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Agresita 143 csiablczca una suprcsión discriminada» sc recomicnda utilizar el castigo.

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149 ■ D APKOXIMACIÓN A L GRUPO

F. Agresita 143 csiablczca una suprcsión discriminada» sc recomicnda utilizar el castigo.

Si no sc dispone de tal proccdimicnto, entonces lo más conveniente será utilizar el tiempo-íuera dd reforzamiento, acompanado aquí de un es­ timulo discriminativo verbal que permita adquirir, posteriormente, un contrai verbal de la suprcsión. Existe un proccdimicnto que evita la su­ prcsión discriminada, al que describiremos sucintamente y que, sin embargo, solo puede administrase bajo condidones de control tan particu­ lares que permitan su aplicadón. En líneas generales, d castigo se aplica de tal modo que resulte inesperado para ,d sujeto, es decir, en una situación en la que no existan estímulos 'discriminativos dei castigo. Esto sc logra colocando al sujeto en un cuarto en donde se le pueda observar sin entrar directamente en la shuadón, a través dc un espejo ríc doble vista o de algún orifício en la pared. De este modo, d sujeto, en ausência de estímulos discriminativos dei castigo (adultos), agrede a los otros sujetos que se encucntran en el mismo cuarto. Si tan pronto como sc observe que d sujeto ha emitido la operante dc agresión, d adulto entra en d cuarto, emite Ona verbalización discriminativa (por ejem~ pio, "ya no pegues más") y castiga al sujeto dándole un manazo, lo imprevisto dc la situación permitirá la eliminadón gradual dc la respues- ta, hasta su desaparición. Un tercer proccdimicnto alternativo, para suprimir la agresión operante tipo I, cs la cxtinción; no obstante, solo puede aplicarsc bajo condiciones muy particulares, cn donde exista una consccucncia extrínseca a la respuesta. Un, ejemplo de este tipo de conse- cucncias extrínsecas es la atención que los- adultos prestàn a un nino cuando éste pega a otros. Al díminar la fuente de reforzamiento que mantíene la respuesta, se elimina también la conducta. Existe un último proccdimicnto que presenta. la desventaja de ser sumamente lento en su dcsartollo o implica operacioncs adicionales; sin embargo, si se le com­ bina çon castigo o tiempo-íuera dd reforzamiento, puede ser altamente efectivo y quízá el más recomcndabte. Nos referimos al reforzamiento de respuestas incompatibles (R D O ). Se refuerza al sujeto cuando asuma cualquier otra actitud, excepto la dc agredir. Lógicamcntc, al reforzar cond actas de no agresión, sc está reducicndo al mismo tiempo la con­ ducta dc agresión. Si, a la vez, sc castiga esta conducta cuando llega a presentarse, sc obtiene un doble beneficio; por una parte, sc suprime más rápidamente Ia conducta agresiva; por la otra, se refuerza un con­ junto dc conductas positivas socialmente, cosa que no sc logra, desde luego, con el solo proccdimicnto dc eliminadón de la respuesta.

Finalmente, consideremos la agresión operante tipo II. Esta con­ ducta, además de producir las consccucndas inherentes asu emisfón, tiene la particularidad dc estar, bajo un control de estímulos muy espe­ cial. Este control cs tan devado que, la simplc omisión de los estímulos

154 Ca]). 5. Programaclón de conducta social

discriminativos cn cucstiún, disminuyc su frccucncia de mancra scnsiblc. Pongamos un cjcmplo: hemos observado que la agrcsión que emite cl sujeto X, solamcntc se hacc ante un tipo determinado dc sujetos; aque- lios que, antes dc que nada ocurra, empiezan a mostrarse temerosos y asustados al decir: “ No me pegues” , al abrazarse a un adulto. Esta conducta dc íos otros sujetos constituye el estimulo discriminativo dc agresión en,d sujeto X ; tal agrcsión sc presentará toda vez que la con­ ducta de los otros sca similar a la mencionada. Es decir, que aqui el procedímiento de intervención es distinto; hay que eliminar la conducta dc temor cn los otros sujetos, con lo cual se eliminará cl estímulo discri­ minativo que controla la emisión de la conducta agresiva cn el sujeto X. Nucvamentc, como en cl caso de la agresión respondiente, la manipu- lación se ejcrcc sobre cl ambiente y no sobre cl sujeto portador de tal conducta, aun cuando no se excluyc que en un principio sca ncccsario agregar algún otro procedímiento directo de suprcsión conductual.

G. AUTOESTIMULACIÓN

Ya definimos previamente la autocstimulación como toda forma dc conducta preservativa, sin estímulo discriminativo o reforzador aparen­ te. La autocstimulación puede scr motora o verbal. Las conductas auío- cstimulatorias, cn tanto proporcionan un reforzamiento autoadministrado por cl sujeto, evitan que este entre cn contacto con fuentes social es de reforzamiento, lo que disminuyc notablcmcnte la adquisición de reper- torios sociales o de cualquicr otro tipo. Existen dos »procedimientos básicos para eliminar la autocstimulación, ya sca motora o verbal y no son estos los únicos, ya que en casos muy particulares pueden uti- lizarsc algunos de los princípios mencionados cn cl capítulo 2. Los dos métodos más efectivos para reducir la autoestimulación son cl castigo y cl reforzamiento de conductas incompatibles (R D O ) ; por medio dd primero se logran resultados más inmediatos. El castigo puede scr de mo­ derada intensidad y producir efectos dramáticos, siempre y cuando se aplique de ínmediato a cada una de Ias respuestas autoestimula- torias dd sujeto. En general, el problema radica, más que en la admi- nistración de la técnica, cn la definición y cspecíficación de la respuesta. En io que concieme al reforzamiento dc conductas incompatibles, se evita cl problema, reforzando al sujeto con base al tiempo transcurrido sin que sc haya presentado la autocstimulación. Naturalmente, d pro- ccso dc climinación es más lento y laborioso y, cn un principio, cuando esto cs posihlc, puede exigir formas dc rcstricción física que ayuden a dcsarrollar la discriminación dcl reforzamiento de conductas distintas a las dc autocstimulación.

II. U l P E R A C X r V I D A D

La hípcractividad cs otro tipo dc conducta que intcrficrc seria­ mente en la socializadón dei nino retardado. Es un problema dei que adolcce, con mucha frccuencia, esta cJasc dc sujetos, y que generalmente intenta resolverse mediante la admintstración de drogas. Sin embargo, dado que el efecto de la draga es transitório y que d control cesa tan pronto pasa dicho efecto, no es esta una solución satisfactoria. Hemos definido previamente a la hiperactividad en,términos de una conducta incspccífica, de tasa sumamente devada, que persiste durante largo tiempo y que, en consccucncia, se torna aversiva para los demás miem» bros dei medio sodal. La hiperactividad puede ser reforzada por dos tipos distintos dc consccuendas: a) dc naturaleza intrínseca a la propia actividad, que la convicrte en una conducta similar a la de la auto- cstimulación, y b) de tipo extrinseco, por la que obtiene gran cantidad dc reforzamiento sodal (sc Ie *prcsta atención, se le habla, se le intenta controlar, etc.). Depende dd tipo dc consecuenda d que deba o no utilizarse un método determinado. En d primer caso, en que la hiper­ actividad producc consccucncias intrínsecas, lo más apropiado es refor- zar conductas incompatibles, es decir, estar sentado o sin moverse durante períodos cada vez mayorcs. £Por qué esto y no utilizar mejor d castigo? Por la siguiente razón: la hiperactividad, topográficamente definida, es una categoria sumamente amplia y variable; es más, su dcfinición precisa se da en términos de su frecuencia y persistenda, mas no dc su topografia, como puede serio en d caso de la autoestimu- ladón. El castigo de la hiperactividad podria acarrear efectos contra» producentes en tanto que reduciría, no una sola forma de conducta, sino gran diversidad de conductas las que, de emitirse con frecuencia más baja, naturalmente debieran reforzarse. Por ello, lo más conveniente es reforzar con base en un RDO. En un prindpio, debe reforzarse por períodos reducidos, los que se aumentarán gradualmente hasta que d sujeto obtenga fuentes de reforzamiento adicional que mantenga esas conductas, fisicamente incompatibles con la hiperactividad.

En d segundo caso, debe operarse de manera distinta. Dado que el reforzamiento es de naturaleza social y se está administrando a través de la conducta de otras personas, debe aplicarsc un procedimiento que no solo suspenda dicho reforzamiento, sino que además afecte los estímulos discriminativos que haccn altamente probabtc la hiperactividad. El único que permite tales operadones es el tiempo-fucra total. Al aislar al su­ jeto dc la situación en que obtiene reforzamiento, no solo cortamos el acceso a dichas consccuendas, sino que también lo alejamos de la presencia de estímulos discriminativos que se asocien a cilas. El tiempo-

156 Cap. C. Prograitnclòa de conducta social

fucra contingcntc a cada respuesta de hipcractividad (que puede definirse, topográficamentc, como unno estar quieto durante un mínimo de tiempo), acompanado de los estímulos verbales que faciliten el control posterior, resulta un proccdimicnto sumamente eficaz para este tipo de problemas.

I. BERRINCHES Y CONDUCTA “EMOCIONAL”

Nos vamos a referir, cn esta sección, a lo que comúnmentc sc Uama conducta “ emocional”, cn la que se incluycn bcrrmchcs, llantos, eno­ jas, ctc. Parte de esta elase de respuestas ya está definida cn la escala de registro que sc presenta cn este capítulo. Podríamos afirmar, no sin cicrto riesgo natunürtieate, que la mayor parte de las conductas “ emo- cionalcs” (cxcluidas acfüellas que son provocadas cn forma directa por un estímulo prévio, como por ejemplo: “dolor” , hambre, sueno, etc.), son reforzadas, inadvertidamente, por los agentes dei medio social. No es raro observar que, ante los berrinchcs dc un nino, los padres acccdcn (tarde o temprano) a su petición, o que, cuando un nino llora, sus padres 1c presten solícita atendón. Los cjemplos de esta dasc son multi­ ples. La razón de este estado de cosas cs muy simple: las conductas “ cmocionjtles” que genera cl nulo resultan aversivas para los otros miem- bros dcl medio sociai, por su üitcnsidad, duración y otras propiedades topográficas dc la respuesta. La conducta de los adultos que intentan acabar con cilas se ve. reforzada' negativamente, Io que hacc más pro­ bable que, ai presentarse nuevamcntc dichas conductas “ emocionalcs” , los adultos rcaccioncn dc igual manera. La forma más eficaz dc eliminar estas conductas indcscafoles, que constituycn uno de los instrumentos dc control más efectivai que posee. d nino sobre cl medio, es suspender las consccuencias que \ks> mantienen. Hay dos proccdimicntos indicados para ello. EI primero es Ia extmdón: suspender d refòrzamicnto, cs dccir, las consccuencias acostumbradas (atención, rega nos, ctc.) hasta que Ia conducta desaparezea, y reforzar solo aquellas conductas que no scan “ emocionalcs*’. El segundo es d tiempo-fucra. Este procedi- miento, como ya lo hemos repetido anteriormente, producc cfcctos más inmcdiatos que los dc la cxtinción, aun cuando no rcducc cn si la proba- bilidad de la conducta,* si no sc asocia a estímulos verbales discrimina­ tivos apropiados. Existcn circunstancias extremas cn que estos pro­ ccdimicntos pueden resultar poco efectivos; cn tales casos, d único instrumento apropiado -resulta ser cl castigo, asociado al reforzamiento dc conductas incompátiblcs; claro está que este cs un último recurso, al que rara vez cs ncccsário rccurrir.

I. BorrlncbM y conducta ‘‘emodoosl' 157

Normas gcneralcs de xm programa de conducta social

A continuauón, resumiremos brevemente los lineamicntos gcneralcs que deben tenerse cn cuenta al estrueturar un programa de conducta social:

a) Dcfinición topográfica precisa de la respuesta: se debe procurar

que la respuesta resulte detallada fisicamente de la manera más exacta posiblc.

b) Espccificación de la duración de la respuesta: como muchas

de las conductas social es se distinguen por su larga duración o conti- nuidad, se hace necesario precisar este aspecto con el mayor cuidado.

c) Especificación dei intervalo entre respuestas, cuando la conducta

social sc dé en una cadena complcja (como cn el caso de la conduc­ ta cooperativa). Descuidar este aspecto puede conducir al reforzamiento inapropiado de otras conductas indeseables.

d) Identificación dc los reforçadores que mantienen las conductas

indeseables, y dc los reforçadores funcionales, para el establecimiento dc nuevas conductas. Nunca debe darse por presupuesto que un refor­ çador va a ser efectivo; al contrario, es absolutamente necesario asegu- rarse previamente dc su poder.

e) Identificación dei control discriminativo, cn el caso dc las respues­

tas que se van a eliminar, y especificación adccuada dc los agentes sociales que deben adquirir tales propiedades, con el fin dc asegurar que los cfectos dcl procedimiento en cuestión se generalicen a todas las circunstancias comprendidas en cl programa.

f ) Especificación apropiada de los agentes reforzadores que deben

dispensar cl reforzamiento. El reforzador cn sí puede ser altamente efectivo, pero d agente que lo administra puede carecer dei repertorio apropiado para hacerlo; debe, pues, evaluarse también el repertorio de entrada dei agente que va a reforzar la conducta social.

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P ro g ra m a c ió n cie conducta

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