Permíteme que te repita que no se trata de una nueva manera de ser, ni de una nueva manera de vivir. No te he dado una varita mágica para que corras a la calle con ella y empieces a dar golpecitos a la gente en la cabeza hasta que les caigas bien. Se trata de herramientas y técnicas que te ayudan a establecer rápidamente un buen entendimiento.
Nos hemos ocupado de las cuatro áreas básicas que permitirán que le caigas bien a la gente en 90 segundos como máximo: actitud, sincronía, conversación y preferencias sensoriales.
Perfeccionar cada una de estas áreas incrementará tu habilidad para comunicarte con efectividad y rapidez con los demás. Cuando aprendas a incorporar estos cuatro pasos en tus encuentros cara a cara, los efectos serán mucho más evidentes.
Tú ya sabes por qué conectas de forma natural con ciertas personas y no con otras, y desde que has empezado el libro, probablemente has empezado a mejorar tus relaciones en casa y en el trabajo.
Te acercas a la gente con mayor confianza y sinceridad y disfrutas de cada nueva experiencia. Y te has dado cuenta de que posees la mayor parte de las habilidades necesarias para establecer conexiones naturales con los demás.
Cuanto más uses las numerosas herramientas que hemos ido compartiendo a lo largo de este libro —desde la imagen que proyectas con una Actitud Realmente Positiva hasta la sinceridad y el carisma que transmites con tu saludo, pasando por la comodidad y la empatía generada por la sincronía y la habilidad para reconocer en qué sentido confía más una persona— más capaz serás de establecer entendimiento con facilidad y de lograr caer bien a la gente en 90 segundos como máximo.
Si tuviera que asignar una prioridad a uno de estos cuatro aspectos, la Actitud Realmente Positiva es la herramienta más poderosa a la hora de generar buenos sentimientos en ti mismo y en los demás. La actitud es contagiosa y evidente, y te precede. Tu actitud lleva consigo la coherencia de tu lenguaje corporal, tu tono de voz y las palabras que empleas. Notarás una mejora inmediata en tus habilidades relaciónales tan pronto como comiences a administrar tu actitud. En la otra cara de la moneda, si no la manejas de forma adecuada, tu actitud funcionará contra ti, con toda seguridad. La actitud puede atraer o repeler.
Seguidamente, sin duda, se encuentra el sorprendente poder de la sincronía. Como ya has visto, la sincronía forma parte de nuestro bagaje natural, y consiste en lo que ya hacemos de manera inconsciente con la gente que nos gusta. Cuando conoces a alguien y deseas establecer un entendimiento rápido, empieza a sincronizar de inmediato.
Al principio te parecerá extraño, a menos que realices el ejercicio de sincronía en grupos de tres (véase la página 57), en cuyo caso te preguntarás cómo te las has podido arreglar hasta ahora. Dos o tres días bastan para llegar a ser un experto, incluso brillante, en este aspecto. Después de todo, lo has estado haciendo toda tu vida, de una forma o de otra, con la gente que sientes más cerca de ti.
A medida que tus habilidades de conversador se perfeccionen y alientes a la otra persona para que se suelte a la hora de hablar, comprobarás que dispones de tiempo para realizar observaciones acerca de las preferencias sensoriales.
Deja que esta mejora se produzca tranquilamente. ¿Te acuerdas de aquellos libros llamados «Ojo mágico», que se pusieron de moda a principios de la década de 1990? Contemplabas fijamente una imagen extraña y, lentamente, a la larga, tus ojos se volvían a enfocar y veías una imagen en 3-D.
El descubrimiento de las preferencias sensoriales se produce de la misma manera. Vas mirando, vas buscando, y te sientes frustrado, y luego de repente vuelves a enfocar a la gente y ésta comienza a tener un aspecto diferente a medida que vas estableciendo un entendimiento elegante y profundo a nivel inconsciente, donde se consigue la verdadera unidad.
El despliegue y la detección de las preferencias sensoriales de una persona en particular prosigue después de los 90 segundos y te proporciona el vehículo para viajar mucho más allá en el entendimiento planeado con dicha persona, que pasa a ser tu nueva gran fuente de intercambios de todo tipo.
Por ejemplo, asistes a una conferencia y acabas de conocer a Sylvie Clairoux, la jefa del departamento en el que te gustaría trabajar.
La conexión es suave, cálida, sincera y respetuosa; tu Actitud Realmente Positiva y tu franqueza propician un «saludo» perfecto.
Aunque hay siete personas en la reunión, tú sincronizas con sus movimientos corporales pero sin establecer un contacto visual excesivo.
Su subconsciente lo detecta. Se produce un contacto visual casual, ella sonríe educadamente, tú le devuelves la sonrisa: ¡BINGO!
Lo estabas practicando a diario, y te habías dado cuenta fácilmente, por su forma de vestir, su tono de voz, la elección de sus palabras y sus movimientos oculares de que probablemente era Auditiva.
Cuando hablas, sincronizas con su tono de voz y empleas palabras Auditivas («¡Esto suena de maravilla!»... «Cada uno de nosotros ha pronunciado una opinión»). ¿Acaso puede desagradarle este extraño que parece, suena y se mueve casi como ella? Durante un descanso, te la llevas aparte un momento.
«Me gustaría escuchar algo más acerca de la proposición», empiezas. « ¿Nos conocíamos?», pregunta la señora Clairoux.
« ¡Me parece que le gustas!», susurra tu vocecita interior.