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Dos planos y un dibujo realzado permiten describir la ciudad de Zacatecas en torno al agua: el plano topográfico de la intendencia elaborado por Juan Antonio de Evia (1797), el dibujo realzado de la ciudad hecho por Francisco de Sotomayor (1732) y el plano de la ciudad de Bernardo de Portugal (1799). En el primero se observa que en el territorio de la intendencia la ciudad de Zacatecas se ubica justo encima de la serranía, sin un río importante; la imagen nos hace pensar que no abundó el agua y que si se conseguía se tendría que acarrear desde su fuente hasta una altura suficiente para luego escurrirla entre los lomeríos y abastecer la ciudad. Es nuestra primera noticia de que la ciudad dependió de su capacidad para construir obras que almacenaran y condujeran los temporales y las aguas de los manantiales de sus inmediaciones.

El mapa muestra también el territorio con pocas corrientes super- ficiales de agua, situadas al poniente y al sur, en las subdelegaciones de Nieves, Sombrerete, Fresnillo, Jerez y en los partidos de la Provin- cia de Guadalajara (Tlaltenango y Aguascalientes); son notables los casos contrarios de Zacatecas, Mazapil y Pinos. No es aventurado decir que debido a la escasez, el acarreo del agua por la topogra-

fía montuosa pasó por problemas de propiedad, calidad, suficiencia, acueducto y mantenimientos; posiblemente hubo también, sobrema- nera en épocas de sequía, robos, desvíos y contaminación.

PlanotoPográfiCodelaProvinCiade zaCateCas

Juan Antonio de Evia, 1797.Mapoteca Manuel Orozco y Berra. Tinta y acuarela sobre papel de algodón.

En la siguiente imagen vemos la ciudad, localizada al pie del emble- mático cerro de la Bufa, limitada al poniente por los lomeríos que enmarcan el arroyo que define su traza —angosta hacia al norte y ancha hacia su declive, al sur y el oriente—, la guía para seguirla es el arroyo que nace al norte y se escurre naturalmente al sur, Francisco de Sotomayor nos da la noticia gráfica del agua que cruza la ciudad, ubica su salida al sur, en el camino a Guadalupe, ahí dibujó una parte del arroyo principal.

desCriPCióndelamuy nobley lealCiudadde zaCateCas

José Francisco de Sotomayor, 1732. Mapoteca Manuel Orozco y Berra. Grabado en cobre sobre papel de algodón.

En 1799 Bernardo de Portugal agregó los trazos faltantes, detalló el curso del arroyo principal y nos hace entender que la corriente de agua organizó el asentamiento: los barrios y edificios importantes se establecieron en las márgenes de ese cauce principal y a los lados de los arroyos que se le agregaban.

PlanodelaCiudadde zaCateCas

Bernardo de Portugal, Zacatecas, 1799. Mapoteca Manuel Orozco y Berra. Grabado en papel común.

El emplazamiento urbano se situó en la hondonada o barranca que forman las montañas el Grillo, la Bufa, San Francisco y el Capu- lín. Aún hoy el mejor punto para verla es la cima del cerro de la Bufa, desde ahí, ya en 1834, Antonio Rebolledo vio casas apiñadas, edificios sobre lomas y terrenos hundidos, las torres de las iglesias, la arbolada de la Alameda, la arquería del acueducto principal y las calles que de pronto desaparecían o se elevaban; la gente en las plazas, los remolinos de humo de las haciendas de fundición de plata y de la casa de mone- da, todas, dice, muestras de la civilización que ocupó ese terreno árido, montañoso, frío y seco.

Rebolledo refiere también que en ese año fueron escasas las lluvias y las aguas domésticas, que sólo en las faldas de los cerros de la Bufa y San Francisco se pudieron encontrar ojos de agua y que de ahí se surtió la gente. Anota además que fue una ciudad minera construida en un sitio agreste que requirió de obras costosas para volverla habita- ble, que su cañada caminó primero con una dirección y tomó después otra, y que en ese lugar el cauce del arroyo principal dio la mejor idea del rumbo de la cañada. Inició estrecha al norte, en los cerros de Veta- grande y se agrandó al seguir al sur, hasta la salida a Guadalupe, donde comenzaron a descender los cerros hasta terminar en un llano, una legua al oriente de la ciudad. Concluye que en poco más de trescientos años la religión, la industria y la civilización, levantaron una opulenta ciudad, en una comarca en que la naturaleza había acumulado los más grandes obstáculos para oponerse a la actividad y a la inteligencia de los hombres.8

A mediados del siglo xix, Carl de Berghes reiteró que la ciudad esta-

ba edificada en una cañada o barranca hacia el centro de la sierra, ro- deada de áridas y altas montañas con un aspecto triste. Le pareció que los pobladores buscaron acercarse donde hubiera agua pero sin alejar- se de los trabajos sobre las vetas de las minas; no pusieron atención en lo más o menos áspero, desigual e incómodo del sitio; agruparon sus casas según la comodidad del terreno. Con el tiempo, afirmó este autor, resultó una población desordenada en la que ni las calles eran rectas, planas, paralelas ni del mismo ancho y que se cortaban en to- 8mmoyb, colección Orozco y Berra, Descripción del plano topográfico de la ciudad y mineral de

Zacatecas. Copiado del que levantó en 1834 D. Antonio Rebolledo, por el Lic. J. Viviano Beltrán y reducido en razón de ochocientas a treinta y cinco por el Teniente Coronel retirado Rafael María Calvo.

das direcciones formando manzanas muy irregulares: unas altas, otras bajas, con el único orden que permitieron las duras inflexiones de la cañada y las desigualdades del terreno. En su opinión, por más que el arte trabajó después en suavizar las cuestas, enderezar las calles empe- drándolas cómodamente y salvar el curso del agua a través de buenos puentes, nunca se perdieron las delineaciones de la planta primitiva.9

Atendiendo las descripciones anteriores, abastecer de aguas para los usos domésticos a la ciudad de Zacatecas, desde el final del siglo

xviii y durante el xix, fue un problema mayor, similar a otras ciudades

coloniales. La condición del terreno hizo necesarias costosas obras de infraestructura para el acarreo del agua y el desalojo de desechos, a ello debe agregarse que en su traslado el agua se contaminaba o se perdía por filtraciones y robos, y durante el siglo xix sus arroyos,

convertidos en muladares, se señalaron como causa de las principales enfermedades.

Al igual que en Querétaro, el Ayuntamiento de Zacatecas, autori- dad responsable del abasto de aguas, no tuvo el dinero para financiar las obras e introducir mejoras suficientes al sistema de distribución del agua.10 El problema local se agravó porque las fuentes de agua disponi-

bles se localizaban en el fondo de las minas o en las inmediaciones de la ciudad. En esta condición, elevarlas de su nivel hasta el indispensa- ble para escurrirlas a la ciudad o conducirlas desde donde emanaron hasta las fuentes de las plazas públicas, requirió de obras que por la serranía o la profundidad de los tiros, necesitaron de inversiones que no se pudieron cubrir con los fondos públicos de la ciudad. Deben agregarse las frecuentes sequías porque provocaron insuficiencia de aguas y problemas de aseo y salud, hambrunas y epidemias. En con- traste, también calamitosos, fueron los extraordinarios años de aguas torrenciales, lo que destruyó edificios, calles, puentes y casas.

En la ciudad de Zacatecas las aguas utilizables no eran muchas, se contaba con pequeños brotes de agua que se iban juntando de las 9 Carl de Berghes, Descripción de las ruinas de asentamientos aztecas durante su migración al valle de

México, a través del actual estado libre de Zacatecas (1855), México, Gobierno del Estado de Zaca- tecas/ Universidad Autónoma de Zacatecas/ Centro Bancario del Estado de Zacatecas, 1995.

10 Blanca Estela Suárez Cortez (coordinadora), Historia de los usos del agua en México. Oligar-

quías, empresas y Ayuntamientos, 1840–1940, México, Comisión Nacional del Agua/ Centro de

Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social/ Instituto Mexicano de Tecno- logía del Agua, 1998, p. 139.

laderas de los cerros y que manaban en las barrancas como ojos de agua cristalina, o las que se sacaban del fondo de las minas; como afirmó Federico Sescosse:

De todos modos, el agua nunca fue cosa sobrada y abundante por estas tierras y hasta llegaron a decir las lenguas ociosas en ciudades vecinas, que las familias zacatecanas se bañaban en escalera, con un solo balde de agua que les arrojaba la criada y que al más chico de los retoños, en el último escalón, le tocaba, a no dudar, algo más parecido a chocolate que a ninguna otra cosa.11

La tecnología

Eran necesarias máquinas en el aprovechamiento de las aguas, por ejemplo en las minas se empleaban con la intención de desaguarlas y reanudar su explotación o en el abasto a la ciudad donde se requería elevarlas para luego distribuirlas por gravedad a las fuentes de las plazas públicas, de ahí se tomaban para los usos domésticos, tanto el aseo personal como para limpiar las calles y regar la Alameda. En los sectores agrícola, ganadero y urbano el problema fue similar: acarrear el agua demandaba elevarla, construir obras que permitieran almace- narla y después escurrirla.

A finales del siglo xviii y durante el xix, los mayores avances cono-

cidos fueron los europeos. En Zacatecas la biblioteca de colecciones especiales «Elías Amador» resguarda copias de las «gacetas» en las que se dieron a conocer las «últimas novedades» en diversos ramos: botánica, zoología, química, metalurgia, geología, medicina, estadísti- ca, geografía, farmacia y agricultura. Referente al tema del agua, José Antonio de Alzate y Ramírez publicó propuestas para su aprovecha- miento, aclaró que el problema central del laboreo de las minas era 11 Federico Sescosse, op. cit., p. 3; Eugenio del Hoyo lo refiere así: «Los enemigos y los amigos

de la ciudad sedienta inventaron aquello del baño en escalera. Decían que en Zacatecas el agua era tan escasa, que las familias, cuando se bañaban, lo hacían en una escalera conser- vando estricta jerarquía: en lo más alto el padre, después la madre y, más abajo, los hijos en orden de edades; el padre derramaba sobre su cabeza un jarro de agua que iba cayendo sobre los demás, se enjabonaban y caía un segundo jarro que quitaba el jabón y un tercero que se recogía abajo para hacer el chocolate», Eugenio del Hoyo, op. cit., p. 26.

tecnológico, a consecuencia de que no se habían incorporado las no- vedades científicas que en Europa ya habían demostrado soluciones prácticas.12 En ese sentido, su decadencia no provino de la pobreza

de las tierras, sino del desconocimiento de las nuevas tecnologías, de los mercados hasta entonces encerrados en los reales de minas, y de la miseria de labradores y criadores. Propuso en 1788 establecer una Sociedad de Agricultores con la finalidad de resolver el problema del co- nocimiento tecnológico, al modo como se hizo en Europa.13

Se promovieron nuevas tecnologías que estimularon el auge de la técnica o de la «ciencia aplicada», sobre todo en el siglo xix mexica-

no y en distintos rubros: agricultura, ganadería, minería, metalurgia, construcción, transporte y náutica. Por ejemplo, en las Gacetas de literatura Alzate informó desde 1754 de algunas técnicas que posibi- litaban el mejoramiento en la eficiencia productiva de las semillas; propuso un sencillo método para cultivar con la mitad de la semilla la misma superficie aunque de modo artesanal. Se trató de preparar esencia de producción, lo expresó así:

Se puede cosechar con abundancia sembrando menor cantidad de semilla [...] en una sartén de fierro [...] colocada sobre el fuego [...] se echa a vo- luntad una cantidad de salitre purificado, cuando se ve bien líquido, se le mezcla a pausas porcioncitas de semilla [...] el grano o semilla se inflama y se mezcla con el salitre [...] y esto es lo que el autor nombra esencia de

producción. El menstruo se dispone [...] en un barril [...] se hecha estiércol

de caballo, de toro, de carnero y de paloma, se echa una cantidad de agua en hervor y se menea [...] se cubre el barril y se deja fermentar por algu- nos días, se cuela y se guarda para su uso [...] Media libra de esencia es suficiente para noventa cuartillos de la agua preparada [...] esta cantidad es suficiente para sesenta libras de trigo, que a frío se echa en infusión por espacio de veinte y cuatro horas, después se extrae, se pone a secar y se siembra [...] si el trigo así preparado se sembrase según el método corrien- te [...] es necesario no sembrar sino la mitad de lo que se estila.14

12 José Antonio de Alzate y Ramírez, Gacetas de literatura de México, tomo iii, Puebla, reimpreso en

la oficina del hospital de San Pedro a cargo del ciudadano Manuel Buen Abad, 1831, pp. 2327. 13 Ibid, pp. 1213 y tomo iv, pp. 3031.

Novedosas fueron también las máquinas destinadas al beneficio de las labores agrícolas que planteó Miguel Gerónimo Suárez en 1778: un arado más cómodo, más ligero, más penetrante y de mejor tem- ple. En 1793 Alzate instó la reforestación con árboles del Perú o molle, su argumento fue que además de los usos caseros, daban vigor a los manantiales y proveían de combustible a las máquinas modernas de desagüe; eran los más adecuados por su adaptabilidad y prometedora abundancia en los territorios de la Nueva España. Al mismo tiempo, consideraba que era indispensable cambiar la conducta y trabajar con afán, así los siguientes moradores del territorio no culparían a sus antepasados de omisos, es decir, los terrenos no desmerecerían al trasmitirlos.15

El tema del agua asociado con el declive del negocio de las minas promovió las máquinas modernas que en Europa ya habían demos- trado sus virtudes, en 1768 sugirió la sustitución del malacate por la máquina llamada de fuego, mediante ella se pretendía desaguar las minas únicamente con dos hombres y tres cargas de leña por día:

En más de doscientos años que se laborean las minas, no se ha dado un paso adelante en su desagüe: el cabrestante que llaman malacate ha sido el único asilo [...] su inutilidad es manifiesta [...] si se sacan veinte arro- bas de agua, es muy probable el que por los manantiales entre la misma o mayor cantidad [...] esto me ha movido a dar noticia de una máquina muy útil, establecida en muchas partes de Europa [...] la máquina lla- mada de fuego, en la que una corta cantidad de agua reducida a vapores, pone en movimiento las bombas que extraen el agua de una profundidad de más de cien varas [...] para que el público reconozca las utilidades de esta máquina daré noticia [...] en veinte y cuatro horas desagua veinte y cuatro mil cubos de agua, y no se consume en su manutención más de tres cargas de leña por día. Su fuerza y viveza es tan grande que cien caballos no desaguarán dicha cantidad [...] bastan dos hombres para que con alternancia cuiden de ella.16

El mayor problema en Zacatecas, como en todos lados, fue elevar y acarrear el agua, había que construir máquinas potentes y para 15 Ibid, p. 74.

conseguirlo era prioritario tener conocimientos sobre matemáticas, geometría, física, geografía, astronomía, botánica y química; algunos de los principios fundamentales se expusieron desde 1727 en el tomo

iv del Compendio Matemático del español Tomás Vicente Tosca, ahí se

trató acerca de la hidrotecnia (artificios y máquinas hidráulicas) y de la hidrometría e hidrogogía (movimiento, nivelación, conducción y repartición de las aguas); la hidrotecnia resolvió la dificultad de llevar el agua desde un nivel bajo a otro alto para la irrigación, fue el arte con el que se fabricaron las máquinas que elevaban el agua

porque no tiene de sí otro movimiento el agua, que el que le da su propia gravedad y peso, en cuya virtud o discurre por los álveos y canales incli- nados, o se precipita por las quiebras de los montes en copiosas vertien- tes; pero necesitando la pública utilidad se conduzca también a lugares levantados, la obliga a ello el poder del arte, compeliéndola a subir aún a pesar de su innata inclinación por diferentes cañones, mediante el mo- vimiento de artificiosos tímpanos y ruedas, y con otros muchos ingenios y máquinas.17

Se construyeron máquinas que utilizaban como motor desde la fuerza del hombre hasta la de animales, aire, agua y vapor. Para calcular la potencia de los motores se tomó como unidad de medida el kilográmetro, o sea, el trabajo realizado al elevar un kilogramo de peso a un metro de altura en un segundo de tiempo. En la medición del trabajo desarrollado por máquinas de cierta potencia se empleó otra unidad, 75 veces mayor que el kilográmetro: el «caballo dinámi- co» o simplemente «caballo», también llamado «caballo de vapor» cuando se aplicaba a las máquinas de vapor, y «caballo hidráulico», cuando se refería al trabajo desarrollado por las máquinas cuyo mo- tor era el agua.18

Con este breve referente técnico es posible valorar la novedad y utilidad de algunas máquinas usadas para elevar el agua en el siglo

xix: cubos, cigoñal, achicador ordinario y holandés, ruedas de pale-

17 Thomas Vicente Tosca, Compendio Matemático en que se tratan todas las materias más princi-

pales de las ciencias que tratan de la cantidad, Madrid, en la imprenta de Antonio Marín, 1727. 18 Andrés Llauradó, Tratado de aguas y riegos, tomo i, capítulo xviii, México, Imprenta de

tas, ruedas de cajones, tímpano, rosario hidráulico, tornillo de Ar- químedes, noria árabe, noria Pfeiffer, noria de río, bombas de vapor. Cabe precisar que las máquinas se utilizaban en función del terreno, de la altura a la que había que subir el agua y de las condiciones del depósito de origen. Los motores para moverlas incluyeron la fuerza muscular del hombre (empleada en el riego de no gran escala), con- sistía básicamente en elevar una vasija por medio de una cuerda y una polea, podía ser también a través de ruedas de clavijas, tornos, rudas dentadas, baromotor Bozerian y malacate.

El cubo era una vasija cualquiera manejada por un obrero, la altura máxima a que se podía elevar el agua era de 0.80 metros en ocho horas de trabajo diario, un obrero elevaría un promedio de 46 metros cúbicos. El cigoñal se usaba si se trataba de elevar una pe- queña cantidad de agua desde una profundidad de 3 ó 4 metros, en dos o tres horas de trabajo un peón hábil elevaba hasta 22 metros cúbicosde agua, pero en promedio alcanzaban 15 metros cúbicos. Con un mecanismo similar se empleaba el achicador holandés, con él un obrero podía elevar desde una altura de 0.35 metros mil 200 litros por minuto.

Después del hombre, las máquinas se podrían mover utilizando la fuerza muscular de algunos animales domésticos, generalmente en- ganchados a un malacate: caballo, mulo, asno y buey. Los malacates proporcionaban una velocidad considerable a una barra o palanca horizontal, por donde recibía su movimiento la máquina elevatoria. La noria árabe tenía la ventaja de que los mismos cultivadores po- dían desmontarla y llevarla hacia el cultivo que lo requiriera, en las norias comunes se obtenían de 20 a 25 metros cúbicosde agua por hora desde una profundidad de 5 metros, incluso había las que eleva- ban agua hasta de 32.5 metros.

Los motores hidráulicos funcionaban porque el agua al caer desde cierta altura producía un trabajo que dependía de su masa y de su velocidad, el receptor la aprovechaba y la transformaba en fuerza; con