PARTE 2 ¿QUÉ ES LO QUE SE MIDE CUANDO HABLAMOS DE CALIDAD?
VI.2 LAS CONSECUENCIAS DE MEDIR EN LAS INSTITUCIONES Y LOS EFECTOS
VI.2.4 Agenciamiento sociotécnico o la capacidad de acción del discurso sobre calidad
diferentes contextos, desde el discurso científico o técnico hacia un público no experto, y moldean la realidad produciendo una respuesta (esperada), descubriremos que en este modelamiento interviene una red agencial que opera bajo distintos contextos, que va contribuyendo con sus discursos a la institucionalización de la idea de calidad que actualmente tenemos.
84 El agenciamiento sociotécnico es un término acuñado por M. Callon en sus estudios sobre la performatividad de los discursos de la ciencias económicas (Callon M. , 1998); (Callon M. , 2007), (Mackenzie, Muniesa, & Siu, Do Economists Make Markets? On the Performativity of Economics, 2007) y resulta ser una de las principales condiciones de posibilidad de los actos performativos; Callon se refiere al agenciamiento como “arreglos” (arrangements) dotados de capacidad de acción de diferentes formas, dependiendo de su configuración; y la construcción de esta red es también parte del agenciamiento que actúa en línea con el discurso, así como las instrucciones son parte de un dispositivo de software que permiten hacerlo funcionar (Callon M. , 2007, pág. 320). El agenciamiento sociotécnico es lo que permite sostener en el tiempo la acción modeladora de la idea de calidad a través de la repetición del discurso que se manifiesta en diferentes actores o cosas, como el uso de las prácticas de medición y evaluación, y en el uso reiterado de los mismos indicadores y datos para evaluar calidad. En la perspectiva de esta red agencial, los rankings universitarios pasarían a ser una suerte de tecnología o dispositivo agencial de la idea de calidad universitaria que hemos descrito, insertos en un continuo donde opera algo así como un metadiscurso de calidad que actúa transversalmente, encarnado en la red de agentes sociotécnicos. Visto así, los rankings son como interfases, mediadores del discurso performativo de calidad, cuestión que se logra a través del tiempo y apoyado a su vez en la cadena agencial que potencia el discurso.
Describir cómo se manifiesta esta red agencial es entonces una parte fundamental del trabajo de investigación que abordamos a continuación. En nuestro estudio, vamos a situar el inicio de la cadena agencial en los creadores de los rankings, los expertos que construyen el relato inicial de calidad universitaria, aunque no tiene tanto de nuevo como ya hemos visto, pues el relato ya ha sido instalado por una red agencial que se basa en el uso de indicadores y dimensiones de calidad que ya han sido usados por otros y validados en mediciones para otros fines, son parte del léxico de calidad que se ha instalado lentamente en el país. Valdría la pena recordar en este punto que cuando surgen los primeros rankings en Chile ya existe un contexto donde se habla de calidad; el aseguramiento de la calidad es una actividad que se está llevando a cabo experimentalmente como política pública y se están instalando otros mecanismos de medición en agencias gubernamentales vinculados a la asignación de recursos, lo que podríamos describir -en la forma en que Foucault los plantea-, como acciones donde opera la gubernamentalidad
85 del estado (Foucault M. , 2006), (Ramos C. , 2014) que tiene fuerte incidencia en la construcción de la noción de calidad.
Sin embargo, el relato de los rankings tiene de “nuevo” la forma en que se presenta. Sus fines comparativos muestran el resultado de una competencia por la calidad entre universidades, que posiciona a las mejores en los primeros lugares y a las peores en los últimos. Este discurso es el que viajará hasta instalarse en un público no experto que finalmente, asumirá estas posiciones como una creencia, es decir el público no experto llegará a identificar a las ganadoras y a las perdedoras en la competencia por la calidad sin importarle mucho como se llegó a ese resultado. En el medio de este viaje, hay otros actores que surgieron en la investigación que tienen la capacidad de rearticular el discurso de los rankings utilizando las mismas fuentes de datos y los mismos indicadores para hablar de calidad, entre ellos destacan los medios de comunicación y los rectores entrevistados que representan a las instituciones universitarias.
VI.2.4.1 El Rol performativo de los rectores
La condición performativa de un enunciado está limitada por un cierto contexto y status de quien lo emite, nos aclara John Searle en la definición de los hechos institucionales (Searle, 1997). Si asumimos que el discurso de calidad actual se proyecta institucionalmente, entonces los rankings podrían constituir un acto del habla de este tipo. Resultará entonces interesante revisar los conceptos de contexto y status en la estructura agencial que hemos esbozado. El contexto se refiere a la situación, en este caso se trata de una entrevista a una autoridad universitaria para hablar de calidad, un espacio donde se encuentran entrevistadora y entrevistado quien expresa sus opiniones como conocedor del tema.
En cuanto al status, se trata del reconocimiento de cierta autoridad de los agentes para hablar de los temas universitarios y en especial de la calidad universitaria. Seguramente, quienes construyen los rankings tienen el status de expertos para decir lo que dicen, de otro modo los rankings no subsistirían; pero también dentro de las universidades existen quienes cumplen un rol performativo. Hablaremos en este caso de los rectores, autoridades reconocidas en la administración universitaria a quienes hemos podido entrevistar y analizar a través de sus intervenciones y discursos.
En particular en el grupo de autoridades, aspectos como el conocimiento previo entre el entrevistado y la investigadora influyeron en el grado de confianza del entrevistado para
86 expresar sus opiniones y en cierta falta de libertad que el cargo de autoridad conlleva para explayarse y abordar con sinceridad las opiniones que guardan las personas más allá de sus cargos. Varias veces las autoridades entrevistadas se remitieron a una respuesta “adecuada” o – podríamos decir-, “políticamente correcta” para no comprometer opiniones que se contravienen con la identidad o etiqueta que el cargo les impone. Uno de los entrevistados se refirió explícitamente a esta situación cuando se le planteó cuál era su idea de una universidad ideal, señalando:
“Yo pienso más bien en la microeconomía de la universidad, he tratado de hacer un esfuerzo por buscar la utopía, en oposición a [lo que sería] una respuesta de catálogo: que [la universidad] esté súper vinculada al extranjero, que tenga las mejores redes internacionales, que sea capaz de organizar los sistemas…” (Rector, Universidad Estatal, de Investigación y Doctorado en áreas selectivas, Regional)
En esta situación, ciertamente limitante de un cargo de autoridad frente a lo que se dice o deja de decir, podemos vislumbrar la presencia de la agencia; parte de la cadena agencial que permite performar la idea de calidad actualmente vigente en el país a nivel institucional. Las respuestas “de catálogo” a las que alude la cita de este rector son justamente parte de la retórica, del discurso sobre calidad universitaria que se ha venido instalado institucionalmente, discurso que asumen en forma natural y ciertamente inconsciente los rectores de las universidades y que es fácilmente identificable a través de indicadores de desempeño estandarizados, reconocibles y medibles.
En otras ocasiones, algunos temas fueron claramente evadidos por estas autoridades cuando aparecieron cuestiones sobre las que no quisieron polemizar ni profundizar. Uno de los rectores entrevistados de una universidad privada, refiriéndose al tema de la acreditación, señala:
“…esta evaluación que hace la misma comisión de visita de pares….ese es otro tema….¿qué pasa con el número de años?... es una cosa que también uno podría conversarla, pero quizás en otro momento….” (Rector, Universidad Privada, Docente, Metropolitana)
Junto con estas reflexiones es preciso identificar también una cierta agenda de temas que toda autoridad que cumple un rol de liderazgo lleva consigo y por tanto, no se puede descartar la posibilidad que abre para él o ella una entrevista donde intentará transmitir aquellas cuestiones
87 que son parte de sus intereses. Ejemplos de este tipo de interferencias hubo en muchas de las entrevistas. Sin que se les preguntara por ello, inevitablemente los entrevistados destacaron con orgullo, en más de una oportunidad, hechos, datos, indicadores o acciones realizadas por sus propias instituciones como ejemplos de calidad o de lo bien que lo están haciendo como universidad. Aparece de este modo, nuevamente, el carácter performativo de los discursos sobre calidad universitaria, donde se intenta mostrar aquellas dimensiones en que la universidad representada tiene evidencia de buenos resultados y ciertamente el interés en que se pongan de relieve. La siguiente cita de una de las entrevistas muestra bien esta cuestión:
“Te lo digo yo como rector….nosotros que lo hemos definido como universidad, hoy día tenemos un 91% de los programas acreditados, todas las ingenierías por cuatro años y con cuatro agencias diferentes…las decisiones que se toman, se toman siempre pensando en los mismos estándares que la institución se ha ido imponiendo…” (Rector, Universidad Privada, Docente, Metropolitana)
El enunciado de la cita puede leerse de este otro modo: “te lo digo desde mi cargo de rector (el status), desde mi autoridad, por lo tanto debes confiar en la sinceridad y verdad de lo que digo: lo estamos haciendo bien como institución, estamos respondiendo bien a lo que se espera de nosotros”.
Se revela también en esta opinión, que el discurso de calidad que esta autoridad maneja responde a los criterios de calidad esperados, a aquellos que el discurso ha modelado, basándose en indicadores y estándares como los mencionados; “tenemos el 91% de los programas acreditados”, es ciertamente un indicador representativo del discurso de calidad dominante.
Para Foucault, bastaría con el status del hablante para que exista un efecto por lo que dice pues la sinceridad del hablante no es una condición para la performatividad del discurso, por el contrario, el hablar franco y veraz (la parrhesía) se opone al discurso performativo pues en este último caso, las consecuencias de lo que se dice están definidas de antemano (Foucault M. , 2009, pág. 79).
Otro ejemplo, que en apariencia podríamos calificar como “coincidencia” es posiblemente una muestra del discurso performativo de calidad sobre el cual estamos indagando: se trata de la vinculación entre calidad y lucro en la opinión de cuatro de los cinco entrevistados
88 pertenecientes a las universidades privadas consideradas en la muestra. El tema no fue parte del diseño de la investigación ni estaba considerado en la pauta de preguntas, sino que surgió espontáneamente en algún momento de la entrevista. Los cuatro entrevistados se refirieron al tema del lucro, expresando implícitamente la fuerte presión pública que sienten como autoridades y representantes de instituciones que han sido cuestionadas en su calidad por pertenecer a una clase de instituciones –las universidades privadas- que se ha visto vinculada a este problema, intentando con ello borrar la idea que parece haberse instalado de que las universidades que lucran no pueden ser de calidad. Pudimos constatar en estas opiniones la necesidad de explicar y aclarar que “son inocentes” y que no han estado involucradas en situaciones de lucro, poniendo de relieve su calidad, la manera correcta y positiva en que han hecho las cosas, destacando la forma en que han encauzado su crecimiento y desarrollo como universidades que merecen reconocimiento y utilizando para decirlo, la batería de indicadores disponibles que se utilizan para hablar de calidad: cuánto ha crecido la matrícula, cuánto han investido en infraestructura, cuántos académicos con PhD han contratado en el último tiempo, etc.. Podríamos suponer que –tal vez- estas entrevistas fueron una oportunidad para los entrevistados, para justificar la existencia de sus instituciones y demostrar con ejemplos concretos lo bien que lo están haciendo como universidad privada.
Un par de entrevistados se refieren al tema en los siguientes términos:
“Pero desde el punto de vista de esto que tanto se ha cuestionado, este tema del lucro -que es el tema candente que se habla todo el tiempo-; la gente, la verdad es que no entiende lo que es el lucro….se cree que el hecho de que una universidad cobre, eso es lucrar. Pero el lucro tiene que ver con otro aspecto…, tiene que ver simplemente con que los excedentes que aquí se generen tienen que ser reinvertidos en la propia corporación, no se lo pueden llevar para la casa -dicho en términos brutales-. Entonces todos estos edificios son propios, [provienen] de lo que la universidad genera. De otro modo no se podría hacer, nadie hoy día estaría en condiciones de ponerse con una cantidad brutal [de dinero], endeudarse, además con la incertidumbre que hoy existe. Porque antes, efectivamente, cuando partieron muchas de estas [universidades privadas] -y eso a la gente le cuesta entender-, estas universidades parten cuando no son sujetos de crédito; [entonces] quiénes se endeudaron para construir fueron los señores que crearon esta figura y, por lo tanto, de alguna manera arriesgaron su patrimonio para poder financiar un crédito y pagar… Después la cosa fue
89 distinta, pero al comienzo fue eso” (Experto, Universidad Privada, Docente con proyección en Investigación, Metropolitana)
“Ahora [que aparecemos bien en los rankings] hay una tranquilidad, y también con la acreditación de las cinco áreas, en el sentido que se reconoce el trabajo que está realizando la unidad. No es que sea lo más importante, pero es sano. Es sano el reconocimiento público y más encima en esta época que estamos tan cuestionadas las universidades privadas… En el fondo es muy bueno decir…A los académicos como que les llama la atención porque, en el fondo, no aparecíamos [bien posicionados], y también algunos no percibían este cambio y cómo la universidad ha ido mejorando en todas la áreas de la investigación”. (Experta, Universidad Privada, de Investigación y Doctorado en áreas selectivas, Metropolitana)
Los estereotipos o metáforas fueron también parte de las expresiones de uso recurrente en las respuestas de algunos rectores entrevistados para decir algo de manera más oculta o caracterizar de este modo modelos o conceptos. Podríamos decir que el uso de metáforas es una manera de decir las cosas cuando el cargo no permite ser claro y explícito en ciertas materias donde es más conveniente la ambigüedad. Varios ejemplos ya se han mostrado en las citas utilizadas como parte de los resultados.
La mayoría de las entrevistas tuvo una evolución en el sentido de que la actitud del entrevistado fue cambiando, oscilando entre momentos en que el discurso se planteaba como lo “políticamente correcto”, es decir momentos donde aparece claramente la agencia, y momentos donde aparece la sinceridad de la persona que se arriesga a emitir su opinión. Estos cambios eran acompañados de una cierta disposición corporal de los participantes que mostraba en general signos de apertura, brazos abiertos, relajo del cuerpo en el sillón, gestos del rostro. Atención especial merece una pregunta donde se logran percibir bastante bien estos cambios, permitiendo a los entrevistados, mayor soltura y comodidad que se reflejó no solo en un discurso más reflexivo y en divagar hasta construir una idea, sino también en su corporalidad. La pregunta por “imaginar una universidad ideal” otorgó libertad al entrevistado, fue una invitación a crear un mundo, a hablar de una utopía que los posicionó frente a un futuro por inventar, sacándolos de sus actuales posiciones y preocupaciones. En este caso, en varias de las entrevistas, la agencia performadora del discurso institucional de calidad, no se reveló.
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VI.2.4.2 La manera en que intervienen los medios de comunicación
Hemos dicho que el sentido de los rankings y de la acreditación institucional –vista igualmente como un ranking-, es informar al público sobre el estado de la calidad de las instituciones y compararlas entre ellas; así lo declaran quienes construyen estas mediciones. Para el logro de este objetivo se requiere una amplia difusión pública de los resultados, tarea que descansa en aparatos de difusión masivos como los medios de comunicación, los que generalmente utilizan formatos electrónicos como garantía de una amplia propagación en la web. En el caso de los resultados de la acreditación, la ley actual establece que las propias instituciones deben difundir este resultado en toda la publicidad que realicen (CNA) lo que obviamente involucra la participación de medios comunicacionales.
Los medios constituyen una parte fundamental en la estructura agencial del discurso sobre calidad, en la manera en que Callon lo describe; y son tal vez un fin para los rankings pues en ellos descansa gran parte de su capacidad performativa. Su poder de difusión alcanza a un público masivo y permite mantener en el tiempo el discurso sobre calidad propuesto, multiplicándolo a través de sus propias redes mediáticas. Con este nuevo actor se genera un cambio de contexto en el viaje de la idea de calidad.
La publicación de los rankings en los medios de comunicación produce un efecto comunicacional que instala con cierta distorsión la propuesta de los expertos y altera la concepción de calidad de las instituciones en la opinión pública. Los medios de comunicación intervienen en la forma en que se transmite la información, minimizando en cierta medida la complejidad de la medición y de una idea de calidad multidimensional que se expresa en forma parcial y simplificada. Uno de los entrevistados lo expone del siguiente modo:
“Los sistemas de medición -en primer lugar-, se validan en un contexto que no necesariamente es idóneo como validador. Desde el punto de vista de la prensa o de cómo se dan las noticias… la gran noticia que va a mostrar el titular del diario es que la universidad xxx que antes era la segunda, ahora fue séptima. Esa espectacularidad con que se muestran las noticias tiene un factor de llegada a un consumidor que no es un juez idóneo y no se quiere que sea un juez idóneo, porque mientras más tonto, más fácil de hacer leso es… enseguida hay una percepción en la opinión pública que claramente no es objetiva ni científica”. (Rector, Universidad Estatal, de Investigación y Doctorado, Metropolitana)
91 El entrevistado logra identificar claramente el cambio de contexto del que es sujeto el ranking, desde el ámbito de los expertos (en el medio universitario o de investigación) al ámbito público (en el medio social) donde hay un consumidor de información no experto que –como dice el entrevistado- no es un juez idóneo para comprender la propuesta del ranking. La manera en que esto ocurre, la manera en que el ranking “viaja” desde un público experto a uno no experto se logra a través de los medios de comunicación que aportan otra manera de leerlos, realizan una suerte de traducción desde un lenguaje científico, que se focaliza en distinciones metodológicas y conceptuales, hacia un lenguaje más coloquial y comprensible por un público masivo, donde lo relevante ya no son las definiciones metodológicas o cómo se construyeron los indicadores utilizados, sino otros aspectos, como quienes ocupan los primeros y los últimos lugares en el ordenamiento de posiciones. De Santos describe el lenguaje de los medios como un lenguaje melodramático (De Santos, 2009), donde lo importante son los cambios de posición de las universidades rankeadas, las subidas y las bajadas, quienes mejoran su calidad y quienes empeoran. Ramos, por otra parte, se refiere a la fuerza ilocucionaria (Ramos C. , Investigación científica y performatividad social: el caso del PNUD en Chile, 2012) de los medios identificando con ello la fuerza expresiva con que el discurso de calidad de los rankings