Francisco Saro Gandarillas [coronel de Intendencia]
ACTUACIÓN DEL REGIMIENTO EN LOS SUCESOS DE JULIO
Ante la situación creada en el territorio en ese mes, el Regimiento Alcántara es concentrado en el campamento de Drius, a disposición del comandante general, el día 20.
Al día siguiente, 21 de julio, llega al campamento de Annual con el general Silvestre. Dos escua- drones participan en el último y frustrado intento de socorro a Igueriben. Por la tarde regresan a Drius. El día 22 vuelve a salir en dirección a Annual, con el fin de establecer una nueva posición entre la Intermedia y Yebel Uddia, en el trayecto de Sen Tieb a Annual.
Estando en esta situación ven llegar, procedentes de Annual, la columna en proceso de retirada en la que se aprecia el desorden y bajo estado de moral de sus componentes.
El teniente coronel Primo de Rivera, al mando accidental del regimiento, puesto que su jefe na- tural, el coronel Manella, se encuentra al frente de la circunscripción de Annual, con gran presencia de ánimo intenta restablecer el orden de la columna en fuga. Con los escasos medios disponibles es imposible cumplir su intención, por lo que al final opta por cubrir los flancos y retaguardia, acom- pañando a la columna hasta Ben Tieb donde deja un escuadrón de protección de la posición, conti- nuando con las tropas hasta Drius. Durante todo este trayecto el trabajo desarrollado por las fuerzas de la Caballería es agotador, hasta el punto de que una vez llegados a Drius hubo que disponer que los 125 hombres en peor estado salgan hacia Segangan, cabecera del regimiento.
El día 23 la retirada se hace generalizada desde todas las posiciones avanzadas. El general Na- varro, segundo jefe de la comandancia, que se ha hecho cargo de su mando, ordena al teniente coro- nel Primo de Rivera se adelante con su regimiento para colaborar en el repliegue de las posiciones situadas alrededor de Chaif, sobre el camino a Tafersit. Primo de Rivera cumplimenta la orden con tanta resolución que en ocasiones su gente se ve obligada a combatir al arma blanca.
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La eficacia demostrada asegura un repliegue ordenado sobre Drius, siendo premiada la labor del jefe de caballería con la Cruz Laureada de San Fernando.
Entre tanto el general Navarro, ante la situación creada en Drius por la acumulación de gente herida o muy baja de moral, dispone se constituya un convoy para evacuar a heridos y enfermos, convoy que debe escoltar el regimiento de Alcántara.
El convoy automóvil, adelantado a la caballería, encuentra a la altura de Uestía seria resisten- cia al paso por parte de los cabileños. Al oír los disparos, Primo de Rivera ordena se adelante el regimiento al galope, llegando a su altura justo cuando el enemigo se echaba sobre algunos de los camiones. Sin dudarlo ni un momento, la caballería carga con denuedo sobre aquel, sable en mano, haciéndole huir precipitadamente.
Despejado el camino, el resto del convoy es escoltado en dirección a El Batel. En ese mo- mento Primo de Rivera recibe orden de volver hacia Drius, pues el general Navarro ha decidido evacuar esta posición. Aunque los jinetes de Alcántara están agotados, cumplimentan la orden. Tras unirse a esta nueva columna, se observa que el enemigo se concentra en gran cantidad a la izquierda de su paso y en las cercanías del río Igan. Nuevamente le toca a Alcántara despejar la situación a pesar de sus efectivos menguados y el lógico cansancio de los jinetes; al principio al galope, más tarde al trote, y finalmente al paso por incapacidad manifiesta de los caballos, sometidos, junto con los soldados, a un esfuerzo excepcional. Primo de Rivera cumplimenta las órdenes recibidas: agotadas las fuerzas, perdidos gran número de caballos, habiendo sido bajas numerosos jinetes, algunos incluso combatiendo a pie, el regimiento prácticamente ha desapare- cido como tal. Los escasos supervivientes se agregan a la columna después de haber escrito una página memorable de la historia de la caballería española, posiblemente la más notable dentro de la tragedia generalizada que supuso el llamado Desastre de Annual. El día 23 de julio de 1921 quedará como fecha imborrable dentro de las efemérides conmemorativas de la actuación del arma centenaria.
Son infinidad los testimonios y las reseñas escritas entonces y después sobre la notable actua- ción de la caballería durante los hechos someramente mencionados; todos ellos, sin excepción, laudatorios. Sería imposible dar ni siquiera un esbozo pues son, insistimos, numerosísimos.
Descartaremos los procedentes de personas de condición militar que, aunque casi siempre certeros y válidos, podría pensarse que son salidos de autores vinculados por profesión a los protagonistas de los sucesos narrados. Fuera de este ámbito, son incluso más frecuentes las men- ciones encomiásticas que es posible encontrar. Mencionaremos de pasada algunas como la de Rubio Fernández:
“El único jefe que en medio del antiestratégico repliegue dio ejemplo de bravura sin par y de excepcional coraje, fue el malogrado Primo de Rivera, tenaz y brioso al frente de los restos de la caballería” (Al margen del desastre).
O como Gómez Hidalgo, poco sospechoso de afinidades militares:
“Las cargas del Regimiento de Caballería de Alcántara, a las órdenes del coronel Primo de Ri- vera, un valiente oficial muerto después de la defensa de Monte Arruit, son de por sí hechos épicos”
(La tragedia prevista).
O como Vivero, que relata pormenorizadamente los hechos:
“Con Primo de Rivera al frente, embiste la legión gloriosa en nuevo arranque heroico…”. (El
derrumbamiento). También Guixé:
“la resistencia de la columna Navarro y de la caballería de Primo de Rivera son los episodios en los cuales no se ha empañado la prez del valor español”. (El Rif en sombras).
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Podríamos extraer notas y más notas sobre el asunto. Cerraremos estas con tres opiniones, cuyo valor estriba en que son sacadas de personajes absolutamente contrarios a la intervención de Espa- ña en África y nada proclives a sintonizar con las Fuerzas Armadas.
Son Gaya Nuño, Prieto y Sender.
Gaya Nuño, en su durísima obra Historia del cautivo, dice sobre la intervención del Alcántara:
“la desbandada es protegida por las cargas de los escuadrones de caballería de Alcántara, las únicas unidades que conservaron conciencia de su deber y contaron con jefes conscientes de su responsabilidad”.
Hay que hacer notar la injusticia de la exclusividad de tal afirmación, pues además de los jefes de Alcántara los hubo también de otras armas que se comportaron con toda la dignidad que exigía el momento. Pero el elogio a la caballería es de por sí sintomático.
Campaña del Rif. - 1921 Evacuación de los heridos
por Mar Chica. Edición Postal Expres
Indalecio Prieto, diputado socialista entonces, diría en el congreso de los diputados, en octubre de aquel año:
“la retaguardia en la cual (y quiero salvar una omisión que indeliberadamente cometí) se distin- guió, cumpliendo con su deber, la fuerza de caballería de Alcántara”.
Por otra parte, Ramón J. Sender, en su conocida obra Imán, aun sin mencionar expresamente, hace notar la singularidad de la intervención de Alcántara durante el repliegue; singularidad que pondría de manifiesto más tarde, cuando comentando la obra mencionada decía que “había escrito con emoción lírica del famoso regimiento de Caballería Alcántara, que estuvo en acción mientras hubo un caballo y un jinete vivos”. (Historia 16. El valor de la novela histórica).
Epopeya singular, sin duda, la del regimiento, un trágico mes de julio de 1921, hace tres cuartos de siglo. El Regimiento de Alcántara y su teniente coronel, Fernando Primo de Rivera, han pasado, con derecho indiscutible, al álbum de oro de los hechos gloriosos del Ejército español, hechos que tuvieron su momento más dramático con la heroica muerte del segundo en Monte Arruit el 8 de agosto siguiente, circunstancia que puso de manifiesto la calidad humana de tan insigne jefe de la caballería española.