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Capítulo 3. Desde el prisma de la psicología: una mirada científica

3.2 La aptitud musical

3.2.1 Adquirida en el periodo de operaciones concretas

Cuando Seashore nos aconseja que la aplicación de su test de aptitud musical debe realizarse a individuos de más de 9-10 años, es porque, a partir de esta edad, el individuo ya ha desarrollado casi todas las cualidades aptitudinales referentes a la música.

Aunque la tarea de conservación exige un desarrollo cognitivo superior que el de discriminación, Lacárcel (1995), corrobora la afirmación de Seashore, con un estudio de conservación musical que realizó a 100 niños de edades comprendidas entre los 5 y 9 años, en él, transformaba el timbre, la tonalidad, el nivel de tono (octava), el intervalo-contorno, el tiempo y la armonía; y los resultados que obtuvo en la conservación de los diferentes ítems musicales fueron los siguientes:

• 7 sujetos no contestaron bien a ningún ítem • 12 sujetos contestaron bien a 1 ítem

• 25 sujetos contestaron bien a 2 ítems • 24 sujetos contestaron bien a 3 ítems • 13 sujetos contestaron bien a 4 ítems • 15 sujetos contestaron bien a 5 ítems

• 4 sujetos con criterio conservador a los 6 ítems

Con estos resultados, la autora sospecha que algunos elementos se adquieren más tardíamente (de los 9 años en adelante), y por consecuencia el mayor número de sujetos que son capaces de realizar correctamente una tarea de conservación musical no estaban comprendidos en su muestra.

Lacárcel (1995) y Nebreda (1999a, 1999b, 2002) con el apoyo de otros investigadores, nos comentan el desarrollo musical que acontece en el periodo preadolescente y adolescente, etapa esta última, en la cual se encuentran todos los participantes de nuestra investigación. Según Lacárcel (1995) y Hargreaves (1986), la gran mayoría de los integrantes de nuestra muestra deberían ser capaces de valorar aspectos como el desarrollo estético, melódico, y rítmico. Nebreda (1999a) también está parcialmente de acuerdo con estos autores al afirmar que:

En la adolescencia se alcanza la madurez perceptiva en los parámetros de percepción musical, dependiendo su desarrollo de los condicionantes socio- educativos, del nivel de motivación y de las cualidades personales. (p. 601)

Lacárcel (1995), basando su estudio en Gardner y Piaget, nos indica la edad en la cual los niños son capaces de apreciar la estética, y afirma que la mayoría de los niños de 7 años, tienen la suficiente madurez, para desarrollar las características necesarias del público que asiste a un concierto o contempla una obra de arte, ya sea mediante la percepción auditiva o visual, y se puede considerar que participan en el mismo proceso artístico. Según la misma autora, para Gardner, las agrupaciones y grupos de operaciones que Piaget realiza y nosotros hemos descrito anteriormente, no parecen primordiales para dominar o comprender el lenguaje humano o cualquiera de las bellas artes, en las que está incluida la música. Lacárcel concluye afirmando que, “el desarrollo artístico puede ser explicado sin sistemas de símbolos, es decir, sin la necesidad de ninguna destreza en las operaciones lógicas subrayadas.” (p. 73)

Hargreaves (1986), encuentra una gran contradicción entre las teorías de la apreciación estética de Gardner y Piaget y concluye que, “los niños preadolescentes pueden, con seguridad, ser entrenados para hacer discriminaciones finas de estilo entre pinturas, pero, bajo circunstancias normales, tienden a no hacerlo.” (p. 68)

En cuanto al apartado melódico, Lacárcel (1995) propone los elementos que lo potencian:

• La discriminación tonal.

• La comprensión de secuencias melódicas. • Y la adquisición de la tonalidad. (pp. 75 y ss.)

Y afirma que cuando un niño haya tomado conciencia de los elementos que forman la melodía y de que se compone de un determinado ritmo, tonalidad, compás, etc., será capaz de distinguir si una melodía ha sido interpretada correcta o incorrectamente.

Bentley (1966), afirma que casi todos los niños de 7 años, pueden discriminar diferencias de hasta un cuarto de tono; con 10 y 11 años la mitad de los sujetos son capaces de discriminar octavos de tono, y con 12 años casi todos, mientras que casi ninguno es capaz de distinguir los dieciseisavos de tono. Con respecto a los tests utilizados, nos aconseja que siempre que se hagan análisis de intervalos se empiece por los más amplios (como ocurre en el test que utilizamos en nuestra investigación).

Por otra parte, Duell y Anderson (1967), en las investigaciones que realizaron en EEUU, demostraron que el 59% de los niños de 6 años y el 80% de los niños de 8 años distinguían perfectamente diferencias de semitono.

Algunas de las investigaciones realizadas conjuntamente por Hargreaves, Castell y Crowther, citadas por el propio Hargreaves (1986), demuestran que niños en edad escolar pueden conservar melodías familiares con mucha mayor facilidad que melodías que les resulten desconocidas.

Al tratar el desarrollo de la percepción musical, Lacárcel (1995), se apoya en una de las primeras investigadoras en este campo, Zenatti, quien según Lacárcel, utilizó acordes y pasajes musicales significativos para los niños a fin de estudiar las reacciones de éstos en el ámbito de su cultura musical, y

prosigue explicándonos una de las pruebas elaboradas por Zenatti, consistente en la audición de dos grupos de tres notas (esta prueba es muy parecida a la que realizamos en nuestra investigación en el test de Memoria Tonal). En el segundo grupo de tres notas una de ellas estaba modificada en lo referente a su tono, y los niños tenían que identificar cuál de las tres era. Utilizó dos tipos de grupos: tonales y atonales, y una de las principales conclusiones a las que llegó fue que los niños de 6-7 años eran capaces de discriminar, en gran número, la nota modificada, y que generalmente se obtenían mejores resultados cuando los grupos eran tonales que atonales.

Algunos autores como Imberty (1969), Barlett y Dowling (1980) afirman que el niño de 6-7 años es capaz de distinguir cambios de tonalidad en una melodía, y hacen especial hincapié en la importancia de la aculturación musical del sujeto, es decir, los hábitos musicales de éste.

Muchos investigadores se han ocupado de la capacidad de percepción musical en los niños, respecto a cadencias y tonalidad. Para no extendernos en este aspecto, vamos a comentar seguidamente las conclusiones que según Lacárcel (1995), son más representativas:

• Los niños de 6 años pueden percibir la bondad de la tríada tónica como un final, mostrando que podían detectar los cambios en tales finales más fácilmente que los cambios que no afectaban a la tríada tónica.

• Los niños de 8 años podían distinguir entre melodías completas y aquellas que no poseían una nota final estable tal como la tónica.

• Los niños de 9 años pueden seleccionar la tónica como la nota final más apropiada para la melodía, cuando se les pregunta cuál de una serie de melodías tenía mejor final. (p. 81)

Cuando hablamos de desarrollo rítmico, para Lacárcel (1995), son fundamentales los siguientes apartados:

• Tempo rítmico.

• Comprensión y desarrollo de las estructuras rítmicas.

Según Fraisse, (citado en Martínez, 1992), si medimos con las pruebas del compás espontáneo a niños de 5 a 13 años, se observa que:

Evoluciona poco entre esas edades; no obstante, el compás parece acelerarse hasta los 7-8 años haciéndolo después un poco más lento (de una medida de 2 por segundo a los cinco años, a 3 aproximadamente por segundo, hacia los 7-8 años). A partir de los 8 años las diferencias con relación a la media de dos por segundo aumentan, como si cada niño adquiriese entonces un compás espontáneo individualizado. (p. 73)

Lacárcel (1995) afirma que “los niños de edades comprendidas entre 6 y 12 años son capaces de secuenciar y progresivamente moverse, siguiendo ritmos adaptados a las formas de canon, copla y estribillo, lied, rondo, etc.” (p. 83).

Hargreaves (1986) en su libro Música y desarrollo psicológico en relación con las habilidades rítmicas del niño, comenta como Gardner (1971), Moog (1976) y Shuter-Dyson y Gabriel (1981), entre otros autores, hallaron una notable mejoría cuando los ejercicios habían sido realizados con anterioridad.

Siguiendo la misma línea, Zenatti (1976), citada en (Martínez, 1992) señala que:

A los 6 años se observa un nivel elevado de logros en experiencias de percepción rítmica, debido a unos mecanismos de estructuración perceptiva, y por otra

parte ponen en juego un elemento temporal, pero descartan el factor musical. (p. 74)

En el desarrollo rítmico infantil, podemos hacer dos distinciones bien definidas referidas a la conducta rítmica y al tempo rítmico, que son las que Lacárcel (1995) nos aconseja a continuación:

• La primera se refiere a la reacción ante el estímulo, es decir, la respuesta se produce después que se desencadena el estímulo.

• La otra es más compleja e implica más profundamente la percepción musical, alude a la sincronización senso- motora. Ésta hace posible que coincida nuestro movimiento con unas determinadas pautas sonoras, que pudieran ser los tempos musicales o cualquier otra (compás, motivo...). (p.84)

Y afirma que en la sincronización senso-motora:

Existe simultaneidad entre la realización rítmica del pulso y el modelo estructurado que se propone, repitiendo éste en forma de obstinato. (...) a los 3 años el niño es capaz de seguir el metrónomo, con más o menos sincronización, a los 7 años podemos considerar que ésta ya es la correcta, (...) esta sincronización se da sin mayor dificultad en niños de edades inferiores a 10 años. (p. 85)

En la investigación que realizó Vera (1985) para su tesis doctoral, (utilizando el test de Benley) en el apartado del test de memoria rítmica nos revela:

Un aumento continuo en la medida de las puntuaciones de año en año. Excepto a los 7, 8 y 9 años, hay niños en todos los grupos que consiguen la

puntuación máxima, y por debajo de los 12 años hay siempre algún niño que consigue un solo punto o ninguno. (p. 21)

En esta ocasión, Lacárcel (1995) utiliza los estudios de Seashore y Stamback para explicar la evolución rítmica de los niños, y señala que:

En la aplicación de pruebas y tareas sobre reproducción de fórmulas y estructuras rítmicas, (Seashore, Stamback...) han podido demostrar que los niños de 12 años son capaces de retener y reproducir formas rítmicas de 7 y 8 elementos; esto prueba que se ha llegado a cubrir una etapa de desarrollo que comenzaba en sus orígenes, con la reproducción de 3 o 4 elementos en niños de 3 a 4 años y que la complejidad de las estructuras rítmicas más variadas siguen siendo proporcionalmente dominadas por los niños conforme van ascendiendo en su evolución, por lo tanto, contando con el mismo número de elementos, la complejidad de su disposición podrá ser superada por los niños de más edad. (p. 87)

Tanto en este capítulo como en los siguientes que traten sobre las aptitudes musicales y numéricas desarrolladas en el pensamiento lógico- concreto y lógico-formal, únicamente se van a tratar las aptitudes que estén directamente relacionadas con los objetivos de nuestra investigación.