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LA AFLICCIÓN Y EL CEREBRO

In document Nuestro Nino Interior - John Bradshaw (página 70-73)

RESCATE DEL DOLOR ORIGINAL

LA AFLICCIÓN Y EL CEREBRO

Actualmente empezamos a comprender más ampliamente la defensa del ego gracias a las investigaciones sobre la química del cerebro y sobre su fisiología. Dejando de lado la defensa del ego, se llega a las primeras emociones. El rescate del dolor original permite una gran recuperación al facilitarle a uno sentir estas emociones contenidas del pasado. ¿Cómo se desarrolla este fenómeno?

El neurólogo Paul D. MacLean ha descripto un modelo del cerebro / que nos ayuda a entender cómo nos afecta el trauma. MacLean describe al cerebro como "temario", es decir, dividido en tres partes. Estas tres partes de nuestro cerebro conforman nuestra herencia evolutiva. El cerebro más primitivo es el de reptil o visceral. Este cerebro contiene nuestra más primitiva estrategia para la seguridad y la supervivencia: la repetición. Por ejemplo, la lagartija vive una vida muy sencilla. Pasa los días comiendo algunas moscas y mosquitos y tratando de evitar ser comida ella misma.

Repite este patrón hasta que muere. Esta repetición tiene valor de

supervivencia También el cerebro visceral mantiene nuestras funciones físicas automáticas, como la de respirar. (Suelo hacer notar a las personas que nuestras lagartijas surgen cuando nos casamos y nos enfrentamos con las costumbres de toda una vida de otra persona.)

El siguiente elemento de nuestro cerebro es el paleo mamífero o cerebro de sensaciones. Técnicamente se lo denomina "sistema

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Cuando entraron en la escena evolutiva los mamíferos, de sangre caliente, nació la energía emocional. El sistema límbico contiene nuestros sentimientos de excitación, placer, ira, miedo, tristeza, alegría, vergüenza, disgusto y asco.

El sistema más sofisticado de nuestro cerebro es la neocorteza o cerebro pensante. A través de él, somos capaces de razonar, utilizar el lenguaje, hacer planes para el futuro, resolver problemas complejos y muchas otras cosas.

Según MacLean, estos tres sistemas cerebrales son independientes, pero se complementan para mantener el equilibrio de todo el cerebro. Ese equilibrio está gobernado por la necesidad de mantener al mínimo la aflicción dolorosa.

El cerebro no tiene ningún problema con las aflicciones ocasionales de la vida. Emplea la expresión de la emoción para mantener el equilibrio.

Cuando nuestra aflicción alcanza cieno nivel, expresamos ira, lloramos de tristeza o sudamos y temblamos de miedo. Los científicos han demostrado que las lágrimas eliminan sustancias químicas causantes de tensión que se acumulan durante el trastorno emocional. El cerebro naturalmente procede á buscar el equilibrio mediante la expresión de la emoción, a menos que los hayan enseñado a inhibirlo.

Los niños que se desarrollan en familias con problemas aprenden a inhibir sus emociones de tres maneras: primera, no se los toma en cuenta; segunda, no tienen modelos sanos para expresar su emoción, y tercera, son avergonzados y/o castigados por expresar sus emociones. Estos niños son realmente golpeados por tener miedo, enfadarse o estar tristes.

Pero cuando se inhiben las emociones, o cuando la presión que sentimos es insoportable y crónica, el cerebro está en dificultades. Cuando esto ocurre, el Sistema cerebral plantea medidas extraordinarias para mantener el equilibrio. Estas medidas son las defensas del ego.

La huella del trauma inicial

Cuanto más pronto son inhibidas las emociones, más profundo es el daño. Existen evidencias de que hay un proceso en la maduración cerebral que sigue básicamente la secuencia evolutiva de la formación del cerebro. Los neurocientíficos han demostrado que el cerebro visceral

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predomina en el feto durante las últimas etapas del embarazo y en el primer período Postnatal del bebé.

El sistema límbico empieza a operar durante los primeros seis meses de vida. El cerebro emocional permite que la importante vinculación inicial tenga lugar.

La neocorteza todavía está desarrollándose durante nuestros primeros años, y el cerebro pensante necesita un ambiente adecuado y una estimulación correcta para desarrollarse sanamente. Al estudiar el crecimiento cognoscitivo de los niños, Piaget no halló verdadero pensamiento lógico hasta los seis o siete años de edad. (En tanto algunos de los hallazgos de Piaget han sido' cuestionados, éste parece representar un punto crucial.)

Cuando reflexionamos sobre el hecho de que el cerebro visceral tiene que ver con la supervivencia y está gobernado por la repetición, la idea de la huella permanente adquiere sentido. El neurocientifico Robert Isaacson afirma que es difícil desarraigar los recuerdos traumáticos porque fueron fijados por reacciones que nos han salvado la vida. El cerebro visceral aprende y difícilmente olvida; así el trauma permanece por tiempo indefinido. Todo aquello a lo que sobreviva el niño en los primeros años de su vida, época de intensa vulnerabilidad, quedará registrado.

La compulsión de repetir

La investigación neurológica apoya lo que cada psicoterapeuta desde Freud hasta el presente sabe antes que nada: que la persona neurótica tiene La compulsión de repetir.

También hay una explicación neurológica para las severas reacciones que mencioné antes. Los investigadores del cerebro han sugerido que las acrecentadas huellas neuronales de experiencias de tensión tergiversan la forma de reaccionar del organismo a estímulos recibidos cuando ya se es adulto. Las experiencias dolorosas realmente se graban en nuestro cerebro, de modo que éste se encuentra cada vez más preparado para reconocer como dolorosos aquellos estímulos que para otras personas pasarían inadvertidos.

Esto apoya la teoría de que, una vez que el núcleo del cerebro es determinado durante la infancia, actúa como un filtro supersensible que moldea eventos subsecuentes. Las contaminaciones del niño herido caen en esta categoría. Cuando un adulto con un niño interior herido experimenta una situación similar a un suceso doloroso anterior, se

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desencadena también la reacción original. Se reacciona con intensa emoción ante algo que es realmente trivial o inocuo. Es decir, se responde a la que no existe en el exterior pero que aún está presente en nuestro interior.

Esto lo estoy escribiendo, durante un crucero durante el cual visitaremos las capitales de Europa. Cuando llegamos a Le Havre, Francia, mi hija me sugirió que tomáramos el tren a París, en lugar del autobús, que tarda dos horas más. En el recorrido, he intentado evitarle traumas a mi hija. Ella es espontánea, curiosa, y le encanta la aventura. Sin embargo, yo me sumergí en obsesivos análisis acerca de su sugerencia. Durante la noche desperté varias veces, pensando: "¿ Y qué pasa si el tren descarrila?

¿Qué pasa si llega tarde y el barco nos deja?" La sencilla sugerencia de mi hija provocó una reacción exagerada en mí. Cuando yo era pequeño, mi padre me abandonó, y ahora mis pensamientos obsesivos se centraban en no poder regresar al barco en que me dejaran.

LAS DEFENSAS DEL EGO Y

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