—Sí, y esa misma noche que me la prestó tuvo familia, así que debió hacer

reposo, pero ya está recuperada.

—¿Reposo?

—Sí. Un momento, por favor. —Y entró en su casa para al poco salir con la

olla, un jarro y una sartén.

—Esto no es mío, solo la olla.

—Sí, es suyo, esta es la cría de la olla. Si la olla es suya, la cría también es

suya.

«Este tipo está como una cabra, pero será mejor que le siga la corriente», pensó el hombre.

—Bueno, gracias. —De nada, adiós. —Adiós, adiós.

Y el hombre marchó a su casa con el jarro, la sartén y la olla. Esa tarde, el vecino otra vez le tocó el timbre.

Ahora el hombre se sentía más obligado que antes.

—Sí, claro.

Entró en su casa y volvió con los alicates y el destornillador.

Pasó casi una semana y, cuando ya pensaba ir a recuperar sus cosas, el vecino llamó a su puerta.

—Ay, vecino, ¿usted lo sabía? —¿Qué cosa?

—Que su destornillador y sus alicantes son pareja.

—¡No! —dijo el otro con ojos desorbitados—. No lo sabía.

—Mire, fue un descuido mío, por un ratito los dejé solos, y ya los embarazó. —¿A los alicates?

—Sí, y le traje la cría —dijo, y abriendo un cestito le entregó algunos

tornillos, tuercas y clavos que dijo habían parido los alicates.

«Menudo chalado, pero los clavos y los tornillos siempre vienen bien», pensó el hombre. Pasaron dos días. El vecino pedigüeño apareció de nuevo.

—El otro día, cuando le traje los alicates, vi que usted tiene sobre la mesa

una hermosa ánfora de oro. ¿No sería tan gentil de prestármela por una noche? Al dueño del ánfora le brillaron los ojitos.

—¡Cómo no! —dijo, y entró en su casa y volvió con el ánfora. —Gracias, vecino.

Pasó esa noche y la siguiente y el dueño del ánfora no se animaba a llamar a la puerta del vecino para pedírsela. Sin embargo, a la semana su ansiedad pudo más y fue.

—¿El ánfora? —dijo el vecino—. Ah, ¿no se había enterado? —¿De qué?

—Murió en el parto... —¿Cómo que...?

—Sí, el ánfora estaba embarazada y no superó el parto.

—Dígame, ¿usted cree que soy estúpido? ¿Cómo va a estar embarazada un

ánfora de oro?

—Mire, vecino, si usted aceptó el embarazo y el parto de la olla, el

casamiento y la cría del destornillador y los alicates, ¿por qué no habría de aceptar el embarazo y la muerte del ánfora?13

Los pensamientos generan conductas. ¿Qué conductas crees que generan estos pensamientos?

Déjalo así...

Va a llevar mucho tiempo. Esto es muy lento...

¡Crees que todo es tan fácil!

Yo estoy solo, no puedo hacerlo todo. No me exijas.

Mmm, no sé si va a salir bien. Es mucho para mí.

No me siento apoyado. Vamos despacio.

Bueno, ¡que salga como salga! Esto es peligroso.

Si siguen así, dejo todo.

Hay creencias que tendríamos que revisar, por ejemplo:

Que no se enteren de que tengo problemas. A mí nadie me ayuda.

La soledad duele.

El dinero es la raíz de todos los males. Tú tienes la culpa de mi sufrimiento. Enojarse es malo.

No puedo.

Las creencias tienen su tiempo y lugar, lo bueno del ayer puede ser lo malo de hoy, por eso debemos hacer un inventario de nuestras creencias y cambiar las que no sirven.

P

REGUNTAS

• A mí me gusta decir siempre la verdad; voy de frente y digo todo, pero eso me trae muchos problemas. ¿Por qué la gente no tolera que diga lo que pienso?

El «sincericidio» es falso; nadie dice toda la verdad todo el tiempo. Las personas que aseguran «yo digo todo en la cara» son personas que no tienen empatía, no consideran al otro, o lo consideran muy poco. Hay personas que se escudan en la verdad para agredir al otro. Una cosa es ser honesto y otra es ser cruel.

• No puedo sacarme de la cabeza un mal recuerdo amoroso: mi pareja me dejó.

Perdiste empatía, no miraste al otro y por eso «no te diste cuenta» de que tu relación se estaba terminando, no pudiste ver que algo no iba bien. Pregúntate: «¿Por qué necesito estar aferrado a ese recuerdo, por qué no puedo seguir

adelante?», y también: «¿Cómo participé yo en esa ruptura?» Es importante que para aprender algo de esa situación salgas del tradicional cuadro «víctima- victimario».

NUDO MENTAL 12. PENSAR OBSESIVAMENTE EN UN TEMA

N

UDO

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ENTAL

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