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nos adentramos aún m ás Si uno sobresale en el arte de tocar la flauta, pero es inferior en su linaje y en belleza

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EXPOSICIÓN CRÍTICA DE LAS CONSTITUCIONES MÁS PERFECTAS

5 nos adentramos aún m ás Si uno sobresale en el arte de tocar la flauta, pero es inferior en su linaje y en belleza

— aunque cada una de éstas (me refiero al buen linaje y a la belleza) sea un bien m ayor que el arte de tocar la flauta, y sobrepasen al arte de la flauta en proporción m a­ yor que aquel flautista a los dem ás— , rio obstante se deben

1283a dar a ese flautista las m ejores flautas; pues la superioridad en riqueza y nobleza debería contribuir a la ejecución, pe­ ro no contribuye en absoluto.

6 A dem ás, según este razonam iento, cualquier bien sería com parable con cualquier otro 496, pues si el tener cierta estatura es m ejor, la estatura en general 497 podría entrar

494 A ristóteles probablem ente tiene en cuenta el análisis de la noción de superioridad en la discusión entre Sócrates y Calicles; c f. Pl a t ó n, G orgias 490B ss.

495 C f. supra, III I I , 1, 1282bl4; III 13, 21, 1284b7.

496 O bjetos dem asiado diferentes n o son com parables; c f. Ar i s t ó t e­

l e s, É tica a N icó m a co V 8, 1133b l8 y 1139al9.

497 La estatura en general, es decir, sin plantear com o cuestión el grado de estatura.

en com petencia con la riqueza y con la libertad. D e suerte que si uno se distingue en estatura más que otro en virtud, y la estatura en general prevalece sobre la virtud, todas las cosas serían com parables, ya que si tal cantidad es su­ perior a tal otra, es claro que había tal otra cantidad que le será igual. Puesto que esto es im posible 498, es evidente 7 que tam bién 499 en las cosas de la política razonable­ mente no se disputan las m agistraturas basándose en cual­ quier desigualdad (si los unos son lentos y los otros rápidos, no por eso deben tener unos más y otros menos; sólo en las com peticiones gim násticas esa diferencia recibe su recom- s pensa), sino que la discusión por ellas es necesario que se base en aquellas facultades 500 con las que se constituye la ciudad. P or eso, con razón, aspiran a los honores los nobles, los libres y los ricos. Es necesario, en efecto, que haya hombres libres y que aporten una contribución (pues una ciudad no puede com ponerse enteramente de pobres, com o tam poco de esclavos 501). P ero , si esas condiciones 502 son 9 necesarias, es evidente que tam bién lo son la justicia y el valor guerrero 503, pues tam poco sin ellas puede regirse una

498 E s im posible porque cosas c o m o la riqueza, la fuerza física, la virtud difieren cualitativam ente y n o pueden ser tratadas en térm inos de cantidad, ni considerarse com parables.

499 En el d om in io de la política y en materias que pertenecen a otras artes y ciencias, c f. su pra, III 12, 4 , I282b30.

500 Estas facultades o elem entos son los diferentes factores o partes de la sociedad cuya predom inancia orienta en un determ inado sentido la constitución y determ ina el tip o d e condiciones que se exigen para participar en el gobierno. C f. infra, IV 12, 1, 1 2 9 6 b l7 . L os elem entos son: ser libre de n acim iento, riqueza, cultura y nobleza.

501 Sobre la im posibilidad de una ciudad de esclavos, véase su pra, III 9, 6, 1280a32.

502 Es decir, riqueza y nacim iento.

ciudad. A no ser que digam os que sin las primeras es im ­ posible que exista la ciudad, y sin las últimas es im posible que se rija bien 504.

13 E n lo que respecta a la existencia

Se p u e d e de la ciudad puede parecer que todas esas

p re te n d e r condiciones 505 o algunas de ellas son co-

e l p o d e r b a jo . . . .

. u nas con dicion es: r r e c t a s > Pero en lo 3ue respecta a la vida

la riqu eza, buena 506 serían principalm ente justifica-

e l nacim ien to j as ja educación y la virtud, com o se ha

y e l n úm ero. . . . ^ 507 ^ j E l ostracism o dlcho antes • P e ro > puesto que no de­

ben tener una parte igual en todo los que son iguales sólo en un punto 508, ni una parte desigual los que son desiguales en un solo punto, todos los regímenes de este tipo 509 son forzosam ente desviaciones.

2 Y a se ha dicho antes 510 que en cierto sentido todos se disputan el poder justam ente, pero de una manera abso­ luta no todos. L os ricos dicen que poseen más tierra — y la tierra es com ún 511— y que además en los contratos son

504 H ace notar un contraste entre existencia y buena dirección o ad­ m inistración. C f. infra, VI 8, 1, 1321b6 ss.

503 T odas esas condiciones fundadas en el nacim iento o la riqueza. 506 E sta vida buena o feliz, infra, VII 2, 17, 1325a7 ss., se presenta c o m o el fin del legislador. E du cación y virtu d, p a id e ía y arete, están reunidas en Pl a t ó n, L e y e s VI 757C . C f. tam bién infra, IV 4 , 2, 1291b29.

507 C f. supra, III 9, 15, 1281a4 ss.

508 C f. Ar i s t ó t e l e s, É tica a E u d em o , VII 10, 1242b30. Y su pra, III 9, 3, 1280a21 ss.; tam bién infra, V 1, 2 , 1301a25 ss.

509 Es decir, que adm iten igualdad o desigualdad en to d o . E stos regí­ m enes en tanto que no están con form es a la justicia absoluta son desvia­ cion es. C f. supra, III 6, 11, 1279al7 ss.

510 C f. supra, III 9, 1, 1280a9 ss.

511 Es decir, la tierra es una de las cosas que so n esenciales a la ciu­ dad. Según este pasaje, los ricos son sobre to d o poseedores de tierras. Otras form as de riqueza se ven supra, II 7, 21, 1 2 6 7 b l0 ss.

más fieles en general; los libres y los nobles porque una condición es vecina de la otra 512 (pues son más ciudada­ nos los nobles que los que no lo son, y el buen linaje, en tod o país, es honroso para la patria. Y además porque es natural que los hijos de padres mejores sean mejores 513, ya que la nobleza es una virtud de fam ilia 514). Igualm ente diremos que la virtud aspira al poder justam ente, puesto que afirm am os que la justicia es una virtud de la com uni­ dad 51S, a la que forzosam ente acom pañan todas las de­ más. Pero tam bién aspiran justam ente los más frente a los menos 516; de hecho son más fuertes, más ricos y m ejores, tomados en su conjunto, que los menos.

¿A caso si todos existieran en una m ism a ciudad 517

— me refiero a los buenos, los ricos, los nobles y además cualquier otro grupo ciudadano 5IS— habría disputa sobre quiénes deben m andar o no? En cada uno de los regím e­ nes m encionados, la decisión de quiénes deben m andar es indiscutible (pues se diferencian entre sí por los elementos soberanos: así, en uno por ejercer el poder los ricos, en otro los hombres virtuosos, y en cada uno de los demás, de la mism a m anera). Sin em bargo, examinam os cóm o se ha de dirimir la cuestión cuando esos diversos elementos están presentes al mismo tiem po.

512 A u n q u e la con d ición sea vecina, el noble predom ina sobre el h o m ­ bre libre. C f. III 13, 7, 1283b l9 ss.

513 C f. Ar i s t ó t e l e s, R etórica I 9, 1367b29.

514 Esta definición de la n ob leza se encuentra en o tro s pasajes. C f. Ar i s t ó t e l e s, Retórica II 15, 1390b22.

515 La justicia es una virtud em inentem ente social. C f. Ar i s t ó t e l e s, Ética a N icómaco V 3, 1129b25-1130a5.

516 C f. Pl a t ó n, Gorgias 488D .

517 Probablem ente Aristóteles tiene en cuenta a Pl a t ó n, Gorgias490B. 518 Q ueda excluida de esta m asa la m ultitud de n o ciudadanos. C f. infra, V II 4, 6, 1 3 26al8.

?

4

Si los que poseen la virtud son m uy pocos en núm ero, ¿de qué m anera hay que resolverlo? ¿Se h a de considerar su pequeño número en relación a su tarea y ver si son capaces de administrar la ciudad, o si son tantos en con­ jun to que puedan constituir por sí solos una ciudad?

Pero hay una dificultad que concierne a todos los que disputan por los honores políticos. P od ría parecer que no den razones justas los que consideran digno m andar a cau­ sa de sus riquezas, e igualm ente los que se fundan en su linaje; pues es evidente que si a su vez un individuo es más rico que todos los demás, en virtud del mismo princi­ pio de justicia 519, ese individuo deberá m andar sobre to ­ dos, e igualmente el que destaque por su nobleza deberá m andar sobre los que aspiran al poder a causa de su liber­ tad. Y eso mismo sucederá sin duda en las aristocracias fundadas en la virtud, pues si un individuo cualquiera es m ejor que los demás, aun siendo estos hombres buenos del cuerpo cívico, ése deberá por el m ismo principio de justicia ser soberano. P o r consiguiente, si la m asa debe ejercer la soberanía, porque es m ejor que la m inoría 520, en el caso de que uno o más de uno, pero menos que la m ayoría, sean m ejores que los demás, ésos deberán ejercer la soberanía con preferencia a la m asa.

T o d o esto parece poner de m anifiesto que ninguno de esos criterios, según los cuales unos consideran justo m an­ dar y que los demás les obedezcan, es correcto. Pues, sin duda, a los que consideran digno ser soberanos del gobier­ no por su virtud, e igualm ente a los que se basan en su riqueza, podrían replicarles las masas con un justo razona­ miento: nada impide que a veces la m asa sea m ejor y más

519 C f. infra, III 17, 6, 128 8 a l9 ss.

rica que la m inoría, no cada individuo por separado, sino todos juntos.

Esto perm ite además afrontar de la m anera siguiente 11 la dificultad que algunos buscan y plantean: algunos se preguntan si el legislador, que desea establecer las leyes más justas 521, debe legislar atendiendo a la conveniencia de los m ejores o a la del m ayor núm ero, cuando se da la situación indicada 522. L o recto ha de entenderse equità- 12

tivamente 523, y lo equitativam ente recto tiene relación con lo conveniente a toda la ciudad y a la com unidad de los ciudadanos. Ciudadano 524 en general es el que participa

del gobernar y del ser gobernado; en cada régim en es dis- 1284a

tinto, pero en el m ejor 525 es el que puede y elige obedecer

y m andar con miras a una vida conform e a la virtud 526. Pero si hay un individuo — o más de uno, pero que 13

no sean suficientes para constituir la población de la ciudad— tan distinguido por su superior virtud que ni la virtud ni la capacidad política 527 de todos los demás sean

com parables con las de aquéllos, si son varios, y si es uno

521 Es la respuesta a la cuestión planteada supra, III 11, 20, 1282b6. 522 Es decir, cuando la m asa tom ad a colectivam ente es m ejor que la m inoría; en este ca so , la élite debe com partir el poder con la m asa, en una constitución m ixta.

523 Sobre las relaciones de lo ju sto y de lo igual, cf. su p ra , III 9, 3, 1 2 8 0 a ll.

524 La definición que da del ciudadano en el presente pasaje resume de m o d o claro to d o lo que fue concluyendo en las discusiones de los capítulos 1 al 9.

525 A ristóteles anticipa aquí la con clu sión a la que llega en III 7, 14, 1, 13 3 2 b l2 ss.

526 Sobre la virtud se funda la vida feliz de los ciudadanos en el E sta­ do m ejor. C f. infra, VII 1, 1, 1 3 2 3 a l4 ss.; IV 2, 1, 1289a30 ss.

527 P ara ver la diferencia entre virtud y capacidad p olítica, cf. infra, V 9, 1, 1309a33 ss.; VII 3, 6, 1 3 25b l0.

solo, con la de aquél, no hay que considerarlos com o una parte de la ciudad, pues se les tratará injustam ente si se les ju zga dignos de los mismos derechos, siendo tan desi­ guales en virtud y en capacidad política; es natural que tal individuo fuera com o un dios entre los hombres 528. 14 D e donde tam bién resulta evidente que la legislación

es forzosam ente referida a los iguales en linaje y en capaci­ dad, pero para hombres de esa clase superior no hay ley, pues ellos mismos son ley. Ciertam ente, sería ridículo que alguien intentara legislar para ellos. Q uizá le dirían lo que Antístenes 529 atribuye a los leones, cuando las liebres h a­ blando en la asam blea reclam aban los mismos derechos para todos.

15 P o r esta causa precisam ente las ciudades dem ocráticas establecen el ostracismo 53°. Éstas, en efecto, parecen per­ seguir la igualdad por encima de todo 531; de m odo que

528 Es una expresión proverbial; cf. Tb o g n i s, 339; Pl a t ó n, R e p ú b lica II 360C.

529 A ntístenes fue discípulo de Sócrates y fundador de 1a escuela cíni­ ca a com ienzos del s. rv a. C . Sobre lo que los leones dijeron, véase tam bién la fábula 241 de E so p o . C f. infra, VI 3, 6 , 1318b4 y las palabras de C alicles en Pl a t ó n, G orgias 483E . La respuesta de los leones a las liebres fue la siguiente: «¿D ón d e están vuestras garras y vuestros dientes?» 530 P or desconfianza hacia estos ciudadanos que sobresalen en exceso se instituye el ostracism o. C om o ciudad dem ocrática, adem ás de A tenas, se puede citar, entre otras, A rgos, c f. infra, V 3, 3, 13Q2M8. El objeto del ostracism o lo trata tam bién A ristóteles en la C on stitu ción d e lo s a te­ nienses 22, 3, pág. 103. Tam bién, Tu c í d i d e s, VIII 73, 3. Pl u t a r c o, A r is ­ tid es 1; P ericles 7; T em ístocles 22. E n m uchos casos y tam bién en A tenas el ostracism o fue puesto al servicio de las facciones políticas; c f. infra, III 13, 2 3, 1284b20-22. P ara una institución sem ejante en Sira­ cusa llam ada «p elalism o», c f. infra, V 10, 30, 1312b8. Di o d o r o, II 86, 5-87, 2.

a los que parecían sobresalir en poder por su riqueza o por sus m uchas relaciones o por cualquier otra fuerza polí­ tica los ostraquizaban y los desterraban de la ciudad por un tiem po determ inado 532. El m ito cuenta tam bién que 16 los A rgonautas dejaron abandonado a Heracles por la mis­ m a causa: la nave A rg o 533 no quería llevarlo con los de­ más porque era m uy superior a los otros tripulantes. P or eso tam poco se ha de creer que son justas sin más las críti­ cas de los que censuran la tiranía y el consejo de Periandro a T rasibulo. (Cuentan que Periandro no dijo nada al men- 17

sajero enviado para pedir consejo, sino que arrancando las espigas que sobresalían igualó el cam po 534. El mensa­ jero , aunque ignoraba la causa de esta acción, refirió lo ocurrido, y por ello Trasibulo com prendió que debía su­ primir a los hombres que sobresalían.)

E sto no conviene sólo a los tiranos; no sólo los tiranos 18 lo hacen, sino que se encuentra igualm ente en las oligar­ quías y en las democracias, pues el ostracismo tiene en cierto m odo la mism a eficacia, por eliminar y desterrar a los que sobresalen. L o mismo hacen incluso con ciudades y pue- 19

blos los que son dueños del poder, com o los atenienses,

532 C f. infra, III 14, 9, 1285a34; V II 16, 8, 1335a27. 533 La nave A rgo se constituyó b ajo la dirección de la diosa A ten ea. El m ástil fue hecho de una encina del bosque sagrado de D o d o n a y esta­ b a d otad o de la palabra. En esta nave se em barcan los A rgon au tas en su expedición a la C ólquide. Según A p o lo d o ro (B ib lio teca I 9, 19), cuan­ d o esta nave fab u losa iba a la altura de A feta s en T esalia se expresó y d ijo q u e n o p od ía llevar a H eracles por su p eso excesivo. C f. tam bién He r ó d o t o, VII 193.

534 C f. Eu r í p i d e s, S u plican tes 447. E sta anécdota m odificad a se en ­ cuentra m ás am pliam ente expuesta en He r ó d o t o, V 92. — Periandro fue tirano de C orinto entre 626 y 585 a. C .; cf. infra, V 11, 4, 1313a36. T rasibulo fue tirano de M ileto a fines del s. v n a. C .

por ejem plo, con los de Sam os, Q uíos, y Lesbos 535 (tan pronto com o obtuvieron sólidam ente su dom inio, los hu-

1284b m illaron en contra de lo pactado). El rey de Persia 536 a b a ­ tió muchas veces a los m edos, a los babilonios y a otros pueblos que se m ostraban orgullosos por haber tenido en otro tiempo el imperio.

20 El problem a es general y se da en todos los regímenes, incluso en los rectos. L os desviados actúan así atendiendo a su interés particular, pero en los que m iran al bien co- 21 mún sucede de la m ism a m anera. Es evidente que esto se

da tam bién en las demás artes y ciencias: el pintor no pue­ de perm itir que la figura de un animal tenga un pie que sobrepase de la simetría, por m uy bello que fuera; ni un constructor de barcos lo perm itirá a la popa o a cualquier otra parte de la nave; ni un maestro de coro dejará partici­ par en él al que tenga más y m ejor vo z que todo el coro. 22 D e m odo que, por esta razón, nada im pide que los m onar­ cas estén en buena arm onía con sus ciudades, si recurren a esto a condición de que su propio poder sea beneficioso para las ciudades. P o r eso, en las superioridades reconoci­ das 537, el argumento en favor del ostracismo tiene cierta 23 justificación política. Ciertam ente, sería m ejor 538 que el 535 Sam os, Q uíos y L esbos, estados m uy p otentes de la C onfedera­ ción ático-délica, fueron hum illados por los atenienses. C f. Ar i s t ó t e l e s, Constitución d e los atenienses. 2 4, 2, pág. .111 y n o ta 201 a pie de p ági­ na. V éase también Tu c í d i d e s, I 19; III 10 y 19. Ar i s t ó f a n e s, A v es 880. Pl u t a r c o, A rístides 23.

536 El rey de P ersia lo hace por desconfianza. C f. Di o d o r o, X I 6, 3. Je n o f o n t e, C iro p ed ia VII 5, 69. Para los bab ilonios citados a co n ti­ nu ación , cf. He r ó d o t o, I 183; III 159.

537 Son superioridades en plural porque pueden ser según la virtud, la riqueza, las relaciones políticas o el nacim iento. C f. Pl a t ó n, R e p ú b li­ ca VIII 569B; M enón 96B.

538 V éase la m ism a recom endación infra, V 3, 3, 1302b l8 s s .; V 8, 12, 1 3 0 2 b ll.

legislador desde un principio constituyera el régimen de m odo que no necesitara de tal rem edio. Sólo se haría una segunda navegación 539, llegado el caso, para intentar rectificar el rum bo con tal m étodo de corrección. N o era lo que precisamente ocurría en las ciudades, pues no m iraban a lo conveniente para su propio régimen, sino que se servían del ostracism o con espíritu partidista 540. En los regímenes desviados es m anifiesto que responde al interés particular y en cierto m odo está justificad o, pero es también manifiesto que no es justo en términos absolutos.

En el caso del régimen m ejor, se plantea una gran d ifi­ cultad; no la superioridad en otros bienes, com o la fuerza, la riqueza o las m uchas relaciones, sino si hay alguien que se destaque por la virtud 541, ¿qué debe hacerse entonces? Ciertam ente no se podría decir que se debe expulsar y des­ terrar a un hom bre de tal clase. Pero tam poco que se debe m andar sobre él, pues casi sería com o pretender mandar en Zeus, repartiéndose sus poderes 542. Q ueda, por lo tan­ to, lo que parece ser la solución natural: que todos obedez­ can de buen grado a tal hom bre, de m odo que hombres com o él sean reyes perpetuos en sus ciudades.

539 Es una frase proverbial; c f. Me n a n d r o, fragm ento 241K. Pl a­

t ó n, Fedón 9 9 D .

540 Sobre el tem a de tales depuraciones, cf. Pl a t ó n, P olítico 293D ; L eyes V 735D .

541 C f. supra, III 17, 5, 1 2 8 8 a l6 .

542 Se encuentra la m ism a con clu sión supra, III 17, 7 , 1288a24; III 16, 3, 1287al6-18; e infra, VII 14, 8, 1332b23-27. L a dificultad d e estar por encim a de Zeus o de los dioses era proverbial. C f. Ho m e r o, Ilíada V III 18 s s .; Es q u i l o, Prom eteo encadenado 40 y 356 ss.; Persas 749; Ar i s t ó f a n e s, Pluto 141; Ar i s t ó t e l e s, Ética a Nicóm acoVI 13, 1 1 45al0.

14 Q uizá está bien después de los argu­ mentos expuestos pasar a examinar la mo-

L a m onarquía: n a r q U1'a . Decim os, en efecto, que ése es dife re n te s f o r m a s , • , , TT

uno de los regímenes rectos. H ay que exa­ m inar si conviene a la ciudad y al país que tiende a ser bien adm inistrado el ser gobernado por un rey o no, sino que sería preferible algún otro régimen, o si conviene a algunas ciudades, y a otras no conviene. 2 Prim ero debemos determ inar si hay una sola clase de i285a m onarquía o tiene diferentes form as. Es fácil, sin duda,

darse cuenta al menos de esto: que com prende varias especies y que el m odo de gobierno no es el mismo en todas ellas.

3 L a m onarquía, en el régimen laconio 543, parece ser de

las más fundam entadas en la ley, pero no es soberana en todos los asuntos; solam ente cuando sale del país en cam ­ paña de guerra el rey es je fe supremo de lo concerniente a la guerra 544. Tam bién los asuntos referentes a los dioses

4 son encom endados a los reyes. Esta m onarquía es com o

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