Fetiche. Sadismo. Masoquismo f Re-hallazgo de objeto. Objeto parcial. Objeto total
• Los diques psíquicos: asco, vergüenza y moral
Tenemos que situarnos en “Tres ensayos de teoría sexual”. En el marco del primer ensayo, Freud hablará de la meta. La trabaja en relación a la cuestión del amor y también en relación al fetiche. Freud se refiere al amor como una desviación, como una meta desviada. Y está también la referencia al fetiche y la fetichización.
Allí Freud dice: “Los casos en que se exige al objeto sexual una condición fetichista para que pueda alcanzarse la meta sexual (determinado color de cabellos, ciertas ropas, aun defectos físicos) constituyen la transición hacia los casos de fetichismo en que se renuncia a una meta sexual normal...” (p. 139).
En este párrafo están las dos cosas. Una cosa es tomar el color de los cabellos, la ropa, e incluso un defecto como un medio para alcanzar un encuentro con el otro, como una transición; y otra cosa es que el partenaire sea el cabello o una ropa, que eso mismo sea el objeto. Son cosas distintas. Es en relación a estos desvíos de las metas que aparece, en la página 142, la pulsión de ver como placer de ver. Aparece la diferencia entre el placer de ver, como camino hacia el encuentro sexual, y otro placer. Porque otra cosa es que el interés sexual quede confinado exclusivamente al placer de ver siempre lo mismo y de la misma manera. Porque lo que tienen estas cuestiones como desvío es la fijeza. Es el placer de ver de la misma manera, como condición única y absoluta. La satisfacción se juega solo en el placer de ver y siempre del mismo modo. Entonces, hay una diferencia entre el placer de ver como preliminar y
el placer de ver como meta final. Cuando Freud se refiera al sadismo y al masoquismo, como todavía no tiene despejados ciertos términos, estos le parecerán complementarios. En verdad, sadismo y masoquismo no son complementarios. Podemos encontrar sadismo y masoquismo como perversión, pero también encontramos “sadismo” y “masoquismo”, ya no como perversión sino como práctica sexual en la sintomatología neurótica. Y efectivamente no tiene nada que ver una cosa con la otra. Los neuróticos, para construir sus fantasías, toman elementos de las escenas perversas, porque las fantasías están tomadas, están hechas con escenas del campo de la perversión. Por eso se dice que una es el negativo de la otra, pero hay sin embargo una gran distancia entre una y otra.
Decía que sadismo y masoquismo no son complementarios. El partenaire del sádico no es un masoquista, y el partenaire del maso- quista no es un sádico. Si un sádico se encuentra con un masoquista no le produce nada, porque si el sádico quiere herirlo y al masoquista le encanta ¿dónde está la satisfacción? Tiene que ser un partenaire que se angustie para que él logre alguna satisfacción. Si el masoquista, que quiere que le hagan doler, que le hieran, se encuentra con un sádico que disfruta con lo mismo, tampoco obtiene satisfacción. Tiene que ser alguien que se angustie con eso. Entonces, el partenaire de un sádico o de un masoquista siempre tiene que ser un neurótico que se angustie. Tanto el sádico como el masoquista gozan con la angustia del partenaire. Masoquismo es tanto el nombre de una perversión como el de una modaUdad de la práctica sexual. Los varones creen que la satisfacción sexual de las mujeres es masoquista. Esta es una fantasía masculina. Los varones, como parte de su torpeza estructural, piensan que las mujeres se satisfacen de un modo masoquista y tienen sorpresas en la vida porque esto no es siempre así. Las mujeres, por su parte, tienen una fantasía correspondiente a esa. Para ellas no se trata de que los hombres se satisfagan haciendo doler o de manera masoquista, sino que la fantasía se manifiesta en que las mujeres creen en Don Juan. Es más, creen que existe el Don Juan y que es aquel que se puede acostar con veinte mujeres en el mismo día sin ser nunca afectado por el amor. Creen que existe ese personaje, es un nombre del príncipe azul. Las mujeres creen que los varones pueden tener encuentros múltiples sin estar jamás afectados por el amor, o sea que pueden entrar y salir de la cama sin ninguna herida. Pues eso no existe. Algunos hacen la impostura, “como si”> pero es una impostura.
¿Qué dice Freud? Que en determinado momento de la vida de la sexualidad infantil se produce lo que llama la creación de los diques mo-
raley. el asco, la vergüenza, la moral misma. ¿Por qué razón los adultos no tienen ese despliegue de la sexualidad infantil abiertamente? Porque funcionan los diques del asco, de la vergüenza y de la moral. Estos diques van a tener mucho que ver con un período llamado por Freud de latencia, que antes llamamos de amnesia psíquica. Porque la cues^ tión de “en dos tiempos” Freud la sigue manteniendo.
Tenemos la sexualidad infantil que Freud Uama perversa polimorfa. Luego la amnesia psíquica (el período de latencia) y luego, en la pubertad, un resurgimiento de los intereses sexuales. O sea que la sexualidad también es en dos tiempos. Este concepto es muy importante para cuando Freud trabaje el hallazgo del objeto. Dirá que en verdad es un re-hallazgo porque en la medida en que, luego de la latencia, en la pubertad, hay un resurgimiento de los intereses sexuales, lo que será elegido como objeto tendrá que ver con el objeto fijado en la sexualidad infantil. Lo voy a desarrollar cuando trabaje el hallazgo del objeto con “Introducción del narcisismo”.
Cuando hablo de objeto me refiero a dos cosas. Una es un objeto parcial. Por ejemplo como aparece en lo que vamos a trabajar en “La perturbación psicògena de la visión según el psicoanálisis", la mirada o el objeto anal, etcétera. Eso es un objeto parcial. Y otra, es el objeto total, una persona. ¿Quién va a ser? Por ejemplo el padre, un objeto amoroso, edipico, incestuoso, prohibido, etcétera. Pero además, tenemos como ejemplo a nivel de la mirada un objeto parcial que se fija en la infancia. Porque así como no hay un objeto predeterminado, instintivo, en el período de la sexualidad infantil se fija un objeto parcial. A partir de cierto encuentro totalmente contingente, azaroso, se fija un objeto parcial. Es un encuentro que vale como acontecimiento. Un objeto parcial se fija pero, a su vez, en la trama de la sexualidad infantil, toman relieve los objetos totales, fundamentalmente la pareja paren tal, el padre y la madre como persona total. Un objeto total prohibido, incestuoso. Entonces, está el objeto parcial fijado -concepto fiandamental en Freud-. No hay ningún objeto predeterminado. Hay un hueco, un agujero, y ahí donde se produce un encuentro, ese objeto se fija, se suelda, como decíamos antes. Y a la vez, tenemos el objeto total edipico, inconsciente, prohibido. Tomamos acá la persona de los padres. El sujeto, luego de la pubertad, luego del período de latencia (de amnesia psíquica), estará orientado en su búsqueda amorosa a hallar -re-hallarlo constituido en la infancia. Entonces, el referente inconsciente de su orientación amorosa será la persona de los padres. Pero, a la vez, el encuentro, la búsqueda estará comandada por el objeto parcial. Enton-
C CS, en el objeto de amor estarán articulados los dos objetos: el
parcial (de la pulsión parcial) y el objeto total. Puede ser la persona del padre y la mirada de la madre. La persona del padre como objeto incestuoso, cdípico, reprimido, etcétera, y puede ser la mirada de la madre como objeto parcial. La orientación amorosa será respecto al encuentro con esa mirada de la madre y, si la chica es heterosexual, la buscará en varones que a su vez porten marcas, rasgos de la persona del padre pero con la mirada de la madre.
Los diques morales, la vergüenza, el asco, la moral, aparecen marcando el punto de amnesia o de latencia que tuvo la sexualidad infantil. Luego, en la pubertad, se produce el resurgimiento de los intereses sexuales, pero como siguen operando estos diques, los padres o sus sustitutos serán el referente inconsciente de las elecciones de objeto amoroso. Estos diques reprimen y mantienen reprimido el deseo inconsciente.
Continúa Freud con la pulsión sexual de los neuróticos: “Debo anticipar, repitiendo lo que he dicho en otras publicaciones, que estas psiconeurosis, hasta donde llegan mis experiencias, descansan en fuerzas pulsionales de carácter sexual” (p. 148). En la página siguiente lo encuentran más desplegado. Conviene remitirse al otro texto, “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”, cuando Freud se refiere a la pulsión sexual de los neuróticos y a cómo los síntomas son la práctica sexual de los neuróticos. Hace un desarrollo de las teorías que tenía previamente, las que nombramos como vivencia sexual, etcétera. Freud retendrá los conceptos de sexualidad e infantilismo. Los síntomas neuróticos tienen que ver directamente con la sexualidad infantil e introduce cl tema de la fantasía. Siempre nos satisfacemos sintomáticamente. Entre la pulsión como fiierza constante que busca satisfacerse y el síntoma que es un modo de satisfacción desfigurado (por la represión) está la fantasía. Freud advierte que los relatos de sus pacientes no eran acontecimientos sucedidos sino fantaseados, que estaba el deseo en juego. Entre la fuerza constante —que llamamos pulsión- y el síntoma como resultado, como un modo de satisfacción desfigurado por la represión, entre uno y otro está la fantasía. Los relatos eran fantasías y son estas fantasías inconscientes las que se presentan realizándose en cl síntoma. En el mismo texto, Freud habla de algo muy importante: de la sexualidad perversa polimorfa, de qué sería lo normal, qué sería la perversión y qué sería la neurosis. Y allí explica por qué los síntomas son la práctica sexual de los enfermos:
(...) Mediante la referencia a los caracteres infantiles de la sexualidad pude establecer un enlace simple entre salud, perversión y neurosis. La norma resultó ser el fruto de la represión de ciertas pulsiones parciales fíjense que lo llamado normal o normalidad se asienta en la represión de las pulsiones parciales y ciertos componentes de las disposiciones -constitucionales infantiles, y de la subordinación de los restantes bajo el primado de las zonas genitales y al servicio de la función de la reproducción (...) (p. 269),
O sea que lo que se llamaría “normalidad” es que todas las pulsiones parciales se ordenen hacia el encuentro genital y con el fin de la reproducción. Por ejemplo, que el placer de ver, como ejercicio de la pulsión parcial, sea un momento para alcanzar el encuentro genital al servicio de la reproducción, esto sería lo normal. Freud continúa; “(...) las perversiones correspondían a perturbaciones de esta síntesis -o sea que no hay esa síntesis genital al servicio de la reproducción- por obra del desarrollo hiperpotente, como compulsivo, de algunas de estas pulsiones parciales (...) (p. 269).
La perversión hablaría de una perturbación de esa síntesis como desarrollo hiperpotente: por ejemplo, que el encuentro sexual fiiera única y exclusivamente el placer de ver y nada más. Eso sería el desarrollo hiperpotente y compulsivo. ¿Qué sería la neurosis?; “(...) en cuanto a la neurosis, la reconduje a una represión excesiva de aspiraciones libidinosas” (p. 269).
Por lo tanto, si la normalidad es que las pulsiones parciales se sub- suman en una síntesis para el encuentro genital que tiene por finalidad la reproducción, la perversión estaría en que alguna de las pulsiones parciales se independice y se transforme en único, absoluto y exclusivo fin, por ejemplo el placer de ver; y que lo único que le interese al sujeto sea el placer de ver y nada más, y siempre del mismo modo. La neurosis sería una represión excesiva de las aspiraciones libidinosas. Es decir, que habría un exceso en la represión. El problema no estaría tanto en la represión sino en lo que llama exceso en la represión, justamente porque esa síntesis de las pulsiones fracasa.
De “Tres ensayos de teoría sexual” hicimos una pequeña incur- sión a “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis ” para ubicar la cuestión, tanto de la fantasía como de la vida sexual de los neuróticos. Veamos ahora lo que dice Freud a Fliess en la “Carta 69”;
Si yo estuviera desazonado, confuso, desfalleciente, dudas así podrían interpretarse como fenómenos de cansancio. Pero como mi estado es el
opuesto, tengo que admitirlas como el resultado de un trabajo intelectual honesto y vigoroso, y enorgullecerme por ser capaz de una crítica así luego de semejante profund ización, ¿Y si estas dudas no fuesen sino un episodio en el progreso fiacia un conocimiento ulterior? (...)■ ( -■) ante ti y ante mí mismo tengo, en verdad, más el sentimiento de un triunfo que el de una derrota (p. 302).
¿Por qué? Porque al descubrir el carácter fantasioso de esos relatos da un paso inconmensurable en su construcción doctrinaria y en la elaboración de la dirección de la cura.
Entonces, entre la pulsión, como fuerza constante que busca satisfacerse, y el síntoma, está la fantasía inconsciente. No es que hubiera acontecido el encuentro con el padre perverso, sino que eso era un deseo. Es la pulsión que busca satisfacerse y un deseo inconsciente que busca realizarse. La fantasía es una soldadura, un anudamiento, una articulación de la pulsión y el deseo inconsciente que busca realizarse. También establece que nos constituimos como sujetos a partir del deseo de nuestros padres o sustitutos. Por eso la fantasía es una trama, un guión. Veremos que todos los guiones con los que podamos fantasear no son más que variaciones, actualizaciones, cambios de escenografía y de vestimenta de un único guión. Cada uno de nosotros solo posee un único guión y todas las fantasías que se puedan tener son sus variaciones. Como cuando se expone una obra de Shakespeare y se la hace representar -como ocurrió en la ciudad de Buenos Aires en 2006- con otra ropa, otra escenografía, otro vestuario, utilización de palabras en lunfardo, etcétera; pero el guión de base es Shakespeare. Cada uno de nosotros, en la multiplicidad de fantasías que podamos tener, tiene un solo guión. Es un guión simple, pobre, escaso, mal escrito, de tres o cuatro palabras nada más. Y todo está ahí, en ese único guión está todo y tan reducido. Ese guión articula pulsión y deseo.
Es en esta línea que Freud, en “Tres ensayos de teoría sexual”, produce lo fundamental respecto a la sexualidad humana: la importancia de la sexualidad infantil en la constitución del sujeto. Nos cuenta cómo es que se tiene un cuerpo, nos habla de las fuentes de la pulsión, de las zonas erógenas, de la meta de la pulsión —que es satisfacerse—, y nos dice tempranamente lo que entiende en ese momento por pulsión. Dice en “Tres ensayos de teoría sexual”, en el punto que se llama “Pulsiones parciales y zonas erógenas":
Por “pulsión" podemos entender al comienzo nada más que la agencia representante (Repräsentanz) psíquica de una fuente de estímulos intrasomática en
continuo fluir; ello a diferencia del "estimulo”, que es producido por excitaciones singulares provenientes de fuera. Así, “pulsión” es uno de los conceptos del deslinde de lo anímico respecto de lo corporal (p. 153).
Las excitaciones provenientes del exterior no son constates, son golpes. La pulsión, en cambio, es una fuerza constante, no duerme jamás. Esto lo retoma en el inicio del texto “Pulsiones y destinos de pulsión”. La pulsión es un concepto límite, dice Freud, entre lo corporal y lo anímico. Habría que situar un deslinde, un punto límite entre el organismo y el cuerpo, tal como lo he formulado. Quiero que quede claro lo que Freud dice: es un concepto límite entre lo corporal y lo anímico. En función de lo que les explicaba al inicio, es un concepto límite entre lo orgánico y lo corporal. El cuerpo es un producto, es un efecto; la pulsión también. No nacemos con pulsiones, no es un dato de origen del organismo. Freud aún se apoya en su primer modelo pulsional. Habla de pulsiones del yo o autoconservación y pulsiones sexuales. Estas pulsiones del yo o autoconservación aparecen como si estuvieran referidas a un saber del organismo. Está la pulsión de comer, por ejemplo, que está en relación al alimento y a la conservación; y están los ojos -y ahí el texto que Ies recomendé de “La perturbación psicògena de la visión segtm el psicoanálisis”—, en la medida en que me sirven para ver y moverme en el mundo. Pero no son las únicas pulsiones, están también las pulsiones sexuales. Un sujeto se puede quedar psíquicamente ciego porque además de que los ojos estén para orientarse en cl mundo, también son los que le permiten ver al objeto amoroso, al objeto erótico. Entonces, como puede haber una satisfacción en la mirada, la ceguera psíquica como conversión puede ser el resultado de un deseo ligado al placer de ver. Los ojos quedan respondiendo, como dice Freud, a dos amos: el amo pulsión del yo o autoconservación (que permite que se abran los ojos para moverse en el mundo y no llevarse por delante una columna); pero también obedece al amo de las pulsiones sexuales, lo que quiere decir que con la mirada se puede ver al objeto amoroso y, en ese punto, en la medida en que el objeto amoroso implica un plus de placer, se puede producir un efecto de conversión y quedar ciego por un momento y dejar de ver en una ceguera psíquica. En verdad, más allá de las necesidades, las pulsiones del yo se refieren a la unidad narcisista del cuerpo. La pulsión es una fuerza constante que nace de una fuente que puede ser, en principio, cualquier orificio del cuerpo. Y un dato crucial es
que no se satisface en un objeto sino gracias a un objeto. Por ejemplo, hasta hace pocos años yo fumaba. Lamento no poder seguir haciéndolo porque me encantaba. Es una zona erògena, la boca, los labios, es un borde pulsional. El cigarrillo era el objeto, pero ¿me satisfacía en el objeto? No, Dice Freud que la satisfacción es cancelar por un momento el estímulo en la fuente. Entonces, la pulsión surge del borde pulsional. Tenemos por caso la boca, los labios rodean el objeto cigarrillo, ese objeto está como soporte del circuito y la satisfacción se produce en el mismo lugar de la fuente. La fuente son los labios como borde pulsional y la satisfacción se realiza en la fuente. El objeto es soporte para ese circuito. El cigarrillo como objeto es solo una ilustración, ya que el objeto parcial lo es por fijación en la edad temprana y son los