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3. REPRESENTACIONES SOCIALES

3.9. Actitudes y representaciones sociales

Gaskell, G. (2003) estudia el tema de las actitudes y las representaciones sociales e invita a una comparación evaluativa, pues para algunos autores no es igual el fe- nómeno de las actitudes y el de las representaciones sociales. Se perciben, sin embrgo, notables puntos de intersección entre los dos programas, uno desde lo individual y otro desde el ambito social.

En una cita de Gaskell, “La definición de actitud en términos de la evaluación de la población por entidades es consensual en psicología y en estudios sociales” (Eagly y Chaiken, 1993: 270 citado por Gaskell, G., 2003). El determinismo cog- nitivo es el fundamento investigativo de la estructura de las actitudes, del cambio y de otras relaciones entre actitudes y comportamiento.

Para los primeros teóricos, la actitud estaba concebida como el homologo indivi- dual de los valores sociales, o como sentimientos sociales. El movimiento hacia la actitud como un proceso individual tomó lugar en los años veinte y treinta, cuan- do proliferan significtivos desarrollos como resultado de innovaciones en escala y medida. La introducción de las escalas de actitud permitió a los investigadores moverse a distancia de los estudios cualitativos y etnográficos para cuantificar las comparaciones entre los individuos y los grupos relacionados en espacio y en tiempo.

En los años 50 y 60, el programa de actitud adoptó modelos de estructura cogni- tiva, con el principio de la consistencia individual. El análisis y los experimentos de laboratorio de los procedimientos variables constituyeron la metodología de la psicología social. Al perseguir los elementos de la actitud y los procesos que deli- neaban un cambio de actitud, la naturaleza del objeto actitudinal en estudios em- píricos fue considerada irrelevante.

Como resultado de esto, la investigación de la actitud se pasó de moda, y la psico- logía social volcó su atención hacia la teoría de la atribución y sus derivados. Fue- ron Fishben y Ajzen (1975, citados por Gaskell, G. 2003) quienes volvieron a re- lacionar el programa de actitud con la teoría de la acción racional. Este modelo se basa en individuos soberanos cuyas preferencias (actitudes) están apoyadas o cohibidas por la percepción del “otro significante”, frente al cual son capaces de pensar lo que deben o no deben hacer. Tomado como un todo, el programa con- sidera la estructura de actitud y los procesos jurídicos, guiados hacia los modelos cognitivos y sociales de redes asociativas, los mecanismos de memoria, esquemas y escritos.

Gran parte de la investigación actitudinal está basada en experimentos y estudios en laboratorio que usan medidas escalares para la evaluación de la actitud. Otras aproximaciones como los estudios de campo, los análisis de tiempo y uso de muestras representativas, o los estudios particulares de subgrupos de población, y un particular método para entender las actitudes en su más amplio contexto no han figurado significativamente en el programa.

El programa de investigación que asimila las representaciones sociales con las ac- titudes ha sido criticado por asumir una perspectiva sociológica, pese a lo cual es- ta no es psicología social propia. Es con el entendimiento de que la gente vive en el mundo en que vive, como se concibe en la teoría de las representaciones socia- les. La teoría asume que los fenómenos sociales no ocurren como algo fuera de lo individual, sino como un proceso dinámico de interacción y comunicación. Lo colectivo, sea social, cultural o grupal, y lo individual no son concebidos como universos opuestos. La sociedad pensante, tipificada por la comunicación inter- personal y mediada, es la arena donde la realidad está construida y negociada. En el programa de investigación de las representaciones sociales se identifican dos tradiciones distintas pero relacionadas. Una es la producción del conocimien- to y la otra la estructura del conocimiento. La produccion del conocimiento es un proceso activo y social de darle sentido a la realidad. Pero para los sicólogos so- ciales el interés por los procesos mediante los cuales el público le da sentido o hace realidad la tecnología, es lo que se llama objetificacion secundaria.

Un ejemplo claro de producción de conocimiento es la biotecnología, de tal im- portancia que no puede ser ignorada por nadie. Sus descubrimientos son muy vistosos: genes que describen cómo determinar una enfermedad, características específicas y comportamientos sociales. De esta manera, el mapa genético es la nueva astrología científica que permite prever el futuro de un individuo. La bio- tecnología produce aplicaciones como la clonación de animales, la producción de

comidas modificadas genéticamente, y todo esto ha sido proyectado hacia la esfe- ra pública, de modo que la familiarizacion de la biotecnología toma lugar a través de videos y medios de comunicación y de procesos complementarios de objetiva- ción.

En el proceso de anclaje, el objeto es transformado y se convierte en una catego- ría de conversación. Grupos sociales diferentes consumen medios de comunica- ción con diferentes agendas, con bases de conocimiento distintas y con pensa- mientos propios, que cultivan diferentes representaciones.

En el caso de la biotecnología, por ejemplo, aparecen en la esfera pública posi- ciones radicalmente opuestas, desde aquellas que consideran con entusiasmo las innovaciones en las manipulaciones genéticas como apoyo decidido a los nego- cios, hasta las posiciones ambientalistas que consideran los transgénicos como engendros de estandarización que deterioran la biosfera y los nichos de prolifera- ción de diversidad genética. Esto manifiesta las maneras divergentes como se re- presenta la evolución en diferentes grupos y en tiempos distintos. La gente puede expresar posiciones actitudinales que miran hacia las aplicaciones de la biotecno- logía, y expresan lo que la biotecnología es para ellos.

La extensa área que sostiene los esfuerzos de colaboración es el análisis del desa- rrollo, la estructura y las funciones de las actitudes y las representaciones sociales. No aparecen aquí, sin embargo el contexto social y los procesos cognitivos indi- viduales, como elementos que deben tomar parte en las teorías, investigaciones empíricas y en las explicaciones de las actitudes.

¿No resulta monolítico pensar en la esencia de los sistemas de creencias como necesariamente consensuales? Seguramente, hay una relación entre características de grupo, como formas de comunicación, y la estructura y la función de las re- presentaciones.

Es el entendimiento de diferentes recepciones de lo nuevo en cualquier sociedad, y la evolución y funciones de las realidades diferentes, lo que muestra el cambio. Debido a que la comunicación es controversial y está marcada por el debate ar- gumentado, nuestros modelos deben acomodar el disenso, y la oposición en el marco teórico de la actividad colectiva. Lo que es compartido, es lo que hace po- sible la comunicación, en términos de acuerdo y desacuerdo. Harré 1984 (citado por Gaskell, G., 2003) señala cómo compartir es tener una parte de un todo, pero no necesariamente tener la misma parte de todo el mundo.

Mientras unos métodos son comunes a estudios actitudinales, otros como el uso de la asociación de palabras, entrevistas individuales y grupales, textos de varias

fuentes (medios) y estudios de grupos naturales, ofrecen nuevas oportunidades para el análisis empírico de la “sociedad pensante” (Gaskell, G., 2003: 240).

4. TRES CONCEPCIONES HISTÓRICAS DEL