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os personas distintas reaccionan con actitudes radicalmente diferentes al mismo conjunto de experiencias. Sin embargo, cuando dos personas reaccionan a la misma experiencia con la misma actitud, comparten un poderoso vínculo natural.Las actitudes tienden a ser contagiosas, y por el hecho de estar arraigadas en la interpretación emocional de las experiencias, pueden distorsionarse y moldearse; pueden enrollarse o deshilvanarse.
¿Qué pasa cuando una persona pierde el control y se enfada? Parece beligerante (lenguaje corporal), su tono de voz es áspero, y emplea palabras amenazantes.
Puede resultar espeluznante estar a su alrededor. En lo relativo a caer bien a la gente, o incluso a obtener una cooperación voluntariosa, hablamos en este caso de Actitud Realmente Negativa. A menudo habrás visto a padres enfurecidos regañando a sus hijos porque manosean los plátanos en el supermercado.
O a vendedores aburridos y poco interesados. O a médicos gruñones e impacientes. Todos ellos se están rigiendo por actitudes negativas. No estoy diciendo qué es lo que está bien o lo que está mal; sólo estoy indicando que desde un punto de vista comunicativo no envían el mensaje de forma correcta. Asumiendo que tengan un mensaje que emitir. Y resulta que a menudo esta es la cuestión. Las actitudes negativas tienden a provenir de gente que no sabe realmente lo que quiere comunicar.
Recuerda, que la «S» de «SIC» dignifica «Saber lo que quieres». Si no sabes lo que quieres, no hay mensaje que emitir, ni base alguna para conectar con la
gente.
Mucha gente piensa en términos relacionados con lo que no quiere, por oposición a lo que sí quiere, y sus actitudes acaban reflejándolo. «No quiero que mi
jefe me grite más» procede de una actitud totalmente diferente a «Quiero el puesto de mi jefe» o «Quiero que me asciendan». Del mismo modo, «Estoy harto de vender corbatas todo el día» traduce una actitud y unas señales completamente distintas a tu imaginación que si se dijera «Quiero dedicarme a transportar viajeros en un bote de pesca en las islas del Caribe». Tu imaginación es la fuerza más poderosa que posees, incluso más que la voluntad. Piensa en ello. Tu imaginación proyecta experiencias sensoriales a tu mente a través del lenguaje de imágenes, sonidos, sentimientos, olores y sabores. Tu imaginación distorsiona la realidad. Puede trabajar para ti o contra ti.
Puede hacer que te sientas de maravilla o como un miserable. Así que cuanto mejor puedas introducir la información en tu imaginación, mejor podrá ésta organizar tu manera de pensar y tus actitudes, y en última instancia, tu vida.
Tú eliges
La buena noticia es que tú eres quien escoge las actitudes. Y si eres libre para elegir la que te plazca, ¿por qué no optar por una Actitud Realmente Positiva?
Supongamos que acabas de llegar al aeropuerto de Nueva York y has perdido la conexión hacia Chicago.
Simplemente debes conseguir un billete para el próximo vuelo, cueste lo que cueste, así que te diriges a la taquilla de la compañía aérea y le gritas al empleado. Esta es una Actitud Realmente Negativa. Si lo que pretendes es que el encargado te preste su ayuda al máximo, lo mejor que puedes hacer es encontrar una Actitud Realmente Positiva que cree un entendimiento para conseguir dicha cooperación.
Probablemente no debería confesarlo, pero he logrado que me perdonen docenas de multas de automóvil (también he fracasado unas pocas veces), y no sólo infracciones de aparcamiento. Estoy absolutamente convencido de que si hubiera comenzado diciéndole al agente de policía que el radar estaba estropeado, o si hubiera perdido los nervios y le hubiera dicho, enfadado, que era el primo del alcalde y que nunca más volvería a aquella ciudad, estaría condenado desde el principio.
Si quiero caer bien a la agente, para que me comprenda y no me multe, debo asumir una Actitud Realmente Positiva, por ejemplo:
«Lo siento mucho», o «Tiene toda la razón», o «Por Dios, qué tonto he sido», o bien «Oh, claro, sí, gracias». La última vez que me pararon, el agente me siguió hasta el parking del supermercado del pueblo y se detuvo justo detrás de mi automóvil; salí del coche y caminé hasta el suyo. A juzgar por su apariencia, con su barba y su complexión física, imaginé que era un Sensitivo, es decir, una persona que confiaba sobre todo en los sentimientos (más adelante aprenderás algo más al respecto), así que las primeras palabras que salieron de mi boca fueron: «Tiene toda la razón.»
Sobre todo porque no había duda alguna de que yo no tenía razón. Me ofreció una más que merecida perorata sobre lo que había hecho y me dejó ir tras una advertencia verbal. La cuestión es que mi actitud marcó el tono del encuentro, pues yo sabía lo que quería.
En las situaciones cara a cara, tu. actitud te precede.
En la fuerza central de tu vida, controla La calidad y la apariencia de todo lo que hagas.
No se necesita mucha imaginación para representarse Actitudes Realmente Negativas —ira, impaciencia, altivez, aburrimiento, cinismo—, así que, ¿por qué no dedicar un momento a contemplar y sentir una Actitud Realmente Positiva? Cuando acabas de conocer a alguien, puedes mostrarte curioso, entusiasta, interesado, servicial o cautivador.O cálido, mi actitud favorita. Hay algo contagioso en el contacto humano cálido; de hecho, los científicos han descubierto que puede generar la liberación de opiáceos en el cerebro... ¿Qué tiene esto que ver con una Actitud Realmente Positiva? No hace falta decir que lo que acabas de leer es más positivo que la venganza y la falta de respeto.