en el tratamiento del infierno
RGG 5 Lo mismo había dicho H DE
4. Tuvo además la desgracia de ser reavivada por los re-
reforzando sombras y fantasmas que nunca hu- bieran debido acercarse siquiera a nuestra idea ni a nuestro discurso sobre Dios. En todo caso, su evocación sirve de aviso saludable para no mantener conceptos o representaciones con una carga tan peligrosamente negativa.
Para comprender la gravedad del peligro, basta con traer a la memoria que el despertar crítico de la Ilustración encontró aquí uno de los más graves motivos de escándalo y rechazo de la fe, con enormes consecuencias culturales. No cabe ignorar que, si se da por válida esa con-
cepción, los argumentos resultan muy difícil-
mente refutables. De modo paradigmático ar- gumenta Hume: 1) que resulta inaceptable un castigo eterno para ofensas limitadas de una cria- tura frágil; y 2) que, encima, ese castigo no sirve para nada, puesto que sucede cuando ya «toda la escena ha
y jansenistas, en general ya con matices, que en un Karl por pueden llegar a sutilezas admirables. Pero, obviamente, mucho mejor sería dejar todo este tipo de discurso, que supone otros cuadros mentales ya pasados incluían una concepción de la causalidad divina todavía no ple- namente consciente de la autonomía y legalidad interna de las
y que hoy sugieren, de modo casi «infalible», con- notaciones terriblemente negativas.
5. «On the of the en (E.F. Miller Essays Moral, Political and 1987, 594 (tomo la referencia de G. LÓPEZ SASTRE, «David Hume, o la reflexión escéptica sobre el mundo religioso» en [M. Fraijó
LO INTOLERABLE EN EL TRATAMIENTO DEL INFIERNO
Este tipo de críticas tiene siempre algo de esquemático e injusto; pero, en lugar de protes- tar contra ellas, lo que conviene es hacerlas im- posibles, revisando conceptos obsoletos y re- cuperando el sentido genuino de la experiencia cristiana. Porque desde la intuición de un Dios que crea por amor, más aún, al que en Jesús descubrimos como «Padre» cuya esencia con-
siste en amar Jn en la condenación
de cualquier hombre o mujer en lo
que consista: dejémoslo por sólo cabe
ver, no algo que Dios desea, quiere o impone, sino todo lo contrario: algo que Él padece, con lo que sufre, pero que no puede evitar. ¿Cómo podría ser de otro modo, si crea únicamente por nosotros y para nosotros: para comunicarnos su
Filosofía de la religión. Estudios y textos, Madrid 1994, 170-171). En el mismo ambiente, véanse otras citas: «todas las edades y naciones representaron a dioses como malos, en una progresión siempre hasta que alcanzaron la más perfecta concepción de la maldad que la mente humana puede inventar, y le llamaron a esto Dios y se postraron delante de él»; son palabras de James el padre de John
que lo cuenta en su Autobiografía Stuart New York 29) y que escribe además: «¿Existe alguna enormidad moral que no pueda ser justificada por imitación de tal Divinidad? ¿Es posible adorar una tal sin una tremenda dis- torsión en la regla de lo bueno y de lo malo? Cualquiera otro de los ultrajes a la más ordinaria justicia y humanidad, implicada en la común concepción cristiana del carácter moral de Dios, cae en la insignificancia al lado de esta tremenda idealización de la maldad» Essays on London 1923, Tomo las referencias de J.L. WALLS, op. 5.
amor y su buscando tan sólo nuestra realización y nuestra felicidad?
Apena ver que algo tan obvio haya podido quedar tanto tiempo recubierto por lógicas ex- trañas al evangelio o por simples rutinas del pensamiento. Cuando, además, basta la razón normal para verlo, siempre que uno se acerque a este campo con la actitud y las categorías apro- piadas. ¿No es esto lo que sucede con un padre o una madre simplemente honestos y
cuando ven que un hijo entra en el camino de
la en la droga, pongamos por
caso? Le darán sus mejores consejos y le ayu- darán con todas sus fuerzas; pero, si persiste, no le «castigarán», añadiendo desgracia a su desgracia o haciendo aún más perdurable el pro- ceso de su autodestrucción. Más bien sucederá lo contrario (y cualquiera que tenga el mínimo contacto con alguno de estos desgraciados casos
sabe muy bien que esto no es sufrirán
con él y aún más que él; sentirán como propio el fracaso de su hijo.
Si, alertados por la crítica y animados por una razón verdaderamente humana, prestamos atención a la revelación evangélica, eso mismo resulta evidente más allá de toda
Ya sé que hay algunos pasajes realidad, y para una lectura crítica del Nuevo Testamento, muy pocos y en directa contradicción con
que parecen no cuadrar con esto, pues hablan de castigo, de gehenna o de
LO INTOLERABLE EN EL TRATAMIENTO DEL INFIERNO 35
Pero veremos que tienen otra explicación. Y, desde luego, en una elemental corrección her- menéutica, deben ser leídos desde la clave cen- tral de la experiencia bíblica: todo lo que Dios hace o manifiesta va exclusivamente dirigido a la salvación.
Basta con mirar la actitud de Jesús con los o simplemente leer con corazón lim- pio la parábola del hijo pródigo, para ver por dónde va aquella clave. para verlo afirmado de manera explícita, examinar las palabras con las que Pablo intenta descubrir el núcleo de la actitud divina ante el destino humano:
«¿Cabe decir más? Si Dios está a favor nuestro, ¿quién podrá estar en contra? Aquel que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó
por todos ¿cómo es posible que con
él no nos lo regale todo? ¿Quién será el fiscal de los elegidos de Dios? Dios, el que perdona. ¿Y a quién tocará condenarlos? A Cristo el que murió o, mejor dicho, el que resucitó, el mismo que está a la derecha de Dios, el mismo que intercede en favor nuestro» Se comprende perfectamente que Hans von Balthasar no exagera, sino que expresa la dinámica más fina y más sensible de la actitud de Dios, en cuanto nos es dado entreverla, cuan- do califica de «trágica» la situación:
«Trágica no sólo para el hombre, que puede frustrar el sentido de su existencia, su propia
6. IV: Das Endspiel, Einsiedeln 1983, 173; cf. 190, 245, 251-253, 259, 272. En el mismo sentido dice A. MANARANCHE raisons de 1979, 210): «...asumiendo el riesgo de entregárnoslo todo, ha asumido tam- bién el riesgo de vernos rechazar este Don definitivo. (...) El infierno es, pues, el infierno del amor: para el hombre, que escoge las tinieblas exteriores; también para que sufre en No es un querer positivo del Padre, sino la conse- cuencia negativa e inevitable de su Designio salvador para el caso de que sea rechazado. No es un acto de poder vindicativo, sino, por el contrario, una kénosis: Dios acepta el juego de la libertad humana y experimenta su negativa como un límite que le es infligido personalmente».
7. Citado por A. GESCHÉ, Dios para pensar. 1: El mal.