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3.1. RELACION ENTRE ANSIEDAD ESCOLAR Y RENDIMIENTO ACADÉMICO

3.2.4. Ansiedad Escolar y Agresividad

3.2.4.2. Agresividad en la adolescencia

Los adolescentes de entre doce y dieciocho años tienen la capacidad de captar muy pronto la dimensión amenazante sobre todo lo que ocurre a su al rededor, abarcando situaciones personales y sociales, pero cuando a estas circunstancias ambientales se unen otros factores de riesgo de tipo genético, temperamental o familiar, puede surgir el cuadro clínico del trastorno de ansiedad, en donde pueden existir factores predisponentes como factores biológicos, algunos de ellos genéticos, factores de personalidad, patrones de afrontamiento del estrés, estilo de vida, es decir falta de ejercicio, dormir bien, estar feliz o enamorado, factores ambientales, aprendizaje, contextos y apoyos sociales.

Todas las personas son agresivas por naturaleza, ya que se da en diferentes grados. Las causas de la agresión son diversas, algunas dependiendo del contexto, del momento, del estado de ánimo de cada persona ya que, todos no reaccionamos de la misma manera. Las agresiones son entendibles pero no justificables, ya que se da en diversos estratos sociales y algunas por superioridad.

Además, el fracaso es fuente de frustración en una escuela que estimula la competitividad en sus estudiantes. La frustración es uno de los factores que pueden llevar a la conducta agresiva, ya que fomenta la hostilidad entre los pares. Es una derivación del mecanismo de ansiedad porque presenta una respuesta emocional refleja al no poder manejar o controlar la situación en la que se encuentra presente como un obstáculo, sentimientos de impotencia o incompatibilidad.

Por otro lado la competencia por las calificaciones académicas aumenta la tensión emocional, de tal manera que cuando los estudiantes compiten por rendimiento académico la violencia intra escolar aumenta. En tal sentido, la estabilidad personal y emocional está ligada con la tolerancia a la frustración. Se puede decir que los adolescentes que poseen antecedentes de inestabilidad emocional tienen menos posibilidades de resistir los efectos de la frustración que aquellos emocionalmente estables. El profesor capaz de percibir el sentimiento de impotencia en el alumno puede

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tema; probablemente en un comienzo no sea posible observar con claridad la naturaleza del problema del mismo, pero es evidente que enfrenta una dificultad y no se siente en condiciones de resolverla.

Evidencias empíricas muestran que, independientemente de los antecedentes familiares y de las características de la escuela, se observan cambios positivos en el rendimiento, conducta y relaciones personales en los alumnos de profesores organizadores y mediadores en el encuentro del estudiante con el conocimiento.

Sin embargo una agresión, normalmente tiene la intención de generar daño, provocación de daño real y una alteración del estado emocional en el caso del individuo que promueve la agresión. En tanto, la agresión puede ser verbal o física, y puede suceder en cualquier circunstancia, momento o lugar, de ahí que los mayores deben estar siempre atentos y más aún si en la institución se cuenta con profesionales psicólogos, estos deben realizar un control permanente de la conducta de cada alumno para poder llegar a determinar conductas agresivas, pues existen estudiantes que son agresivos, buscan conflictos en cualquier circunstancias y existen otros que solamente reaccionan por que otros provocan en ellos el desarrollo de la agresividad. La conducta agresiva no solamente se halla en quien lleva a cabo una acción, sino que por el contrario, la agresión a veces puede hallarse en la respuesta a una acción, sea violenta o no, pero que de espacio a cierta reacción inusual. La agresividad se observa en las relaciones humanas, interpersonales, y se acentúa más entre los jóvenes y adolescentes, pues muchas veces los mismos no demuestran manejo de sus emociones. (Benítez, 2013, págs. 12-15)

Existen actitudes que puedan llamarse prevalentemente sociales, porque están fundadas en necesidades que están en sí mismas orientadas socialmente a la necesidad de aprobación de conformidad, de reconocimiento y participación. Estos factores llevan a la formación de grupos sociales como: clubes, equipos, fraternidades, organizaciones juveniles. Las actividades juveniles hacia la sociedad son consideradas globalmente son pesimistas, en el sentido que la sociedad se considere como una construcción arbitraria hecha por los adultos. La agresión es una respuesta de impulsos interiores que todo ser humano experimenta, más que todo la agresión tiene que ver con el medio en que se desenvuelven los adolescentes. (Benítez, 2013, págs. 32-33)

En la actualidad existen otras clasificaciones para las distintas formas de agresividad, de las que algunas son especialmente relevantes en el contexto adolescentes como el “bullying”. Éste se define como el comportamiento prolongado de insulto verbal, rechazo social, intimidación psicológica o agresión física de unos a otros que se convierten en víctimas de sus compañeros. (Burón, 2008)

Otra de las características de la etapa adolescente puede ser la impulsividad. Por ese motivo se han llevado a cabo diversas investigaciones, en las que los hallazgos en el campo de la neurobiología relacionados con los diferentes ritmos de maduración de los sistemas cerebrales de la recompensa y la inhibición, ayudan a entender mejor los comportamientos arriesgados e impulsivos del adolescente, ya que para los adolescentes el futuro es más incierto que para los adultos, y demorar la gratificación inmediata pensando en unas ganancias venideras inciertas sería más irracional.

La impulsividad es un comportamiento bidireccional en los adolescentes, ya que, posee un factor conductual referido a desinhibición e inquietud motora, y, por otro, un factor cognitivo que implica la falta de previsión y planificación de la conducta. Además, otros factores psicológicos de importancia son, el estilo de afrontamiento pasivo, la baja autoestima, la desesperanza aprendida y la ausencia de proyecto vital. También, en el ámbito de la adolescencia y del rol que juegan variables como la impulsividad y su asociación a perfiles de personalidad, se identifican la existencia de relaciones entre variables de personalidad y la conducta antisocial-delictiva, variables tales como impulsividad, empatía, hostilidad, inteligencia o estabilidad emocional. Así, se han identificado como variables predictores de la conducta antisocial muchas conductas agresivas con los iguales, pocas conductas prosociales, alta impulsividad, pocas conductas de consideración por los demás, alto autoconcepto negativo, y pocas cogniciones neutras no prejuiciosas.

Se puede establecer relación entre la impulsividad con la agresión y la ansiedad puesto que, habría que tener en cuenta las diferentes situaciones potencialmente estresantes en la vida diaria (relacionadas con los miembros de la familia, los compañeros o la imposibilidad de obtener metas deseadas) que aumentan a partir de la

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iniciar la adolescencia la tasa de estas alteraciones es mayor entre la población de sexo femenino.