•• ¿ Qué f.( el cuerpo? t: Pulsiones parciales y zonas erógenas has histéricas engañan J.a fantasía y la realidad psíquica
Vamos a articular temas fundamentales que tienen que ver con un movimiento que es preciso realizar. Hemos trabajado todo lo que tiene que ver con la primera época; “Manuscrito K”, “Las neuropsicosis de defensa”, etcétera. Asimismo, vimos el inconsciente dinámico, el cual vamos a retomar, fundamentalmente, con la “La interpretación de los sueños”, “Psicopatología de la vida cotidiana” y “El chiste y su relación con lo inconsciente”. El marco que vamos a tomar ahora tiene que ver con el lugar de la fantasía, con su estatuto. Trabajaremos fantasía, represión y síntomas. Podríamos titularlo: “Ahí donde el pensamiento falla, el cuerpo se satisface”, según dice Jacques- Alain Miller.
Para decirlo globalmente, el pensamiento falla en la cuestión del equívoco, de los lapsus, los fallidos, los chistes. Ahora bien, el cuerpo se satisface. ¿Qué es el cuerpo? ¿Cuál cuerpo? Hasta ahora, hemos trabajado todo lo que sucede con relación a las representaciones psíquicas. Hicimos un esbozo de qué es el cuerpo cuando trabajamos esa facilitación somática de la que habla Freud respecto a la conversión histérica. ¿Qué cuerpo es ese? No es el cuerpo en tanto organismo, es otro cuerpo. Aquí es donde empieza en Freud decididamente este problema. Ya no se trata de lo que sucede solo a nivel de los representantes psíquicos. Y hemos dicho también que el inconsciente mismo es un efecto, un resultado de la operación de la defensa. Pero no se trata solo de esto. Se produce el inconsciente a partir de la operación de la defensa, pero además de producirse el inconsciente, se produce otra cosa, se produce un cuerpo. Ustedes pueden creer que el cuerpo que tienen es un dato natural. Hoy me voy a dedicar a decepcionarlos. No
tienen el cuerpo como dato natural, no han nacido con un cuerpo, han nacido con un organismo. El cuerpo puede advenir como cuerpo o no. Podrían tener el organismo y no tener el cuerpo que tienen. Tener un cuerpo es -por el momento- un efecto de la operación de la defensa y de las vicisitudes de la sexualidad infantil. Podrían no tener el cuerpo que tienen. ¡Sabio es el mercado neoliberal de la actualidad! ¡Sabio para vender!, porque oferta: “Venga con el cuerpo que tiene y llévese el cuerpo que desea”.
¿Qué nos dice la histeria en su facilitación somática? Que el cuerpo es el resultado de unas palabras. Recuerdan que Freud dice que la histeria desconoce el saber neurològico. La histérica recorta el cuerpo de acuerdo a las palabras vulgares, a las palabras comunes que hablamos. La parálisis de un brazo es la parálisis de lo que se entiende vulgarmente como brazo, no lo que un médico entendería como brazo, donde se incluyen los músculos, los tendones, las fibras nerviosas, etcétera. La histérica nos muestra que el cuerpo es un resultado de las palabras. Las palabras toman el cuerpo, es más, hacen existir al cuerpo y hacen que se pueda tener o no un cuerpo. Además, como también hemos visto en la conversión histérica, es un cuerpo que se satisface. Puede satisfacerse a veces dolorosamente, pero es un modo de satisfac- ción. Recuerden la fórmula más sencilla: se separa el representante del monto de afecto y el monto de afecto toma el cuerpo. Hay una tramitación corporal de esa fuente constante. En este punto encontramos entonces que son las palabras las que crean el cuerpo; son las palabras las que constituyen las llamadas zonas erógenas.
¿Ustedes creen que es un resultado del organismo el que puedan tener sensaciones de excitación sexual en una u otra parte de cuerpo? No lo es. Lo muestran claramente los psicóticos o la anestesia histérica. Donde todo haría suponer que solo en tal zona del cuerpo o en sus genitales podría tener excitación sexual, la anestesia histérica revela que los modos de satisfacción, en relación con el cuerpo, no tienen nada que ver con el organismo. Las palabras hacen existir al cuerpo, hacen existir las llamadas zonas erógenas.
En “Tres ensayos de una teoría sexual”, Freud habla de algo fundamental: la relación entre las pulsiones parciales y las zonas erógenas. Las zonas erógenas pueden ser cualquier parte del cuerpo. Fundamentalmente, cualquier parte de la superficie del cuerpo puede venir al lugar de zona erògena. Ya veremos la cuestión de la hipocondría y de los órganos internos. Por eso veíamos que las conversiones histéricas no eran por ejemplo solo en la zona genital, sino que tenía valor de zona
erogena una pierna, un brazo, una mano, los ojos; cualquier parte de la superfìcie del cuerpo puede advenir corno zona erògena. La histeria de conversión es el paradigma para enseñarnos esto. Cualquier parte del cuerpo puede ser una zona erògena; es por eso que alguien puede ser acariciado en el pie y alcanzar una gran excitación sexual, porque esa zona vale como zona erògena. Así como no hay un objeto predeterminado, tampoco las zonas erógenas son solamente las zonas genitales. Dice Freud en “Tres ensayos de teoría sexual":
Otra hipótesis provisional en la doctrina de las pulsiones, que no podemos omitir aquí, reza lo siguiente: los órganos del cuerpo brindan excitaciones de dos clases, basadas en diferencias de naturaleza química. A una de estas clases de excitación la designamos como la específicamente sexual, y al órgano afectado, como la "zona erògena” de la pulsión parcial sexual que arranca de él (p. 153).
Entonces, cualquier parte del cuerpo puede advenir como zona erògena. Más adelante, en la página 155, Freud lo retomará. Se puede alcanzar la satisfacción sexual escuchando una voz, incluso sin ningún contacto físico directo. Tenemos las famosas prácticas en la actualidad, con los teléfonos, la gente que llama y dice o le dicen cosas y obtienen satisfacción con las palabras al escuchar una voz o con una mirada. Esto da cuenta de la distancia que hay entre el organismo y el cuerpo. Incluso, algo que no es tan divertido; alguien puede perder un miembro, un brazo o una pierna por un accidente o en una guerra -los que trabajan con esos pacientes lo llaman “òrgano o miembro fantasma”- y tener durante mucho tiempo la sensación de tener ese brazo o esa pier- na que perdió o le fue amputada. Porque hay una relación no directa entre cl organismo y el cuerpo. No es que el organismo no exista, el organismo existe y tiene su sistema.
Por eso es fundamental saber hacer un diagnóstico diferencial, porque se producen errores en ambas vías. Errores de tratamientos medicamentosos: a alguien por tal o cual dolor se lo medica y ese dolor tiene causa psíquica; es decir, que a esa persona se la ha estado maltratando durante años con todo tipo de tratamientos y medicinas. O exactamente al revés, tratar a alguien como si su dolor fuese psíquico y en un chequeo clínico se advierte luego que tiene un problema orgánico severo.
En este momento Freud introduce un concepto fundamental del que ya disponía y al que había llamado fuerza constante, fuente independiente de desprendimiento de displacer, etcétera. Ahora lo va a llamar pulsión. Anticipé que es un concepto fundamental. Aquí es donde
se encuentra con uno de los mayores obstáculos que amenazaba tirar abajo absolutamente todo lo que había construido. Freud se encuentra en un estado de desorientación, de decepción. Había construido los esbozos de su psicopatología refiriéndola al llamado acontecimiento traumático: experiencia sexual prematura traumática. Los neuróticos habían sido seducidos o abusados sexualmente de niños siempre por un señor mayor, un sustituto paterno. Y Freud se encuentra con que esto no era cierto, con que en la mayoría de los casos esto no había acontecido. Había construido todo a partir de allí, eran sus cimientos, y de pronto se encuentra con algo que podemos mantener hasta la actualidad ya que es un universal: sus pacientes, sus histéricas lo engañaban. Esto continúa en la actualidad, siempre las histéricas engañan. Este engaño es estructural. No significa lo que entendemos vulgar- mente por mentira. Por eso es importante saber dejarse engañar un poco, hacerse el engañado. Es necesario el despliegue del deseo, jugar algo de ese engaño. Lo engañaban, no era cierto ni había acontecido ninguna escena de ese orden.
Quiero hacer una aclaración importante: esto no elimina la noción de acontecimiento. Que una palabra afecte el cuerpo y deje una marca, que haga existir en el cuerpo un modo particular de satisfacción; que una palabra afecte de tal modo al cuerpo cuando se está constituyendo el sujeto, eso es un acontecimiento. Podemos decir en este punto que un psicoanálisis es el trabajo sobre los acontecimientos de una palabra afectando al cuerpo. El trabajo de un análisis es un trabajo sobre los acontecimientos, donde una palabra proferida ha afectado de un modo u otro nuestro cuerpo. Porque no crean que no están sugestionados. Estamos sugestionados por las palabras de aquellos que llamamos padres. Estamos tan sugestionados que creemos que cuando hablamos somos nosotros los que hablamos y no que somos hablados. El psicótico lo sabe, por eso dice: “las voces me dicen tal cosa”. Estamos hasta tal punto sugestionados que creemos que hablamos nosotros cuando hablamos, y es más, fíjense hasta qué punto estamos sugestionados que además creemos que sabemos lo que decimos y por qué lo decimos. Estamos tan sugestionados que hasta creemos que pensamos. Hasta ese punto es el estado de sugestión. ¡Creemos que pensamos! Es una posición radical en ese punto, pero muy importante. El obsesivo, como ejemplo es paradigmático: se satisface pensando. Es necesario ubicar aquello que viene al lugar de la vivencia sexual prematura traumática. La causa estaba ahí. Los síntomas eran efecto de la defensa respecto al recuerdo de esa vivencia sexual prematura traumática; vivencias
acontecidas en la realidad. Y esto a partir del relato que le hacían los pacientes. Freud en un primer momento cree esto.
Esta idea caerá en el año 1897, cuando en la ‘Carta 69” que escribe a Fliess, Freud dice: “(•..) ya no creo más en mi neurótica' (p. 301). No tenía que ver con la realidad cl que todas fueran seducidas y abusadas por algún señor mayor, sustituto paterno. Si esto íuera así, todos serían perversos y no neuróticos. Freud comienza a dudar de la veracidad de estos relatos. Hay un punto importante en la carta 69 donde dice que si esos relatos fueran ciertos, habría que atribuirles a todos los padres, incluso al propio, una inclinación perversa hacia los hijos. Lo dice así: “Después, la sorpresa de que en todos los casos el padre hubiera de ser inculpado como perverso, sin excluir a mi propio padre (...)” (p. 301).
¿Siempre había un padre perverso que había abusado o seducido a la niña? Freud empieza a descubrir lo que sería su implicación, su responsabilidad en lo que le atribuía al padre. Porque la versión “tengo un padre perverso”, es la versión de la víctima. Se es víctima y no se tiene ninguna responsabilidad por lo que se produce. Se está gobernado por estas determinaciones de la historia y se está sugestionado por esas palabras perversas de ese otro perverso, y de ese modo no se tiene ninguna responsabilidad. Esto puede llevar a veces hasta la canallada, producir lo que sea sin miramiento con el argumento de ser el resultado de la poli determinación de los síntomas, de la multiplicidad, de un padre perverso, etcétera. Si eso fuese así, continúa Freud: “La perversión tendría que ser inconmensurablemente más frecuente que la histeria, pues la enfermedad solo sobreviene cuando los sucesos se han acumulado y se suma un factor que debilita a la defensa” (p. 301).
Entonces, si esto no aconteció, ya no se trata de buscar el suceso traumático, porque no lo hubo. Aquí es donde introduce Freud un concepto fundamental junto con el de pulsión: la fantasía. Entre la fuerza constante de la pulsión que busca satisfacerse, y el síntoma, se halla la fantasía, como dice Freud en el texto “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”. La referencia de Freud a su propio padre no es un detalle menor, porque si creía que todas las histéricas habían sido seducidas o violadas por el padre, el lugar del padre sería el de un personaje incestuoso que acosaba, violaba, seducía, y eso incluía a su propio padre. Es una posición respecto al propio padre. Entonces, no solo deja de creerle a las histéricas de que esto fuera algo acontecido, sino que además nombra un cambio de posición respecto a su propio padre. Podemos decir que Freud da cuenta de haber atravesado algo del propio complejo paterno.
Para poder producir su obra, Freud debió atravesar sus propios complejos, ya que no se trata de disquisiciones sobre física, química o geología. Para poder formular lo que formuló y atravesar los obstáculos, tuvo que atravesar subjetivamente muchas cuestiones y continuas desilusiones. En verdad, no se puede distinguir en el inconsciente la verdad de la ficción investida con afecto. Entonces, en la “Carta 69” continúa: “(...) Según esto, quedaría una solución: la fantasía sexual se adueña casi siempre del tema de los padres” (p. 302).
Estos hechos no habían acontecido, las histéricas le mentían, pero ¿por qué todas lo cuentan? Es mentira que todas fiaeron seducidas por el padre en la realidad, pero ¿qué verdad hay en el hecho de que todas cuenten eso? ¿Por qué todas mienten de la misma manera y con el mismo argumento? ¿Qué verdad hay ahí? Ya no como verdad material acontecida sino como verdad en términos de realidad psíquica. ¿Qué verdad hay en el hecho de que todas se presenten habiendo sido precozmente abusadas, \doladas, seducidas, etcétera? Hay allí un núcleo de verdad y es allí donde se presentará la modificación central.
¿A qué lugar viene esta fantasía? En principio, Freud dirá que esa fantasía vela, encubre la práctica sexual autoerótica. O sea que el relato de haber sido seducida por el padre -teoría de la vivencia sexual prematura traumática- encubría la práctica sexual masturbatoria, autoerótica; y a la vez, la fantasía no hablaba de algo acontecido pero sí de algo deseado. La fantasía tiene un doble valor, encubre una práctica sexual masturbatoria y a su vez revela un deseo. ¿Por qué Emma regresó a lo del pastelero por segunda vez? Esta pregunta encuentra ahora su respuesta.
Entonces, Freud dice que, efectivamente, esto en algunos casos es cierto, porque violaciones existen. Existen como acontecimiento, pero él se interroga por el universal. Entonces ¿cuál es el núcleo de verdad que hay ahí? El núcleo de verdad es que esta fantasía es un deseo: desean haber sido seducidas o violadas, y es una fantasía que vela, encubre y está anudada a una práctica masturbatoria. Estas fantasías -dice Freud- son extraídas en general del contenido de prácticas de escenas perversas y su contenido tiene que ver con dos significaciones preva- lentes. En un texto inicial, una carta de 1897, ya aparece como una satisfacción pulsional autoerótica -la masturbación- y queda ligada a una fantasía. A nivel de la fantasía, se despliega el deseo inconsciente, y a nivel de la práctica masturbatoria, se realiza una satisfacción pulsional. Entonces, se articulan ambas cosas: una satisfacción pulsional -autoerótica, masturbatoria— unida a una realización de deseo inconsciente; están unidas como una soldadura.
Cae la vivencia sexual prematura traumática, pero hay algo que viene al mismo lugar lógico: la pulsión como sexualidad infantil y la fantasía vienen a ocupar el mismo lugar lógico que ocupaba la vivencia sexual prematura traumática. Esto quiere decir que la defensa represiva no operará con relación a la vivencia sexual prematura traumática, sino que la represión va a ser en relación a la sexualidad infantil y a la fanta sía. Ocupan el mismo lugar lógico.
Por eso Freud dice que hay una fantasía sexual que se adueña casi siempre del tema de los padres, y por eso concluye esa carta diciendo que este descubrimiento no es una derrota sino un triunfo, porque avanza hacia la comprensión del aparato psíquico. De este modo se funda el concepto de realidad psíquica. El “he sido seducida o violada por mi padre” no es algo acontecido sino que ahí está hablando de realidad psíquica. Y esto tiene un valor crucial.
Por esa razón tiene que producir “Tres ensayos de teoría sexual”, para dar cuenta de la sexualidad infantil, y romper al mismo tiempo con la idea de que sexualidad y genitalidad son sinónimos. Cuando Freud habla del chupeteo infantil como práctica sexual, se despega de la genitalidad. El chupeteo como satisfacción oral se pondrá en juego en la vida del sujeto y en el lazo con el otro, aunque no sin complicaciones y perturbaciones. De este modo, al lugar lógico que tenía la vivencia sexual, viene ahora la pulsión y la fantasía, y aparece toda la problemática de la sexualidad infantil que Freud trabaja en este texto. Por ejemplo, en la página 266, ubica que la pulsión no tiene nada que ver con el instinto. La pulsión tiene que ver con las zonas erógenas, con los bordes pulsionales. Por eso aparece en principio ligada con lo oral y con lo anal.
Y hay que agregar lo fálico. En “Tres ensayos de teoría sexual”, Freud ubicará la relación de la pulsión con el objeto como una soldadura, o sea que no es algo dado. Recuerden que dijimos que para el ser humano el objeto partenaire puede ser cualquier cosa. Dice Freud:
(...) La experiencia recogida con los casos considerados anormales nos enseña que entre pulsión sexual y objeto sexual no hay sino una soldadura, que corríamos el riesgo de no ver a causa de la regular correspondencia del cuadro normal, donde la pulsión parece traer consigo al objeto. Ello nos prescribe que debemos aflojar, en nuestra concepción, los lazos entre pulsión y objeto. Probablemente, la pulsión sexual es al comienzo independiente de su objeto, y tampoco debe su génesis a los encantos de este (p. 134).
Por un lado, nos enseña que esto no es solo para los casos con- siderados normales, sino que los casos considerados anormales nos enseñan sobre un universal, sobre un “para todos”. Y por otro, efectiva
mente, nos enseña que no hay -como sí hay en el instinto— un objeto predeterminado. Asimismo, la satisfacción no es con el objeto sino que es gracias al objeto. El objeto es un objeto sostén para el circuito de la pulsión, ya que la pulsión se satisface en la propia fuente. Recuerden el ejemplo del cigarrillo, la bebida, el beso mismo, en el que los objetos -cigarrillo, alcohol, etcétera- son objetos sostén