2. El Primer Carnaval de Medellín
2.4. Adiós al carnaval
El primer carnaval de Medellín llegó a su ocaso el 13 de octubre de 1899, dejando atrás días de regocijo, diversión y desenfreno, para vol- ver de nuevo a la rutina, a la realidad cotidiana de los trabajos y los afanes. A pocos días de haberse acabado el carnaval, algunos periódicos dedicaron unas páginas en sus columnas para realizar un balance ge- neral del festejo. Aquí vuelven a encontrarse esas opiniones contrarias que se observaron más arriba, pues algunos siguieron asegurando que la realización del evento solo iba a traer más hambre y miseria en todos los hogares debido a los gastos excesivos que las personas realizaron en el juego y el alcohol33. En cambio, otras voces continuaron defendien-
do el carnaval e incluso hacían hincapié en que los regocijos públicos pasaron sin que “hubiera que lamentar ningún incidente notable, y el contento y la alegría reinaron en todas las clases de la sociedad, de ma- nera tan satisfactoria, que Medellín estuvo de gala excepcional durante los tres días del carnaval”34.
32 “Carnaval”, El Anunciador. Órgano de la agencia de Arango S. Viana y Cía. (Me- dellín), 15 de octubre de 1899: 22.
33 “Carnaval”, El Anunciador. Órgano de la agencia de Arango S. Viana y Cía. (Me- dellín) 15 de octubre de 1899: 22.
El cronista Lisandro Ochoa afirmó que aún el 17 de octubre había al- gunas personas disfrazadas pero la policía les hizo quitar sus caretas porque “(…) el Gobierno tenía noticias de haber estallado en Santander la guerra civil que terminó en 1902. Y el pisco Posada cambiaba esa misma mañana su hermoso disfraz de perro de terranova por arreos de campaña 35. De esta manera los festejos realizados pudieron ser los
últimos para muchos jóvenes que pronto marcharían a sumarse a la de- nominada Guerra de los Mil Días. Así que, “sea en hora buena todo lo pasado en el famoso carnaval, que ya la sociedad de Medellín reclama- ba como necesario”36, “(…) abur y hasta el otro carnaval”37.
A manera de conclusión
El Primer Carnaval de Medellín fue en definitiva un hecho que se robó toda la atención de los medellinenses en los meses de septiembre y oc- tubre de 1899; así se pudo evidenciar en la prensa consultada. Toda la expectativa que generó el evento en ese corto espacio de tiempo se pue- de explicar porque fue un hecho nuevo e inédito, puesto que los mismos diarios señalaban que hasta ese momento no se había llevado a cabo un carnaval en la ciudad de Medellín y de hecho es el primero documen- tado hasta el momento, al menos bajo el nombre de “carnaval”, puesto que, si se observa la programación del festejo, es muy similar a las di- versiones que se practicaban durante la fiesta de la patrona de la ciudad. Hay que decir que este regocijo fue posible gracias a la incipiente élite comercial antioqueña, la que al ver que en Europa los carnavales eran muy populares decide recrearlo en la capital, lo que muestra el gran 35 Ochoa, “Cosas viejas” 126-127.
36 “El Carnaval (Comunicado)”, El Cascabel (Medellín) 21 de octubre de 1899. 37 “Carnaval”, El Fonógrafo. Trisemanario de Intereses Generales (Medellín) 17 de octubre de 1899.
poder que poseía en la ciudad: solo bastó con proponer la idea y se aprovecharon sus conexiones para que les fuera concedido el permiso de forma inmediata por el gobernador. De hecho, en las fuentes no se pudo rastrear ninguna oposición institucional, es decir por parte del Es- tado o la Iglesia.
La oposición al jolgorio vino de los columnistas de la prensa o de ciu- dadanos que estaban preocupados por todos los males que por aquel entonces sucedían en el país, sintetizados en la guerra y el hambre. Sin embargo, estas opiniones en contra no pesaron lo suficiente precisa- mente porque no venían de un sector relevante de la sociedad, dado que ya el evento estaba más que legitimado por la élite y los funcionarios estatales. Una duda que no fue resuelta en esta investigación fue el pa- pel que desempeñó la Iglesia en el carnaval, puesto que en las fuentes consultadas no fue posible observar la visión que estos tuvieron sobre el festejo. Queda pues la tarea de realizar una pesquisa más exhaustiva para lograr llenar este vacío.
Ahora bien, más allá de las disputas u opiniones en torno a la realiza- ción del carnaval, este se llevó a cabo durante cinco días y tuvo una amplia participación de todos los estamentos sociales. En este sentido cada uno de estos se apropió a su manera de la festividad, el pueblo llano aprovechó el regocijo para entregarse a los bailes, al goce y ex- presarse de una manera más abierta, dejando atrás por unos instantes sus miserias y preocupaciones. Por su parte, las élites aprovecharon el carnaval para mostrar toda su capacidad adquisitiva. Esto lo hicieron, primero, patrocinando muchas de las diversiones del pueblo y segundo, organizando ostentosas fiestas en sus casas. Todo esto les generaba re- conocimiento social y estatus ante la comunidad.
Por último, valdría la pena continuar con la investigación dado que, según Jorge Mario Betancur, el carnaval se siguió realizando hasta la
década 1930 , así que un análisis posterior sería examinar cómo fue la evolución del carnaval, el impacto que generó, y por qué una fiesta que se mantuvo viva durante tres décadas llegó a su final.