A los niños pequeños es útil planificarles cómo va a ser su día, es decir, confeccionarles una agenda donde figuren las actividades que deberán hacer, por ejemplo, levantarse a tal hora, ir a la escuela, acompañarte a hacer un recado, ir al club, etc. En esa agenda tiene que haber responsabilidades de acuerdo a la edad del niño, como poner la mesa, sacar la basura, ordenar su cuarto o hacer alguna compra. No olvides que siempre tienes que darles más tareas de las que quieras que hagan, porque si les pides una, es posible que no hagan ninguna. También es importante que incluyas en la agenda un tiempo de descanso en que el niño pueda hacer lo que quiera. Si no le enseñas
a tu hijo desde chico a tener responsabilidades, cuando quieras que las tenga de adolescente, habrás llegado tarde.
Recuerdo el día que mi hija mayor, en aquel momento de unos siete u ocho años, se acercó a preguntarme qué era un preservativo. Yo acababa de escribir el libro Educación
sexual para la familia y estaba en la localidad de Morón, en la provincia de Buenos
Aires, dando una charla. «Papá, ¿qué es un preservativo?», inquirió. Le expliqué que se trataba de una bolsita que se coloca en el pene del hombre para no producir un embarazo. Ella miró el libro que yo estaba presentando y dijo: «Está bien. Es lo mismo que pusiste aquí», y se fue.
Los padres somos prisioneros de las conductas que les queremos enseñar a nuestros hijos.
No les digas a tus hijos que la vida es hermosa, demuéstraselo; no les digas que sean fuertes, demuéstraselo. Da el ejemplo, no les podemos dar a nuestros hijos lo que no nos damos a nosotros mismos.
Se cuenta que una mujer fue junto con su hijo a ver a Gandhi. Este le preguntó qué quería y la mujer dijo: «Quiero que consiga que mi hijo deje de comer azúcar.» «Traiga usted otra vez a su hijo dentro de dos semanas», le respondió Gandhi.
Dos semanas más tarde la mujer volvió con su hijo. Gandhi se volvió y le dijo al niño: «Deja de comer azúcar.» La mujer, muy sorprendida, le preguntó: «¿Por qué tuve que esperar dos semanas para que usted le dijese eso? ¿Acaso no podía habérselo dicho hace quince días?» Gandhi contestó: «No, porque hace dos semanas yo comía azúcar.»17
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REGUNTAS•¿Cómo puedo enseñarle a mi hijo a ser responsable?
Lo primero que tienes que hacer es ejercer la responsabilidad tú mismo. Muchos padres y madres pretenden enseñar a sus hijos una conducta que ellos mismos no siguen; por ejemplo, les dicen a gritos: «¡No grites!», o mientras ellos comen croquetas con huevo frito y patatas fritas, les aconsejan: «Cuando salgas con tus amigos come sano.» Si pretendes enseñarle a tu hijo responsabilidad, es tiempo de que cuestiones tu propia conducta.
• ¿Por qué algunos padres eligen el silencio como una forma de castigo?
un problema, porque él debe ser el adulto, física y emocionalmente hablando. No ejerce violencia física contra él, pero al no hablarle está castigándolo sin darle oportunidad de entender qué pasó y de enmendar su conducta.
NUDO MENTAL 22. ESTOY EN CRISIS
N
UDOM
ENTAL22
ESTOY EN CRISIS
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Idea liberadora:
Manejar crisis y tormentas: en la calma disfrutar, en las crisis pensar _________________________________________________________
Cuando conduce un avión el piloto está al mando. En caso de una tormenta, es decir, de una crisis, se le activarán, como a todos nosotros, los mecanismos fisiológicos del estrés de los que se encarga el sistema nervioso simpático, el impulso de «luchar o
huir» (aceleración del corazón y del pulmón, aumento de la visión, inhibición del estómago y acción intestinal superior al punto de que la digestión se ralentiza o se
detiene, dilatación de los vasos sanguíneos de los músculos, etc.). Literalmente no pensamos, solo actuamos, ya que estos son mecanismos que se activan en momentos de
crisis. Sin embargo, cualquiera de estos mecanismos pondría en riesgo el avión. Entonces, lo que hace el piloto es activar su capacidad de raciocinio para resolver el
problema.
Estar «al mando» no es estar «en control», porque no podemos controlar las circunstancias, sin embargo, sí podemos responder adecuadamente a lo que sucede.
El sistema nervioso autónomo del ser humano consta de dos mecanismos antagonistas: el sistema simpático y el sistema parasimpático. Mientras que el primero es el responsable del aumento de la actividad del organismo bajo condiciones de estrés, el segundo controla el descanso y la relajación, haciendo que el cuerpo genere calma y equilibrio interior. Estos dos sistemas no pueden actuar al mismo tiempo, es decir, funciona uno o funciona el otro. En caso de crisis, el piloto del avión siempre buscará activar el sistema parasimpático a fin de tranquilizarse para pensar inteligentemente cómo llevar al avión a destino.
Ahora bien, ¿qué deberíamos hacer para activar el sistema parasimpático? Veamos:
1. Reconocer que estamos nerviosos.
Si el piloto dice: «No siento nada, yo soy un experto», niega su miedo, tiene una actitud arrogante que puede llevar a que el avión se estrelle. Si por el contrario dice: «No puedo, ¡socorro!», tiene una respuesta emocional casi infantil. El miedo lo lleva a huir. La actitud de una persona madura es decir: «Sí, estoy nervioso y siento miedo, pero tengo que pensar cuál es el problema y resolverlo.» Al aceptar sus emociones, el piloto se relaja (se activa el sistema parasimpático) y puede pensar en el problema para hallar una solución.
2. Tomar conciencia de que con estrés no se resuelve el problema.
Como dije anteriormente, en una situación de estrés aparece la respuesta lucha/huida, pero ninguna de las dos sirve. Para poder mantener el equilibrio y decir: «Tengo ganas de huir, siento miedo, pero así no se resuelve el problema», debemos enfocarnos en la solución de ese problema y no dejar que el estrés nos gane. Para lograr esto los pilotos tienen que aprender por experiencia, y para eso se entrenan con simuladores de vuelo. Durante el entrenamiento, ellos aprenden que para hacer frente a determinada emergencia es indispensable que actúen racionalmente. En el simulador practican lo que deben hacer en diferentes situaciones de emergencia para luego estar preparados si tienen que verlas en directo alguna vez. Ganar experiencia y aplomo es la clave. No solo para el piloto, también para el cirujano que tiene que operar o para el futbolista que ya no corre como loco en la cancha, sino que está «bien posicionado». La recompensa es excelencia, aplomo y paz. Así como los pilotos de avión tienen que recordar cuál es su rol, tú también has de saber que eres el piloto que hará que tu casa, tus hijos y tu trabajo prosperen, «lleguen a destino». Otros pueden gritar, enojarse, deprimirse y huir, pero tú tienes que tomar conciencia de que con estrés no se resuelve el problema.
En la antigüedad las espadas para la guerra eran forjadas pasándolas por fuego y agua. Las llamaban «espadas dentadas». Si pasaste por tentaciones y pruebas,
estás listo para la batalla.
3. Utilizar la racionalidad para determinar cuál es el problema.
En la noche, el piloto de avión se guía por los instrumentos, ellos son el punto de referencia, el punto «racional» que lo guía.
Supongamos que una mujer entra en una panadería a comprar pan y empieza a gritarle a la dependienta. Ante esta situación la dependienta no tiene que poner el
foco en la emoción, sino preguntarse rápidamente: «¿Cuál es el problema?» Si el problema está en el pan, ella podría decirle a la mujer: «Señora, no se preocupe, le cambio el pan, pero no me grite.» En este ejemplo estaría poniendo el foco en el verdadero problema, en lugar de responder con emocionalidad ante los gritos de la clienta.