El Ayuntamiento o asamblea municipal era el órgano encarga- do del gobierno y la administración de la ciudad, lo presidía el jefe político y lo conformaban doce regidores y dos síndicos, quie- nes se hacían cargo de las diversas comisiones en que se dividía la corporación.5859Cabe señalar que hasta 1897 eran doce las secciones
que lo integraban: instrucción pública, aguas, mejoras materiales, alumbrado, cárceles, hacienda, beneficencia pública, salubridad, mercados, diversiones,5960limpieza, terrenos, pesas y medidas; luego
se incorporaría la comisión de ornato.6061
La cuestión sanitaria la ejecutaban las comisiones de salubridad y limpieza. Los agentes de salubridad buscaban soluciones a los problemas higiénicos por medio de la estipulación de reglamentos. Generalmente el regidor que presidía era un médico, cuyos cono- cimientos en materia de salud e higiene públicas, le permitían dic- tar de manera más acertada las medidas que consideraba oportu- nas para resolver los casos que perjudicaban la salud pública.6162El
personal estaba constituido de la siguiente forma: un médico de cárceles, un administrador de la vacuna, un inspector de bebidas y alimentos, un encargado del registro de mujeres públicas —con obligación de expedir los certificados de defunción de las personas 57 Susana de la Torre Troncoso, La reacción ante una calamidad. La epidemia de tifo en la ciudad de
Zacatecas (1892–1893), tesis de licenciatura en Historia, Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas, 2005.
58aHmz, Fondo Impresos i, número 127, Reglamento económico–político de los Partidos, Zacate-
cas, Imprenta y encuadernación de Enrique García y Compañía, 1893.
59 Originalmente esta comisión fue denominada teatros pero desde septiembre de 1892 se
transformó en la de diversiones.
60aHez, Fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, caja 24, expediente 12 de
agosto de 1890 al 7 de febrero de 1891; expediente 25 febrero al 21 mayo de 1891; expediente 22 de mayo de 1891 al 5 mayo de 1892; y caja 25, expediente 5 octubre de 1896 al 28 marzo de 1898.
61aHez, Fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, cajas 24 y 25, libros de 1890 a 1899; bPmm, sección hemerográfica, Crónica Municipal. Órgano de la Jefatura Política y de
la Asamblea municipal de esta ciudad, cajas 10, 11 y 12, Zacatecas, Tipología y Encuadernación de Enrique García y Compañía.
que fallecían sin asistencia médica— y su ayudante, un inspector de rastros y un médico director del servicio de desinfección.6263
Entre las labores que desempeñaban se encontraba la de admi- nistrar la vacuna contra la viruela, que por lo regular se aplicaba todos los jueves. Contaban con el apoyo de los comisarios, los ins- pectores de cuartel y el jefe superior de policía, quienes vigilaban que los padres o tutores de los niños los llevaran a la oficina res- pectiva con la finalidad de que les fuera aplicada la vacuna. Otra de sus funciones era establecer reglas de limpieza para mercados, prisiones, teatro, casas–habitación y aquellos lugares que conside- raran oportunos.
Cuando el personal de salubridad se enteraba de alguna situación que afectaba la higiene pública, el presidente visitaba el lugar y bus- caba posibles soluciones. Una vez analizado el asunto, las medidas propuestas se presentaban ante la asamblea municipal y el jefe políti- co para su aprobación o rechazo. Por ejemplo, en diciembre de 1890, el doctor Cándido Procel, presidente de la comisión, intentó persua- dir al Ayuntamiento para que adjuntara al reglamento de policía dos artículos: el primero prohibía la existencia, dentro de la ciudad, de caballerizas que tuvieran como única ventilación una puerta o ven- tana que diera a la calle; el segundo prohibía también los establos de ganado ovino, la pena en ambos casos sería de 5 a 25 pesos. Funda- mentó su argumento en las constantes quejas que hacía la población por la «fetidez que despiden esas caballerizas».6364
Diariamente inspeccionaban los rastros y los mercados de la ciu- dad, además tenían la obligación de señalar los sitios que servían como basureros o muladares públicos. Al enterarse de cierta enfer- medad epidémica debían dar aviso al Ayuntamiento y junto con él prevenir su propagación.6465Cada semana lavaban los caimanes6566de
62aHez, Fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, caja 25, expediente 4 de
noviembre de 1895 al 28 de septiembre de 1896. Actas de la Asamblea Municipal del 4 de noviembre de 1895 al 28 de septiembre de 1896, fl. 61; Colección de presupuestos municipales del Estado de Zacatecas para el año de 1909, Zacatecas, Talleres del Hospicio de Niños, 1903, p. 3. 63aHez, Fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, caja 24, expediente 12
de agosto 1890 al 7 de febrero 1891, fl. 63.
64aHez, Fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, caja 25, expediente 4
de noviembre de 1895 al 28 de septiembre de 1896. Actas de la Asamblea Municipal del 4 de noviembre de 1895 al 28 de septiembre de 1896, fl. 61.
las calles, cuando algún enfermo había sufrido un padecimiento contagioso desinfectaban su casa, ropa, muebles y objetos que hu- biera utilizado, este mismo proceso podían efectuarlo en el caso de que así lo solicitara cualquier particular.6667
Periódicamente emitían distintas ordenanzas, por ejemplo refe- rente a rastros, expendios de carne, peluquerías, campos mortuorios, y las relacionadas con la inspección y análisis de la leche. La mayoría fueron promulgadas en los últimos años del régimen: 1902 inspec- ción y análisis de leche, limpieza en peluquerías; 1904 expendios de carnes; 1905 campos mortuorios del estado.6768A través de estas dis-
posiciones insistían a los dueños o encargados de los establecimien- tos sobre la limpieza que debían conservar sus negocios, enfatizaban en la necesidad de tener agua suficiente para el aseo de los inmuebles así como de los utensilios y demás objetos que empleaban, de igual modo, recomendaban a los dependientes cuidar su aseo personal.
Por su parte, la comisión de limpieza aseguraba el barrido de plazas, jardines, Alameda, mercados, frentes de casas deshabita- das y otros sitios públicos. Para ello contaba con los servicios que prestaban algunos presos destinados por el municipio; en el caso de propiedades particulares era obligación de los dueños, encargados o administradores de hoteles, mesones, posadas o casas; el aseo de las plazas con fuente pública lo realizaban aguadores.
Si bien la limpieza de la ciudad debía efectuarse todos los días durante las primeras horas de la mañana, con el propósito de no per- turbar a los transeúntes a causa del polvo que el barrido levantaba, los reos comenzaban a cualquier hora. Así lo refleja un periódico de la época: «Diariamente vemos por las calles y plazas, a grupos más o menos numerosos de correccionales, haciendo el barrido a las once o doce de la mañana, levantando densas nubes de polvo que molestan, no sólo a los transeúntes, sino a los vecinos que habitan las casas de la calle o plaza donde se hace el desaseo».6869Una vez
concluido el barrido, presos, aguadores y particulares debían tirar 66 Eduardo Pankhurst, op. cit., p. 366.
67 Norma Gutiérrez Hernández, La prostitución en la ciudad de Zacatecas durante el Porfiriato,
tesis de licenciatura en Historia, Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas, 1998, p. 46. 68bPmm, sección hemerográfica, El liberal. Periódico destinado a promover el mejoramiento de las
los desechos en los basureros públicos a donde acudirían los carros de limpieza.
El municipio contaba con carretones y algunas mulas para reco- lectar la basura. Hacia 1896 se tenían cinco y en 1909 seis, en este último año se pretendía adquirir dos nuevos.6970Dichos carretones
recogían los desechos a una hora fija del día, luego los conducían a las afueras de la urbe, donde eran quemados para salvaguardar la sa- lud pública. Se desconocen los puntos exactos en que se localizaban los muladares, aunque con seguridad no estaban muy retirados de la población. Quizá ocurrió algo similar a lo descrito por Mariano Torres en su estudio La basura y sus destinos, Puebla 1878–1925.7071Ahí
el autor demostró que a pesar de que en Puebla existió una preocu- pación constante por sacar los desechos de la ciudad, siempre se procuró que los lugares no estuvieran tan alejados, ello con la doble intención de que no se desgastaran los carros empleados para la lim- pieza y de que fuera posible realizar varios viajes al día.
Las labores que llevaban a cabo tanto la comisión de salubridad como de limpieza eran fundamentales para conservar limpia y sana la ciudad, aunado a su interés de mostrar un espacio bello, agrada- ble y en progreso. Aun así no se eliminaron del todo los problemas sanitarios, en contraste, Zacatecas continuó sumergida en una pro- funda insalubridad que la caracterizó durante todo el régimen por- firiano. Esa situación pudo deberse a distintos factores: los elevados costos, la falta de planeación o bien el rechazo de los habitantes a quienes la salud y el aseo no parecían un tema familiar y cotidiano. El trabajo de autoridades y grupos de poder llegó a ser sumamente complicada, pues además de hacer propuestas y ponerlas en marcha había que transformar la mentalidad de las colectividades. Lo ante- rior determinó la emisión de decretos y reglamentos que no hacían más que poner en evidencia el apego a tradicionales y antihigiénicas prácticas sociales, tal como se observará a continuación.
69aHez, Fondo Ayuntamiento de Zacatecas, serie Actas de Cabildo, caja 25, expediente 4
de noviembre de 1895 al 28 de septiembre de 1896. Actas de la Asamblea Municipal del 4 de noviembre de 1895 al 28 de septiembre de 1896, fl. 58; Colección de presupuestos municipales del Estado de Zacatecas para el año de 1909, p. 3.
70 Mariano E. Torres Bautista, «La basura y sus destinos, Puebla 1878–1925», en Rosalva