2.3 Pueblos originarios
2.3.2 Actual población nativa
El panorama hibrido que existió de las comunidades nativas que habitaron la Quebrada de Humahuaca, la Puna jujeña, los valles y las yungas antes del siglo XVIII se esfumó al principio del mismo siglo cuando todo este abanico de parcialidades comenzaron a homogeneizarse por la causa de los procesos económicos y sociales que se desarrollaron en la zona durante más de 100 años. La migración de los pueblos andinos, la demanda de trabajo minero regional, la esclavitud del indígena al mundo colonial y las migraciones hacía los valles agrícolas del sur de Charcas (provincia al norte de Potosí, Bolivia) crearon una “unión” Omaguaca-Quechua que dio lugar a la comunidad campesina colla (Cruz 2009b, 25). De esta manera actualmente se utiliza el nombre colla para todos los puneños (en su entonces los atacamas), quebradeños (los omaguacas), sus descendientes y toda la gente que habla Quechua y Aimara. El siguiente mapa (véase Figura 2-10) muestra la situación actual de los pueblos indígenas de Jujuy, predominando los Collas en
casi toda la provincia de Jujuy (Puna, Quebrada y un menor porcentaje en los valles), y los Avá Guaraní y Chané ocupando la mayor parte de la selva y valles jujeños.
La actual población andina de la provincia de Jujuy agrupa a su vez, no solamente descendientes de las culturas ancestrales que habitaron la provincia, sino que también las olas de inmigrantes quechuas (procedentes del Altiplano boliviano) y aimaras (procedentes del lago Titicaca en el norte de Bolivia) que han llegado a Jujuy desde comienzos de la conquista europea. Esta migración de quechuas y aimaras, los cuales trajeron consigo tradiciones y costumbres que penetraron profundamente en la sociedad andina jujeña. Desde ese entonces, a mediados del siglo XIX hasta nuestros días se los nombra en la Argentina a todos estos grupos, nombrados anteriormente, bajo el nombre de collas (Santamaría 2010, 48, 50).
Figura 2-10: Situación actual de comunidades nativas argentinas y de la provincia de Jujuy (Endepa 2011, creado por la autora)
Actualmente, las comunidades andinas de Jujuy viven en la Puna y Quebrada de Humahuaca. Su economía se basa en la agricultura de papa, maíz, quínoa, arvejas, habas, zapallo, avena, alfalfa, cereales, etc., en la cría de ovejas, llamas, guanacos y en la venta de tejidos (Vilte 2009, 20). Las comunidades que poseen camélidos usan la lana para venderla y para fabricar sus propios tejidos. A su vez, las comunidades que habitan cerca de las Salinas Grandes (véase Figura 2-11)
recoleccionan sal para venderla en el comercio y algunos hombres trabajan también en las minas o en el campo. Las mujeres se dedican a las tareas domesticas, al cuidado de los hijos, al pastoreo y a la confección de tejidos a dos agujas y a telar. Muchas de las madres que entrevisté, se trasladan con los niños a lugares donde hay escuelas, mientras que los padres continúan trabajando en el campo o en las salinas. Cuando llega el fin de semana se van con sus niños de vuelta a su comunidad. Con respecto a los jóvenes, son pocos los que se quedan a vivir en la Puna y la Quebrada de Humahuaca, muchos de ellos prefieren ir a las ciudades en busca de algún trabajo.
Figura 2-11: Las Salinas Grandes, provincia de Jujuy, Argentina (tomada por la autora 2010)
En la provincia de Jujuy, también existen organizaciones, instituciones y cooperativas que ayudan económicamente de alguna manera a las comunidades nativas. Las más conocidas son: la Organización Comunitaria Aborigen Sol de Mayo, la Organización de Mujeres Warmi Sayajsunqo (Mujer Perseverante), conocidas como “las Warmi” y Red Puna. El objetivo de estas organizaciones es el trabajo en red; el trabajo en comunidad. Red Puna, por ejemplo, es una red que está formada por las diferentes organizaciones que se encuentran en cada comunidad nativa jujeña. Es la voz de todas estas organizaciones que la integran haciendo escuchar sus demandas. A su vez todas ellas tratan de promover el desarrollo sustentable y socioeconómico de la Puna, Quebrada y valles, cuidando el medio ambiente y mejorando la calidad de vida de cada ciudadano nativo jujeño, crear lazos de respeto y afecto y sobretodo promover y revalorizar la identidad cultural, costumbres y tradiciones.
Asimismo, existen ONGs, como la ONG Italiana donde trabaja la tejedora Graciela Torres en el Proyecto Puna Productiva, que da cursos sobre tejido artesanal, agricultura, turismo, etc. a
las comunidades nativas que habitan en los alrededores de las Salinas Grandes. De esta manera se trata de potenciar y mejorar la economía en la Puna. En muchos pueblos de Jujuy, como Tilcara, se dan talleres libres de artesanías (véase Figura 2-12) para fortalecer el comercio de la Quebrada y Puna. Se enseña tejido en telar, artes plásticas, idioma Quechua, danza folklórica, música e instrumentos autóctonos, historia oral, agroganadería, confección de indumentaria, alfarería, artesanía en piedra laja y teatro entre otros más. A través de estos talleres se trata de promover el respeto a la diversidad cultural y crear mayores oportunidades de trabajo para mujeres, hombres y adolescentes. Tanto los talleres libres, como las ONGs, y las organizaciones construyen, revalorizan, revitalizan y fortalecen la identidad cultural de las comunidades nativas de Jujuy, involucrando en este proceso a todos los miembros de cada comunidad.
Figura 2-12: Profesor nativo enseñando tejido artesanal (http://www.mejujuy.gov.ar/educart/?p=202 2009)
Con respecto al idioma, actualmente son pocos los que hablan Quechua. Se podría decir que la mayoría conoce algunas palabras, pero son aquellas palabra que sobrevivieron en el Castellano como chaco (Caza), choclo (maíz), chacra (lugar para sembrar), pampa (campo abierto), yunga (país cálido), yuyo (hierba), cancha (reciento cerrado), etc. (Vilte 2009, 16). La razón de la pérdida del idioma es muy simple: en las escuelas se habla solamente Castellano, como a su vez en los mercados. Antes, hablar Quechua se consideraba algo despreciable, siendo las personas que hablaban este idioma discriminadas. Por este motivo muchos padres retaban a sus hijos cuando estos hablaban Quechua en su casa, ya que esta lengua les podría perjudicar el aprendizaje en la escuela y luego no encontrarían un trabajo digno en la ciudad. Desafortunadamente recuperar la lengua Quechua en el noroeste argentino es una tarea difícil de cumplir. Si bien hoy en día se habla de que la educación tiene que ser bilingüe, no se hace nada al
respecto. Betty, la maestra de la escuela primaria de El Moreno, me contaba que la única lengua extra que los niños aprenden es el Inglés, porque les va a servir mucho en el futuro:
“Se enseña Inglés... No se habla otro idioma más que el Castellano y bueno el Inglés que es necesario para ellos, como después van al secundario tienen que saber...” (Betty, maestra de la escuela primaria de El Moreno, 2010).
El 90% de la población de la Quebrada y la Puna son católicos (Vilte 2009, 19), pero aún sus ceremonias, rituales y tradiciones presentan creencias provenientes de sus ancestros, las cuales se mezclan con creencias católicas que fueron introducidas por los conquistadores españoles. Actualmente, unas de las creencias que ha sobrevivido con más fuerza y la cual no se la encuentra tan influenciada por conceptos de la fe católica, es la Pachamama. La Madre Tierra se la venera todo el año, cuando se comienza la siembra, en las “señaladas” (ritual antiguo para marcar a los animales, llamas, coderos y cabritos, perforándoles las orejas en donde se introducen pompones de flores hechos de lana), al inaugurar una vivienda, durante el carnaval y en el mes de agosto que es cuando la Pachamama está más hambrienta (Vilte 2010, 32).
Una de las costumbres heredadas de sus antepasados es la de dejar una piedra y hacer ofrendas a la Pachamama en las apachetas (montones de piedra) cuando se está viajando para pedir por salud y que no haya ningún obstáculo durante el viaje (Gonzales 2002, 43; Vilte 2010, 34). Es muy común en Jujuy que a estas apachetas la llamen mojones, los cuales en realidad son pilas de piedras que delimitan regiones, pero si se está viajando las personas realizan ofrendas a la Pachamama en estos lugares:
“Acá le llaman mojones. Por ahí cuando viajas, están los mojones grandes llenos de piedra. Entonces de ahí, tenes que llevar una piedrita que vas caminando y la dejas ahí y después de ahí, comúnmente acá coqueamos y le dejas ahí ponele lo que coqueas, ves” (Ofelia, El Moreno, 2010).
Otras costumbres muy antiguas, las cuales están combinadas con la fe católica, son las procesiones a los santuarios de altura para homenajear a los apus (Dioses de las montañas) durante los meses de marzo y abril al culminar el calendario agrícola. Esta procesión,
actualmente, la combinan con la veneración de Nuestra Señora de Copacabana en el departamento de Tumbaya. La flechada es otra costumbre donde se bendice la inauguración de la vivienda rociándola con agua bendita una vez que el ritual de arco y flecha es finalizado. A su vez, otros rituales andinos de importancia en la provincia de Jujuy están relacionados con la muerte, como el Día de las Almas el 2 de noviembre, donde se conmemora a los muertos (Vilte 2010, 34-39). Algunos de los rituales recién nombrados se los encuentra descritos en el quinto capítulo sobre el estudio de campo.
Se piensa que las comunidades nativas de Jujuy han perdido muchas de las características culturales andinas, como la veneración a los Dioses de las montañas, la devoción a las huacas (lugares sagrados destinados para la oración y ofrendas, como también cuevas, montañas, fuentes de agua, ídolos y Dioses, etc.). Según, lo que he observado durante el estudio de campo en Jujuy, estas creencias no se encuentra totalmente ausente en la cultura andina jujeña, sino que están inculcados de alguna manera en su religiosidad católica-andina. Según Santamaría, “la influencia de la iglesia fue la que ocasionó que muchas costumbres y tradiciones ancestrales “desaparecieran” y sean vistas actualmente por los nativos como una curiosidad de los tiempos antiguos” (Santamaría 2010, 120). Si bien la influencia católica en las culturas andinas jujeñas fue exuberante, pienso que no borró o eliminó ciertos elementos o gestos en las ceremonias, rituales y tradiciones que aún mantienen la esencia y el significado sustancial de lo que se está transmitiendo. Muchos al festejar el día de la Pachamama cuando van a hacer ofrendas de coca, de bebidas y comida, primero se arrodillan frente a la Pachamama haciendo la señal de la cruz, diciendo:
“Pachamama, Santa Tierra! Cusicusi, cusilla! Así bendiciéndote, Que nos vaya, bien, hoy día” (Copla popular) (Vilte 2010, 30)
La tierra es como la Virgen para ellos, es su madre, es tierra santa y por eso se la respeta y cada año se la venera. Esto no quiere decir que hayan “perdido o olvidado”, como muchos han pensado, su manera andina de ver las cosas, todo lo contrario. Las comunidades nativas de Jujuy
han podido combinar actualmente dos religiones, que en su momento de la Conquista fueron extrañas, en una misma manteniendo la importancia del significado que se quiere transmitir. Además, a veces lo que se entiende por “curiosidad” se confunde con el “interés” de aprender y continuar haciendo lo que sus antepasados les han dejado. Esa “curiosidad por los tiempos antiguos”, que Santamaría hace referencia, llevó al interés de preocuparse por lo que le corresponde a uno y transmitirlo a las generaciones que vienen. En los capítulos cuarto y quinto las tejedoras nos cuentan sobre el arte de tejer en telar y la importancia que ellas le dan a esta práctica.