1.2. CLASIFICACIÓN DE LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD EN EL ÁMBITO
1.2.5. Ansiedad ante los Exámenes o de Evaluación
La conceptualización de ansiedad frente a los exámenes como constructo científico se refiere a un conjunto de respuestas fenomenológicas, fisiológicas y comportamentales que están acompañadas de preocupación sobre las posibles consecuencias negativas o fracaso frente a un examen (Sieber, O´Neil, y Tobías, 1977) citado en Kohan (2009, p. 378). Por lo general esta preocupación excesiva se da posterior a haber experimentado alguna situación de evaluación en la cual el estudiante no obtuvo los resultados esperados, de allí que se desencadenan en su mente una serie de pensamientos negativos y persistentes que impedirán que dicha persona logre concentrarse en la prueba, y será esta la causa de sus resultados negativos y no la incapacidad del sujeto. “Los estudiantes ansiosos frente a los exámenes tienden a ver las situaciones evaluativas como amenazas personales. Como resultado reaccionan con percepciones de miedo, con baja autoeficacia, baja autoestima, atribuciones anticipatorias de fracaso y con reacciones emocionales exageradamente intensas al menor indicio de fracaso” Sarason et al, (1990) (citado en Kohan, 2009, p 378).
En lo que respecta a las manifestaciones conductuales, son comunes la hiperactividad, los movimientos repetitivos y en algunos casos hasta la evitación de los
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experimentar miedo y nerviosismo ante las evaluaciones es considerado normal e incluso según algunos investigadores consideran beneficioso para rendir un examen y obtener buenos resultados, el problema principal radica en que este miedo se torne irracional como ya se lo describe en párrafos anteriores.
Alrededor de 1930 con la publicación de Freud del libro “El problema de la ansiedad” despertó el interés de algunos psicólogos alemanes como Neumann que publicó el primer libro sobre la ansiedad frente a los exámenes. En los años 50 Sarason de la Universidad de Yale ya construiría un test para medir la ansiedad y también Spielberger (1972) que comenzó a estudiar más psicológicamente el constructo usando la distinción de Cattell (1928) entre rasgo: ansiedad estable a través del tiempo y estado: ansiedad activada por una situación. A partir de estos estudios los conceptos y el conocimiento de la ansiedad en general progresó rápidamente especialmente al ser incluido en el modelo congnitivo transaccional de Lazarus y Folkman (1984) y considerar el fenómeno (Zeidner, 1997) como un proceso dinámico que involucra la interacción de una cantidad de diferentes elementos que entran en juego en el estresante encuentro entre una persona y una situación de evaluación. Según esto los elementos clave de este proceso son:
1. El contexto evaluativo.
2. Diferencias individuales en ansiedad rasgo. 3. Percepciones de amenaza.
4. Evaluaciones de la ansiedad estado. 5. Modelos de afrontamiento, y 6. Resultados de adaptación.
Se plantean dos perspectivas diferentes en relación al concepto de ansiedad de evaluación” (Cano Vindel y Miguel-Tobal, 1996). Una de ellas señala que el término hace referencia a la ansiedad que experimenta una persona cuando se somete a situaciones de exámenes en el ámbito escolar, la otra es un concepto más amplio que hace referencia a la ansiedad experimentada por la persona cuando siente que se evalúan sus capacidades.
En el último planteamiento queda claro que la ansiedad excesiva experimentada trasciende las cuatro paredes de un aula, al englobar cualquier tipo de situación que ponga en evidencia la capacidad del individuo, como por ejemplo una entrevista laboral, dar una conferencia, dirigir un grupo, entre otras. Tal como lo pone de manifiesto Iruarrizaga y Manzano, (1999) (citado en Chávez, 2004, p. 11) “es un concepto que engloba todas aquellas situaciones en las que una persona percibe de forma amenazante el hecho de que se evalúe su nivel de competencia, sobre todo si anticipa las consecuencias negativas derivadas de un mal desempeño”.
1. 3. PROCESOS INTERNOS DE LA ANSIEDAD
¿Qué es lo que ocurre dentro de nuestra mente?, ¿cuáles son esos procesos cognitivos que mantienen y dan paso a la excesiva preocupación? ¿De qué manera errónea se procesa la información para que se produzcan estados de ansiedad? Muchas son las preguntas alrededor de este tema y así mismo muchas son las investigaciones que se han realizado en torno al tema y todas ellas arrojan que esta es un proceso normal, que hasta sirve como medio para una adecuada adaptación y supervivencia.
Numerosos trabajos (Borkovec, 1990; Borkovec y Roemer, 1995; Ladouceur y Dugas, 1998; Wells, 1995, 1999; etc.) han centrado su atención en los procesos cognitivos que posibilitan y sostienen la preocupación excesiva, denominación que señala un estado de preocupación casi constante, adherente, invasivo y de difícil control. El sujeto se encuentra consustanciado con tal estado de preocupación dadas las creencias positivas que sostiene acerca de la misma y la sensación de desprotección que le produce la sola idea de abandonarla.
Considera a la preocupación como protectora, ya que ayuda a prevenir desenlaces negativos, es un elemento de auxilio en la resolución de problemas, es motivadora, protege de emociones negativas (tales como culpa o vergüenza si las cosas, finalmente y como se temía, salen mal), es un acto mental que puede afectar los sucesos (pensamiento mágico) y es, además, un rasgo positivo de personalidad (Francis, Dugas,
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Para un mejor reconocimiento del cuadro clínico resulta útil tener en cuenta, en la consulta, cuatro elementos fundamentales por la intensidad con que se manifiestan, por su importancia en la dinámica del trastorno y porque se encuentran presentes de modo constante:
a) Preocupación excesiva
b) Sobre-estimación de la probabilidad de que ocurran eventos negativos c) Pensamiento catastrófico
d) Creencias distorsionadas acerca de la preocupación.
De lo dicho se desprende la dificultad que encuentran las personas afectadas para tolerar la incertidumbre y orientarse frente a los problemas. Estos dos elementos, junto con las creencias acerca de las virtudes de la preocupación y la evitación cognitiva constituyen la base del modelo conceptual de Dugas, Ladouceur y equipo.
Hasta cierto punto es considerada la preocupación, como protectora, ya que ayuda a prevenir desenlaces negativos, es un elemento de auxilio en la resolución de problemas, es motivadora, protege de emociones negativas (tales como culpa o vergüenza si las cosas, finalmente y como se temía, salen mal), es un acto mental que puede afectar los sucesos (pensamiento mágico) y es, además, un rasgo positivo de personalidad (Francis, Dugas, y Bakir, 2001; Seidah, Dugas y Leblanc, 2007).
Pero que ocurre en el sujeto cuando la situación se sale de control y no logra manejar sus estados de preocupación, entre uno de los tantos síntomas que experimenta está “la tendencia a reaccionar negativamente tanto en el plano cognitivo, como en el emocional y el comportamental, a situaciones o acontecimientos ambiguos e inciertos” (Buhr y Dugas, 2002).
Aquellos aspectos que más constantemente se presentan y que repercuten enormemente a nivel general y si se quiere hablar más específicamente, en el ámbito educativo, de llegar a convertirse en un trastorno de ansiedad son, el experimentar preocupación excesiva, presencia de ideas irracionales, pensamientos trágicos y persistentes, estar convencidos en todo momento de que pueden suceder eventos catastróficos, las dificultades que evidencian para resolver problemas. Puesto que se estaría saturando a la mente con ideas “basura” que bajarían notablemente la eficacia de
los pensamientos y los procesos cognitivos al interior del estudiante, procesos que deberían estar direccionados hacia los nuevos aprendizajes que surjan dentro del centro educativo.
Esta situación se torna mucho más compleja aún si tomamos en cuenta la incapacidad que sienten estas personas de poder controlar lo que experimentan en ese momento, de allí la importancia de detectar a tiempo y mucho más aún dentro de las escuelas y colegios, así como determinar un adecuado plan de terapia en las cuales incluya el trabajar en el aspecto cognitivo para lograr superar en gran medida esta situación problemática a más de la medicación que para ello el profesional considere pertinente.
Adicional a lo ya mencionado hasta ahora, otro de los manifiestos a nivel cognitivo en el trastorno de la ansiedad está, “la sensibilidad a la ansiedad” (Reiss, 1991), entendida como la “tendencia a responder con miedo a las propias sensaciones corporales, las que son interpretadas como consecuencia de un daño físico o psicológico potencial” (Rachman, 1998).
El tener claro todas las afectaciones que pudieran darse a nivel cognitivo ayudará en gran medida a la recuperación de estos pacientes, ya que les permitirá ser conscientes de su propio sentir y del procesamiento inadecuado de la información, puesto que lo que desencadena toda la angustia que experimentan están basados en supuestos, en situaciones irreales que lo construyen y reconstruyen únicamente al interior de su cabeza.