Delgado - Osvaldo L - Lecturas Freudianas 1

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Lecturas

freudianas

1

Osvaldo L. Delgado.

Biblioteca Tiflolibros

Asociación Civil Tiflonexos

Adolfo Alsina 2604 – Ciudad de Buenos Aires – Argentina

Telefax: +54-11 4951-1039

E-mail: Tiflolibros@tiflolibros.com.ar

http://www.tiflolibros.com.ar

Este libro es para uso exclusivo de personas ciegas, con baja

visión o con otra discapacidad que no permita la lectura

impresa.

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Colección: Lectura Mundi Director; Mario Greco

Serie: Tyché

Directora; Damasia Amadeo de Freda

Delgado, Osvaldo L.

Lecturas freudianas 1

edición - San Martín; Universidad Nacional de Gral.

San Martín.

UNSAM EDITA;

Fundación

CIPAC,

2012.

184 pp.; 15 X 21 cm. (Lectura Mundi. Tyché / Mario

Greco)

ISBN 978-987-1435'54-8

Psiconálisis. I. Título

CDD

150.195

P edición, agosto de 2012 © 2012 Osvaldo L.

Delgado

© 2012

UNSAM EDITA

de Universidad Nacional de

General San Martín © 2012 Pasaje 865

UNSAM EDITA

Campus Miguelete. Edificio Tornavía

Martín de Irigoyen 3100, San Martín (B1650HMK),

Prov. de Buenos Aires

unsamedita@unsam.edu.ar

wvw.unsamedita.unsanri.edu.ar

PASAJE 865 de la Fundación Centro Internacional

para el Pensamiento y el Arte Contemporáneo

(CIPAC)

(54 11)4300 0531 Humberto Primo 865

(CABA)

pasaje865(® gmail.com

www.pasaje865.com

Diseño de interior y tapa:

Angel Vega Edición

digital: María Laura Alori

Corrección: Adriana

Monzani

Ilustración de tapa: Hugo Francisco Freda. SOO

líneas azules y negras (fragmento), 2012

Queda hecho el depósito que dispone la Ley 11.723

Editado e impreso en la Argentina

Prohibida la reproducción total o parcial, incluyendo

fotocopia, sin la autorización expresa de sus editores.

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Lecturas

freudianas

1

O

SVALDO

L.

D

ELGADO

UNSAM E D I T A

PASAJE 865/

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(7)

Le

agradezco

a

Damasia Amadeo de

Freda el impulso y la

excelente labor para

que este volumen y el

próximo sean posibles.

Le agradezco a Silvia

Bermúdez y al equipo

que conformó —

Sandra Rese, Yamila

Meli, Greta Strechery

Verónica Llull Casado

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Nota al lector

Este libro es el primer volumen del curso que el

doctor Osvaldo L. Delgado dictó en la cátedra

“Psicoanálisis: Freud I” de la Facultad de

Psicología de la Universidad de Buenos Aires en

(10)
(11)

Prólogo por Mónica Torres 13

Instante de ver, tiempo de comprender,

momento de concluir

Parte I 2 7

PRIMEROS DESARROLLOS FREUDIANOS

Clase 1 19

La operación de la defensa I

Clase 2 27

La operación de la defensa II

Clase 3 37

La operación de la defensa

III

Clase 4 47

La operación de la defensa

IV

Clase 5 5J

La operación de la defensa

V

Parte 2 <55 FANTASÍA Y PULSIÓN

Clase 1 <57

Ahí donde el pensamiento falla, el cuerpo

se satisface I

Clase 2 75

Ahí donde el pensamiento falla, el cuerpo

se satisface II

Clase 3 87

Un modo de hacer con el deseo I

Clase 4 93

Un modo de hacer con el deseo II

(12)

Clase 2 117

Deseo; resto de experiencia de satisfacción

y elemento formador del sueño

Clase 3 129

Sueños I

Clase 4 139

Sueños II

Parte 4 149 REPRESIÓN E INCONSCIENTE: DOS CONCEPTOS PARTENAIRE

Clase 1 251

Todo lo reprimido es inconsciente, pero no

todo lo inconsciente es reprimido I

Ciase 2 161

Todo lo reprimido es inconsciente, pero no

todo lo inconsciente es reprimido II

(13)

Prólogo

INSTANTE DE VER, TIEMPO DE COMPRENDER,

MOMENTO DE CONCLUIR

Este libro se ocupa de los primeros desarrollos

freudianos.

(14)

encontrarán entusiasmo en estas lecturas. Los más

avanzados lo leerán con gusto. Recordarán, con

sorpresa, cómo Freud desde sus comienzos

provoca la subversión del sujeto que Lacan

clarificará años después.

J.-A. Miller es citado en relación al cuerpo:

cuerpo de la histérica, cuerpo del mercado;

actualidad de Freud en el siglo XXL

(15)

Sin embargo -esboza Delgado y yo acuerdo

con él- en ‘El tabú de la virginidad” Freud hace

un elogio de la feminidad en el que Delgado

subraya algo que yo también he leído en ese

Freud: que una mujer pueda ser otra para sí

misma, afirmación de Lacan que está sugerida en

“El tabú...”. Pero no para cualquier lectura; para

una lectura que ha llegado a su momento de

concluir.

El lector, lo sepa o no, arribará una y otra vez

al momento de concluir. Y no será porque

alargue el tiempo de comprender, ya que el

momento de concluir determina el tiempo de

comprender -lo que es experimentado en cada

sesión de un psicoanálisis-; pero serán varias las

(16)
(17)

Parte

PRIMEROS

DESARROLLOS

FREUDIANOS

(18)
(19)

Clase 1

LA OPERACIÓN DE LA DEFENSA i

í. Contrapunto neuropsuosh de defensa y

neurosis de angustia ‘ Mecanismo psíquico

i- Contrapunto de los tipos clínicos r

Representación inconciliable

Con su descubrimiento, Freud produce un salto

fiindamcntal respecto de sus maestros. Incluso

respecto de esa suerte de maestro y par que era

Breuer. Va más allá de ellos y hace una

construcción absolutamente nueva.

(20)

ra del acto sexual. Pero fundamentalmente no se

trata de esto. Se trata de un problema mayor que

tiene que ver, para el psicoanálisis, con la

constitución misma del sujeto, dado que no todo

el monto de afecto, la tensión irreductible, se

articula con los representantes psíquicos. Hay algo

que permanece sin articulación.

Entonces, tenemos el primer contrapunto. Ahora

veremos las neu- ropsicosis de defensa. Tanto las

del tipo clínico de la neurosis, como las de la

psicosis, se diferencian de la neurosis de angustia.

A su vez, Freud va a difcrcnciiir la neurosis de

angustia como tal del estado de angustia. El

estado de angustia es un momento. Por eso dirá

que responde a un golpe en un momento dado.

(21)

y bajo el nombre de

neuropúcom de defensa.

Pero

recuerden que el tipo

clínico

que IJamamos

neurosis obsesiva e histeria pertenece al campo

de la neurosis y no al de la psicosis. Justamente,

vamos a ver la diferencia importantísima que hay

entre el ordenamiento del campo de la neurosis y

el ordenamiento del campo de la psicosis.

Freud se encuentra con un problema al que

denomina /«irza

constante

o

fuente independiente

de desprendimiento de displacer.

Se trata de un

elemento que perturba el equilibrio psíquico, de

un exceso en el aparato. Es decir, Freud

encuentra como fenómeno clínico una cantidad

que perturba el equilibrio del aparato a partir de

lo cual la respuesta va a ser lo que formula con

(22)

ra de sus dos formas, se define por la defensa que

opera separando al representante psíquico del

monto de afecto: en la histeria, el monto de

afecto toma al cuerpo -es la conversión histérica-;

en la neurosis obsesiva, el monto de afecto se

desplaza hacia otro representante psíquico

cualquiera, pero siempre en el sentido de ser otro.

Freud desplegará este tema en el “Hombre de las

Ratas”, especialmente respecto a la neurosis

obsesiva y la sexualización de los pensamientos, y

sostendrá que el obsesivo se satisface pensando.

Entonces, tenemos la diferencia neuropsicosis de

defensa / neurosis de angustia, donde se destaca

la diferencia entre estas últimas y el estado de

angustia. Para decirlo con palabras de la

actualidad: el estado de angustia de hoy en día es

lo que conocemos como

ataque de pánico.

Es un

momento que puede durar un día, una semana, un

año, pero que no es crónico, como los tipos

clíni-cos de las neurosis o de la psiclíni-cosis.

(23)

sión en la histeria o como pensamiento en el

campo de la obsesión. En cambio, en la psicosis

no hay retorno de lo reprimido porque no hubo

represión, sino expulsión. El retorno que se juega

en este campo tendrá características distintas.

Lacan lo llama

retorno en lo real,

y es por eso que

no aparece el reproche. En la neurosis obsesiva

está siempre presente el reproche, pero en la

psicosis el sujeto, en lugar de reprocharse por sus

modos de satisfacción desviados, los coloca por

proyección en otro: no es su propia instancia

psíquica la que lo acusa, es el otro el que lo

acusa, el que lo culpabiliza por un modo de

satisfacción desviado. Es fundamental, para

establecer un diagnóstico diferencial, poder ubicar

si un sujeto se reprocha, si se siente o no

culpable por un modo de satisfacción. En el

campo de la paranoia no hay una mortificación

por el reproche, sino que es el otro el que lo

acusa y alucina voces que le hablan también de

manera acusatoria. Con esto delimito el mapa

clínico en cuestión. Insisto en que es necesario

hacer un contrapunto entre neurosis y psicosis.

Dentro de las neurosis: la obsesión y la histeria,

la neuropsicosis y la neurosis de angustia. Freud

dice al final del texto “Las neuropsicosis de

defensa” (1894):

(24)

independiente de desprendimiento de displacer

anticipa este concepto fundamental del

psicoanálisis. Hay una fuente independiente de

desprendimiento de displacer, pero,

¿independiente de qué? Es un lugar de

perturbación independiente del principio de

constancia y del principio del placer, de la

tendencia al equilibrio homeostático del aparato,

de las representaciones psíquicas, de los

acontecimientos traumáticos acontecidos. Es la

hipótesis auxiliar -dice Freud-, y auxiliar no

quiere decir que sea secundaria, sino todo lo

contrario. Sin esa hipótesis, él no hubiera podido

construir nada de lo que construyó en estos

textos porque es el núcleo mismo de toda la

cuestión.

(25)
(26)
(27)

Clase 2

LA OPERACIÓN DE LA DEFENSA II

* E! (rauma en do% tìempoi

*La histeria

Le preguntaron a Lacan: ¿Por qué dice

“histéricas” siempre en femenino? ¿No hay

histéricos? Voy a dar la misma respuesta que dio

Lacan en su momento: la histeria siempre es

femenina, se trate del sexo biológico del que se

trate. Una histeria es femenina, aun en un varón,

lo cual no tiene que ver necesariamente con una

elección de objeto homosexual. Se puede ser

histérico heterosexual o histérico homosexual, una

cosa no va con la otra. La histeria es siempre

femenina e iremos viendo por qué. Del mismo

modo, también hay mujeres obsesivas.

(28)

les, nos vamos a topar con una resistencia que

hace que no sea fácil que el sujeto comunique

ciertos recuerdos. Freud dirá algo así como:

“señores, esta resistencia es la misma fuerza que

en su momento produjo la represión”. Algo fue

reprimido y esa misma fuerza represora se

presen-tará en la cura como resistencia. En la escena de

los ocho años, va dos veces a una pastelería; la

primera vez el pastelero, riendo, le pellizca los

genitales a través del vestido. Pese a lo ocurrido,

vuelve a ir a la pastelería en una segunda

ocasión. La pregunta que se abre es: ¿por que

volvió a ir luego de lo que había ocurrido la

primera vez? A los ocho años, tenemos al

pastelero que le pellizca los genitales y se ríe, y

en la escena de los doce a Emma le gusta

sexualmente uno de los empleados. Vemos que el

elemento común, cl conector asociativo

fundamental es la risa. ¿Qué realiza la sujeto en

su interpretación? Se ríen a causa de su vestido, y

cl vestido era el lugar a través del cual el

pastelero le había pellizcado los genitales.

Entonces, estos son los conectores: la risa y la

atribución interpretativa que ella hace: “se ríen a

causa de mi vestido”.

(29)

significación. La escena como tal queda perdida,

ya que lo importante no es la escena en sí misma

sino la marca, la huella. Podemos decir entonces

que no se padece por las escenas, sino por los

recuerdos. Es a los doce años que se produce el

trauma, en ese momento la primera escena se

vuelve traumática. Es necesario que esto quede

muy claro, porque es una operación sobre lo

temporal. Es solo

a posteriori-,

es el segundo

momento cl que vuelve traumático el primero. La

vivencia sexual prematura y traumática deja una

huella: la risa, y recién en la segunda escena con

los empleados en la que aparece nuevamente la

risa, se produce la primera. Esta segunda escena,

en tanto segunda, produce la de los ocho años

como primera. Si digo que es primera ya tendría

significación, y no es así. Se vuelve traumática

por la segunda, o sea que lo que hace que la

primera sea primera es la segunda. Este es el

concepto de

a posteriori,

de

après coup,

que es un

concepto fundamental en cl psicoanálisis, en

Freud y en los post-fi'cudianos. El psicoanálisis

rompe con la dimension continua del tiempo,

tiene otra relación con cl tiempo. ¿Que produce

además? Un displacer actual mediante un

desplazamiento. En el segundo momento se

produce un displacer nuevo y actual, displacer

que no tuvo la escena anterior. El displacer se

(30)

traumática que el sujeto realiza activamente

y

que

es lógicamente anterior, una vivencia sexual

prematura traumática con carácter pasivo. Pero

para Freud la fundamental es la activa. Si en la

escena de los doce años Emma hubiera entrado,

los vendedores se hubieran reído pero a ella no le

hubiera gustado sexualmente ninguno, la escena

no habría tenido la fuerza de despertar el recuerdo

de la primera escena. Efectivamente, hay conexión

entre el hecho de que le hubiera gustado

sexualmente un vendedor y el que hubiera ido en

una segunda ocasión a lo del pastelero. Pero

Freud no había producido aún el concepto de

sexualidad infantil.

(31)

constancia, porque el aparato psíquico siempre

busca disminuir la carga, la tensión que ingresó

en él. La ley de la constancia es mantener lo más

bajo posible la carga, tender a la disminución de

las tensiones; es como un artefacto transformador

de energía: ingresa al aparato una cantidad

perturbadora -indicio de que se activa el

trauma-y se genera un displacer actual sexual que es

perturbador para la constancia homeostática. El

aparato psíquico tiene que trabajar para disminuir

y liberarse de ese exceso de carga, por eso su

modelo es energético.

En esta referencia energética de Freud, la

defensa normal es esta tendencia del aparato

(32)

por desplazamiento de una risa a otra. La defensa

normal es la tendencia del aparato psíquico a

mantener baja, a anular -dice Freud- aquello que

es displacentero. La defensa se vuelve patológica

cuando se produce un símbolo fijo y un

desplazamiento. La vivencia sexual prematura

traumática y su huella, que se intenta tramitar

cuando surge la segunda escena -la risa como

símbolo que liga y produce un displacer nuevo y

actual, displacer que se trata de eliminar y que no

se logra- se produce porque está actuando una

fixente independiente de desprendimiento de

displacer que carga el aparato y le da a esta

vivencia el estatuto de dimensión traumática. La

defensa normal es la tendencia del aparato

psíquico a disminuir la tensión porque está

regulado por la ley de la constancia; cuando una

cantidad ingresa, el aparato trabaja al servicio de

reducir la tensión. La defensa patológica es

cuando se produce un símbolo fijo -en nuestro

ejemplo, la risa- y un desplazamiento. Esta

defensa tiene una cara exitosa y una cara de

fracaso. Es exitosa en términos de la represión.

(33)

teorías sexuales infantiles que le ocurren a todos

los seres humanos en su infancia. Es más, él

sostiene que si lo cuestionan, es porque han

olvidado, han reprimido -producto de esta

amnesia psíquica- la historia de su sexualidad

infantil, una sexualidad a la cual no le falta nada

respecto a lo que después se desarrollará en torno

a la sexualidad adulta. Freud nombrará al ser

humano en su infancia como “pequeño perverso

polimorfo”.

Ustedes notarán que hay dos escenas en el

caso que nos ocupa, la escena de los ocho años y

la escena de los doce. En el medio, ¿qué hay?: la

latencia. Esto es una construcción teórica de

(34)

mejante? ¿Cuál es el valor de la cuestión

temporal respecto del valor traumático? ¿Cuál es

el valor de los dos tiempos y del período de

latencia? Podemos adelantar una respuesta: si no

existiera esa fuente independiente no habría

motivo para la defensa ni para todo lo que ocurre

a partir de ahí.

Tenemos que partir de ahí, porque hay que

prestar atención a algo que dice Freud. Nos habla

de experiencias sexuales prematuras traumáticas

provocadas siempre por una persona mayor. En

ese momento la experiencia deja una marca pero

no aparece ahí el displacer. Luego de un

momento que Freud llama latencia, en la pubertad

se produce un resurgimiento de las fuerzas de la

(35)

sexualmente en su niñez, etcétera. Allí entrará el

concepto de fantasía. Dirá que no es real, que no

sucedió, pero que tiene valor de verdad psíquica

porque es una construcción propia.

Entonces, ¿cuál es el valor de ese

acontecimiento a la luz de los desarrollos de

Freud? ¿Por qué todo se dispara desde ahí? Si no

tuviera la hipótesis de que hay una fuente

constante de desprendimiento de displacer, ¿sería

posible que todo remita a esos acontecimientos?

¿Cuál es el valor estructural que se desprende del

acontecimiento sexual prematuro traumático?

Freud responderá posteriormente que son las

construcciones fantasiosas de los pacientes como

(36)

reprimido; no hay represión sin retorno de lo

reprimido, sin las formas desfiguradas. En ese

retorno de lo reprimido se grita una verdad, pero

además de una cuestión atinente a un significado

en eso mismo, hay una satisfacción: se satisface

gritando la verdad. Por eso podemos encontrar

que, así como hay personas que se satisfacen con

la escrupulosidad de la conciencia moral, hay

personas que se satisfacen en ser las abanderadas

de la verdad, de la verdad de todas las cosas,

pudiendo encarnar ellas mismas la verdad. Ser la

verdad es un modo de satisfacción. A los que se

satisfacen con la escrupulosidad de la conciencia

moral Ies resulta raro. Aunque puedan entender

que la verdad tenga alguna relación con la

escrupulosidad, con la conciencia moral, saben

que no se trata exactamente de eso, ya que

incluso por la verdad pueden atentar contra la

escrupulosidad moral; y para aquellos que se

satisfacen con la escrupulosidad moral, no hay

nada superior a la escrupulosidad de la conciencia

moral, y más si se trata de una verdad que hay

que callar para mantener incólume ese modo de

satisfacción.

(37)

Clase 3

lA OPERACIÓN DE U DEFENSA IH

¡f Listado de contenidos ^<^ Contrapunto

de tipos clínicos » La relación con el

inconsciente y las neurosis «• La

“Elpsicoanálisis reordena el enmarañado de impulsai

¿Qué tenemos en la histeria? El encuentro con la

pasividad y un menos de satisfacción. En la

neurosis obsesiva tenemos una posición activa que

produce un más de satisfacción que se va a

manifestar en el exceso compulsivo de la neurosis

obsesiva. En la paranoia, igual que en la neurosis

obsesiva, el sujeto es activo y también hay un

plus de satisfacción.

(38)

el primer tiempo, luego una escansión, un período

de amnesia psíquica, la represión, y lo que Freud

formula que sucede a partir de la pubertad: el

resurgimiento de la sexualidad, que es desde

donde se va a jugar el representante psíquico que

producirá el efecto que ya hemos trabajado.

Entonces, amnesia psíquica para todos en el

campo de la neurosis. La cuestión de “en dos

tiempos" va a aparecer a lo largo de toda la obra

de Freud y es un concepto fundamental para dar

cuenta de lo propio de la sexualidad humana.

El síntoma primario se presenta en la histeria

con lagunas psíquicas; en la neurosis obsesiva,

con el autorreproche como desconfianza respecto

de sí mismo. Recuerden que el representante

(39)

pudiera pensar que podía ser la que había

cometido el asesinato aun sabiendo perfectamente

que no había sido, porque no era psicòtica (en ese

caso hubiera tenido la certeza de que había

cometido el asesinato)? El autorreproche tenía que

ver con la práctica masturbatoria compulsiva que

tenía la paciente. Entonces, en vez de aparecer el

reproche vinculado a la práctica masturbatoria

compulsiva, aparecía el reproche desplazado,

como criminal, como moneda falsa, etcétera.

En la paranoia no se reprime el reproche, se lo

desestima; no se separa el representante del

monto de afecto, se proyecta hacia el exterior y

retorna como desconfianza hacia los otros y en la

(40)

liza el mismo término-. Solo hay represión y

retorno de lo reprimido en el campo de la

neurosis: obsesión o histeria.

Como si dijéramos -para hacerlo sencillo y

didáctico- que estas son las representaciones

psíquicas conscientes. En la neurosis obsesiva o

en la histeria, en la medida en que un

representante psíquico se enlaza con la huella que

dejó la vivencia sexual prematura traumática, la

representación “risa" es reprimida. ¿Qué estado

pasa a tener? El de grupo psíquico separado, o

sea inconsciente. En la paranoia, la representación

que entra en conexión con la huella que dejó la

vivencia sexual prematura traumática no va a

implicar la represión ni su estado de reprimido

(41)

toma la cuestión de la risa, la interpretación de

que se ríen de ella; en verdad, los empleados no

se reían de ella, sino que porque entra y le gusta

sexualmente uno de ellos la risa de ellos entra en

conexión con la risa del pastelero que le había

pellizcado los genitales a través del vestido. Eso

es el falso enlace. Entonces, quiere decir que no

es que la risa aparezca enlazada directamente a la

huella de la vivencia sexual sino que se juega

desplazadamente. A esta altura, Freud ya ubica la

posición del analista como la del que viene a

ocupar el lugar de falso enlace. En una de las

vertientes, el analista mismo va a ser un

representante psíquico, un falso enlace. En la

paranoia no se produce el grupo psíquico

separado sino que hay una alteración del yo; es el

intento mediante una construcción delirante de

crear algún argumento. El delirio es un argumento

que trata de hacer entrar en el yo los efectos

alucinatorios, trata de darle una significación. Lo

que hay es un intento y un fracaso de producir un

falso enlace. Porque si hubiera un enlace, sería

una relación unívoca entre el representante

psíquico, el monto de afecto y el referente, la

cosa a la cual ese representante psíquico nombra.

En verdad, y para ser precisos, en las psicosis se

produce una separación que no termina de

inscribirse en el aparato, es un intento y un

(42)

presentante psíquico que retorna, no desde lo

reprimido sino desde el exterior, tenga una carga

distinta para el sujeto.

¿Qué tenemos en la señora R? Es una mujer

casada, de treinta y dos años y con un hijo.

Padece de un estado huraño, de desconfianza,

fiindamentalmente hacia los vecinos y hacia sus

hermanos y hermanas. Los vecinos viven al lado;

hay algo de la presencia física que podría

asaltarla y que tiene este valor perturbador. Y

dice Freud que parece que todo comenzó a los

seis meses de haber nacido su hijo. Por lo tanto,

a los seis meses de haber sido madre algo

empieza a producirse, algo así como cierta

desestabilización de su posición una vez que tuvo

(43)

La certeza es un nombre de que no hay falso

enlace. Si hubiera falso enlace no habría certeza.

En: “creo que”, “me parece que”, “pienso que”,

está la duda. La certeza es: “es eso" y sin

ninguna duda. Habla del fracaso del falso enlace.

También aparece el reproche, pero no como

au-torreproche de lo reprimido sino como un

reproche que le hace alguien. Un poco más abajo

Freud dice:

(...) La compelí entonces a recordar los dichos de la cuñada anteriores a la manifestación inculpada, y se averiguó que aquella había contado que en la casa paterna había toda clase de dificultades con los hermanos varones, anudando a ello la sabia observación: “En toda familia ocurren muchas cosas, sobre las que se prefiere echar un manto (Decke), Y que si a ella le pasara algo asi, lo tomaría

(44)

cura. Para ser precisos, la vivencia como trauma

está perdida, es irrecuperable. Se trata de la

huella que vale como recuerdo. Un día la señora

P. recordó la vivencia sexual prematura

traumática. Vamos a la nota 27 al pie de página,

en la que Freud dice tres cosas. La primera:

Cuando más tarde una exacerbación dio por tierra con el éxito del tratamiento, mezquino por otra parte, ya no volvió a ver las ctiocantes imágenes de genitales ajenos, sino que tuvo la idea de que los extraños veían los genitales de ella tan pronto como se encontraban detrás de ella (p. 180, nota 27).

Extraños le veían sus genitales estando detrás

de ella. El tratamiento había sido: ella acostada en

el diván, Freud detrás preguntándole sobre la

escena traumática, sobre sus genitales; por lo

tanto, la dimensión alucinatoria posterior es un

(45)

un texto que se llama “Un caso de paranoia que

contradice la teoría psicoanalítica”, en el que

Freud afirmará que en las psicosis siempre se

pone en juego alguien del mismo sexo,

y

tomará

un caso que va a trabajar muy exhaustivamente

-un caso de paranoia “contrario”- con relación a

la madre de la paciente. Por detrás de la escena

(46)
(47)

Clase 4

LA OPERACIÓN DE U DEFENSA IV

Los tipos clínicos

Tomaré como eje el “Manuscrito K" (1896).

Freud habla de cuatro tipos clínicos y modos de

abreacción: 1) de conflicto: histeria; 2) del

reproche: neurosis obsesiva; 3) de la motivación;

paranoia; 4) del duelo; demencia alucinatoria

aguda.

(48)

•Fórmula canónica

La trayectoria de la enfermedad en las neurosis de represión es en general siempre )a misma. 1) La vivencia sexual (o la serie de ellas) prematura, traumática, que hia de reprimirse. 2) Su represión a raíz de una ocasión

Contrapuntos de los tipos clínicos Neurosis obsesiva

El mecanismo particular de la neurosis obsesiva

es la separación de la representación psíquica y el

monto de afecto. El destino de este último es el

de “cargar” otra representación psíquica.

(49)

representante representante

representante inconciliable

secundario

cargado

monto de afecto monto de afecto

monto de afecto

Paranoia

(50)

Vemos a Freud en la pasión de los orígenes, en

la Invención solitaria de algo nuevo. Piensen que

en ese momento estaba solo junto a sus pacientes

histéricas, estaba solo para inventar aquello que

pasó a ser el más grande agujero en los ideales

de la Modernidad del siglo XX. Estaba solo ese

burgués, vienés, judío y solitario.

En la correspondencia de Freud con Fliess, que

era un médico colega, ni psiquiatra ni neurólogo,

pueden encontrar lo que podríamos llamar el

análisis original; cómo Freud se iba analizando

con Fliess, alguien que no tenía la más mínima

idea de lo que era el psicoanálisis. El trabajo de

Freud, el no ceder, el coraje de no retroceder ante

(51)
(52)
(53)

Clase 5

LA OPERACIÓN DE lA DEFENSA V

» Cómo se produce

la curación •* El

método

“Sobre la psicoterapia de la histeria”

(1893[1895]) es un texto que anticipa una

cuestión fundamental para toda la obra freudiana:

los conceptos de represión y de resistencia.

(54)

Más allá de los

impasses,

la fórmula que tiene en

ese momento es esta: la puesta en palabras de un

recuerdo. Esto es algo que podemos seguir

sosteniendo hoy en día. Cuando un sujeto llega a

la consulta en un estado de desborde de angustia

o de terror, la puesta en palabras de su

padecimiento produce un efecto terapéutico.

Muchas veces alguien viene muy mal y al mes

piensa que ese analista es maravilloso, como se

siente fantástico piensa que el analista es

extraordinario. En realidad, lo que es

extraordinario es el dispositivo que permite que

por esa puesta en palabras de lo perturbador se

produzca un efecto de alivio del padecimiento.

Vamos a ver el salto que se produce en el texto

que estamos trabajando. Segunda cuestión, dice

Freud:

Cancela la acción eficiente de la representación originariamente no abreac-cionada, -permite la descarga, la elaboración psíquica- porque permite a su afecto estrangulado -interrumpido- el decurso a través del decir, y la lleva hasta su rectificación asociativa al introducirla en la conciencia normal -aquello separado, el grupo psíquico separado por entrar en contradicción con los intereses del yo, el trabajo mediante el recuerdo y la puesta por el decir. La palabra va a permitir reintroducirla en la conciencia normal- (en estado de hipnosis ligera) o al cancelarla por sugestión médica, como ocurre en el so-nambulismo con amnesia (p. 263).

(55)

no es tan sencillo que recuerde o que se

establezcan los nexos, porque puede sin embargo

no modificar nada. Ese ensanchamiento de saber

puede no tener ningún efecto; ahí tenemos varios

problemas y cuestiones centrales. Hay en este

texto anticipaciones de problemas clínicos, como

la reacción terapéutica negativa, problemas

respecto al valor de la interpretación y anticipos

de un texto de ios finales de la vida de Freud

“Construcciones en el análisis”. Pero ya aquí

están anticipadas cuestiones fiandamentales.

Volvamos al texto. En la página 265, se

encuentran con que la etiología de las neurosis

tiene que ver con factores sexuales de la infancia.

(56)

presentantes psíquicos. Esta cuestión que aquí

ubica como neurosis de angustia, como algo que

les sucede a algunos, que se presenta en una

fórmula mixta, es un intento de ir ordenando algo

que también trabajará después: es propio del

aparato psíquico que no toda la cantidad pase a

los representantes psíquicos, y esto será algo

propio de la constitución del sujeto mismo para el

psicoanálisis. Por un lado, está el sujeto dividido

entre inconsciente y consciente pero, además, está

dividido, afectado por una cantidad que no

ingresa al representante psíquico, que no se

articula. Hay que esperar otras referencias

conceptuales para situar qué quiere decir que el

sujeto en psicoanálisis se constituye no solo por

esa división inconsciente-consciente sino, además,

porque hay algo que nunca pasa ni pasará al

representante psíquico. Qué hacer con esa

cantidad es un problema para el psicoanálisis, no

solo en la época freudiana sino también en la

actualidad. Esa energía sexual no se presenta

como monto de afecto ligado al representante

psíquico y, por lo tanto, no es una representación

intolerable sino que es una energía que no se

anuda, que no se engancha con representantes

psíquicos. Es una energía sexual proveniente del

organismo, podemos decir, proveniente del

cuerpo, pero que no es exactamente el cuerpo

(57)

yendo sus conceptos. Sí podemos decir, como él

lo hace, que hay en la histeria una forma

particular, diferente a la psicosis, de

avasallamiento del yo. El yo queda avasallado por

el núcleo patógeno y esto dará cuenta de

particularidades de la histeria muy importantes.

Hay histeria o psicosis, y en el medio hay algo

que también es una neurosis que se llamará luego

locura histérica. La locura histérica no es una

psicosis, es una neurosis histérica pero con algo

“más” que simplemente la producción de síntoma.

Hay algo en la histeria que se presenta como

locura histérica, algo que excede a la formación

de síntomas. Es una neurosis, pero veremos más

adelante la importancia de lo que sitúa aquí

acerca del avasallamiento del yo también en la

histeria, aunque no sea el mismo que en la

psicosis.

(58)

psíquicos no están disponibles al yo, no son conscientes- desennpeña el papel del cristal provocador del cual surge con la mayor facilidad una cristalización que de otro modo no sobrevendría (p. 271).

Ese grupo psíquico separado, ese inconsciente

ya constitnaido va a funcionar como un lugar

cristalizador. Es muy importante, porque anticipa

lo que vamos a trabajar próximamente: la

diferencia entre represión primaria y represión

secundaria. Hay algo inconsciente que funciona

como lugar de atracción, es decir que algo se

produce como reprimido por una doble tensión de

fiierzas. Algo que entra en contradicción con los

intereses y los ideales del yo le dice: “no

pasarás”. Desde el inconsciente mismo hay una

fuerza que atrae a ese representante, o sea que

algo se va a constituir como inconsciente

secundariamente por esa doble fuerza, desde el yo

que le dice: “no, no pasarás de este modo”, y por

una fuerza que tiende a atraerlo desde el

inconsciente. ¿Qué quiere decir? Que si pasa, es

desfiguradamente; siempre que hay represión hay

retorno de lo reprimido. Quiere decir que algo, un

deseo, un recuerdo que insiste, ligado a un núcleo

patógeno, etcétera, aparecerá en la conciencia

desfiguradamente. Se expresará, pero con un

disfraz, como si dijera: “sin disfraz no se puede

pasar, solo se puede pasar disfrazado,

(59)

que Freud interrumpa lo que ahí está ocurriendo

en el trabajo terapéutico

Y

la bese osadamente.

Freud dice claramente que nunca se trata de los

analistas. En realidad nunca se trata de nosotros,

no solo dentro del consultorio, afuera tampoco.

Siempre somos un representante psíquico

cualquiera para un falso enlace, lamento

comunicarlo pero es bueno que lo sepan. Es el

modo en que aparece el recuerdo, jugándose de

plano en el dispositivo analítico en la persona del

analista; el recuerdo aparece así.

Freud utiliza un término importantísimo que va

a aparecer en “Recordar, repetir y reelaborar"

(1914) y en "Más allá del principio de placer”

(1920) que es

compulsión.

El ya lo había

(60)

ubicado en el núcleo del texto, aparece una gran

contradicción, una gran pregunta. Dice;

Y averigüé un carácter general de tales representaciones -estas inconciliables

¿cuál era el problema?- todas ellas eran de naturaleza penosa, aptas para provocar los afectos de la vergüenza, el reproche, el dolor psíquico, la sensación de un menoscabo: eran todas ellas de tal índole que a uno le gustaría no haberlas vivenciado, preferiría olvidarias (pp. 275-276},

Entonces, se reprimen porque tienen ese valor

o significado que generaría vergüenza, reproche,

dolor psíquico, menoscabo, sentirse mala persona,

sentirse devaluado, etcétera; sería por el

significado que pueden tener estas

representaciones, que harían avergonzarse. Pero

Freud avanza un paso más y desplaza la cuestión

de que sea exactamente por el significado y dice:

(61)

veremos hacia dónde irá apuntando esto, Pero es

absolutamente central la cuestión del no querer

saber. En el mismo texto, más adelante, Freud

dirá que ganamos mucho cuando logramos que el

paciente tome una actitud activa frente a su

tratamiento y él mismo pase a estar interesado en

querer descubrir aquellas cosas de su historia que

han generado los síntomas, que el sujeto tome

una actitud activa de querer saber. Fíjense que

decir que las neurosis son un no querer saber es

un giro absoluto, porque adquiere importancia

poner a trabajar por parte del sujeto -gracias al

dispositivo analítico- el querer saber, que esa

persona que enfermó por no querer saber se

ponga a trabajar queriendo saber. Es un giro

absoluto en la posición del sujeto y es una

resolución de la neurosis, en tanto que la neurosis

es no querer saber. Querer saber no solo es una

cuestión de pasar de una posición pasiva a una

activa. Si la neurosis misma es no querer saber,

que alguien se ponga a querer saber ya implica

un cambio de posición, un giro de 180° en la

posición de ese sujeto.

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solo vivo orgánicamente. La neurosis también es no tener registro de que se está vivo, eso es la neurosis. Continuamos con el texto:

En otros casos, aun, mediante la presión de la mano se evoca un recuerdo que es consabido en sí mismo para el enfermo, pero cuya aparición le causa asombro porque ha olvidado su vinculo con la representación de partida (p. 278).

Y al fina] de la página siguiente está el gran párrafo, un anticipo del texto “Construcciones en el análisis” (1937), texto muy posterior. El sujeto no recuerda, pero la construcción que realiza con el analista de los sucesos lo lleva a poder aceptar que eso ocurrió aunque no tenga el recuerdo. Hay algo que no retorna como recuerdo, entonces es un problema, y ahí lo que se realiza es lo que Freud llamará construcción. Construcción es tomar una serie de articulaciones de representantes psíquicos, y aunque algo no aparezca como recuerdo la lógica de ese encadenamiento da cuenta de que eso aconteció de tal o cual modo.

En la página 293 aparecerá el desarrollo de lo que llamará la triple estratificación de los ordenamientos de la resistencia. Ubica tres estratificaciones, ya que se pregunta por la diferencia entre la labor del paciente y la del analista respecto de ir hacia los núcleos patógenos y hacia los recuerdos de estos. Dirá que el paciente se encarga de la resistencia longitudinal, vía la asociación libre, y el analista se encarga de lo que llama la resistencia radial, o sea que va hacia el núcleo patógeno. En el núcleo patógeno estaría la cadena de representantes psíquicos asociados por contigüidad, por una relación temporal, por contemporaneidad temporal, por significaciones, etcétera, en resonancia unos con otros. El paciente, en la asociación libre, se ocupa de eso. El analista se ocupa de lo que llama la resistencia radial, que es una intervención hacia el núcleo. Es como si ubicáramos un carozo e hiciéramos varias circunferencias alrededor: el paciente se ocupa de las circunferencias y el analista opera desde la última circunferencia hacia el núcleo.

Es un tipo de movimiento, y allí nos encontramos con un problema: en la medida en que nos acercamos a uno de los núcleos patógenos, cuanto más cerca estamos, mayor resistencia hay. Cuando nos vamos acercando a “descubrir” por el mismo texto -y valen las comillas-, a descubrir y recordar el núcleo patógeno, hay un acrecentamiento del sufrimiento, del padecimiento del sujeto. O sea que el hecho de que la labor analítica amenace con “descubrir” el elemento reprimido significa una amenaza respecto al no querer saber, amenaza la posición del no querer saber. El analista hace un forzamiento, ya que el

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no quiere saber y su enfermedad es no querer saber. El trabajo del analista es un forzamiento de esa naturalidad del no querer saber; y en la medida en que se acerque al núcleo patógeno, más resistencia e incremento del padecimiento habrá. Esto dará lugar a una cuestión clínica importantísima que se llamará reacción terapéutica negativa. Es justamente cuando nos acercamos al núcleo mismo del trabajo, para liberar al sujeto de ese padecimiento que lo trajo al análisis, que el sujeto, en lugar de querer quitarse ese padecimiento lo más rápido posible, lo defiende y lo cuida como su tesoro más valioso; aquello que es su padecimiento y por lo cual vino, cuando está a punto de perderlo por la labor analítica, lo defiende para asegurárselo como su joya más preciosa. Esta es la gran paradoja que necesitará de otro concepto para poder explicarse. ¿Por qué entre comillas “descubrir”? Porque Freud se pregunta en el último párrafo de la página 304:

(...) acepta él mismo -el paciente- que tuvo que haber pensado esto y aquello, suele agregar: 'Pero no puedo recordar que lo haya pensado’. En tal caso es fácil entenderse con él: eran pensamientos inconscientes. Ahora bien, ¿cómo debe uno registrar ese estado de cosas en sus intuiciones psicológicas? ¿Hay que pasar por alto ese discernimiento rehusado del enfermo, que no tiene motivo alguno puesto que el trabajo ya acabó? ¿Se debe suponer que se trata realmente de pensamientos nunca producidos, y para los cuáles existía una mera posibilidad de existencia, de suerte que la terapia consistiría en la consumación de un acto psíquico interceptado entonces? Es evidentemente imposible enunciar algo sobre esto, o sea, sobre el estado del material patógeno antes del análisis...

En este párrafo hay un problema metapsicológico central; cl in-consciente, ¿es algo que está ahí y que debemos ir a “descubrir” vestidos como detectives? ¿O es algo que se produce en el dispositivo? ¿Cuál es el estado de los representantes psíquicos llamados inconscientes antes de la labor analítica? Freud siempre bascula entre estas dos cuestiones: algo que está ahí a “descubrir” y a llenar las lag;unas del recuerdo, y algo que no está ahí como algo que está sino que es un efecto del dispositivo analítico mismo. Quiere decir, como dice en esa línea: “(...) de suerte que la terapia consistiría en la consumación de un acto psíquico interceptado entonces? Es evidentemente (...)”.

Es algo que se produce gracias al dispositivo. Entonces, hay todo un problema: ¿cuál es el estado de esos representantes psíquicos antes del dispositivo analítico? Esto aparecerá ligado al tema de la transferencia: el analista como obstáculo externo; a la compulsión a asociar y al falso enlace. Cuando se refiere al analista como obstáculo externo,

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dice que el analista es un representante psíquico como cualquier otro que sirve al falso enlace, al desplazamiento; hay ahí dos cuestiones. En una línea, el analista es un representante psíquico cualquiera al servicio del falso enlace, del desplazamiento; es la línea de la transferencia respecto de cómo se transfiere la carga de un representante psíquico a otro. Es un representante psíquico. Pero no es solo eso; el lugar del analista también entra en juego como aquello que en el aparato psíquico no tiene representante psíquico. ¿Recuerdan que decía que estamos divididos entre consciente-inconsciente, pero que el aparato psíquico es más que la diferencia consciente-inconsciente? Hay algo más que es llamado de varias maneras y que aparece muy temprano en la obra de Freud con la compulsión a asociar y el hacer pasar ciertos núcleos patógenos no como un recuerdo que aparece en la asociación, sino jugado en el dispositivo analítico con la persona del analista. Entonces, son dos caras: una, el analista es un representante psíquico que permite el desplazamiento del monto de afecto de un representante psíquico a otro. En el ejemplo mencionado anteriormente, en las ganas de que Freud la bese osadamente, Freud es uno más en la serie de los hombres que ella querría que la avanzaran. Por otra parte, el analista también viene al lugar de aquello que no tiene representante psíquico en el aparato, lo que da cuenta de “eso otro” en el aparato psíquico. Y termina este texto con una frase maravillosa:

Repetidas veces he tenido que escuchar de mis enfermos, tras prometerles yo curación o alivio mediante una cura catártica, esta objeción: "Usted mismo lo dice; es probable que mi sufrimiento se entrame con las condiciones y peripecias de mi vida; usted nada puede cambiar en ellas, y entonces, ¿de qué modo pretende socorrerme?". A ello he podido responder: "No dudo de que al destino le resultaría por fuerza más fácil que a mí librarlo de su padecer. Pero usted se convencerá de que es grande la ganancia si conseguimos mudar su miseria histérica en infortunio ordinario. Con una vida anímica restablecida usted podrá defenderse mejor de este último".

Efectivamente, el análisis puede curar esa miseria neurótica pero no las vicisitudes de la vida diaria. El análisis no garantiza; sí permite la resolución de esa llamada miseria neurótica para que el sujeto pueda situarse ante las contingencias de la vida en una posición distinta.

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Parte 2

FANTASÍA

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Clase 1

AHÍ DONDE EL PENSAMIENTO FALU,

EL CUERPO SE SATISFACE I

•• ¿ Qué f.( el cuerpo? t: Pulsiones parciales y zonas erógenas has histéricas engañan J.a fantasía y la realidad psíquica

Vamos a articular temas fundamentales que tienen que ver con un movimiento que es preciso realizar. Hemos trabajado todo lo que tiene que ver con la primera época; “Manuscrito K”, “Las neuropsicosis de defensa”, etcétera. Asimismo, vimos el inconsciente dinámico, el cual vamos a retomar, fundamentalmente, con la “La interpretación de los sueños”, “Psicopatología de la vida cotidiana” y “El chiste y su relación con lo inconsciente”. El marco que vamos a tomar ahora tiene que ver con el lugar de la fantasía, con su estatuto. Trabajaremos fantasía, represión y síntomas. Podríamos titularlo: “Ahí donde el pensamiento falla, el cuerpo se satisface”, según dice Jacques-Alain Miller.

Para decirlo globalmente, el pensamiento falla en la cuestión del equívoco, de los lapsus, los fallidos, los chistes. Ahora bien, el cuerpo se satisface. ¿Qué es el cuerpo? ¿Cuál cuerpo? Hasta ahora, hemos trabajado todo lo que sucede con relación a las representaciones psíquicas. Hicimos un esbozo de qué es el cuerpo cuando trabajamos esa facilitación somática de la que habla Freud respecto a la conversión histérica. ¿Qué cuerpo es ese? No es el cuerpo en tanto organismo, es otro cuerpo. Aquí es donde empieza en Freud decididamente este problema. Ya no se trata de lo que sucede solo a nivel de los representantes psíquicos. Y hemos dicho también que el inconsciente mismo es un efecto, un resultado de la operación de la defensa. Pero no se trata solo de esto. Se produce el inconsciente a partir de la operación de la defensa, pero además de producirse el inconsciente, se produce otra cosa, se produce un cuerpo. Ustedes pueden creer que el cuerpo que tienen es un dato natural. Hoy me voy a dedicar a decepcionarlos. No

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tienen el cuerpo como dato natural, no han nacido con un cuerpo, han nacido con un organismo. El cuerpo puede advenir como cuerpo o no. Podrían tener el organismo y no tener el cuerpo que tienen. Tener un cuerpo es -por el momento- un efecto de la operación de la defensa y de las vicisitudes de la sexualidad infantil. Podrían no tener el cuerpo que tienen. ¡Sabio es el mercado neoliberal de la actualidad! ¡Sabio para vender!, porque oferta: “Venga con el cuerpo que tiene y llévese el cuerpo que desea”.

¿Qué nos dice la histeria en su facilitación somática? Que el cuerpo es el resultado de unas palabras. Recuerdan que Freud dice que la histeria desconoce el saber neurològico. La histérica recorta el cuerpo de acuerdo a las palabras vulgares, a las palabras comunes que hablamos. La parálisis de un brazo es la parálisis de lo que se entiende vulgarmente como brazo, no lo que un médico entendería como brazo, donde se incluyen los músculos, los tendones, las fibras nerviosas, etcétera. La histérica nos muestra que el cuerpo es un resultado de las palabras. Las palabras toman el cuerpo, es más, hacen existir al cuerpo y hacen que se pueda tener o no un cuerpo. Además, como también hemos visto en la conversión histérica, es un cuerpo que se satisface. Puede satisfacerse a veces dolorosamente, pero es un modo de satisfac-ción. Recuerden la fórmula más sencilla: se separa el representante del monto de afecto y el monto de afecto toma el cuerpo. Hay una tramitación corporal de esa fuente constante. En este punto encontramos entonces que son las palabras las que crean el cuerpo; son las palabras las que constituyen las llamadas zonas erógenas.

¿Ustedes creen que es un resultado del organismo el que puedan tener sensaciones de excitación sexual en una u otra parte de cuerpo? No lo es. Lo muestran claramente los psicóticos o la anestesia histérica. Donde todo haría suponer que solo en tal zona del cuerpo o en sus genitales podría tener excitación sexual, la anestesia histérica revela que los modos de satisfacción, en relación con el cuerpo, no tienen nada que ver con el organismo. Las palabras hacen existir al cuerpo, hacen existir las llamadas zonas erógenas.

En “Tres ensayos de una teoría sexual”, Freud habla de algo fundamental: la relación entre las pulsiones parciales y las zonas erógenas. Las zonas erógenas pueden ser cualquier parte del cuerpo. Fundamentalmente, cualquier parte de la superficie del cuerpo puede venir al lugar de zona erògena. Ya veremos la cuestión de la hipocondría y de los órganos internos. Por eso veíamos que las conversiones histéricas no eran por ejemplo solo en la zona genital, sino que tenía valor de zona

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erogena una pierna, un brazo, una mano, los ojos; cualquier parte de la superfìcie del cuerpo puede advenir corno zona erògena. La histeria de conversión es el paradigma para enseñarnos esto. Cualquier parte del cuerpo puede ser una zona erògena; es por eso que alguien puede ser acariciado en el pie y alcanzar una gran excitación sexual, porque esa zona vale como zona erògena. Así como no hay un objeto predeterminado, tampoco las zonas erógenas son solamente las zonas genitales. Dice Freud en “Tres ensayos de teoría sexual":

Otra hipótesis provisional en la doctrina de las pulsiones, que no podemos omitir aquí, reza lo siguiente: los órganos del cuerpo brindan excitaciones de dos clases, basadas en diferencias de naturaleza química. A una de estas clases de excitación la designamos como la específicamente sexual, y al órgano afectado, como la "zona erògena” de la pulsión parcial sexual que arranca de él (p. 153).

Entonces, cualquier parte del cuerpo puede advenir como zona erògena. Más adelante, en la página 155, Freud lo retomará. Se puede alcanzar la satisfacción sexual escuchando una voz, incluso sin ningún contacto físico directo. Tenemos las famosas prácticas en la actualidad, con los teléfonos, la gente que llama y dice o le dicen cosas y obtienen satisfacción con las palabras al escuchar una voz o con una mirada. Esto da cuenta de la distancia que hay entre el organismo y el cuerpo. Incluso, algo que no es tan divertido; alguien puede perder un miembro, un brazo o una pierna por un accidente o en una guerra -los que trabajan con esos pacientes lo llaman “òrgano o miembro fantasma”- y tener durante mucho tiempo la sensación de tener ese brazo o esa pier-na que perdió o le fue amputada. Porque hay upier-na relación no directa entre cl organismo y el cuerpo. No es que el organismo no exista, el organismo existe y tiene su sistema.

Por eso es fundamental saber hacer un diagnóstico diferencial, porque se producen errores en ambas vías. Errores de tratamientos medicamentosos: a alguien por tal o cual dolor se lo medica y ese dolor tiene causa psíquica; es decir, que a esa persona se la ha estado maltratando durante años con todo tipo de tratamientos y medicinas. O exactamente al revés, tratar a alguien como si su dolor fuese psíquico y en un chequeo clínico se advierte luego que tiene un problema orgánico severo.

En este momento Freud introduce un concepto fundamental del que ya disponía y al que había llamado fuerza constante, fuente independiente de desprendimiento de displacer, etcétera. Ahora lo va a llamar pulsión. Anticipé que es un concepto fundamental. Aquí es donde

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se encuentra con uno de los mayores obstáculos que amenazaba tirar abajo absolutamente todo lo que había construido. Freud se encuentra en un estado de desorientación, de decepción. Había construido los esbozos de su psicopatología refiriéndola al llamado acontecimiento traumático: experiencia sexual prematura traumática. Los neuróticos habían sido seducidos o abusados sexualmente de niños siempre por un señor mayor, un sustituto paterno. Y Freud se encuentra con que esto no era cierto, con que en la mayoría de los casos esto no había acontecido. Había construido todo a partir de allí, eran sus cimientos, y de pronto se encuentra con algo que podemos mantener hasta la actualidad ya que es un universal: sus pacientes, sus histéricas lo engañaban. Esto continúa en la actualidad, siempre las histéricas engañan. Este engaño es estructural. No significa lo que entendemos vulgar-mente por mentira. Por eso es importante saber dejarse engañar un poco, hacerse el engañado. Es necesario el despliegue del deseo, jugar algo de ese engaño. Lo engañaban, no era cierto ni había acontecido ninguna escena de ese orden.

Quiero hacer una aclaración importante: esto no elimina la noción de acontecimiento. Que una palabra afecte el cuerpo y deje una marca, que haga existir en el cuerpo un modo particular de satisfacción; que una palabra afecte de tal modo al cuerpo cuando se está constituyendo el sujeto, eso es un acontecimiento. Podemos decir en este punto que un psicoanálisis es el trabajo sobre los acontecimientos de una palabra afectando al cuerpo. El trabajo de un análisis es un trabajo sobre los acontecimientos, donde una palabra proferida ha afectado de un modo u otro nuestro cuerpo. Porque no crean que no están sugestionados. Estamos sugestionados por las palabras de aquellos que llamamos padres. Estamos tan sugestionados que creemos que cuando hablamos somos nosotros los que hablamos y no que somos hablados. El psicótico lo sabe, por eso dice: “las voces me dicen tal cosa”. Estamos hasta tal punto sugestionados que creemos que hablamos nosotros cuando hablamos, y es más, fíjense hasta qué punto estamos sugestionados que además creemos que sabemos lo que decimos y por qué lo decimos. Estamos tan sugestionados que hasta creemos que pensamos. Hasta ese punto es el estado de sugestión. ¡Creemos que pensamos! Es una posición radical en ese punto, pero muy importante. El obsesivo, como ejemplo es paradigmático: se satisface pensando. Es necesario ubicar aquello que viene al lugar de la vivencia sexual prematura traumática. La causa estaba ahí. Los síntomas eran efecto de la defensa respecto al recuerdo de esa vivencia sexual prematura traumática; vivencias

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acontecidas en la realidad. Y esto a partir del relato que le hacían los pacientes. Freud en un primer momento cree esto.

Esta idea caerá en el año 1897, cuando en la ‘Carta 69” que escribe a Fliess, Freud dice: “(•..) ya no creo más en mi neurótica' (p. 301). No tenía que ver con la realidad cl que todas fueran seducidas y abusadas por algún señor mayor, sustituto paterno. Si esto íuera así, todos serían perversos y no neuróticos. Freud comienza a dudar de la veracidad de estos relatos. Hay un punto importante en la carta 69 donde dice que si esos relatos fueran ciertos, habría que atribuirles a todos los padres, incluso al propio, una inclinación perversa hacia los hijos. Lo dice así: “Después, la sorpresa de que en todos los casos el padre hubiera de ser inculpado como perverso, sin excluir a mi propio padre (...)” (p. 301).

¿Siempre había un padre perverso que había abusado o seducido a la niña? Freud empieza a descubrir lo que sería su implicación, su responsabilidad en lo que le atribuía al padre. Porque la versión “tengo un padre perverso”, es la versión de la víctima. Se es víctima y no se tiene ninguna responsabilidad por lo que se produce. Se está gobernado por estas determinaciones de la historia y se está sugestionado por esas palabras perversas de ese otro perverso, y de ese modo no se tiene ninguna responsabilidad. Esto puede llevar a veces hasta la canallada, producir lo que sea sin miramiento con el argumento de ser el resultado de la poli determinación de los síntomas, de la multiplicidad, de un padre perverso, etcétera. Si eso fuese así, continúa Freud: “La perversión tendría que ser inconmensurablemente más frecuente que la histeria, pues la enfermedad solo sobreviene cuando los sucesos se han acumulado y se suma un factor que debilita a la defensa” (p. 301).

Entonces, si esto no aconteció, ya no se trata de buscar el suceso traumático, porque no lo hubo. Aquí es donde introduce Freud un concepto fundamental junto con el de pulsión: la fantasía. Entre la fuerza constante de la pulsión que busca satisfacerse, y el síntoma, se halla la fantasía, como dice Freud en el texto “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis”. La referencia de Freud a su propio padre no es un detalle menor, porque si creía que todas las histéricas habían sido seducidas o violadas por el padre, el lugar del padre sería el de un personaje incestuoso que acosaba, violaba, seducía, y eso incluía a su propio padre. Es una posición respecto al propio padre. Entonces, no solo deja de creerle a las histéricas de que esto fuera algo acontecido, sino que además nombra un cambio de posición respecto a su propio padre. Podemos decir que Freud da cuenta de haber atravesado algo del propio complejo paterno.

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Referencias

  1. www.pasaje865.com
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