4 Tejidos andinos
4.4 Tejiendo una identidad
4.4.1 La transmisión del saber textil
Las tejedoras nativas jujeñas al tejer participan en la recuperación, afirmación y valoración del arte textil andino. Mientras tejen están transmitiendo una herencia antigua y enseñando, a veces de una manera inconsciente, a las personas que las rodean. En la mayoría de los casos el saber de las técnicas tradicionales y no tradicionales de la elaboración de los tejidos se pasa de generación a generación y muchas veces de madres a hijas/hijos y de abuelas/os a nietas/os. En lo que respecta a los abuelos, ellos son muy respetados por cada miembro de sus familias, ya que no solamente representan los padres de tu madre o padre, sino que también las generaciones anteriores o sea los antepasados y ancestros.
El aprendizaje se realiza del mismo modo que se hacía en el pasado en estas culturas orales: “primero se observa, luego se interioriza este conocimiento, y nuevamente se lo exterioriza en la acción de tejer” (Arnold & Yapita 2005, 212 en Tomasi 2009, 152-153). Según Arnold y Yapita “por medio de los sentidos, el conocimiento llega a ser depositado en el corazón
y en la cabeza a través de la constante dinámica de exteriorizar e interiorizar el conocimiento. Se da mucha importancia al aprendizaje del niño por la vista, simplemente al mirar (iñaqaña), especialmente en el tejido” (Arnold & Yapita 2005, 211-212 en Tomasi 2009, 153). Muchas de las artesanas aprendieron, como ellas dicen, mirando o jugando y algunas aprendieron en la escuela o se perfeccionaron con cursos gratuitos que organiza el Estado. No hay un ámbito específico en donde se enseñe este arte, ya que puede ser en la casa como en el campo o en las escuelas:
“De mi mamá aprendí a tejer” (Ernestina, el Carrizal, 2010).
“En mi casa con mi mamá [aprendí a tejer]. Mi abuelita tejía también. Yo tejía desde los 6 años cuando ya iba a la escuela, la maestra de actividades nos hacía tejer. La maestra me enseñó y mi mamá. A mí me gustaría que mi hija... Bueno, mi hija ya está intentando… Ella me ve y se sienta a hacer. Por ahí le sale, por ahí como que no” (Bibiana, el carrizal, 2010).
“Mi mamá me enseñó a tejer de chiquitita. En telar hacía fajas. En dos agujas. Me enseñó a tejer medias, guantes, polainas, gorrito. Frazadas también. Mis nenitas nomás [tejen]. Si la más chiquita teje. Tiene dos años. Teje a dos agujas. Quiere también aprender a tejer esto [en telar]. Sí, me decía que quiere aprender” (Fani Valdiviezo, el Carrizal, 2010).
“Por lo menos yo tengo un hermano, el aprendió solo a trabajar y tejía muchísimo. Le gustaba tejer frazadas, le gustaba tejer peleros, guantes. Y él dice que le ha ayudado a mi mamá a criar a nosotros, porque era medio difícil en ese tiempo (que pasábamos hambre cuando éramos chicos). El nos dice, nos cuenta siempre, yo ayudé a mamá en esto, en lo otro. Y nosotros lo respetamos como nuestro papá, ve. Porque ha sido una persona que nos ayudó y el tejía muchísimo. En tres días terminaba una frazada. Nosotros éramos chiquitos, yo me acuerdo cuando éramos chiquitos y nos decía vayan y siéntense a hilar la lana y teníamos que estar sentados ahí, ve. Vayan y preparen tal cosa. O sea que nos enseñaba a hacer la lana y teníamos que estar a la par de él. Mi mamá lo ayudaba, pero el aprecía más viendo. Era muy inteligente o es muy inteligente. El veía y empezaba a trabajar. O sea que así crío a sus hijos mayores igual. Después ya se vino a trabajar y ahora trabaja en una mina” (Ofelia, El Moreno, 2010).
“Yo he aprendido de mi mamá. Mi mamá tejía antes… no había los telares. Era unos telares rústicos que antes se tejía en el piso. Con las estacas, nada más. A cintura también. Hacía las fajas con diseños. Ya de mi bisabuela. Mi bisabuela ya tejía muy bien diseños. Hacía lindos diseños. Y después yo para agilizar más la artesanía nuestra iba a una escuela de arte también que me gustaba” (Doña Celia, Humahuaca, 2010).
“Me dediqué directamente al tejido viéndole a mi papá, a mi mamá, a mi hermana. El telar de cintura y el grande. Y… el bordado, el punto cruz, todo eso he aprendido. Yo cuando tenía 12, 13 años empecé a tejer las frazadas con motivos…” (Maestro tejedor de El Moreno, 2010).
“Yo prácticamente aprendí de mi familia. Los que trabajan acá son prácticamente del campo. Bueno, usábamos medias, ponchos. Cuando íbamos a la escuela en actividades prácticas, siempre nos mandaban con hilo rústico para hacer (…) Aprendímos a tejer y después ya cuando nos fuimos haciendo grandes. Bueno yo ya hace poco entre acá, 7 años más o menos. Aprendímos los teñidos también en cursos que nosotros participábamos. Eehh no, nosotros mas… yo aparte le enseñamos en la casa [se refiere a sus hijos]. En la casa por ahí porque están jugando y nosotros le decimos haceme un pompón o que se yo… pasa un hilo a esta prenda. Si, de a poquito lo van haciendo. Por ahí me dice la maestra, me dijo que lleve esto, llévate un bastidor, le doy comenzado, le explico en la casa, así hace. Por ahí la maestra, como son muchos chicos y llevan diferentes cosas, la mitad no puede hacer… y le dan una hora de clases. No avanza nada. Entonces la mayoría capaz que… las madres que saben lo enseñan en la casa y ya va practicando el chico desde la casa, entonces en la escuela en el horario que tienen ya avanzan un poquito” (Celestina Pérez, Tilcara, 2010).
“A los 8, 9, 10 años. De 6 a 7 años las nenas aprenden a tejer” (Rafael, Purmamarca, 2010). “Si, le vamos enseñando a nuestros hijos. Si la chiquita, viste que estaba acá, bueno ella hila y teje. Empezamos haciendo macanas como quien dice a los 4 años, 5 años que ya nos enseñan a hilar y después de ahí, ya este, ya lo vamos mejorando” (Ramona y Margarita, Purmamarca, 2010).
“Y siii, bueno la necesidad y mi mamá y mis bisabuelos [me enseñaron a tejer]. Mi bisabuelito tejía en telar. Este así parecido. Este es parecido al de mi bisabuelo [el telar a pedal]” (Marta Valdiviezo, Purmamarca, 2010).
Como se puede ver, no solo las mujeres aprenden a tejer, también los hombres. El porcentaje de hombres que teje, en comparación con el de mujeres, es mucho más bajo. La mayoría de los hombres que entrevisté y practican este arte eran maestros de escuela primaria o tenían un taller en el cual enseñan también. Las que tejen son las mujeres y se podría decir que ellas forman la base de la enseñanza de los niños, ya que al estar en casa realizando las tareas del hogar y cuidando de los más pequeños van transmitiendo este saber del tejido con cada actividad que realizan en el hogar. Cabe destacar que la enseñanza de todas las fases del tejido no solamente tiene lugar en el ámbito de transmisión tradicional (de madres a hijas y de abuelas a nietas), sino que también las escuelas, los talleres y los cursos cumple un papel importante en lo que respecta la difusión de este arte hacía las distintas generaciones.
Actualmente no a todas las mujeres les interesa aprender a tejer, sobretodo las generaciones más jóvenes de mujeres que viven en lugares turísticos y donde la modernización y globalización se muestran en el día a día. La razón por la que muestran desinterés pueden ser varias: por miedo a sentirse discriminadas o por la simple razón que no ven la necesidad de pasarse tanto tiempo tejiendo sabiendo que si van, por ejemplo a La Quiaca, pueden obtener la vestimenta a un precio muy barato y a la vez venderla en el mercado. Por supuesto que esta situación aplica en el caso de jóvenes y adolescentes que sus comunidades están un poco contaminadas por la globalización. La edad de las tejedoras que entrevisté oscila entre los 22 años y 60 años. Tuve la oportunidad de entrevistar a mujeres que viven en comunidades muy aisladas entre las montañas de la Puna y mujeres que habitan en zonas turísticas. En la mayoría de los casos, las tejedoras tejen con mucho amor, pasión y están dispuestas a continuar con este arte pasándoselo a sus hijos y amigos. Puede ser que antes se tejía menos que ahora, pero actualmente este arte es visto como la herencia que sus antepasados le dejaron, el cual ellas valoran y son valoradas y reconocidas por los demás por este motivo y por mantener sus tradiciones.
4.5 Conclusión
El arte textil de las comunidades nativas de la provincia de Jujuy encuentra su origen en las culturas andinas peruanas, bolivianas, chilenas y culturas patagónicas, como la cultura mapuche, de la Argentina. Las técnicas para la producción del tejido que utilizan actualmente son las mismas que usaban sus antepasados. Puede ser que hoy en día existen algunas variaciones, pero la esencia, como el movimiento de los lizos, la trama y la urdimbre, continúa siendo el mismo. Las comunidades nativas que he visitado, muchas utilizan para tejer un bastidor, el cual es idéntico al telar vertical y de cintura. La ventaja de este bastidor es que las artesanas se lo pueden llevar a todos lados, usándolo a la hora que quieran. A su vez, en Jujuy se utiliza el telar de tipo español o criollo, con el cual se pueden tejer telas largas para la fabricación de ponchos o confección de prendas.
Al igual que tejer, las comunidades nativas jujeñas utilizan para el hilado y teñido las mismas técnicas que empleaban sus ancestros. Si bien en Jujuy existe la rueca (máquina para hilar), la mayoría utiliza la pushca, donde en una mano sostienen la lana y en la otra hacen girar el huso enroscándose el hilo en la pushca.
El tejido en estas comunidades no es simplemente una tela, es más que eso. Representa el alma del tejedor y la cultura misma. El tejido nos cuenta cómo se fue formando y cambiando la sociedad a través de los años y consigo la identidad cultural de las comunidades nativas que la formo. Las técnicas del tejido nos muestran cómo estas se fueron adaptando, renovando y actualizando a las nuevas necesidades del hombre andino. A su vez, el tejido refleja las creencias, la cosmovisión, el modo de pensar sobre la naturaleza y el hombre, las teorías y métodos de hacer las cosas, de todo un pueblo andino con raíces milenarias.
En las comunidades nativas que entrevisté, la mayoría son las mujeres y “hombres profesores” que tejen. Ellos son responsables de mantener la tradición textil en Jujuy y de transmitir este legado a las distintas generaciones. Si bien hay pocos hombres en este arte, el tejer se ha convertido, desde mi punto de vista, en el espacio de la mujer, donde charlan y cuentan historias mientras cuidan de sus hijos. El niño al estar observando cómo su madre o abuela teje, está a la vez escuchando las historias o cuentos que se cuentan a su alrededor incorporándose lentamente a las tradiciones, no solamente de su familia, sino de una comunidad y cultura entera. Estas mujeres rescatan el pasado, tejen el presente y apuestan por un futuro mejor.