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Sobre el profundo de esta idea en la Escritura y en la tradición, cf H.U VON BALTHASAR, Theo-

Lo que de verdad sabemos

LO QUE DE VERDAD SABEMOS

10. Sobre el profundo de esta idea en la Escritura y en la tradición, cf H.U VON BALTHASAR, Theo-

IV,

otros podrán herir o hacer daño, pero nunca podrán llegar a lo más íntimo, allí donde cada uno decide su destino: nadie puede suplantar la Tampoco Dios: Él funda y respeta, pro- mueve y ayuda, pero no suplanta. Ni siquiera impone aquello que en su actuar busca y quiere

ante todo: nuestra Nos asegura la po-

sibilidad de conseguirla, pero podemos no acep- tarla; con la libertad, torcer el uso de la libertad; podemos frustrar la propia realiza- ción. Podemos

Y así aparece con toda claridad otro aspecto importante: el irrompible arraigo en la expe-

riencia actual de cuanto resulta posible decir acerca del «infierno». El significado ordinario

de la palabra remite a la eclosión última y de- finitiva, pero su inteligibilidad efectiva se nos da en cuanto ya ahora experimentamos un anti- cipo de su realidad en la amenaza que supone en nosotros el mal uso actual de la libertad: en la frustración de posibilidades genuinas, en la corrupción de la autenticidad, en la vida mala, perdida,

Obsérvese que esto no equivale a lo que muchas veces se insinúa cuando, refiriéndose a la dureza de la vida, se afirma: «¡Bastante in-

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fiemo tenemos Hay ahí una

verdadera: un Dios que ve nuestro sufrimiento

sólo puede pensar en Pero eso mismo

indica que no es ahí donde está el mal verda- deramente definitivo: con la ayuda de Dios, po- demos acabar convirtiéndolo en bien 8,28); en todo caso, acabará rescatándonos de sus garras en la salvación definitiva.

El verdadero infierno en la tierra acontece en la medida en que un ser se experimenta a sí mismo como torciendo la propia vida, frustran- do la propia existencia y corrompiendo a su al- rededor el orden de la historia o de la

En esa misma medida anticipa y conoce de algún modo aquello que intenta mentar esa terrible posibilidad llamada «condenación». Algo muy vivo en determinados casos extremos, como cuando, en algunas descripciones de Dostoievs- ki, las tendencias más tenebrosas se apoderan de un ser: «Con semejante infierno en el pecho,

¿cómo es posible exclama en Los

hermanos

la cita de R. GUARDINI, El universo religioso de Dostoievski, Buenos Aires 1 4 2 ; cf. los caps. 4 y 5, donde analiza las distintas figuras de la «rebeldía» y de la

Véanse unos párrafos de sus conclusiones: «Lo que está vacío está asimismo condenado a sufrir lo finito del ser, tiene que sentir lo que en éste hay de impotencia, de falta de valores, de caos. Está condenado a renunciar a toda ilusión de descubrir el rostro del ser, contemplarlo y resistirlo. Está condenado a no

Pero, en última instancia, mientras persista una chispa de libertad, todo permanecerá pro-

y siempre resultará posible la otra po- sibilidad: la salvación. En Crimen y castigo Ras- kolnikov revive iluminado por el amor de Sonia; y para Karamásov la presencia de Aliosha es siempre un reflejo de la salvación posible. Por eso el infierno aún no existe mientras dure la vida y la historia: está únicamente su sombra anticipada, como amenaza, como el «huevo de la serpiente» que puede acabar eclosionado. Y las palabras que expresan esta amenaza sólo pue- den ser interpretadas en este preciso sentido, tomándolas única y exclusivamente así: no como lenguaje «descriptivo» que alimente los peores fantasmas de la imaginación, sino como len-

guaje que llame a la más íntima

autenticidad y suscite r e s p o n s a b i l i d a d y Justamente ese carácter de llamada define

su tipo de no una verdad «objetivante»,

sentir ningún consuelo proveniente de la plenitud del

a no sentir los torrentes de vida que de él brotan, a no experi- mentar ninguna fuerza viva proveniente directamente de Dios, nada de lo que de allí viene que pueda favorecer su felicidad y su fe. (...) El vacío interior se convierte irremisiblemente en la nada, y allí comienza la caída en el abismo, allí la desesperada impotencia, el rechinar de dientes, el horror del caos» (p. 2 5 1 ) .

Insiste bien en este aspecto G. Más fuertes que la muerte. Lectura esperanzada de los Sal Terrae, Santander 1 9 8 1 ,

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y menos aún una verdad «moralizante», como arma arrojadiza contra los demás, bien para amedrentar, bien para someter. Se trata de una verdad para mí, es decir, de una verdad que es tal en cuanto que yo me la apropio como alerta saludable en el camino, como acogida existen-

de la fuerza que puede nacer del

aun cuando todo eso deba hacerse el lograrlo

precisa mucha no bajo la pauta del

miedo heterónomo, sino como impulso de rea- lización auténtica.

Un mínimo de sentido realista ante las com- plejidades del corazón humano enseña que no

se trata de sutilezas sino de leyes muy

profundas en la maduración de una libertad fi- nita. De hecho, impresiona ver cómo esta idea, tan subrayada por Hans Urs von

a su vez se inspira en estaba ya

presente de manera expresa en cuando avi- saba que estas proposiciones sólo se pueden usar «con intención práctica, en el sentido de cómo ha de juzgarse cada hombre a sí mismo (aunque no esté autorizado para juzgar a

13. La subrayan igualmente RAHNER, Curso funda-